Sábado, 28 de Enero de 2012
Vuelo en parapente
Fue ayer, el pasado jueves. Viento sur. Sería posible salir desde la Najarra y vivir en el riesgo envuelto en el aire.
Manolo Gómez San José y yo subimos cargados con las pesadas mochilas y llegamos al lugar de la salida tras la cima.
Y ambos nos preguntamos, y yo quizás más específicamente:
-¿Cómo podré salir de este lugar, lleno de piedras y piornales, en donde intentar correr es muy difícil sin tropezar y caerse, para alzarse al aire volando?
Casi un imposible para personas torpes como yo en el manejo del parapente, aunque en forma, eso sí.
Después de fallar en la primera ocasión, y ver como Manolo emprendía el vuelo con presteza, lo conseguí con cierto dominio yo también, sorprendiéndome al verme en el aire dando bandazos por efecto del viento, subiendo en lugar de descendiendo, conduciendo la precaria nave con la mejor sabiduría en mi poquedad aeronáutica.
Fue un vuelo movido pero precioso. Casi treinta minutos de zarandeos sobre la tierra y las montañas que me llenaron de optimismo y juvenil predisposición, que compensaba los esfuerzos de la ascensión y los miedos, cargados con el enorme fardo a las espaldas.
Ahora, a medida que pasan los años, cada vuelo me trae mejores sensaciones, o mejor dicho positivas predisposiciones para fortalecer la vida que desgraciadamente día a día nos menoscaba la forma psicofísica que es nuestro primer soporte.
Seguiremos volando, esquiando y escalando. Y es posible que si la voluntad no nos abandona podamos llegar a esas cimas que a veces nos parecen ya imposibles.
Y al bajar fortalecidos, dispuestos a comprender a los demás, quizás incluso ennoblecidos, podamos escribir algo interesante que ayude al prójimo.


