En estas dos últimas semanas estoy tratando de reencontrarme… y con animosa voluntad regreso a los ejercicios que me han mantenido con agilidad y fuerza hasta ayer mismo: me cuelgo de la barra del jardín torpemente y me someto a ejercicios gimnásticos que me resultan duros y asfixiantes a pesar de ser los más sencillos… ¡¡Paciencia!!…

-Ve lentamente, barón…poco a poco…

He perdido mi forma física, la que he mantenido ilusionado a lo largo de los últimos sesenta años, con una inquebrantable voluntad,  lo que ha sido mi orgullo: estar en forma para realizar ascensiones y escaladas, para participar en las expediciones que se presentasen, y poder acudir en condiciones al rescate del compañero o del desconocidos, en definitiva a ser quien siempre quise ser…

Y ahora -hoy mismo, ayer o la semana pasada-  no podía con el parapente, subiendo a la cima de la Najarra para tratar de reemprender los vuelos, que tanto nos dicen de nuestro ánimo y nuestra predisposición ante los problemas y avatares de la existencia… no podía con mi torpe cuerpo que ya no era, como solo hace dos o tres meses, ese pequeño o gran orgullo…

Hoy he ido a escalar a la Pedriza… Tan solo pretendía subir una peña fácil… En las sencillas cuestas he percibido mi lentitud y mi cansancio…

He tenido que recurrir a mi personaje, el barón de Cotopaxi para que me animase:

-¡¡Sigue, sigue ¡!!

Empezando la escalada… me he dado cuenta clara de que escalar es muy duro…

¡Qué duro es subir!… empotrarse… poner bien las botas… agarrarse… He querido poner un seguro – hoy lo necesito más que nunca-  Y no llevaba ningún empotrador… ¿cómo será posible?  No importa… desde aquí ya no sabría bajar…

-Tú puedes barón… como has hecho siempre… tú puedes…

Pero no… no puedo… no responden bien mis pies -me falta esa agilidad y flexibilidad a la que estaba acostumbrado…

He tenido miedo a caer…

-¿A caer aquí… barón… en esta escalada tan sencilla?

-Debéis de -poner bien el pie derecho en oposición… pero más arriba… y empujar  con el brazo izquierdo…

-Sí, pero para ello necesito tener más fuerza… poder agarrarme mejor…

He ido subiendo sin agilidad… sin fuerzas… sin equilibrio…

-Si doctor he perdido estabilidad… ¿Estabilidad?  Sí… y equilibrio.

-Es la primera vez que lo oigo. Claro doctor… usted no ha tenido pacientes escaladores ¿Verdad? Le digo al oncólogo…

Y mientras subo torpemente… asustado… ante la roca desnuda que tengo que escalar… estoy recordando aquellos lejanos años… que siempre he creído que seguían siendo el presente… de los que hace ya cincuenta años…

-¿Tantos barón?

Entonces, a finales de los “50”, en la Ortiz y Basadre… reabriendo aquél misterioso recorrido extremo del Cocodrilo… ya me lo decía mi compañero mi querido Miguel Ángel Herrero, el Maestro:

-¡¡Muy bien César… pero que muy bien!!

Y yo no le daba importancia alguna… Escalar bien era lo normal… estaba fuerte… no sentía el riesgo… escalar era sencillo entonces, aunque siempre supe darle la importancia que escalar ha tenido… Y así he seguido cincuenta años… en constantes expediciones, polémicas… escritos… conferencias… discusiones… enfrentamientos ingenuos con otros que envidiaban mis facultades… que solo eran fruto de la constancia… del esfuerzo y de la ilusión…

Es curioso y no deja de llamarme la atención. En los últimos años la montaña se ha universalizado, ya no pertenece a los montañeros, ahora es parte de la cultura, la montaña es de los deportistas y también de los ecologistas, de los defensores de la vida animal, de la fauna y de la flora. La montaña, antes abandonada, rechazada y estéril pertenece ahora por norma legal a la sociedad, y a tal fin existen clubs y sociedades culturales y de convivencia que tienen la montaña como marco, para cantarla, mancillarla o protegerla.

Conté algunos éxitos… comenté mi declive, y mis luchas por la vida, igual que hace 50 años, cuando publiqué mi libro “Mi Lucha por la Montaña”.

Entonces este modesto predicador de ilusiones era un alpinista de vanguardia y ahora, en la actualidad, quedo abrumado y empequeñecido ante el elevadísimo número de grandes montañeros, escaladores y alpinistas… Cada día veo y conozco actividades sorprendentes, verdaderas proezas de técnica y preparación física… De estas impresionantes actividades que se efectúan por todas las zonas y regiones de esta España llena de rocas y cimas, deduzco que el deporte se ha extendido… se ha universalizado. Me alegro y me quedo admirado… hasta cierto punto…

Pero también me pregunto si tan importante actividad puramente deportiva garantiza experimentar esa epifanía espiritual y artística, esa iluminación única…

Sigo creyendo -aún en mi actual estado- que existe un ingrediente mágico e hipnótico en nuestra pasión por subir… El riesgo y la dificultad hacen surgir los mejor de lo humano… por fin. Gracias.