La escalada de fin de ciclo.

Buscando un nuevo Renacimiento.
Los primeros de la cuerda, los alpinistas consagrados, ya no saben abrir el camino que nos lleva a la cima, si no es detrás de los trabajadores asiáticos, sherpas, balties o chinos, que hasta hoy calificábamos de “tercermundistas”.
Ellos, los asiáticos, sin títulos, licenciaturas o doctorados, son los que marcan el ritmo, cargan el peso, escalan, ponen cuerdas fijas y dejan sus huellas para que después los grandes deportistas presuman de ser de ellos records.
Entre los “primeros de cuerda” están los grandes financieros, los espléndidos consejeros delegados, los ministros de los grandes gobiernos, los asesores, estudiosos o catedráticos de las mejores universidades occidentales. Todos sus inmensos conocimientos no son suficientes para guiar a estas cordadas de deportistas que ya no saben por dónde va el camino más seguro y más bello.

Estamos sumergidos en la confusión.

No es solo en lo económico, también en casi todos los aspectos de la vida, en lo social, en lo político, en lo familiar… Las leyes  contradictorias, la judicatura fallando, igual que fallan los gobiernos en la toma de las mejores decisiones. ¿Dónde están los líderes dispuestos a abrir caminos, reformando todo cuanto es confuso, injusto o innecesario?
Falta esos guías que poniéndose bajo la gran montaña que hay que escalar por necesidad de supervivencia, se carguen las pesadas mochilas a la espalda y con valentía vayan escalando los pasos difíciles de la existencia, con técnica, con intuición, y con sentido de Estado (estadistas), buscando los lugares en las que los  que le siguen no sufran demasiado el gran esfuerzo de escalar la vida, mientras otros  carentes de valores, se van quedando abajo, excesivamente cargados con  exacerbadas ganancias materiales, con miedo de perderlas.
¿Por qué el liberalismo no construye caminos hacia una Nueva Humanidad?
¿Volveremos a integrarnos en la religión y en la filosofía?
Superaremos esa conjura occidental contra los valores que denunciaba Spengler en la “Decadencia de Occidente”: la belleza, el honor, el respeto, la virtud, la lealtad, el valor, la bondad, el esfuerzo…

El barón de Cotopaxi.



Planteamientos filosóficos

Soy un seguidor de Husserl, el admirado predecesor de Martín Heidegger,  el autor del inmenso e imposible “El ser y el Tiempo”.
Husserl cerró la línea filosófica que nació en Descartes, Leibniz y Kant, para fundamentar en las ciencias su propósito filosófico: el interés por la investigación de la física, la biología, la psiquiatría, o la fisiología… criticando y analizando sus propios esquemas, buscando una base segura para proporcionar una certidumbre en su conocimiento teórico y en su vida práctica.
La epistemología (método o doctrinas de investigación) sobre la fenomenología de Husserl, parece ser que fue considerada como uno de los movimientos más fecundos y trascendentales en las investigaciones filosóficas.
La interpretación de la fenomenología es una filosofía, más allá de la teoría de la ciencia, una puerta abierta a la metafísica y a la ontología fundamental, interpretando la ciencia como filosofía.
El asunto primero es el tema de la trascendencia, la experiencia de lo trascendente, buscando el desarrollo de la fundamentación del idealismo, para lo cual está presente la tarea de la crítica de la razón, tanto de la razón práctica como de la razón lógica.
La filosofía como la vida es trascendente cuando traspasa o supera la existencia.
La fenomenología es una ontología trascendente de la conciencia. ¿La ontología es la ciencia que busca la esencia?
La fenomenología es esencialmente la minuciosa y auténtica descripción de los procesos de la conciencia y su verdadera intencionalidad, mediante un pormenorizado análisis que pueden describirse con claridad aunque dependan de la intuición.
Los juicios sintéticos amplían el saber al apoyarse en las experiencias. Mientras la simple percepción (el percibir) puede también captar lo verdadero
La historia de la conciencia es la historia de lo experimentado en el pensar, la experiencia de lo pensado.
Pido disculpas a mis posibles lectores por tratar estos temas arduos, pero necesito, de vez en cuando aclarar conceptos, pensándolos y escribiéndolos. Gracias



Conferencia de fin de año en Canfranc
Fue una iniciativa de mi  amigo Bernabé Aguirre, el admirado guardia civil de montaña. Tenía anunciado una conferencia en Canfranc, auspiciada por el ayuntamiento de la pequeña ciudad de la estación internacional, bajo las preciosas montañas del Pirineo de las que nace el Gallego.

Tenía que ser el día 30 de Diciembre, una fecha difícil. Allí fui ya que no podía fallar a un amigo, en una situación generalizada de fallos ( fallidos los gobiernos, fallidos ayuntamientos y tantas instituciones: el derecho, los parlamentos, los partidos, fallidos los jueces y gran parte de los catedráticos que mantenían saberes, muchos de los cuales, llegadas las circunstancias difíciles o cambiantes, se tornaban inútiles.

Yo un sencillo buscador del alma tenía que mostrarme, aunque fuera para mí mismo, como un modesto valor seguro, sin fallar ni faltar a mi compromiso.
Llegué a Jaca y enseguida me reuní con los amigos de la montaña, en esos bares que están alrededor de la catedral, la más antigua de España. Allí iba saludando a unos y a otros, célebres montañeros, guías profesionales de la montaña, militares y guardias civiles rescatadores. A unos los conocía de hacía treinta o cuarenta años y a otros no los había visto nunca, pero me saludaban con amistad y optimismo.
Bernabé me tenía preparado un completo programa para esquiar en Candanchu por la mañana del penúltimo día del 2011, en donde vimos a Eduardo Roldán, el conocido director de la EE de Esquí, amigo personal del Rey y presidente de la Federación Española, no sé si por votación o por designación real, ya que todo no tiene por qué ser democrático, especialmente estos cargos deportivos que no son políticos. Bernabé me presentó a todo el mundo, tanto en Astún como en Candanchú.

Entre la niebla y en mitad de una persistente ventisca, utilizando los remontes subimos a uno de los bares más altos de la estación. Bernabé había cocinado para la ocasión, una cazuela de callos y deberíamos saborearlos después de probar un jamón que su amigo José, el vizcaíno, llevaba para la ocasión. Hablamos sobre recuerdos de la montaña, a presentes y  ausentes.

Y tras pasar revista a varios temas de fin de año comenzamos el descenso entre la niebla, comprobando que, podía seguir a mis amigos, consumados esquiadores del día a día, los que bajaban pendientes. La vida es actuar en donde estés. De las pistas –con piedras y sin visibilidad- fuimos a casa de José él amable vizcaíno en donde seguimos comiendo a pesar de mis negativas, haciendo tiempo hasta trasladarnos a Canfranc para preparar mi conferencia. �
Me puse una chaqueta deportiva con la insignia de la Escuela Parraviccinna, la más antigua de los Alpes italianos, en mi poder desde 1960 (aquél inolvidable curso en el Bernina y en el monte Disgrazia) y unos zapatos adaptados a la situación, ya que ser protagonista de una conferencia obliga a mantener cierta compostura.
Deseaba actualizarme. Quise hablar de mis últimas y modestas realizaciones en las montañas, las de un año como 2011, en el no había podido ascender ninguna montaña importante y en el que tampoco había editado ni un solo libro. Pero en el que permanecía activo e ilusionado en pequeñas escaladas de ayer, las que eran posiblemente también retos, quizá grandes, hoy, como mis vuelos en parapente o mis ascensiones a las cimas de siempre.
No tenía que hablar solo de los grandes logros deportivos –como hacen los demás- también me parecía grato, y quizás necesario, poder comentar también sobre los fracasos tan frecuentes en la vida, las nuevas impresiones y planteamientos, experiencias que nada tuvieran que ver con los demasiado presentes “ochomiles”, u otros “hechos” solo deportivos, precisamente cuando yo estaba elaborando mi teoría de lo trascendente, en función de los sentimientos, en algún caso más importantes que los triunfos.

En esa ocasión a finales de un año difícil, especialmente para mí, me gustaría contar expediciones de exploración, la subida a los últimos volcanes o hablar de mis consideraciones filosófico-poéticas sobre los cambios de actitud en las montañas.
Conferencia de fin de año en Canfranc
Fue una iniciativa de mi amigo Bernabé Aguirre, el admirado guardia civil de montaña. Tenía anunciada una conferencia mía en Canfranc, auspiciada por el ayuntamiento de la pequeña ciudad de la estación internacional, bajo las preciosas montañas del Pirineo en las que nace el río Gallego.
Tenía que ser el día 30 de Diciembre, una fecha difícil. Allí fui, no podía fallar a un amigo, en una situación generalizada de fallos ( fallidos los gobiernos, fallidos ayuntamientos y tantas instituciones: el derecho, los parlamentos, los partidos, fallidos los jueces y gran parte de los catedráticos que mantenían saberes, muchos de los cuales llegadas las circunstancias difíciles o cambiantes, se tornaban inútiles.

Yo un sencillo buscador del alma tenía que mostrarme, aunque fuera para mí mismo, como un modesto valor seguro, sin fallar ni faltar a mi compromiso.
Llegué a Jaca y enseguida me reuní con los amigos de la montaña, en esos bares que están alrededor de la catedral, la más antigua de España. Allí iba saludando a unos y a otros, célebres montañeros, guías profesionales de la montaña, militares y guardias civiles rescatadores. A unos los conocía de hacía treinta o cuarenta años y a otros no los había visto nunca, pero me saludaban con amistad y optimismo.
Bernabé me tenía preparado un completo programa para esquiar en Candanchu por la mañana del penúltimo día del 2011, en donde vimos a Eduardo Roldán, el conocido director de la EE de Esquí, amigo personal del Rey y presidente de la Federación Española, no sé si por votación o por designación real, ya que todo no tiene por qué ser democrático, especialmente estos cargos deportivos que no son políticos. Bernabé me presentó a todo el mundo, tanto en Astún como en Candanchú.
Entre la niebla y en mitad de una persistente ventisca, utilizando los remontes subimos a uno de los bares más altos de la estación. Bernabé había cocinado para esta ocasión una cazuela de callos y deberíamos saborearlos después de probar un jamón que su amigo José, el vizcaíno, llevaba para la ocasión. Hablamos sobre recuerdos de la montaña, algunos presentes y otros ausentes. Y tras pasar revista a varios temas de fin de ciclo comenzamos el descenso entre la niebla, comprobando, que podía seguir a mis amigos, consumados esquiadores que bajaban pendientes de su invitado, tutelando sus virajes. La vida es actuar en donde estés.

De las pistas –con piedras y sin visibilidad- fuimos a casa de José él amable amigo vizcaíno ya también amigo mío, en donde continuamos comiendo a pesar de mis negativas, haciendo tiempo hasta trasladarme a Canfranc para preparar mi conferencia. �
Me puse una chaqueta deportiva con la insignia de la Escuela Parraviccinna, la más antigua de los Alpes italianos, en mi poder desde 1960 (aquél inolvidable curso en el Bernina y en el monte Disgrazia) y unos zapatos adaptados a la situación, ya que ser protagonista de una conferencia obliga a mantener cierta compostura.
Deseaba actualizarme. Quise hablar de mis últimas y modestas realizaciones en las montañas, las de un año como 2011, en el no había podido ascender ninguna montaña importante y en el que tampoco había editado ni un solo libro. Pero en el que permanecía activo, en pequeñas escaladas de ayer, que eran también retos quizá grandes hoy, como mis vuelos en parapente o mis ascensiones a cimas de siempre.
No tenía que hablar solo de los grandes logros deportivos –como hacen los demás- también me parecía grato, y quizás hasta necesario, poder comentar también los fracasos tan frecuentes en la vida, las nuevas impresiones y planteamientos, experiencias que nada tuvieran que ver con los demasiado presentes “ochomiles”, u otros “hechos” solo deportivos, precisamente cuando yo estaba elaborando mi teoría de lo trascendente, en función de los sentimientos, en algún caso más importantes que los triunfos. En esa ocasión a finales de un año difícil, especialmente para mí, me gustaría contar expediciones de exploración, la subida a los últimos volcanes o hablar de mis consideraciones filosófico-poéticas sobre los cambios de actitud en las montañas.
Pero no lo conseguí al fallarme (siempre lo fallido) mis estructuras fotográficas. Y hablé obligado por las circunstancias sobre antiguas historias de mi fascinante existencia, entremezcladas con otras más actuales, diciendo lo que más me gustaba decir, sin faltar a la verdad, pero innovando conceptos. Me ensimisme con tantas historias pasadas y futuras, lo que me llevó  a cometer un error imperdonable, más de hora y media de disertación, la que tenía haber durado 60 minutos a lo sumo, reduciendo lo complejo a simple y buscando la ansiada y difícil síntesis.
Los asistentes fueron muy amables y aplaudieron largamente.
Esa noche, tras tantas pruebas de amistad: -esquí en la niebla y conferencia con dosis de hipnosis- dormí plácidamente en Jaca, en la casa de mis amigos de la Guardia Civil de Montaña.



Aprendí a ver de lejos. Y aprendí a vencerme a mí. No intentar vencer a los otros. (La única victoria)
El verdadero objetivo del hombre: vencerse a sí mismo a través de ese viaje a nosotros mismos.

La gestión del riesgo.
No es la gestión de riesgo lo importante, sino su fulgor, el reto que inspiran esas cimas inhóspitas e implacables en las que los riesgos son continuos. Cuando perdemos la capacidad de riesgo -de arriesgarnos- nos separamos de la esencia, es decir de nuestro propio SER, recordando el verso de Hölderlin: “Allí en donde está el peligro, nace también lo que salva”



Hace ya casi diez años me sorprendió la noticia de la muerte de Jordi Magraner, el español que buscaba al Yeti, un zoólogo de 35 años que vivía desde casi diez años atrás en el Hindu Kush, en las inmensas tierras del Principado de Chitral, en Pakistán.
 El español afincado en Francia y en relación con las autoridades de las ciencias antropológicas del país Galo, vivía en Pakistán dedicado en demostrar al mundo, siempre incrédulo, la existencia de ese “Neanderthal” (¿) que allí en las montañas de Hindu Kush -uno de los enclaves geográficos más aislados de la Tierra- se conoce como el “barmanu”.
 Desde quince años antes Magraner decidió vivir y vestir como los habitantes de aquellas tierras, entre las montañas, rodeado de inmensos bosques de cedros y tamarindos, poblado por muy diferentes tipos de seres vivos, y en donde muchos pastores aseguraban haber visto al yeti, después de haber oído sus aullidos, en una combinación de grito humano y sonido de los chacales, muy frecuentes en aquellos inmensos bosques…
 Magraner, científico e investigador meticuloso, enviaba con frecuencia  informes de sus hallazgos a los centros de investigación de Francia, los que guardaban la lógica discreción sobre el curso de acontecimientos que podían ser mal entendidos, precisamente por su gran impacto periodístico, no siempre bien interpretado.
La muerte del científico español ocurrida en el verano del año 2002, había dejado inconclusas estas importantes investigaciones alrededor de uno de los mayores misterios de la Humanidad actual, como la posible pervivencia de seres anteriores a nuestra especie.
 La policía pakistaní encontró, tras romperse el aislamiento de las nieves invernales, el cuerpo de Magraner junto a un inmenso archivo de documentos e informes.
En ellos Magraner demostraba la existencia de un homínido que habría sobrevivido a la natural y episódica extinción de la especie, conocido como el “homínido de Chitral”.
Entre cientos de informes se encontraron decenas de entrevistas con gentes de aquellos perdidos lugares, normalmente pastores, que aseguraban haber visto al “barmanu”.
Uno de ellos, Purdum Khan, un pastor de cabras que vivía sobre los 3.500 metros de altura, contaba como había avistado a misterioso homínido salvaje:
-“De repente olió mal, como a cuerpo muerto, y a unos cuatro metros vio al “barmanu” sentado, comiendo en cuclillas, como los musulmanes. Lo estuvo observando detenidamente. Era un ejemplar joven con pecho y músculos muy desarrollados, totalmente cubierto de pelos largos, muy chato, de cara ancha y barba larga,  con cejas macizas y un corto cuello. Sus piernas y sus brazos le parecieron mucho más largos que los de los hombres”
El relato del pastor fue muy preciso, hablaba el dialecto chitralí, el de la zona, que Magraner había aprendido. El pastor llegó a detallar que el órgano sexual de aquél ser se encontraba en erección por lo que era muy evidente. Después de aquél testimonio Magraner recorrió muchos otros valles, viajando de aldea en aldea, hasta recoger más de 26 testimonios de personas que habían visto al homínido salvaje, consiguiendo algunos moldes de las huellas, gracias a las trazas halladas en el barro y en la nieve.
La pasión investigadora de Magraner comenzó cuando de muy joven trabajaba en el Museo de Historia Natural de París, y un compañero le prestó el famoso libro “El hombre de Neardenthal todavía vive”, de Bernard Heuvelmans (1974)  La obra describe la existencia de yetis en distintos sitios de la Tierra, desde Kazajistán a Mongolia .
 En 1987 Magraner realizó su primer viaje a Pakistán y regresó convencido de la existencia del yeti de Chitral, o yeti del Hindu Kush, el “barmanu” en lengua local.
 El trabajo de investigador de Magraner se trasformó en una obsesión, defendiendo con argumentos y tantos testimonios vividos en aquellas tierras, a este ser, sosteniendo que la denominación vulgar de “abominable hombre de las nieves” era inapropiada, basándose en el carácter tímido de los animales primitivos, en los que un simple ruido podía sustarles.
Sostenía que los yetis eran seres escindidos de la cadena evolutiva humana hacía decenas de miles de años, pertenecientes a la rama de los neandertales.
Encontró testimonios de Lucrecio y de Plinio, haciendo mención de estos hombres de cabeza ancha y frente hundida, habitantes de zonas inaccesibles. La búsqueda de homínidos desconocidos siempre se basó en los testimonios de viajeros y gente que transitaba o vivía en lugares remotos, especialmente en zonas de montañas.
La misma Unión Soviética efectuó numerosas expediciones buscando a los yetis, y algunos informes de sus paleo-antropólogos son muy singulares, poniéndose de manifiesto las experiencias prácticamente desconocidas por la mayor parte de los estudiosos, y durante casi todo el pasado siglo XX, los soviéticos realizaron una intensa carrera por ser los primeros en llegar a la Luna y los primeros en hallar al llamado “yeti” u “hombre de las nieves”
Magraner investigó en una zona en la que ningún equipo de científicos del Mundo lo había hecho, y según sus autorizadas opiniones, esa región de Chitral reunía todas las características adecuadas para ser el escondite-refugio de unos homínidos que sin relacionarse con otros seres más a menos semejantes, evitarían su misma evolución, y tampoco serían depredados por otros homínidos más avanzados en su desarrollo, como al parecer ha pasado a lo largo de tantos siglos, en los albores de la Humanidad y hasta en el avance de esta misma civilización.
 Magraner fue la eminencia más notable entre los investigadores científicos de los tiempos actuales sobre la existencia de estos seres -tras las numerosas experiencia soviéticas- y aún entre centenares de estudiosos que siguen buscando al yeti en varias decenas de remotos lugares del Mundo.

Sus reportajes se habían emitido por varias televisiones de Francia, y publicado en revistas científicas. Magraner era un riguroso estudioso alejado de la ciencia ficción, un criptozoólogo especializado como ningún otro en la figura del yeti.
El pueblo minoritario“Kalash” de Chitral, con el que Magraner convivió fue también objeto de sus investigaciones, “vivían a finales del siglo XX, igual que había vivido los iberos en España”
Magraner considerado y admirado por los “Kalash” como un dios fue enterrado con los máximos honores de aquellas tribus antiguas. “Solo para Gigantes” 2011. Barcedona

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