Me voy a Ronda, en donde mañana, Dios mediante, como antes se decía, tengo que comparecer ante los que se sientan interesados por mis aventuras a veces desventuradas y para mantener mis opiniones, hechos y pensamientos,sobre esta vida fascinante que sobrellevo parar llegar a ser el que quise ser.

Comienzo el viaje hacia el Sur todavía con el dolor en el cuerpo y un poco de miedo en el alma. Mi reciente caída, del abismo del aire al suelo de la tierra, en mi pasado vuelo en parapente, todavía la tengo dentro de mi, con la angustia y la vulneración que una caída representa para un espíritu que quiere vivir sin desalientos.
Pero voy bien en el proceso, y ya me he colgado de los dedos, para reafirmarme y para estirar esas vertebras lumbares que han sufrido semejante golpe y que estaran resentidas.

Lo importante no es caer, si no poder levantarte, para seguir volando en la vida.

A Ronda hace muchos años que deseaba llegar, para ver esos lugares que tanto impresionaron a Rilke, él que supo escribir una poesía metafísica, tan estudiada y descifrada por el mismo Heidegger.
Rilke el poeta metafísico: la esencia de la poesía.
Rilke el que justificaba la necesidad de que alguien debería volar hacia lo alto para indicar a los demás el verdadero camino.
Rilke el poeta que se protegía bajo las Confesiones de San Agustín, raiz de la moderna filosofía trascendente, la que se opone al positivismo dominante que materializa la existencia.

La vida es solo existencia para los positivistas, mientras que es esencia para los idealistas.
Los positivistas creen en la inteligencia, mientras los idealistas objetivos se basan en los sentimientos.
Dos concepciones de la vida. Yo siento no ser practico y me incardino con los últimos y transracionales románticos.

Por eso sigo volando en parapente, persiguiendo las cimas de la Tierra, traduciendo el lenguaje de los poetas místicos, creyendo en el mito del amor sin escuchar las lógicas razones de quiénes imponen la sensatez. Muchas Gracias a todos