Esquí en Sierra Nevada.
El Ardilla, mi hijo César y yo nos fuimos a esquiar a Sierra Nevada. Curiosamente tengo que esforzarme para ponerme en marcha, y lo que me decide es esa obligación de ejercitarme, de mantenerme en forma en una técnica largamente practicada, intentando neutralizar el paso del tiempo, superándole…  Creo que lo conseguimos. Esquiamos como siempre lo habíamos hecho y me alegró ver al Ardilla, que como veterano profesor de esquí, estaba en plena forma a pesar de sus circunstancias. Bruno, mi hijo, nos invitó a cenar alegremente, aunque no tuviéramos tiempo de profundizar en nuestros desaciertos. Regresamos optimistas tras dos jornadas de esquí con buena nieve y  pleno sol.



Murió Horacio Tablado Valero.
Fue uno de mis primeros compañeros de escalada, junto a José Miguel Alandi y Antonio Rodríguez, el Musculines. Formábamos una cordada de cuatro que a veces también eran dos, y juntos escalamos en la Pedriza, en aquellos lejanos días de los “50” del pasado siglo muchos riscos y vías, entre ellas la entonces considerada como muy difícil, vía Sur del Pájaro. Escalábamos y cantábamos en los atardeceres preciosas canciones que ahora ya nadie conoce.  Nadie canta. Y así van los ánimos.

En Andorra. 1957
Horacio y Musculines estuvieron también -era una selección muy rigurosa- la de aquél campamento nacional de alta montaña en Andorra, en las actuales pistas de Gran Valira, bajo el viejo refugio “San Miquel” en la ruta del Puerto de Envalira; en el año 1957 todavía la carretera única que atravesaba todo el Principado se encontraba sin asfaltar. Andorra era un país precioso que empezaba a ser conocido por los españoles. Yo alcancé allí el titulo de Guía Montañero, tras superar exigentes ejercicios de escalada.
El gobierno de Andorra acuño una medalla de bronce con el escudo del país y la insignia de Guía nacional de alta montaña, que aún conservo, para conmemorar que tuviera lugar en su territorio un campamento de tanta importancia.
Horacio era el más pequeño de los hermanos Tablado, los cuatro muy conocidos en los ambientes montañeros de Madrid. Eran fuertes y excelentes escaladores, Germán, Luis, Enrique (se casó con la hermana mayor de José Miguel Alandi) y Horacio que era rubio y fuerte, por lo que su persona atraía con éxito las pocas chicas que en aquellos años acudían a las montañas.
Pronto Horacio, ambientado en otros intereses, dejó el alpinismo y el esquí. Fue un abandono. Él, de haber proseguido, se encontraba capacitado para haber realizado notables empresas deportivas en las montañas.



La escalada de fin de ciclo.

Buscando un nuevo Renacimiento.
Los primeros de la cuerda, los alpinistas consagrados, ya no saben abrir el camino que nos lleva a la cima, si no es detrás de los trabajadores asiáticos, sherpas, balties o chinos, que hasta hoy calificábamos de “tercermundistas”.
Ellos, los asiáticos, sin títulos, licenciaturas o doctorados, son los que marcan el ritmo, cargan el peso, escalan, ponen cuerdas fijas y dejan sus huellas para que después los grandes deportistas presuman de ser de ellos records.
Entre los “primeros de cuerda” están los grandes financieros, los espléndidos consejeros delegados, los ministros de los grandes gobiernos, los asesores, estudiosos o catedráticos de las mejores universidades occidentales. Todos sus inmensos conocimientos no son suficientes para guiar a estas cordadas de deportistas que ya no saben por dónde va el camino más seguro y más bello.

Estamos sumergidos en la confusión.

No es solo en lo económico, también en casi todos los aspectos de la vida, en lo social, en lo político, en lo familiar… Las leyes  contradictorias, la judicatura fallando, igual que fallan los gobiernos en la toma de las mejores decisiones. ¿Dónde están los líderes dispuestos a abrir caminos, reformando todo cuanto es confuso, injusto o innecesario?
Falta esos guías que poniéndose bajo la gran montaña que hay que escalar por necesidad de supervivencia, se carguen las pesadas mochilas a la espalda y con valentía vayan escalando los pasos difíciles de la existencia, con técnica, con intuición, y con sentido de Estado (estadistas), buscando los lugares en las que los  que le siguen no sufran demasiado el gran esfuerzo de escalar la vida, mientras otros  carentes de valores, se van quedando abajo, excesivamente cargados con  exacerbadas ganancias materiales, con miedo de perderlas.
¿Por qué el liberalismo no construye caminos hacia una Nueva Humanidad?
¿Volveremos a integrarnos en la religión y en la filosofía?
Superaremos esa conjura occidental contra los valores que denunciaba Spengler en la “Decadencia de Occidente”: la belleza, el honor, el respeto, la virtud, la lealtad, el valor, la bondad, el esfuerzo…

El barón de Cotopaxi.



Planteamientos filosóficos

Soy un seguidor de Husserl, el admirado predecesor de Martín Heidegger,  el autor del inmenso e imposible “El ser y el Tiempo”.
Husserl cerró la línea filosófica que nació en Descartes, Leibniz y Kant, para fundamentar en las ciencias su propósito filosófico: el interés por la investigación de la física, la biología, la psiquiatría, o la fisiología… criticando y analizando sus propios esquemas, buscando una base segura para proporcionar una certidumbre en su conocimiento teórico y en su vida práctica.
La epistemología (método o doctrinas de investigación) sobre la fenomenología de Husserl, parece ser que fue considerada como uno de los movimientos más fecundos y trascendentales en las investigaciones filosóficas.
La interpretación de la fenomenología es una filosofía, más allá de la teoría de la ciencia, una puerta abierta a la metafísica y a la ontología fundamental, interpretando la ciencia como filosofía.
El asunto primero es el tema de la trascendencia, la experiencia de lo trascendente, buscando el desarrollo de la fundamentación del idealismo, para lo cual está presente la tarea de la crítica de la razón, tanto de la razón práctica como de la razón lógica.
La filosofía como la vida es trascendente cuando traspasa o supera la existencia.
La fenomenología es una ontología trascendente de la conciencia. ¿La ontología es la ciencia que busca la esencia?
La fenomenología es esencialmente la minuciosa y auténtica descripción de los procesos de la conciencia y su verdadera intencionalidad, mediante un pormenorizado análisis que pueden describirse con claridad aunque dependan de la intuición.
Los juicios sintéticos amplían el saber al apoyarse en las experiencias. Mientras la simple percepción (el percibir) puede también captar lo verdadero
La historia de la conciencia es la historia de lo experimentado en el pensar, la experiencia de lo pensado.
Pido disculpas a mis posibles lectores por tratar estos temas arduos, pero necesito, de vez en cuando aclarar conceptos, pensándolos y escribiéndolos. Gracias



Conferencia de fin de año en Canfranc
Fue una iniciativa de mi  amigo Bernabé Aguirre, el admirado guardia civil de montaña. Tenía anunciado una conferencia en Canfranc, auspiciada por el ayuntamiento de la pequeña ciudad de la estación internacional, bajo las preciosas montañas del Pirineo de las que nace el Gallego.

Tenía que ser el día 30 de Diciembre, una fecha difícil. Allí fui ya que no podía fallar a un amigo, en una situación generalizada de fallos ( fallidos los gobiernos, fallidos ayuntamientos y tantas instituciones: el derecho, los parlamentos, los partidos, fallidos los jueces y gran parte de los catedráticos que mantenían saberes, muchos de los cuales, llegadas las circunstancias difíciles o cambiantes, se tornaban inútiles.

Yo un sencillo buscador del alma tenía que mostrarme, aunque fuera para mí mismo, como un modesto valor seguro, sin fallar ni faltar a mi compromiso.
Llegué a Jaca y enseguida me reuní con los amigos de la montaña, en esos bares que están alrededor de la catedral, la más antigua de España. Allí iba saludando a unos y a otros, célebres montañeros, guías profesionales de la montaña, militares y guardias civiles rescatadores. A unos los conocía de hacía treinta o cuarenta años y a otros no los había visto nunca, pero me saludaban con amistad y optimismo.
Bernabé me tenía preparado un completo programa para esquiar en Candanchu por la mañana del penúltimo día del 2011, en donde vimos a Eduardo Roldán, el conocido director de la EE de Esquí, amigo personal del Rey y presidente de la Federación Española, no sé si por votación o por designación real, ya que todo no tiene por qué ser democrático, especialmente estos cargos deportivos que no son políticos. Bernabé me presentó a todo el mundo, tanto en Astún como en Candanchú.

Entre la niebla y en mitad de una persistente ventisca, utilizando los remontes subimos a uno de los bares más altos de la estación. Bernabé había cocinado para la ocasión, una cazuela de callos y deberíamos saborearlos después de probar un jamón que su amigo José, el vizcaíno, llevaba para la ocasión. Hablamos sobre recuerdos de la montaña, a presentes y  ausentes.

Y tras pasar revista a varios temas de fin de año comenzamos el descenso entre la niebla, comprobando que, podía seguir a mis amigos, consumados esquiadores del día a día, los que bajaban pendientes. La vida es actuar en donde estés. De las pistas –con piedras y sin visibilidad- fuimos a casa de José él amable vizcaíno en donde seguimos comiendo a pesar de mis negativas, haciendo tiempo hasta trasladarnos a Canfranc para preparar mi conferencia. �
Me puse una chaqueta deportiva con la insignia de la Escuela Parraviccinna, la más antigua de los Alpes italianos, en mi poder desde 1960 (aquél inolvidable curso en el Bernina y en el monte Disgrazia) y unos zapatos adaptados a la situación, ya que ser protagonista de una conferencia obliga a mantener cierta compostura.
Deseaba actualizarme. Quise hablar de mis últimas y modestas realizaciones en las montañas, las de un año como 2011, en el no había podido ascender ninguna montaña importante y en el que tampoco había editado ni un solo libro. Pero en el que permanecía activo e ilusionado en pequeñas escaladas de ayer, las que eran posiblemente también retos, quizá grandes, hoy, como mis vuelos en parapente o mis ascensiones a las cimas de siempre.
No tenía que hablar solo de los grandes logros deportivos –como hacen los demás- también me parecía grato, y quizás necesario, poder comentar también sobre los fracasos tan frecuentes en la vida, las nuevas impresiones y planteamientos, experiencias que nada tuvieran que ver con los demasiado presentes “ochomiles”, u otros “hechos” solo deportivos, precisamente cuando yo estaba elaborando mi teoría de lo trascendente, en función de los sentimientos, en algún caso más importantes que los triunfos.

En esa ocasión a finales de un año difícil, especialmente para mí, me gustaría contar expediciones de exploración, la subida a los últimos volcanes o hablar de mis consideraciones filosófico-poéticas sobre los cambios de actitud en las montañas.
Conferencia de fin de año en Canfranc
Fue una iniciativa de mi amigo Bernabé Aguirre, el admirado guardia civil de montaña. Tenía anunciada una conferencia mía en Canfranc, auspiciada por el ayuntamiento de la pequeña ciudad de la estación internacional, bajo las preciosas montañas del Pirineo en las que nace el río Gallego.
Tenía que ser el día 30 de Diciembre, una fecha difícil. Allí fui, no podía fallar a un amigo, en una situación generalizada de fallos ( fallidos los gobiernos, fallidos ayuntamientos y tantas instituciones: el derecho, los parlamentos, los partidos, fallidos los jueces y gran parte de los catedráticos que mantenían saberes, muchos de los cuales llegadas las circunstancias difíciles o cambiantes, se tornaban inútiles.

Yo un sencillo buscador del alma tenía que mostrarme, aunque fuera para mí mismo, como un modesto valor seguro, sin fallar ni faltar a mi compromiso.
Llegué a Jaca y enseguida me reuní con los amigos de la montaña, en esos bares que están alrededor de la catedral, la más antigua de España. Allí iba saludando a unos y a otros, célebres montañeros, guías profesionales de la montaña, militares y guardias civiles rescatadores. A unos los conocía de hacía treinta o cuarenta años y a otros no los había visto nunca, pero me saludaban con amistad y optimismo.
Bernabé me tenía preparado un completo programa para esquiar en Candanchu por la mañana del penúltimo día del 2011, en donde vimos a Eduardo Roldán, el conocido director de la EE de Esquí, amigo personal del Rey y presidente de la Federación Española, no sé si por votación o por designación real, ya que todo no tiene por qué ser democrático, especialmente estos cargos deportivos que no son políticos. Bernabé me presentó a todo el mundo, tanto en Astún como en Candanchú.
Entre la niebla y en mitad de una persistente ventisca, utilizando los remontes subimos a uno de los bares más altos de la estación. Bernabé había cocinado para esta ocasión una cazuela de callos y deberíamos saborearlos después de probar un jamón que su amigo José, el vizcaíno, llevaba para la ocasión. Hablamos sobre recuerdos de la montaña, algunos presentes y otros ausentes. Y tras pasar revista a varios temas de fin de ciclo comenzamos el descenso entre la niebla, comprobando, que podía seguir a mis amigos, consumados esquiadores que bajaban pendientes de su invitado, tutelando sus virajes. La vida es actuar en donde estés.

De las pistas –con piedras y sin visibilidad- fuimos a casa de José él amable amigo vizcaíno ya también amigo mío, en donde continuamos comiendo a pesar de mis negativas, haciendo tiempo hasta trasladarme a Canfranc para preparar mi conferencia. �
Me puse una chaqueta deportiva con la insignia de la Escuela Parraviccinna, la más antigua de los Alpes italianos, en mi poder desde 1960 (aquél inolvidable curso en el Bernina y en el monte Disgrazia) y unos zapatos adaptados a la situación, ya que ser protagonista de una conferencia obliga a mantener cierta compostura.
Deseaba actualizarme. Quise hablar de mis últimas y modestas realizaciones en las montañas, las de un año como 2011, en el no había podido ascender ninguna montaña importante y en el que tampoco había editado ni un solo libro. Pero en el que permanecía activo, en pequeñas escaladas de ayer, que eran también retos quizá grandes hoy, como mis vuelos en parapente o mis ascensiones a cimas de siempre.
No tenía que hablar solo de los grandes logros deportivos –como hacen los demás- también me parecía grato, y quizás hasta necesario, poder comentar también los fracasos tan frecuentes en la vida, las nuevas impresiones y planteamientos, experiencias que nada tuvieran que ver con los demasiado presentes “ochomiles”, u otros “hechos” solo deportivos, precisamente cuando yo estaba elaborando mi teoría de lo trascendente, en función de los sentimientos, en algún caso más importantes que los triunfos. En esa ocasión a finales de un año difícil, especialmente para mí, me gustaría contar expediciones de exploración, la subida a los últimos volcanes o hablar de mis consideraciones filosófico-poéticas sobre los cambios de actitud en las montañas.
Pero no lo conseguí al fallarme (siempre lo fallido) mis estructuras fotográficas. Y hablé obligado por las circunstancias sobre antiguas historias de mi fascinante existencia, entremezcladas con otras más actuales, diciendo lo que más me gustaba decir, sin faltar a la verdad, pero innovando conceptos. Me ensimisme con tantas historias pasadas y futuras, lo que me llevó  a cometer un error imperdonable, más de hora y media de disertación, la que tenía haber durado 60 minutos a lo sumo, reduciendo lo complejo a simple y buscando la ansiada y difícil síntesis.
Los asistentes fueron muy amables y aplaudieron largamente.
Esa noche, tras tantas pruebas de amistad: -esquí en la niebla y conferencia con dosis de hipnosis- dormí plácidamente en Jaca, en la casa de mis amigos de la Guardia Civil de Montaña.

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