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	<title>Blog oficial de Cesar Pérez de Tudela</title>
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	<description>Viajes, noticias y comentarios</description>
	<pubDate>Tue, 23 Feb 2010 12:58:55 +0000</pubDate>
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		<title>Conferencia en Marbella</title>
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		<pubDate>Sun, 21 Feb 2010 21:28:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cesar</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Noticias y Comentarios]]></category>

		<category><![CDATA[ascensiones]]></category>

		<category><![CDATA[conferencia]]></category>

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		<category><![CDATA[Marbella]]></category>

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		<description><![CDATA[El viernes pasado acudí a Marbella. Allí la Fundación Fuerte había convocado una conferencia mía con un fin puramente benéfico, en colaboración con la Fundación Horizonte, a favor de la infancia y en contra de la drogadicción. Una obra encomiable.
Durante los días previos había recibió una decena de llamadas para hacerme entrevistas radiofónicas pidiéndome que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El viernes pasado acudí a Marbella. Allí la Fundación Fuerte había convocado una conferencia mía con un fin puramente benéfico, en colaboración con la Fundación Horizonte, a favor de la infancia y en contra de la drogadicción. Una obra encomiable.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Durante los días previos había recibió una decena de llamadas para hacerme entrevistas radiofónicas pidiéndome que adelantará el tema de mi conferencia, cuyo título se refería a las acciones del hombre para superar los retos de la vida. Yo decía que todavía no sabía bien que capítulos de mi azarosa y rica existencia emplearía para teorizar sobre mis acciones y omisiones con motivo de las aventuras y las desventuras de la vida.<span id="more-1053"></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">El Hotel Fuerte de Marbella, emblemático, antiguo y confortable, frente a un mar lluvioso, era el lugar de la cita. El amplio salón se fue llenando hasta que comenzó el acto. La familia Luque, propietaria de la importante cadena hotelera estaba al pleno, junto a un numeroso público y diversos medios de información de la ciudad insignia del turismo internacional.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Tras ser presentado efectué una introducción al tema: “Actitudes para superar los retos de la Vida” basándome en las duras vivencias en las montañas del mundo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Dije que el alpinismo era una muestra ideal, por sus exigencias, para enfrentarse a los obstáculos de la existencia, tras lo cual comencé a proyectar una larga sesión de paisajes, montañas y experiencias, deduciendo ilusiones y retos relacionados con las distintas expediciones realizadas.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">¿Eran las montañas un lugar adecuado para mejorar las conductas a través de la dificultad?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">¿El esfuerzo y la ilusión eran factores definitivos para sobrellevar los sinsabores de la vida?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Dije que yo me había envuelto en el miedo, en la nostalgia y en la dificultad para adentrarme en el misterio de mí ser.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Repasé ascensiones y vivencias en soledad, sintiendo la intensidad de las percepciones de mi alma, dándome cuenta de mi debilidad y recurriendo al valor.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Destaqué la humanidad del salvador que ayuda a rescatar de la muerte a sus semejantes y rememorando a Bergson dije, que entendía la vida como un esfuerzo para ir subiendo las duras pendientes de las montañas, por donde va descendiendo la materia, a medida que la ascensión o la escalada nos va poco a poco espiritualizando.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Todos vivimos, cuando fui recordando momentos, dramas, alegrías inmensas en duras experiencias, la emoción del riesgo y la mística de los grandes espacios. Volví a vivir, recordando tantas situaciones, de las que pude sacar nuevas conclusiones.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Allí arriba quiero seguir verificando mi ofrenda: transformarme en lo que quise ser o en lo que soy.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Hablé de la transcendencia de la soledad, para afianzar la esperanza.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">¿Cómo ha resucitado mi alma de tantas muertes?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Insistí una y otra vez en la necesidad de ir siempre arriba, sosteniéndonos, metafóricamente, por encima de la nada, pasando sobre uno mismo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Y en todos los aspectos de mi conferencia mostré la espiritualidad de la vida en una sociedad excesivamente materializada.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Todos realizamos un bello y exigente viaje ante los retos del camino hacia la cima de la vida. Fue una sesión memorable. Y he de confesar que yo también acusé las experiencias vividas y el impacto emocional que su recuerdo me iba sugiriendo en nuevas y sucesivas interpretaciones metafísicas.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Agradecí el aplauso de quiénes me escucharon y pensé que habían escogido bien asistiendo a mi improvisado espectáculo: la película de mis pasiones ante una vida difícil en busca del sentimiento.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">www.cesarperezdetudela.com</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"> </p>
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		<title>Optimismo</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Feb 2010 19:13:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cesar</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Noticias y Comentarios]]></category>

		<category><![CDATA[escalada]]></category>

		<category><![CDATA[Montaña]]></category>

		<category><![CDATA[Pedriza]]></category>

		<category><![CDATA[roca]]></category>

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		<description><![CDATA[Soy optimista para seguir levantándome en el camino de la vida.
Ayer estuve escalando en la Pedriza. Era una vía fácil, si es que alguna ruta de escalada lo es, y más aún en la roca compacta de la preciosa y singular montaña de Madrid.
La escalada era solo por tanto para mí un sencillo entrenamiento, acompañado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><strong><span style="text-decoration: underline;">Soy optimista para seguir levantándome en el camino de la vida.</span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Ayer estuve escalando en la Pedriza. Era una vía fácil, si es que alguna ruta de escalada lo es, y más aún en la roca compacta de la preciosa y singular montaña de Madrid.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">La escalada era solo por tanto para mí un sencillo entrenamiento, acompañado esta vez de dos queridos y veteranos escaladores - alpinistas.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">En los últimos veinte años escalo, vuelo <span> </span>y me arriesgo para no llegar a ser una persona mayor. (<span style="text-decoration: underline;">Ser “mayor” es haber renunciado a la aventura</span>), y ese no es todavía, y ojalá que nunca mi caso.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Y también para captar, dentro de lo posible, los sentimientos y sensaciones que cómo en pocas actividades se producen en el alma del que ejercita la vida.<span id="more-1048"></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">La escalada, aunque no sea específicamente difícil, requiere concentración, optimismo y humor transcendente.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Recuerdo, que de pronto me vi en precario equilibrio sobre una placa de piedra, desde la podría caerme, despeñándome. Miraba en donde podría sujetarme, pero la roca era lisa. Me sentí curiosamente sorprendido, aunque era una situación normal en cualquier escalada, y así yo lo había experimentado centenares de veces en estos últimos 50 años.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Tenía que ser yo solo quien resolviera el trance (repito que absolutamente normal para cualquier escalador sea cual sea su experiencia).</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;">Resistí el miedo</span> sin manifestarlo y sin que mis compañeros, que observaban y mantenían las cuerdas, asegurándome desde una repisa lo percibiesen.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;">Concentré mi atención</span>, escudriñe la roca y vi más abajo y a mi izquierda una leve rugosidad de la roca que podría servirme de pequeño agarre.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;">Con cuidado</span> y cautelosos movimientos fui evolucionando hacia la pequeña protuberancia. Extreme la prudencia y <span style="text-decoration: underline;">haciendo bien cada pequeño paso</span> fui resolviendo la precaria situación hasta ascender a un lugar seguro, en donde respire tranquilo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Una vez más lo estaba consiguiendo. Otra vez luchando por llegar<span> </span>a la cima.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Luego pensé. En solo unos metros he vivido intensamente: miedo, tensión, concentración mental, voluntad, esfuerzo, agilidad, cautela y esperanza…</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">He visto el peligro que ha vuelto a sorprenderme. <span style="text-decoration: underline;">No me he rendido ante la adversidad</span> de la escalada de la vida, he <span style="text-decoration: underline;">estudiado con calma la situación</span>, he sacado pequeñas <span style="text-decoration: underline;">conclusione</span>s y he triunfado otra vez contra mi natural debilidad buscando la fortaleza.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Había vuelto a ganar confianza y así seguir luchando contra el declive y contra la vulgaridad, que tanto nos acompaña y que yo siempre trato de apartar de mí.</p>
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		<title>Marco Siffredi, el vuelo del Everest</title>
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		<pubDate>Sun, 07 Feb 2010 11:56:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cesar</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Noticias y Comentarios]]></category>

		<category><![CDATA[Cho Oyu]]></category>

		<category><![CDATA[Everest]]></category>

		<category><![CDATA[Marco Siffredi]]></category>

		<category><![CDATA[sherpa]]></category>

		<category><![CDATA[Tíbet]]></category>

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		<description><![CDATA[Este jóven francés de 23 años, que ya había ascendido al Cho Oyu y al mismo Everest por la vertiente nepalí, quería bajar deslizándose sobre su tabla de &#8220;snowboard&#8221; del mismo Everest ( Chomolungma ) por el corredor Norton, a la derecha de la arista norte, en donde el famoso alpinista militar inglés que le dio [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Este jóven francés de 23 años, que ya había ascendido al Cho Oyu y al mismo Everest por la vertiente nepalí, quería bajar deslizándose sobre su tabla de &#8220;snowboard&#8221; del mismo Everest ( Chomolungma ) por el corredor Norton, a la derecha de la arista norte, en donde el famoso alpinista militar inglés que le dio nombre alcanzó los 8.500 metros por vez primera y sin oxígeno en 1924.</p>
<p>Era el año 2002, en el otoño, cuando Siffredi fue guiado y conducido por el sherpa Phurba Tashi, que le había ayudado en las otras anteriores expediciones, a escalar por la vertiente norte del Tíbet hasta la cima del Everest.</p>
<p>Marco Siffredi, repuso su mascarilla de oxígeno, se monto en la tabla y se despidió de los sherpas. Dió un salto y comenzó el increíble descenso. Nunca más nadie supo de él.</p>
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		<title>Volver a casa tiene sentido completo</title>
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		<pubDate>Sun, 31 Jan 2010 15:08:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cesar</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Montaña]]></category>

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		<category><![CDATA[Cabezas de Hierro Andes]]></category>

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		<description><![CDATA[Acabo de volver a mi casa. Está caliente y confortable. He dejado mis cosas de montaña extendidas por la habitación que utilizo para guardar botas, sacos de dormir, cuerdas, clavijas y centenares de artefactos destinados para la escalada y el alpinismo.  La cuerda estaba todavía llena de nieve helada y mi casco tiene una costra [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Acabo de volver a mi casa. Está caliente y confortable. He dejado mis cosas de montaña extendidas por la habitación que utilizo para guardar botas, sacos de dormir, cuerdas, clavijas y centenares de artefactos destinados para la escalada y el alpinismo.  La cuerda estaba todavía llena de nieve helada y mi casco tiene una costra de hielo en el interior. He extendido la cuerda para que se fuera secando.</p>
<p style="text-align: justify;">Después me he relajado pensando que hoy me he ganado el descanso y la tranquilidad.<span id="more-1035"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Estoy   satisfecho. He vuelto a ser yo,  aunque haya sido solo durante unas duras y preciosas horas,  simplemente subiendo los contrafuertes helados de Peñalara, por una nieve dura, totalmente cubiertos por la niebla y una violenta tormenta. Esos pasillos nevados de Peñalara , normalmente muy accesibles para un alpinista medio, se encontraban hoy – o así me lo ha parecido, peligrosos y difíciles en algunos tramos.</p>
<p style="text-align: justify;">Venía conmigo Pedro, el Ardilla, y hemos tenido que encordarnos y subir asegurándonos en los resquicios rocosos que íbamos encontrando, con una cuerda auxiliar de 30 metros. La nieve caída estos días tapaban las rocas con lo que aumentaba la pendiente en su línea ascendente. Los simples contrafuertes y farallones rocosos cubiertos por la nieve y la ventisca tenían un aspecto que podía recordar a una dura pared alpina. Hemos salido hacia la izquierda, antes de alcanzar la cornisa, por un estrechamiento totalmente cubierto por un hielo muy duro y hemos superado con mucha atención un resalte vertical de roca con los agarres llenos de nieve.</p>
<p style="text-align: justify;">Al alcanzar por fin la loma de las dos Hermanas, el viento nos zarandeaba y la visibilidad era nula a solo dos metros, lo que me ha hecho pensar que podríamos perdernos sin remedio. La capacidad de enfriamiento del fuerte viento, con una temperatura que no sobrepasaría los 8 o 9 grados bajo cero era muy intensa. Si no éramos capaces de orientarnos en plena tormenta tendríamos que descender lo antes posible aunque la deriva nos condujeses a la otra vertiente.</p>
<p style="text-align: justify;">Hemos resuelto bien la ruta y una hora después hemos encontrado los vestigios del camino que baja al Puerto de los Cotos.</p>
<p style="text-align: justify;">Una curiosa experiencia que se suma a las centenares de situaciones vividas, entre ellas  algunas difíciles y muy peligrosas en los Alpes, el Himalaya, o los Andes.</p>
<p style="text-align: justify;">El riesgo puede estar en cualquier montaña, máximo si nos adentrarnos, como hoy yo he hecho, por exceso de confianza, entre la niebla sin prevenirme ante la tormenta y ya al atardecer. Tanto optimismo me agrada mucho mantenerlo, pero a la vez sé bien que añade un riesgo demasiado juvenil a mi madura experiencia.</p>
<p style="text-align: justify;">Sí ya sé,  que en estos días de invierno y de tormentas, Peñalara, o las Cabezas de Hierro pueden encerrar emociones, de idéntico carácter al de otras montañas de mayor envergadura y altitud.</p>
<p style="text-align: justify;">Había pensado en un tranquilo entrenamiento,  subiendo por uno de esos preciosos pasillos de nieve dura que conducen a la larga loma de las Dos hermanas e incluso a las proximidades de la cima de Peñalara. Un día de sol para hacer ejercicio y seguir manteniendo la forma física practicando la técnica de los piolets y de los crampones.</p>
<p style="text-align: justify;">No he acertado. Y lo que iba a ser una excursión de escalada en nieve tranquila se ha convertido, sin apenas transición, en una emocionante escalada en la que había que asegurarse bien, escalar a prisa entre la niebla y la tempestad, sintiendo ese trance nunca olvidado, en el que hay que decidir dar ese paso hacia arriba, sin saber sí los agarres podrán resistir, después haber mirado como mi compañero sujetaba la cuerda que nos unía con esperanza pero también con temor.</p>
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		<title>¿Llegaré a ser el barón de Cotopaxi?</title>
		<link>http://blog.cesarperezdetudela.com/index.php/2010/01/llegare-a-ser-el-baron-de-cotopaxi/</link>
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		<pubDate>Wed, 20 Jan 2010 21:12:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cesar</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Noticias y Comentarios]]></category>

		<category><![CDATA[Emi Kusi]]></category>

		<category><![CDATA[Himalaya]]></category>

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		<category><![CDATA[Mao]]></category>

		<category><![CDATA[Nepal]]></category>

		<category><![CDATA[Tíbet]]></category>

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		<description><![CDATA[Como viajero por el mundo del Himalaya –mis primeras expediciones alpinas fueron a finales de la década del sesenta, y he regresado a ellas con cierta frecuencia- he tenido la oportunidad de conocer las creencias y la educación tradicional de sus sencillas y curiosas gentes. El Tíbet sufrío el demoledor acoso del comunismo extremo, en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;">Como viajero por el mundo del Himalaya –mis primeras expediciones alpinas<span> </span>fueron a finales de la década del sesenta, y he regresado a ellas con cierta frecuencia- he tenido la oportunidad de conocer las creencias y la educación tradicional de sus sencillas y curiosas gentes. El Tíbet sufrío el demoledor acoso del comunismo extremo, en la llamada revolución cultural de Mao, y la situación dramática del Tíbet influyó poderosamente en los países límitrofes, poseedores de la misma cultura. Mao pretendía subvertir totalmente <span id="more-1029"></span>el orden, las costumbres y las creencias religiosas del pueblo, conduciéndolas al moderno paganismo, llevando el comunismo hasta el punto gordiano de la existencia del pueblo.<span> </span>De miles de monasterios y templos, existentes antes de la paulatina ocupación china, solamente se debieron de salvar un centenar, asesinando a sus lamas, destruyendo no solo los templos, hasta no dejar piedra sobre piedra, sino también ciudades, como he visto en las proximidades de los macizos del Himalaya. Los pocos monasterios que han comenzado a reanudar sus actividades religiosas están en condiciones muy precarias de supervivencia, empobrecidos y sin el boato necesario para el desempeño de sus importantes misiones espirituales. El budismo religión principal en estas regiones, con sus diferentes variantes, tras la feroz represión, de la que occidente nada objetó, está regresándo lentamente a estos increíbles parajes de la Tierra, ocultos por las inmensas montañas. Para los budistas el cuerpo humano es un compuesto de agua, aire, tierra y fuego. Por ello la incineración, que occidente cada vez utiliza más, es uno de los medios de inhumanación, junto a los ritos celestes. Un lama recoge el cuerpo del muerto cuando han transcurrido tres días desde que el alma lo ha abandonado, llevándolo a una gran roca como terraza funeraria, en la cima de una montaña, quemándo ramas de pino y ciprés, descuartizándo el cuerpo para que las aves se alimenten. La familia paga al sacerdote con dinero y ropas del difunto. Cuando se incinera el cadáver este se levanta sobre la pira funeraria, en los templos, bajo la mirada piadosa de sus familiares. Los centenares de miles de tibetanos, residentes en la India, Nepal y otros países del Himalaya, no islámicos, practican las viejas creencias de su lamaísmo. En sus nuevas patrias siguen celebrando sus fiestas que, como todo en su vida hacen referencia a la religión, igual que lo hicieron sus antepasados. Siempre los festejos tienen lugar en las colinas, pintadas y preparadas para estos fines, con cientos o miles de banderas al viento con las oraciones: “Om Mani Padme Hum” impresas, que el viento ondea y esparce para que las peticiones de espiritualidad y respeto alcancen el cielo. Los asistentes llegan vestidos con sus ropas más elegantes, con los collares de ambar y el pelo largo recogido en sus típicas trenzas. Los monjes, personajes tan respetados como antes lo eran los sacerdotes cristianos, dirigen las oraciones con el rosario en la muñeca, el de las 108 cuentas, que son los mandamientos que se han de recordar siempre, recogiéndose las ofrendas de comida, tsampa, harina de cebada, chang, cerveza, vaciándoles sobre las hogueras para que el humo que surge se entremezcle con las banderolas de la oración y llegue al cielo. El cuerpo no importa, lo esencial es el espiritu, que se reencarnará en personas u otros seres para llegar alguna vez a la perfección, la paz suprema.</p>
<p class="MsoBodyText" style="text-indent: 35.4pt; text-align: justify;">Lhassa ya no existe como cuna de la espiritualidad. Que no se dejen engañar los viajeros por los vendedores de viajes. Lhassa ahora es solo una ciudad en la que los turistas visitan el Potala o el interior de los templos, para luego alojarse en los cómodos hoteles que los chinos han construído para promocionar su industria, aprovechándose precisamente del pasado de leyenda que ellos destruyeron.</p>
<p class="MsoBodyText" style="text-indent: 35.4pt; text-align: justify;">El viejo Tíbet ya no está allí. El Tíbet se encuentra repartido geográficamente por los países de alrededor, como Ladak, y en otros rincones de la India, aunque Nepal sea el país de mayor influencia tibetana, siendo el que alberga más templos y dioses, aunque también las costumbres materialistas y consumistas de occidente hayan llegado hasta él.</p>
<p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"><span> </span>Ladak es quizás el último reducto del budismo primitivo, precisamente por estar cerrado por sus montañas y por su dura climatología. Leh, su capital, es una pequeña ciudad aislada por la nieve ocho meses al año, a 3.300 metros de altitud. Yo la última vez que estuve allí, dirigiendo la expedición del Colegio de Abogados de Madrid, volví a sentir la influencia de su impresionante fervor espiritual. Precisamente esa visita es la que me hizo concebir mi libro “El Lama Milarepa”, en la que mi personaje, el barón de Cotopaxi, mi &lt;alter ego&gt;, al que yo querría poder parecerme, vive una experiencia extraordinaria buscando y hallándo al fín, un monasterio pérdido entre las alturas de las montañas, una especie de valle de los dioses, protegido del frío y de los vientos, gracias a su especial situación orográfica. En él, el barón que ha descendido del Qomolangma (El Everest) a dónde ha llegado casi moribundo, hace repaso de su vida, búscando la felicidad en la bondad, cumpliendo la promesa hecha en la cumbre, que un viejo lama inmortal, Milarepa, ha recogido al verle a tan descomunal distancia.</p>
<p class="MsoBodyText" style="text-indent: 35.4pt; text-align: justify;">El libro trata de regresar a las viejas novelas de aventuras y viajes, pero caminando por la mística del mundo, donde un personaje ideal, que por una vez, no es un viajero cosmopolíta y ambicioso de materialidad y sexo, si no simplemente un explorador que busca el misterio de la vida, con respeto al paisaje y a todo lo que vive, lo encuentra en los maravillosos rincones del religioso Himalaya.</p>
<p class="MsoBodyText" style="text-indent: 35.4pt; text-align: justify;">Ya está bien de escritos, reportajes, novelas y programas prosaicos, repletos de vulgaridad y exentos de pensamiento.</p>
<p class="MsoBodyText" style="text-indent: 35.4pt; text-align: justify;">Espero tener salud y fuerza para seguir viajando por la Tierra, y seguir transfiriendo experiencias verdaderas, porque sé, creánme, que existen tierras y hombres, con costumbres que guardan todavía gestos piadosos y nobles, que recuerdan<span> </span>los tiempos bíblicos. Ahora, a estas alturas de la existencia, ya solo en busca de la esencia, querría volver a recorrer muchas regiones que visité cuando era esclavo de la notoriedad y vivir con esos pueblos de las selvas americanas, escalando los misteriosos &lt;tepuys&gt;, muchos de ellos aún absolutamente inexplorados, para traer a España mensajes sencillos de espiritualidad y con ello de bondad. También, ojalá, este mismo año pueda viajar otra vez al viejo desierto del Sáhara, buscando las montañas del Tibesti, todavía pérdidas entre el Chad y Libia, para escalar el volcán Emi Kusi, y aprender de los tubues, que como los tuarengs del Hoggar, en la confluencia de Niger, Malí y Argelia, puedan contribuir a inspirarme y reforzar mis creencias en el viejo espíritu de paz, hospitalidad y respeto por todo cuanto vive, escenario de las aventuras próximas de mi personaje ideal, el que Ortega decía que todos llevamos dentro.</p>
<p class="MsoBodyText" style="text-indent: 35.4pt; text-align: justify;">Uno de estos días les enviaré alguno de estos libros del barón de Cotopaxi, “Camino de Karibú” o “El Lama Milarepa” o<span> </span>de sus últimas aventuras en Oceanía, siempre de las grandes regiones naturales que aún no estén contaminadas por el nihilismo y otras manifestaciones de la mediocridad. Estoy seguro que les van a interesar. Mucha suerte.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size: 10pt;">*César P. de Tudela es explorador alpino y alpinista. También es Académico de la Real Academia de Doctores de España, abogado y periodista.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size: 10pt;"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span><span> </span></span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Ayer en la Pedriza</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Jan 2010 11:25:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cesar</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Montaña]]></category>

		<category><![CDATA[Cancho de los Muertos]]></category>

		<category><![CDATA[escalada]]></category>

		<category><![CDATA[Guadarrama]]></category>

		<category><![CDATA[Pedriza]]></category>

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		<description><![CDATA[Ayer me fui por la tarde a la Pedriza. Y aunque la niebla cubría todas las cimas, era la única zona de la sierra del Guadarrama, que servía de refugio ante el viento y la tormenta.



Necesitaba andar y trepar. Y especialmente esforzarme en la necesaria práctica de la destreza para frenar ese declive que nos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;">Ayer me fui por la tarde a la Pedriza. Y aunque la niebla cubría todas las cimas, era la única zona de la sierra del Guadarrama, que servía de refugio ante el viento y la tormenta.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;"><a href="http://blog.cesarperezdetudela.com/wp-content/uploads/2010/01/dsc01193.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-1005" title="Cancho de los Muertos en la Pedriza" src="http://blog.cesarperezdetudela.com/wp-content/uploads/2010/01/dsc01193-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" /></a></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;">
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;">
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;">Necesitaba andar y trepar. Y especialmente esforzarme en la necesaria práctica de la destreza para frenar ese declive que nos persigue desde jóvenes, en mi caso desde hace ya muchos años. No quería por ello dejar de entrenarme.<span id="more-1004"></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;">Pensé que con subir al Cancho de los Muertos, una sencilla y corta escalada, justificaría mis deseos. Pero subiendo al collado Cabrón, acepté la tentación de salirme del camino para buscar, entre el intrincado pinar, aquél risco que llamaban el “Elefante”, que recuerdo que había que escalarlo por una difícil chimenea para llegar a la cúspide. Entonces, cincuenta y tantos años atrás, el bosque casi no existía. Caminé abriéndome camino entre una tupida vegetación, escalando con cuidado las rocas que se encontraban a mi paso. Debí derivar mucho hacia el norte saltando en las resbaladizas rocas, cercado <span style="mso-spacerun: yes;"> </span>en el bosque que entre la niebla me parecía lleno de misterio. Lo pasé bien alardeándome de mis facultades y de mi precisión en los movimientos. Cuando pude salir del bosque que me pareció encantado la noche se aproximaba.</p>
<div id="attachment_1006" class="wp-caption aligncenter" style="width: 310px"><a href="http://blog.cesarperezdetudela.com/wp-content/uploads/2010/01/dsc01192.jpg"><img class="size-medium wp-image-1006" title="Cimas del Cancho de los Muerto de la Pedriza. La cima principal es la izquierda." src="http://blog.cesarperezdetudela.com/wp-content/uploads/2010/01/dsc01192-300x225.jpg" alt="Vease escaladores en la tercera roca." width="300" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">Vease escaladores en la tercera roca.</p></div>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;">Cuando llegué al Cancho de los Muertos, que había pensado escalarlo por las grietas de su vertiente sur, comprobé que no llevaba cuerda alguna, ni tampoco pies de gato, pero había estimado que, optimistamente, podría subirlo como tantas otras veces, destrepandole en el descenso, siempre este un poco más arriesgado…</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;">
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;">Estaba anocheciendo; y las voces de unos escaladores me llamaron la atención. Los vi en un espolón, sobre el “extraplomo” de la derecha del conjunto rocoso del Cancho que mira a Canto Cochino.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;">El escalador que iba de primero estaba llegando a la cima de la tercera roca y pedía a sus compañeros que le dieran cuerda para acometer el último paso. Me pareció una bonita escalada entre la niebla, no exenta de dificultad con la roca tan húmeda.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;">Cuando el primero de la cuerda me vio me pidió desde su atalaya, amablemente, que le hiciera una foto. Para ello me separé del risco y busqué el mejor ángulo, lo que me hizo desentenderme de mi compromiso de llegar a la cima.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;">Estuve observando a sus compañeros,<span style="mso-spacerun: yes;"> </span>los que asegurados por el primero, tendrían que subir. Pero uno de ellos me pareció poco experto y pidió que le fueran descolgando sin atreverse a seguir subiendo, mientras que el tercero le ayudaba moviéndose con precisión y posturas de ágil escalador.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;">Anochecía ya y decidí bajarme sin llegar a la cima. Sentí no ejercitar esa muestra de valor que es escalar y que es tan necesaria para mí. No está mal tampoco practicar la sensatez de vez en cuando, que a veces me acompaña y que se impone a mis deseos juveniles de no dejarme vencer por la comodidad.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;">Trataré de acompañar a este escrito las fotos que hice a los jóvenes del Cancho en un atardecer húmedo de fin de año.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Recuerdos del pasado</title>
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		<pubDate>Fri, 08 Jan 2010 11:06:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cesar</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Montaña]]></category>

		<category><![CDATA[diario]]></category>

		<category><![CDATA[expedición]]></category>

		<category><![CDATA[Hindu Kush]]></category>

		<category><![CDATA[pasado]]></category>

		<category><![CDATA[Recuerdos]]></category>

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		<description><![CDATA[Anticipo del libro &#8220;Así se hizo periodismo en las cumbres&#8221; Extracto del capítulo 5.
Diario de la Expedición de Angel González de la Fuente, editado por la Caja de Ahorros de Zaragoza en 1971
Para evitarme el esfuerzo que ahondar en el recuerdo representa, recurro a transcribir solo algunos párrafos del pequeño libro-diario que escribió Ángel González [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Anticipo del libro &#8220;<strong>Así se hizo periodismo en las cumbres</strong>&#8221; Extracto del capítulo 5.</p>
<p style="text-align: justify;">Diario de la Expedición de <span style="text-decoration: underline;">Angel González de la Fuente</span>, editado por la Caja de Ahorros de Zaragoza en 1971</p>
<p style="text-align: justify;">Para evitarme el esfuerzo que ahondar en el recuerdo representa, recurro a transcribir solo algunos párrafos del pequeño libro-diario que escribió Ángel González de la Fuente sobre aquella expedición.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">Miércoles 4 de agosto 1971.</span></p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;En el aeropuerto de Peshawar suena un disparo y precipitándome a la puerta de cristales de la sala de espera veo como uno de los soldados que nos había ayudado yace en el suelo dando gritos. El oficial le había disparado alcanzándole en la ingle. Escena que presenciamos sin salir de nuestro asombro&#8230;&#8221;<span id="more-998"></span></p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Nos dan el alto en ocho puestos fronterizos en donde nos hacen cumplimentar las diligencias de filiación y nos prohíben hacer fotos&#8230;&#8221;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;">Viernes 6 de agosto 1971.</span></p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;El camino que seguimos es indescriptible: solo nuestra cámara tomavistas podrá dar fe de ello, pues por nada parecido he pasado nunca. El camino se va adentrando en un profundo desfiladero a orillas de un tumultuoso río negro&#8221;.</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;">Sábado 7 de agosto 1971.</span></p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Observo los pies de uno de los porteadores y parecen los de un animal, con los dedos deformados y encallecidos por la planta y por arriba.</p>
<p style="text-align: justify;">Vemos a la mayoría de la gente, sobre todo los jóvenes, con arcos, aunque no emplean flechas, sino piedras a guisa de tirador. Disparan a unos árboles y hacen caer unos pequeños albaricoques para nosotros&#8221;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;">Lunes 9 de agosto 1971</span></p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Ahora se hace más difícil el camino pues entramos en la morrena de un glaciar. Antes de entrar en él, los porteadores hacen una parada para preparar té y al no tener azúcar le echan sal gema.</p>
<p style="text-align: justify;">Al introducirnos en el glaciar vamos salvando innumerables y profundas grietas, teniendo que tallar escalones en muchas ocasiones. Los porteadores se enfadan por la dificultad del camino, que se ha cortado por uno o varios desprendimientos, lo que nos obliga a buscar pasos por sitios peligrosos, negándose alguno a pasarlos.</p>
<p style="text-align: justify;">A las 7 de la tarde salimos del glaciar después de12 horas y media de marcha, confluyendo en otro valle donde hay una extensa pradera.</p>
<p>Los porteadores duermen recostados unos con otros, alrededor de un pequeño fuego&#8221;</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">Martes 10 de agosto 1971.</span></p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Me compadezco de toda esta pobre gente. Son sumisos y temerosos, y hasta parece que nos consideran seres superiores y tienen una total ignorancia de cómo se vive en el mundo pues nunca han salido de estos valles&#8221;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;">Domingo 15 de agosto 1971.</span></p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Enseguida se presenta la arista de hielo que deberemos escalar, de unos 500 metros. Al principio no se da uno cuenta de su dificultad y grado de inclinación, hasta que se van sucediendo los largos de cuerda, siempre de 40 metros, en reuniones con clavos de tornillo. Vamos progresando en dos cordadas. Delante César, el cual no cede la cabeza de la cuerda, secundándole Fernando. Detrás Carlos y yo que nos vamos encontrando todo hecho. Cada vez se va poniendo más vertical y me veo en apuros para continuar en razón de mi desentrenamiento en escalada en hielo. A Carlos le veo subir tranquilo y seguro, pero cuando miro para arriba y le veo encima de mi cabeza, 40 metros más arriba, pienso en la verticalidad que ha tomado la arista y que estoy llegando al límite de mis posibilidades técnicas.</p>
<p style="text-align: justify;">-¡En la que me he metido! Murmuro a veces.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero mi ilusión y la confianza en mis compañeros crece cuando llego a las reuniones, pues es admirable el trabajo que realiza César en vanguardia, pensando más que en él, en facilitarnos la progresión, pues talla cuanto puede y clava los tornillos con una fijeza que cuesta trabajo su recuperación. Yo que he hecho tantas escaladas en roca con César me quedo estupefacto ante el nivel técnico que ha alcanzado y con el nervio y valor que le echa en los pasos&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Instalamos una tienda vivac de pared en la vertiginosa vertiente y otra de túnel para Carlos y para mí. Este campamento, el cuarto, está a 6.500 metros, pero lo tendremos que desmontar pues hemos observado una bajada más fácil por otro sitio, en el caso de que podamos llegar a la cima&#8221;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;">Lunes 16 de agosto 1971</span></p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Pasamos una noche fatal.</p>
<p style="text-align: justify;">Alternamos pasos de roca con pasos de hielo, siempre con los crampones puestos siguiendo toda la arista. Hemos hecho todos los largos de cuerda asegurándonos, pero en un momento nos confiamos y subimos juntos para ganar tiempo. Grave error. Uno de mis crampones no se clava en el hielo y caigo. Grito desesperadamente a Carlos, al que le da tiempo a afianzar el piolet parándome la caída&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Recordaba lo que había leído. Realizar una simple suma resulta una difícil operación algebraica cuando se está a 7.000 metros, pero voy haciendo sumas y calculo bien, aunque siento apatía y tengo los movimientos lentos&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Hemos superado los 7.000 metros y estoy loco de contento al comprobar lo bien que me encuentro. Contemplo las evoluciones de César y Fernando, los que no dan más de cinco pasos y se paran.</p>
<p>&#8220;Estaríamos en la cumbre unos 20 minutos sacando fotografías y película, pero ni siquiera nos abrazamos (7.490 metros dieron los altímetros) la mayor altura alcanzada por el alpinismo español.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;César y Fernando se encargaron de dejar allí clavadas la bandera de España y la de la casa patrocinadora. Rezo una oración con desgana dando gracias a Dios por haber alcanzado esta cota sano y salvo&#8221;</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Iniciamos el descenso por el gran &#8220;Plató&#8243;, pero estamos muy cansados y sin fuerzas por falta de alimentación. Al lado de una enorme grieta y cuando habríamos descendido unos 400 metros decidimos descansar y comer algo. Hacemos con los piolets una pequeña plataforma y nos ponemos a derretir hielo con los hornillos, lo que prolonga la estancia. En vista de lo cual se decide &#8220;vivaquear&#8221; allí mismo haciendo más grande la plataforma. El lugar es peligroso y a mí me aterra la decisión tomada, pero no digo nada. Nos tumbamos sobre las tiendas plegadas. César y Fernando dormirán en los lados protegiéndonos a Carlos y a mí.</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;">Martes 17 de agosto 1971.</span></p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;César decide encordarse con Carlos, variando las cordadas, y yo lo hago con Fernando. César va delante reconociendo el terreno, entre profundas grietas que causa pavor mirar su profundidad. Cuando llegamos a un lugar en la que el glaciar se agrieta más aún, Fernando decide no seguir las huellas de nuestros compañeros, desplazándonos hacia la derecha y dando pasos por lugares cada vez más difíciles y no advirtiendo que vamos hacia una encrucijada de bloques de hielo. Fernando insiste en continuar por esta ruta, pero se da cuenta tarde del error. Entonces decide montar &#8220;rapeles&#8221; fijando las cuerdas en setas de hielo, pero tenemos más de 300 metros y corremos el peligro de quedarnos colgados.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;A mí me aterra pasar aquí otra noche, minados por el cansancio y sin comida.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Volvemos a la idea de empezar a realizar &#8220;rapeles&#8221;. Siento miedo y Fernando me anima. Cuando íbamos a iniciar este peligroso descenso, César desde muy lejos, nos indica que remontemos en lugar de descender. Después de varios largos en los que sacamos fuerzas de flaqueza, el terreno comienza a ser menos vertical, hasta que por fin encontramos las huellas de nuestros compañeros.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Sobre las 6 de la tarde distinguimos la pequeña tienda del campamento 3, viendo también a César salir a nuestro encuentro, contento de que hubiéramos salido tan rápidamente del terreno complicado y peligroso en el que nos habíamos metido.</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;">Miércoles 18 de agosto 1971.</span></p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;La noche ha sido mala. Cuando hemos intentado beber el agua de las cantimploras era un bloque de hielo. Al amanecer Fernando no ha podido incorporarse y no puede abrir los ojos. Tiene los parpados muy hinchados. Posiblemente será debido a que ayer se quitó las gafas. No ve nada.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Fernando con enorme voluntad decide lanzarse por las cuerdas fijas del paraje que bautizamos como &#8220;muro descompuesto&#8221; Lo hace a tientas y a cada paso que da con gran valentía nos pone los pelos de punta.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;César sigue corriendo con la responsabilidad bajando siempre el último.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Con gran sufrimiento de todos terminamos el descenso de las cuerdas fijas para seguir por la pedrera, llevando a Fernando e indicándole cada paso.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;César decide adelantarse en busca de colirios que creemos haber dejado en el campamento.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Pero en el campamento 2 solo se encontró una carta de Paco Mogoteras, en la que decía que Elena estaba enferma y que había decidido que la bajaran urgentemente&#8230;&#8221;</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;César continúo lleno de zozobra al campamento base que encontró totalmente abandonado, diciéndonos por radio que al día siguiente, al amanecer, continuaría hacia abajo</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;">21 de agosto 1971</span></p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Llevábamos unas dos horas bajando cuando Fernando que se hallaba muy recuperado e iba hablando con Abdul, el jefe de los porteadores, nos dio la noticia que nos deja secos: ¡Elena ha muerto! Creemos estar soñando. Y el impacto nos sacude bárbaramente.</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;">22 de agosto 1971</span></p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Voy delante con Abdul camino de Shagrum y cuando voy a cruzar el puente, este me detiene con el brazo y me indica un peñasco que sirve de pilar al puente. Allí estaba Elenita cubierta por el doble techo de una tienda.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Nos quedamos anonadados sin poder articular palabra, apoyados en una roca y sin creer lo que teníamos ante los ojos</p>
<p>&#8230;..</p>
<p style="text-align: justify;">La noticia de aquella muerte inesperada y especialmente cruel, conmovió a toda la sociedad española como no recuerdo ninguna otra. Saqué fuerzas de la ilusión por vivir, yo diría que de las mismas montañas que me habían proporcionado uno de los golpes más dramáticos de mi existencia.</p>
<p style="text-align: justify;">El regreso a España fue de honda tristeza, en la que muy pocos amigos estuvieron a la altura de las circunstancias.</p>
<p style="text-align: justify;">El éxito de haber alcanzado una importante cumbre virgen de esa altitud por un itinerario difícil e inédito, quedó totalmente oculto ante el sentimiento y el doloroso compromiso de comparecer ante tantos familiares que esperaban llorando la tragedia.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi persona recibió cartas acusadoras y escritos anónimos vergonzosos en los que se decía que había cometido un crimen perfecto.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde entonces comencé a interesarme por estudiar más el alma de los hombres que las montañas del mundo.</p>
<p style="text-align: justify;">Durante las semanas siguientes fui el personaje más solicitado por los diferentes medios, a los que sabía que debería atender con paciencia, teniendo que responder a preguntas inoportunas e injustas, sin ninguna compasión hacia mí persona, mientras mi mente seguía encontrándose en las lejanas montañas de Hindu Kush.</p>
<p style="text-align: justify;">Me recriminé muchas veces mi incapacidad para haber afrontado la misión de traer conmigo a España el cuerpo de Elena.</p>
<p style="text-align: justify;">Y ello empezó a ser una obsesión que me impedía pensar en el futuro.</p>
<p style="text-align: justify;">Mis hijos Bruno y Elena, muy pequeños, especialmente Bruno, debió de recibir el impacto emocional de la desaparición de su madre con particular conmoción.</p>
<p style="text-align: justify;">No podía seguir en ese estado de constante preocupación, obsesionado con las lejanas montañas, imaginando sucesos imposibles.</p>
<p style="text-align: justify;">Tenía que volver al Hindu Kush.</p>
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		<title>¿La paz del espíritu?</title>
		<link>http://blog.cesarperezdetudela.com/index.php/2009/12/la-paz-del-espiritu/</link>
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		<pubDate>Thu, 17 Dec 2009 20:22:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cesar</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Noticias y Comentarios]]></category>

		<category><![CDATA[dignidad]]></category>

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		<category><![CDATA[sociedad]]></category>

		<category><![CDATA[valor]]></category>

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		<description><![CDATA[Esa cultura superior
Oponerse a la hipocresía del mundo, gritando todo aquello que pocos se atreven a decir, respetando al “ser” del hombre y olvidando el concepto materialista y genérico de “gente”, que el racionalismo lógico había ido construyendo a lo largo del siglo XIX.
Habría que apostar por el hombre integro lleno de dignidad y valor. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;">Esa cultura superior</span></p>
<p style="text-align: justify;">Oponerse a la hipocresía del mundo, gritando todo aquello que pocos se atreven a decir, respetando al “ser” del hombre y olvidando el concepto materialista y genérico de “gente”, que el racionalismo lógico había ido construyendo a lo largo del siglo XIX.</p>
<p style="text-align: justify;">Habría que apostar por el hombre integro lleno de dignidad y valor. No por la sociedad gregaria, aun sabiendo que muy pocos son los independientes que tienen el privilegio de ser.</p>
<p style="text-align: justify;">“Soy fuerte cuando estoy solo, cuando soy el único que se compromete” <a title="Friedrich Nietzsche" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Friedrich_Nietzsche">Nietzsche</a></p>
<p style="text-align: justify;">Y el signo de la gran salud es el peligroso privilegio de ofrecerse a la aventura.</p>
<p style="text-align: justify;">“Lo que no deja de doler permanece en la memoria”</p>
<p style="text-align: justify;">Esa cultura superior que se basa en la espiritualización.</p>
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		<item>
		<title>¿Cobro de Rescates de montañeros y alpinistas?</title>
		<link>http://blog.cesarperezdetudela.com/index.php/2009/12/cobro-de-rescates-de-montaneros-y-alpinistas/</link>
		<comments>http://blog.cesarperezdetudela.com/index.php/2009/12/cobro-de-rescates-de-montaneros-y-alpinistas/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 17 Dec 2009 19:57:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cesar</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Noticias y Comentarios]]></category>

		<category><![CDATA[alpinismo]]></category>

		<category><![CDATA[Gredos]]></category>

		<category><![CDATA[Grupos de Rescate de la Guardia Civil]]></category>

		<category><![CDATA[montañismo]]></category>

		<category><![CDATA[Naranjo de Bulnes]]></category>

		<category><![CDATA[Pedriza]]></category>

		<category><![CDATA[Pirineos]]></category>

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		<description><![CDATA[El Rescate de montañeros y el cobro del mismo a debate
Antecedentes personales del autor de este escrito
El salvamento y el rescate de montañeros perdidos o en peligro, ha sido durante toda mi dedicación alpina un motivo esencial en mi concepción de la vida y del mismo alpinismo.
Esta inquietud me hizo estar muy atento a las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="text-decoration: underline;">El Rescate de montañeros y el cobro del mismo a debate</span></span></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;">Antecedentes personales del autor de este escrito</span></p>
<p style="text-align: justify;">El salvamento y el rescate de montañeros perdidos o en peligro, ha sido durante toda mi dedicación alpina un motivo esencial en mi concepción de la vida y del mismo alpinismo.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta inquietud me hizo estar muy atento a las situaciones de emergencia y llamadas de socorro, cuando no existían cuerpos profesionales especializados en España, desde finales de la década de 1950 a 1981, en la que comenzaron a funcionar los Grupos de Rescate de la Guardia Civil.<span id="more-970"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Puedo decir con orgullo que he intervenido en numerosas acciones de rescate y salvamento: en Montserrat, Pedraforca, Pedriza, Gredos, Pirineos, Picos de Europa (Oeste del Naranjo de Bulnes en 1969 y 1970), Espolón de los Franceses de Peña vieja, Peña Olvidada y en otras muchas), Alpes, Atlas invernal, Andes (Aconcagua), Cordillera del Real, Illimani, Alaska ( Mc Kinley) etc.</p>
<p style="text-align: justify;">Fui miembro destacado de los Grupos de Rescate en Montaña, de la Federación Española de Montañismo, hasta 1970 y Vicepresidente de los mismos Grupos.</p>
<p style="text-align: justify;">Posteriormente, tras mi separación de la Federación Española de Montaña, mi teléfono registró un número elevado de peticiones de socorro por parte de familias de montañeros y escaladores accidentados o desaparecidos en distintas circunstancias, como última esperanza ante la desatención de la Federación (1971-1980), entonces muy burocratizada, así como de cualquier otra instancia de los poderes públicos.</p>
<p style="text-align: justify;">Ningún organismo administrativo era competente, ni responsable en los accidentes de montaña en el territorio español, con excepción de alguna organización privada de carácter regional.</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;">Los rescates en montaña y la Dirección General de Protección Civil.</span></p>
<p style="text-align: justify;">Cuando en 1980 fui nombrado asesor de la recién fundada Dirección General de Protección Civil, del Ministerio del Interior, entre mis dedicaciones principales estuvo la de poner en marcha el programa de Rescate y Salvamento en las Montañas españolas, incluyendo los planes de emergencia de las diferentes estaciones de esquí y montaña.</p>
<p style="text-align: justify;">De los años 1980 a 1988 se suministraron equipamientos técnicos a los distintos refugios españoles, se instalaron radios socorro, así como materiales a los grupos de rescate de la Guardia Civil y Cruz Roja operativos en España (camillas, cuerdas estáticas, grupos portátiles de luz, botiquines, tornos de rescate en pared, mochilas “cacolet”, comunicaciones etc.).</p>
<p style="text-align: justify;">A lo largo de treinta años, publiqué numerosos artículos publicados sobre los accidentes en montaña: revistas especializadas, también en medios de información general, (cadenas de radio nacionales, entrevistas televisivas, diarios ABC y Ya, revistas como La Actualidad Española y prensa nacional en general) así como en publicaciones del propio Ministerio del Interior Policía Española, Cuadernos de Protección Civil y otras. En todas ellas y de forma reiterada, yo había mantenido y fundamentado jurídicamente la obligación de la intervención de los poderes públicos en los accidentes de montaña, por su lejanía, dificultad y características, como un derecho fundamental de cualquier persona en peligro, fuera español o extranjero.</p>
<p style="text-align: justify;">Durante mi destino funcionarial en Barcelona (Dirección General de Seguridad) y habiendo participado en la organización de diversos salvamentos y rescates (1965-1970), presenté informes y publiqué artículos solicitando la creación de un Servicio Nacional de Rescate en Montaña, como una misión policial de carácter asistencial.</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;">Cursos de capacitación de Rescate y Salvamento para Bomberos<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;">Tras el rescate de Arrabal y Lastra del Naranjo de Bulnes, y su trascendencia informativa (febrero de 1971) el Delegado Nacional de Deportes, Juan A. Samaranch, solicito de mi persona la redacción de un borrador del proyecto de dicho servicio. Lo elaboré basándome en la Protección Civil francesa (Gendarmería, Unidades de la CRS y Guías profesionales de alta montañas) .</p>
<p style="text-align: justify;">En la Dirección General de Protección Civil, de 1980 a 1988, se realizaron una veintena de cursos de rescate y salvamento dirigidos a los cuerpos de Bomberos españoles, titulándose alrededor de setecientos profesionales en esta especialidad. Yo efectué el diseño y realicé la dirección de los cursos, utilizando el concurso de los servicios de helicópteros de la Guardia civil y Cuerpo Nacional de Policía, convirtiendo estos en verdaderos seminarios prácticos de rescate, probando equipamientos y realizando prácticas, teniendo presente, cuando era conveniente las indicaciones y experiencias de la Comisión Internacional Salvamento Alpino de Europa (CISA-IKAR).</p>
<p style="text-align: justify;">En la norma básica que en aquellos años se elaboró, y teniendo como norma el derecho a la vida, protegido en la Constitución, el Estado español, (Ministerio del Interior) estimó que los costes de los accidentes en montaña serían a cargo de los presupuestos públicos, en defensa de la vida y la salud de los deportistas españoles que así pudieran requerirlo.</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;">Polémica. Los gobiernos de algunas Comunidades quieren cobrar los Rescates en Montaña</span>.</p>
<p>Las comunidades autónomas regionales de España reclamaron al Estado, a partir de 1982-1983, la transferencia de competencias para las misiones de Protección Civil, y pronto se crearon grupos de especialistas de Socorro en Montaña, a los que se dotaron de los mejores medios para la realización de sus misiones. Principado de Asturias, Castilla y León, Navarra, Euskadi y Madrid fueron las principales regiones españolas en organizar sus servicios de rescate en montaña propios, estableciéndose, en algunos casos, una delicada relación con los servicios del Estado a cargo de la Guardia Civil.</p>
<p style="text-align: justify;">Efectivamente se han producido algunos casos de petición de socorro lamentables. Algunas personas que lo requerían cuando habían incumplido las más elementales normas de prudencia, aprovechando la utilidad de los teléfonos móviles, o de desaprensivos excursionistas que por evitarse la dureza de los caminos de montaña solicitaban ayuda para ser evacuados sin verdadera necesidad. Pero los más, es decir el amplio colectivo de montañeros y alpinistas, no pueden verse perjudicados por esos casos mencionados. El rescate en montaña, efectuado por la Guardia Civil de una forma ejemplar y sin costo alguno para los accidentados, no puede verse comprometido por una decisión sin fundamento de las autoridades competentes de las mencionadas comunidades regionales, que estima que debe cobrar los gastos, en ocasiones cuantiosos, que podría producir un salvamento complejo, haya habido o no alguna circunstancia, siempre difícil de evaluar, que entrañara imprudencia.</p>
<p style="text-align: justify;">Para los que nada saben de montañismo, alpinismo o escalada, el mero hecho de practicar la afición preferida, podría ser ya considerado ya como una imprudencia. Los bomberos o las patrullas de socorro de las comunidades de Cataluña, Castilla León, Madrid o Asturias, deberán saber que constituyen un servicio público más para los ciudadanos, tanto los que practican su afición por ascender montañas, como los que por descuido o no tiene un accidente de tráfico, domestico o de cualquier otra índole, todos integrados en el amplio conjunto de españoles con derechos derivados de una Constitución vigente.</p>
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		<title>¿Vencer es lo único importante?</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Dec 2009 21:55:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cesar</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Noticias y Comentarios]]></category>

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		<description><![CDATA[La vida solo aclama al triunfador. Triunfar es lo único que importa para la sociedad actual, en los deportes o en el trabajo&#8230;
Creo que deberíamos hacer algo para cambiar la cultura del triunfo.
En la historia no siempre ingresaron los mejores.
Y se olvidó de muchos santos, idealistas y luchadores por la justicia.
Yo reclamaría hoy el reconocimiento [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La vida solo aclama al triunfador. Triunfar es lo único que importa para la sociedad actual, en los deportes o en el trabajo&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Creo que deberíamos hacer algo para cambiar la cultura del triunfo.</p>
<p style="text-align: justify;">En la historia no siempre ingresaron los mejores.</p>
<p style="text-align: justify;">Y se olvidó de muchos santos, idealistas y luchadores por la justicia.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo reclamaría hoy el reconocimiento de los méritos de los fracasados, ensalzando las conductas y las obras de muchos de los que nunca triunfaron. Aprendiendo de sus mismos fracasos que en muchos casos pudieron ser admirables, deduciendo las enseñanzas y esfuerzos de aquellos, que en acciones nobles no alcanzaron el éxito cuando las circunstancias no les fueron favorables.</p>
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