Noticias y Comentarios


Mis Memorias.
 Estoy repasándolas por si la Editorial Planeta las editase próximamente, que todavía no lo sé. La verdad es que si tengo algo mío es haber vivido singulares situaciones, que al recordarlas me hace sentirme a gusto con mi mismo. Al escribirlas voy recordando más sucedidos olvidados en los zócalos del recuerdo. Soy rico. Ahora me doy cuenta. Gracias a Dios y a la vida dura y esplendida que sigo llevando.
 He estado siempre al borde del abismo, tanto en las montañas como en las ciudades, en Protección Civil en las grandes catástrofes, en la Policía en delicadas situaciones de humanidad, en la vida de cada día. Soy un humano en la que pocas conductas me son ajenas.
El otro día Jordi Coll  Vilaplana, un prestigioso consultor, entrenador en la formación de ejecutivos empresariales (www.makeateam.com) me decía:
Me estoy dando cuenta de que, a los que como yo, la vida nos ha tratado bien, tenemos la obligación de ayudar a los demás, como cooperantes, sacando horas o días al servicio de los desvalidos y los que no han sido tan recompensados. Una sabias y bonita palabras de un consejero social que prepara a los formadores. Ojalá siga este buen ejemplo.

Cada vez somos menos atentos y humanitarios con los demás.
 Mi amigo José García Romo, el fundador y mantenedor de la “Asociación de Alpinistas con Cáncer”, es un hombre bueno que ha vivido estos días una amarga experiencia tratando de ayudar a unos amigos suyos del Kirguistán que venían al FITUR y fueron retenidos varios días por la Policía en el Aeropuerto de Madrid.
 Estuvieron privados de sus teléfonos móviles y retenidos durante dos días, totalmente incomunicados, posiblemente por causa de unas complicadas normativas, confusas y de interpretación diversa.

Nunca las normas y aún las leyes mayores fueron tan desafortunadas para los ciudadanos, tanto españoles como extranjeros. La Policía cumplió sin duda con su deber de aplicar la letra, a veces indescifrable de los reglamentos, pero sin esforzarse por atenuar o impedir aplicar medidas que tan mal se compaginan con un concepto humanitario de ayuda al semejante. Cambio de ruta, cambio de billetes, nula intervención del asistente social, lo que hizo que fueran nuevamente deportados al poco acogedor aeropuerto de Moscú de donde procedían los viajeros en tránsito hacia Ecuador.
 La función policial, preciosa si se cumple con denodado esfuerzo, es una humanitaria misión que dignifica al hombre si se la realiza con sentido del servicio y bochornosa si se acomoda a la torpe rutina reglamentaria. Ello me  trae el recuerdo de mis años de Inspector de Guardia,  en una lóbrega comisaria barcelonesa, en la que yo buscaba aquellas circulares que mejor pudieran ayudar a los necesitados, a costa de mi sueño y de mi descanso, poniéndome en la situación del desfavorecido.
Estamos en crisis porque faltan humanistas con sentido del servicio a los demás, y no estrictos cumplidores de hueras disposiciones que se redactaron para confundir, según conviniese, esos derechos fundamentales que exponía con sabiduría el viejo “Derecho de Gentes”.
Vivimos y vamos hacia unos tiempos sumidos en la entropía, en la que la “crisis” se refiere fundamentalmente al comportamiento humano.
“Yo estoy aquí y mando. Y por ello cobro más que tú, (a veces como en la Banca  cientos de veces más) Y además no me molestaré en ayudarte porque mi misión es dirigir y mandar para lograr mis fines.
“El ejemplo no existe y los que están arriba nos gratifican frecuentemente con su desprecio”
 Querido y esforzado José García Romo, siento no haber sabido ayudarte cerca de esa Policía que antes era menos arrogante y estaba más pendiente de ayudar que de sancionar.
Un gran abrazo, José, de este explorador de montañas que bien quisiera ser explorador de las almas de los hombres.
cesarperezdetudela.com

Vuelo en parapente
 Fue ayer, el pasado jueves. Viento sur. Sería posible salir desde la Najarra y vivir en el riesgo envuelto en el aire.
 Manolo Gómez San José y yo subimos cargados con las pesadas mochilas y llegamos al lugar de la salida tras la cima.
 Y ambos nos preguntamos, y yo quizás más específicamente:
 -¿Cómo podré salir de este lugar, lleno de piedras y piornales, en donde intentar correr es muy difícil sin tropezar y caerse, para alzarse al aire volando?
 Casi un imposible para personas torpes como yo en el manejo del parapente, aunque en forma, eso sí.
Después de fallar en la primera ocasión, y ver como Manolo emprendía el vuelo con presteza, lo conseguí con cierto dominio yo también, sorprendiéndome al verme en el aire dando bandazos por efecto del viento, subiendo en lugar de descendiendo, conduciendo la precaria nave con la mejor sabiduría en mi poquedad aeronáutica.
Fue un vuelo movido pero precioso. Casi treinta minutos de zarandeos sobre la tierra y las montañas que me llenaron de optimismo y juvenil predisposición, que compensaba los esfuerzos de la ascensión y los miedos, cargados con el enorme fardo a las espaldas.
Ahora, a medida que pasan los años, cada vuelo me trae mejores sensaciones, o mejor dicho positivas predisposiciones para fortalecer la vida que desgraciadamente día a día nos menoscaba la forma psicofísica que es nuestro primer soporte.
Seguiremos volando, esquiando y escalando. Y es posible que si la voluntad no nos abandona podamos llegar a esas cimas que a veces nos parecen ya imposibles.
Y al bajar fortalecidos, dispuestos a comprender a los demás, quizás incluso ennoblecidos, podamos escribir algo interesante que ayude al prójimo.

Con Pepe Arias en la Fuenfría.

                Llamé a Malen Morales, la estupenda cardióloga y esquiadora, amiga desde su infancia de Pepe Arias, el mejor de aquella dinastía de campeones, el de la Venta Arias del Puerto de Navacerrada.

Y los dos nos presentamos a verle. Le encontramos muy delgado y muy contento de vernos. Las enfermeras nos dijeron que se estaba recuperando después de haber estado en trances muy delicados. Le acompañamos sin molestarle, entre curas y atenciones, para decirle que muchos estábamos pendientes de él, trasmitiéndole nuestro afecto y admiración por su excelente comportamiento a lo largo de una vida en la que siempre estuvo dispuesto a ayudar a los demás.

                Malen Morales se ha jubilado como jefa del Servicio de Recuperación Cardiaca del Hospital Ramón y Cajal y  sigue dispuesta seguir esquiando y a continuar pendiente de la salud de sus amigos de la montaña. Bendita sea.

Fui al Funeral de Joaquín González de la Centuria de Montañeros de Madrid
Fue una sesión religiosa por el querido amigo que marchó a ese ámbito del Mas Allá. La Centuria, de la que no llegué por cronología a pertenecer, me pidió leer un artículo en la Misa que el Diario el Mundo había publicado en su homenaje.
No leí, solo hablé recordando la bondad de Joaquín González y su sentido de la amistad, ante un numeroso grupo de asistentes, veteranos montañeros y esquiadores: Ramón Blanco, Julio y Florentino Carrero, Miguel Ángel Herrero, Armiñan, Cebrián, Ángel Baranda y tantos otros, todos mayores, pero ninguno anciano. Abandoné la Iglesia con la satisfacción incomparable del deber cumplido.
Y allí me enteré, por Ramón Blanco,  de que Pepe Arias, el viejo campeón del esquí español, se encontraba muy enfermo en el Hospital de la Fuenfría y sentí deseos de verle y animarle en esas difíciles coyunturas de la vida.

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