Noticias y Comentarios


Vuelo en parapente
 Fue ayer, el pasado jueves. Viento sur. Sería posible salir desde la Najarra y vivir en el riesgo envuelto en el aire.
 Manolo Gómez San José y yo subimos cargados con las pesadas mochilas y llegamos al lugar de la salida tras la cima.
 Y ambos nos preguntamos, y yo quizás más específicamente:
 -¿Cómo podré salir de este lugar, lleno de piedras y piornales, en donde intentar correr es muy difícil sin tropezar y caerse, para alzarse al aire volando?
 Casi un imposible para personas torpes como yo en el manejo del parapente, aunque en forma, eso sí.
Después de fallar en la primera ocasión, y ver como Manolo emprendía el vuelo con presteza, lo conseguí con cierto dominio yo también, sorprendiéndome al verme en el aire dando bandazos por efecto del viento, subiendo en lugar de descendiendo, conduciendo la precaria nave con la mejor sabiduría en mi poquedad aeronáutica.
Fue un vuelo movido pero precioso. Casi treinta minutos de zarandeos sobre la tierra y las montañas que me llenaron de optimismo y juvenil predisposición, que compensaba los esfuerzos de la ascensión y los miedos, cargados con el enorme fardo a las espaldas.
Ahora, a medida que pasan los años, cada vuelo me trae mejores sensaciones, o mejor dicho positivas predisposiciones para fortalecer la vida que desgraciadamente día a día nos menoscaba la forma psicofísica que es nuestro primer soporte.
Seguiremos volando, esquiando y escalando. Y es posible que si la voluntad no nos abandona podamos llegar a esas cimas que a veces nos parecen ya imposibles.
Y al bajar fortalecidos, dispuestos a comprender a los demás, quizás incluso ennoblecidos, podamos escribir algo interesante que ayude al prójimo.

Con Pepe Arias en la Fuenfría.

                Llamé a Malen Morales, la estupenda cardióloga y esquiadora, amiga desde su infancia de Pepe Arias, el mejor de aquella dinastía de campeones, el de la Venta Arias del Puerto de Navacerrada.

Y los dos nos presentamos a verle. Le encontramos muy delgado y muy contento de vernos. Las enfermeras nos dijeron que se estaba recuperando después de haber estado en trances muy delicados. Le acompañamos sin molestarle, entre curas y atenciones, para decirle que muchos estábamos pendientes de él, trasmitiéndole nuestro afecto y admiración por su excelente comportamiento a lo largo de una vida en la que siempre estuvo dispuesto a ayudar a los demás.

                Malen Morales se ha jubilado como jefa del Servicio de Recuperación Cardiaca del Hospital Ramón y Cajal y  sigue dispuesta seguir esquiando y a continuar pendiente de la salud de sus amigos de la montaña. Bendita sea.

Fui al Funeral de Joaquín González de la Centuria de Montañeros de Madrid
Fue una sesión religiosa por el querido amigo que marchó a ese ámbito del Mas Allá. La Centuria, de la que no llegué por cronología a pertenecer, me pidió leer un artículo en la Misa que el Diario el Mundo había publicado en su homenaje.
No leí, solo hablé recordando la bondad de Joaquín González y su sentido de la amistad, ante un numeroso grupo de asistentes, veteranos montañeros y esquiadores: Ramón Blanco, Julio y Florentino Carrero, Miguel Ángel Herrero, Armiñan, Cebrián, Ángel Baranda y tantos otros, todos mayores, pero ninguno anciano. Abandoné la Iglesia con la satisfacción incomparable del deber cumplido.
Y allí me enteré, por Ramón Blanco,  de que Pepe Arias, el viejo campeón del esquí español, se encontraba muy enfermo en el Hospital de la Fuenfría y sentí deseos de verle y animarle en esas difíciles coyunturas de la vida.

Esquí en Sierra Nevada.
El Ardilla, mi hijo César y yo nos fuimos a esquiar a Sierra Nevada. Curiosamente tengo que esforzarme para ponerme en marcha, y lo que me decide es esa obligación de ejercitarme, de mantenerme en forma en una técnica largamente practicada, intentando neutralizar el paso del tiempo, superándole…  Creo que lo conseguimos. Esquiamos como siempre lo habíamos hecho y me alegró ver al Ardilla, que como veterano profesor de esquí, estaba en plena forma a pesar de sus circunstancias. Bruno, mi hijo, nos invitó a cenar alegremente, aunque no tuviéramos tiempo de profundizar en nuestros desaciertos. Regresamos optimistas tras dos jornadas de esquí con buena nieve y  pleno sol.

Murió Horacio Tablado Valero.
Fue uno de mis primeros compañeros de escalada, junto a José Miguel Alandi y Antonio Rodríguez, el Musculines. Formábamos una cordada de cuatro que a veces también eran dos, y juntos escalamos en la Pedriza, en aquellos lejanos días de los “50” del pasado siglo muchos riscos y vías, entre ellas la entonces considerada como muy difícil, vía Sur del Pájaro. Escalábamos y cantábamos en los atardeceres preciosas canciones que ahora ya nadie conoce.  Nadie canta. Y así van los ánimos.

En Andorra. 1957
Horacio y Musculines estuvieron también -era una selección muy rigurosa- la de aquél campamento nacional de alta montaña en Andorra, en las actuales pistas de Gran Valira, bajo el viejo refugio “San Miquel” en la ruta del Puerto de Envalira; en el año 1957 todavía la carretera única que atravesaba todo el Principado se encontraba sin asfaltar. Andorra era un país precioso que empezaba a ser conocido por los españoles. Yo alcancé allí el titulo de Guía Montañero, tras superar exigentes ejercicios de escalada.
El gobierno de Andorra acuño una medalla de bronce con el escudo del país y la insignia de Guía nacional de alta montaña, que aún conservo, para conmemorar que tuviera lugar en su territorio un campamento de tanta importancia.
Horacio era el más pequeño de los hermanos Tablado, los cuatro muy conocidos en los ambientes montañeros de Madrid. Eran fuertes y excelentes escaladores, Germán, Luis, Enrique (se casó con la hermana mayor de José Miguel Alandi) y Horacio que era rubio y fuerte, por lo que su persona atraía con éxito las pocas chicas que en aquellos años acudían a las montañas.
Pronto Horacio, ambientado en otros intereses, dejó el alpinismo y el esquí. Fue un abandono. Él, de haber proseguido, se encontraba capacitado para haber realizado notables empresas deportivas en las montañas.

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