Tal y como os he prometido, continuo con esta gran aventura …

En Kahta nos esperaban nuestros asesores para explicarnos el secreto de Nemrot Dagi.

» El paisaje se vuelve cada vez más desértico. El camino se interrumpe ante un alto túmulo de piedras, que constituye una montaña. Es el panteón de reinas y princesas del pequeño reino de Comagene, bajo en el que todavía quedan en píe cuatro columnas de piedra de elevada altura, de las dieciocho que hace dos mil años lo rodeaban. Puede verse en ellas el aguila de Zeus, junto a un desgastado león».
Seguimos ascendiendo por un camino que baja de las luminosas montañas llenas de rocas con preciosas vertientes rojizas, atravesando un espectacular rio llamado Nymphaios, afluente del Eugrates, por un magnífico puente de Septimio Severo, flanqueado de columnas romanas.

Al cabo de una hora llegamos a Khata la vieja, pequeño poblado kurdo al pie de la montaña, desde el cual partían las antiguas procesiones camino de la cima del Nemrot Dagi.

Al día siguiente comenzamos la ascensión, avanzando por el cauce seco de un torrente, viendo como el sol aparece sobre las cimas, mientras las pendientes pedregosas se hacen más pronunciadas. Es a partir de ahí cuando descubrimos, en la lejanía de la altura, el cono claro del túmulo: la cima de Nemrot.

Al norte las montañas diversas de la cordillera de Taurus, y al sur las llanuras de Siria.

» Este sendero conduce al secreto del santuario. Si albergases en ti malos sentimientos regresa sobre tus pasos». Encontramos esta inscripción grabada en pequeñas letras sobre una piedra milenaria».

Una de las piedras milenarias

El sol está ya en lo alto cuando alcanzamos la cima. El túmulo de unos cincuenta metros de altura, decenas de miles de metros cúbicos de piedras, cubren la tumba misteriosa de Antíoco I, rey de Comagene, un pequeño país entre Persia y Roma. Hemos subido caminando como los antiguos peregrinos de hace dos mil años, ganándonos el derecho a contemplar estas ruinas desconocidas hasta practicamente 1950.

Desde la terraza circular que rodea la cima – la cumbre es la acumulación de miles de toneladas de piedra sobre la tumba – se pueden ver los restos de dos templos, uno de ellos orientado al este para que los primeros rayos del sol se reflejaran sobre su sepulcro, y el otro hacia el oeste, para aprovechar las luces del atardecer. Antíoco I quiso, como tantos próceres de la antigá¼edad, asegurar el tránsito hacia la eternidad construyéndose una mansión sepulcral en el punto más alto de su reino, la cima del Nemrot, y acompañado por estatuas de dioses diversos: persas, romanos, griegos, una verdadera ciudadela sagrada, lugar de culto y peregrinación popular. El santuario debió edificarse en el siglo I antes de Cristo. Es curioso admirar las colosales estatuas del rey y sus dioses, hoy dispersas y caídas por la acción de la erosión y los movimientos sísmicos, así como de otras terrazas y caminos actualmente inexistentes.

La cima del Nemrot es un túmulo de blancas piedras apiladas sobre las efigies sin cabeza de los dioses de un reino perdido, junto al panteón del rey.

Después el paso del tiempo trajo el olvido. La montaña se cubrió de misterio.