Cada vez somos menos atentos y humanitarios con los demás.
Mi amigo José García Romo, el fundador y mantenedor de la “Asociación de Alpinistas con Cáncer”, es un hombre bueno que ha vivido estos días una amarga experiencia tratando de ayudar a unos amigos suyos del Kirguistán que venían al FITUR y fueron retenidos varios días por la Policía en el Aeropuerto de Madrid.
Estuvieron privados de sus teléfonos móviles y retenidos durante dos días, totalmente incomunicados, posiblemente por causa de unas complicadas normativas, confusas y de interpretación diversa.
Nunca las normas y aún las leyes mayores fueron tan desafortunadas para los ciudadanos, tanto españoles como extranjeros. La Policía cumplió sin duda con su deber de aplicar la letra, a veces indescifrable de los reglamentos, pero sin esforzarse por atenuar o impedir aplicar medidas que tan mal se compaginan con un concepto humanitario de ayuda al semejante. Cambio de ruta, cambio de billetes, nula intervención del asistente social, lo que hizo que fueran nuevamente deportados al poco acogedor aeropuerto de Moscú de donde procedían los viajeros en tránsito hacia Ecuador.
La función policial, preciosa si se cumple con denodado esfuerzo, es una humanitaria misión que dignifica al hombre si se la realiza con sentido del servicio y bochornosa si se acomoda a la torpe rutina reglamentaria. Ello me trae el recuerdo de mis años de Inspector de Guardia, en una lóbrega comisaria barcelonesa, en la que yo buscaba aquellas circulares que mejor pudieran ayudar a los necesitados, a costa de mi sueño y de mi descanso, poniéndome en la situación del desfavorecido.
Estamos en crisis porque faltan humanistas con sentido del servicio a los demás, y no estrictos cumplidores de hueras disposiciones que se redactaron para confundir, según conviniese, esos derechos fundamentales que exponía con sabiduría el viejo “Derecho de Gentes”.
Vivimos y vamos hacia unos tiempos sumidos en la entropía, en la que la “crisis” se refiere fundamentalmente al comportamiento humano.
“Yo estoy aquí y mando. Y por ello cobro más que tú, (a veces como en la Banca cientos de veces más) Y además no me molestaré en ayudarte porque mi misión es dirigir y mandar para lograr mis fines.
“El ejemplo no existe y los que están arriba nos gratifican frecuentemente con su desprecio”
Querido y esforzado José García Romo, siento no haber sabido ayudarte cerca de esa Policía que antes era menos arrogante y estaba más pendiente de ayudar que de sancionar.
Un gran abrazo, José, de este explorador de montañas que bien quisiera ser explorador de las almas de los hombres.
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