Turquía es un país desconocido para muchos viajeros. La mayor parte cree que Turquía, por ser mayoritariamente de religión musulmana, es una nación más del mundo islámico. Y no es cierto. En 1918 Turquía aliadade los imperios centrales fue derrotada en la Primera Guerra Mundial, hecho que produjo el desmembramiento del Imperio Otomano y desencadenó la revolución nacionalista bajo la dirección de Mustafá Kemal (Ataturk), quien expulsó a las fuerzas griegas de ocupación y proclamó la República Popular y el fín del Imperio Otomano, con voluntad firme de europeizar el país.

Turquía tiene muy diferentes aréas territoriales. Una parte muy significativa, aunque pequeña, ocupa la llamada Turquía meditérranea, junto a la Turquía balkánica y la península de Estambul, confluencia con el Mar Negro, el Mar de Mármara y el Bósforo. La península de Anatolia es una meseta que llega a elevarse a 2.000 metros, entre altos montes como los de Ponto al Norte y la cordillera o montes de Tauro al Sur, mientras que en oriente, están las montañas de Armenia, con el biblico volcán Ararat o monte Agri. En las fronteras con Iraq y Siria se yerguen los montes del kurdistán. Turquía es por ello un país multicolor, casi absolutamente occidental en sus principales y grandes ciudades cómo Estambul, Ankara, Esmirna y otras, manteniendo un singular atractivo como encuentro de Oriente.

Ankara, capital de Turquía

Estambul, la vieja Bizancio

Nada más llegar a Estambul el viajero percibe que se encuentra en una de las grandes capitales de la Tierra. Lugar privilegiado en la confluencia de dos mundos. Estambul es Constantinopla y Bizancio. La misma ciudad a través de los siglos. El esplendor del Imperio de Oriente fue sepultado por el poder otomano. Hoy es encuentro de civilizaciones como Grecia y Roma, del cristianismo y del Islan, Europa y Asia, piedra angular del mundo. El Cuerno del Oro, el Bósforo, Marmara y el mar Egeo, rodean la ciudad inmortal que encierra monumentos de excepcional valor histórico, artístico y arquitectónico, tales como la mezquita de Kahriye, la mezquita de Suleymaniye, el Bazar, los puentes de Ataturk y Galata, el palacio de Topkapi, Santa Sofía, la mezquita del sultan Ahmet y un largo recital de murallas, iglesias y castillos.

Hacia el santuario de Nemrut Dagi

Nosotros, siempre expedicionarios, pero viajeros al fín, pretendíamos llegar a otros lugares del gran país, internarnos por los recovecos de la la meseta de Anatolia, y penetrar si fuera posible hasta las estribaciones del monte Agri, el famoso Ararat, más allá del lago salado de Van, en territorio de la Armenia turca.

El país nos recibió luminoso, con una estupenda organización y educados guías, para orientar un turismo de miles de viajeros en cualquier época del año. Desgraciadamente no pudimos entretenernos en visitar el paisaje sorprendente y espectacular de la Capadocia, presidida por la silueta retadora del volcán Erciyes, casi un » 4.000 «, con hielos permanentes. Si hubieramos llegado a su cumbre estoy seguro que habríamos quedado impresionados, contemplando desde su cima el viejo mundo de la historia. La arquitectura de esta montaña bien merecera organizar expediciones deportivas y abrir de esa forma un circuito de turismo alternativo de alto interés junto a la Capadocia.

Al ser imposible acercarnos en este viaje al Ararat, decidimos visitar el santuario de Nemrut Dagi, entre Malatya y Adiyaman, cerca de la frontera con Siria e Irak, en los contrafuertes orientales de la gran cordillera de Taurus. Llanuras entre montañas nevadas, la antigua Mesopotamia, la tierra en la que comenzó la historia del mundo, Tigris y Eufrates.

Yo tenía curiosidad por llegar a lo alto de esa montaña desnuda y fría alejada de cualquier población, desde que una vez leyera el descubrimiento del arqueólogo Karl Sester en 1881, en un precioso artículo escrito en 1953 por el explorador F.K. Dorner. En lo alto de una montaña apareció un templo derruído con gigantescas estatuas, cuyas cabezas desprendidas por el paso del tiempo, convertían la cima en un misterioso paraje. ¿Que hacían allí esas ruinas grandiosas? ¿Quiénes habían podido subir las pesadas efigies de enormes piedras a semejante altura? ¿Aquellas viejas tierras habían sido siempre tan áridas?

La próxima semana os contaré la segunda parte de la expedición…