Conferencia de fin de año en Canfranc
Fue una iniciativa de mi amigo Bernabé Aguirre, el admirado guardia civil de montaña. Tenía anunciado una conferencia en Canfranc, auspiciada por el ayuntamiento de la pequeña ciudad de la estación internacional, bajo las preciosas montañas del Pirineo de las que nace el Gallego.
Tenía que ser el día 30 de Diciembre, una fecha difícil. Allí fui ya que no podía fallar a un amigo, en una situación generalizada de fallos ( fallidos los gobiernos, fallidos ayuntamientos y tantas instituciones: el derecho, los parlamentos, los partidos, fallidos los jueces y gran parte de los catedráticos que mantenían saberes, muchos de los cuales, llegadas las circunstancias difíciles o cambiantes, se tornaban inútiles.
Yo un sencillo buscador del alma tenía que mostrarme, aunque fuera para mí mismo, como un modesto valor seguro, sin fallar ni faltar a mi compromiso.
Llegué a Jaca y enseguida me reuní con los amigos de la montaña, en esos bares que están alrededor de la catedral, la más antigua de España. Allí iba saludando a unos y a otros, célebres montañeros, guías profesionales de la montaña, militares y guardias civiles rescatadores. A unos los conocía de hacía treinta o cuarenta años y a otros no los había visto nunca, pero me saludaban con amistad y optimismo.
Bernabé me tenía preparado un completo programa para esquiar en Candanchu por la mañana del penúltimo día del 2011, en donde vimos a Eduardo Roldán, el conocido director de la EE de Esquí, amigo personal del Rey y presidente de la Federación Española, no sé si por votación o por designación real, ya que todo no tiene por qué ser democrático, especialmente estos cargos deportivos que no son políticos. Bernabé me presentó a todo el mundo, tanto en Astún como en Candanchú.
Entre la niebla y en mitad de una persistente ventisca, utilizando los remontes subimos a uno de los bares más altos de la estación. Bernabé había cocinado para la ocasión, una cazuela de callos y deberíamos saborearlos después de probar un jamón que su amigo José, el vizcaíno, llevaba para la ocasión. Hablamos sobre recuerdos de la montaña, a presentes y ausentes.
Y tras pasar revista a varios temas de fin de año comenzamos el descenso entre la niebla, comprobando que, podía seguir a mis amigos, consumados esquiadores del día a día, los que bajaban pendientes. La vida es actuar en donde estés. De las pistas –con piedras y sin visibilidad- fuimos a casa de José él amable vizcaíno en donde seguimos comiendo a pesar de mis negativas, haciendo tiempo hasta trasladarnos a Canfranc para preparar mi conferencia. �
Me puse una chaqueta deportiva con la insignia de la Escuela Parraviccinna, la más antigua de los Alpes italianos, en mi poder desde 1960 (aquél inolvidable curso en el Bernina y en el monte Disgrazia) y unos zapatos adaptados a la situación, ya que ser protagonista de una conferencia obliga a mantener cierta compostura.
Deseaba actualizarme. Quise hablar de mis últimas y modestas realizaciones en las montañas, las de un año como 2011, en el no había podido ascender ninguna montaña importante y en el que tampoco había editado ni un solo libro. Pero en el que permanecía activo e ilusionado en pequeñas escaladas de ayer, las que eran posiblemente también retos, quizá grandes, hoy, como mis vuelos en parapente o mis ascensiones a las cimas de siempre.
No tenía que hablar solo de los grandes logros deportivos –como hacen los demás- también me parecía grato, y quizás necesario, poder comentar también sobre los fracasos tan frecuentes en la vida, las nuevas impresiones y planteamientos, experiencias que nada tuvieran que ver con los demasiado presentes “ochomiles”, u otros “hechos” solo deportivos, precisamente cuando yo estaba elaborando mi teoría de lo trascendente, en función de los sentimientos, en algún caso más importantes que los triunfos.
En esa ocasión a finales de un año difícil, especialmente para mí, me gustaría contar expediciones de exploración, la subida a los últimos volcanes o hablar de mis consideraciones filosófico-poéticas sobre los cambios de actitud en las montañas.
Conferencia de fin de año en Canfranc
Fue una iniciativa de mi amigo Bernabé Aguirre, el admirado guardia civil de montaña. Tenía anunciada una conferencia mía en Canfranc, auspiciada por el ayuntamiento de la pequeña ciudad de la estación internacional, bajo las preciosas montañas del Pirineo en las que nace el río Gallego.
Tenía que ser el día 30 de Diciembre, una fecha difícil. Allí fui, no podía fallar a un amigo, en una situación generalizada de fallos ( fallidos los gobiernos, fallidos ayuntamientos y tantas instituciones: el derecho, los parlamentos, los partidos, fallidos los jueces y gran parte de los catedráticos que mantenían saberes, muchos de los cuales llegadas las circunstancias difíciles o cambiantes, se tornaban inútiles.
Yo un sencillo buscador del alma tenía que mostrarme, aunque fuera para mí mismo, como un modesto valor seguro, sin fallar ni faltar a mi compromiso.
Llegué a Jaca y enseguida me reuní con los amigos de la montaña, en esos bares que están alrededor de la catedral, la más antigua de España. Allí iba saludando a unos y a otros, célebres montañeros, guías profesionales de la montaña, militares y guardias civiles rescatadores. A unos los conocía de hacía treinta o cuarenta años y a otros no los había visto nunca, pero me saludaban con amistad y optimismo.
Bernabé me tenía preparado un completo programa para esquiar en Candanchu por la mañana del penúltimo día del 2011, en donde vimos a Eduardo Roldán, el conocido director de la EE de Esquí, amigo personal del Rey y presidente de la Federación Española, no sé si por votación o por designación real, ya que todo no tiene por qué ser democrático, especialmente estos cargos deportivos que no son políticos. Bernabé me presentó a todo el mundo, tanto en Astún como en Candanchú.
Entre la niebla y en mitad de una persistente ventisca, utilizando los remontes subimos a uno de los bares más altos de la estación. Bernabé había cocinado para esta ocasión una cazuela de callos y deberíamos saborearlos después de probar un jamón que su amigo José, el vizcaíno, llevaba para la ocasión. Hablamos sobre recuerdos de la montaña, algunos presentes y otros ausentes. Y tras pasar revista a varios temas de fin de ciclo comenzamos el descenso entre la niebla, comprobando, que podía seguir a mis amigos, consumados esquiadores que bajaban pendientes de su invitado, tutelando sus virajes. La vida es actuar en donde estés.
De las pistas –con piedras y sin visibilidad- fuimos a casa de José él amable amigo vizcaíno ya también amigo mío,
en donde continuamos comiendo a pesar de mis negativas, haciendo tiempo hasta trasladarme a Canfranc para preparar mi conferencia. �
Me puse una chaqueta deportiva con la insignia de la Escuela Parraviccinna, la más antigua de los Alpes italianos, en mi poder desde 1960 (aquél inolvidable curso en el Bernina y en el monte Disgrazia) y unos zapatos adaptados a la situación, ya que ser protagonista de una conferencia obliga a mantener cierta compostura.
Deseaba actualizarme. Quise hablar de mis últimas y modestas realizaciones en las montañas, las de un año como 2011, en el no había podido ascender ninguna montaña importante y en el que tampoco había editado ni un solo libro. Pero en el que permanecía activo, en pequeñas escaladas de ayer, que eran también retos quizá grandes hoy, como mis vuelos en parapente o mis ascensiones a cimas de siempre.
No tenía que hablar solo de los grandes logros deportivos –como hacen los demás- también me parecía grato, y quizás hasta necesario, poder comentar también los fracasos tan frecuentes en la vida, las nuevas impresiones y planteamientos, experiencias que nada tuvieran que ver con los demasiado presentes “ochomiles”, u otros “hechos” solo deportivos, precisamente cuando yo estaba elaborando mi teoría de lo trascendente, en función de los sentimientos, en algún caso más importantes que los triunfos. En esa ocasión a finales de un año difícil, especialmente para mí, me gustaría contar expediciones de exploración, la subida a los últimos volcanes o hablar de mis consideraciones filosófico-poéticas sobre los cambios de actitud en las montañas.
Pero no lo conseguí al fallarme (siempre lo fallido) mis estructuras fotográficas. Y hablé obligado por las circunstancias sobre antiguas historias de mi fascinante existencia, entremezcladas con otras más actuales, diciendo lo que más me gustaba decir, sin faltar a la verdad, pero innovando conceptos. Me ensimisme con tantas historias pasadas y futuras, lo que me llevó a cometer un error imperdonable, más de hora y media de disertación, la que tenía haber durado 60 minutos a lo sumo, reduciendo lo complejo a simple y buscando la ansiada y difícil síntesis.
Los asistentes fueron muy amables y aplaudieron largamente.
Esa noche, tras tantas pruebas de amistad: -esquí en la niebla y conferencia con dosis de hipnosis- dormí plácidamente en Jaca, en la casa de mis amigos de la Guardia Civil de Montaña.