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Presentación libro de Germán Ubillos en la Sociedad General de Autores de España
El día 7 de este mes de febrero a las 19 horas, en la Sociedad General de Autores de España, Fernando VI, 4, presentaré el libro de Germán Ubillos Orsolich “Memorias de Ultratumba” Más Allá del Purgatorio.
No sé cuáles son las razones por las cuales mi admirado amigo, Ubillos, Premio Nacional de Teatro, autor de numerosas y exitosas obras, libros y artículos, en los que ha merecido premios impoertantes y diversos, me proponga por tercera vez que sea yo uno de los presentadores de su último libro. Se lo agradezco por la deferencia que lleva consigo que él, que mantiene privilegiadas amistades con personas importantes del saber y de la cultura en general, me distinga a mí con esamconfianza que es un honor.
Lo haré con mucho gusto y contaré mis experiencias cerca de la muerte, ya que Germán Ubillos no quiere que comente su libro, el que he leído y he encontrado muy bien escrito, y muy interesante, descubriendo una nueva personalidad del autor que no había advertido en anteriores obras suyas.
¿Es bueno morir frecuentemente?
Me limitaré a contar alguna de mis muertes a lo largo de tantos años de aventuras peligrosas por las montañas de la Tierra, aunque yo no puedo todavía imaginar cómo será el cielo, el infierno o el purgatorio, ya que no he pasado de morir, sin llegar a efectuar viaje alguno, ni ir a ningún sitio.

Hace tiempo que no he vivido ninguna situación sobrenatural y pienso que la razón puede ser que me estoy separando del riesgo, vivir en lo abierto y sin cobijo. Solo cuando vuelo en parapente y recibo los envites del viento, vuelvo a sentir sensaciones profundas que me transforman, o quizás cuando me dispongo a subir algún paso expuesto y difícil de la escalada hacia la cima.
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Ignoramos el camino y no sabemos a dónde ir

Hace ya muchos años que un rumano nacionalizado en España, hombre de espléndida formación y cultura, Vintila Horia, realizó estudios recogiendo testimonios que anunciaban un fin de ciclo, en los años que precedieron al tremendo desastre de la Segunda Gran Guerra.
¿Hoy estamos como entonces?
No lo sé, pero veo que ignoramos el camino, cercados entre murallas rocosas que parecen infranqueables. Estamos perdidos y obcecados. Nos hacen falta guías que nos inspiren confianza. ¿Por qué hemos dejado de tener élites?
Occidente y Europa ya no son el Mundo, para ser solo una parte.
Vivimos un proceso entrópico en el que falta un nuevo “Renacimiento del Espíritu” que anuncie la nueva época. No nos bastan las poderosas infraestructuras de la comunicación, las autovías, los teléfonos satelitales, e Internet. Ya Nietzsche, al que cada vez estudian con entusiasmo en más universidades, ya dijo que solo la “técnica” sin una perspectiva unitaria de todas las ciencias, representaba el colapso y además de la muerte de “Dios”.
¿Estamos verdaderamente ante un fin de ciclo?

¿Son los que ahora tenemos los mismos síntomas que padeció Europa (entonces occidente era el mundo entero) en los años que precedieron a la catástrofe? La historia es por sí misma una constante sucesión de “nuevas épocas”, registradas o no como advenimientos de la Humanidad.
Fuimos dando la espalda a la Filosofía, a la Metafísica y a la Religión para ocuparnos frenéticamente solo de la economía, ese saber tan caprichoso, que solo es positivismo racionalista: gastar menos y trabajar más, guardando para las épocas difíciles, las que cíclicamente suceden a las de abundancia.
Despreciamos las ciencias de la conciencia, para potenciar solo las ciencias materiales, sabiendo que ese progreso significaba el atraso de los idealismos. Confusión en la que la física se transforma en metafísica, siguiendo a Einstein y a Heisenberg.
Vivimos próximos a la tragedia, el drama que Ortega, inspirado por los idealismos transcendentales germánicos ya lo anunció, sin que nadie se diera cuenta.
Nos encontramos en parecidas circunstancias a cuando Spengler publicó “La Decadencia de Occidente” una verdadera Filosofía de la Historia, y manifestó esa conjura mundial contra los valores: la belleza, el honor, que es ese regalo que nos hacemos a nosotros mismos, el respeto, la lealtad, la virtud, la bondad… que son el fondo mismo de todas las religiones, siendo sustituidas irresponsablemente por la descomposición ética, llevándonos al nuevo advenimiento del nihilismo que significa oscuridad, pérdida de sentido e ilusión, como dicen que ocurrió en la Edad Media.
Estamos pendientes de que las “élites”, las que fueron ocultándose ante la invasión del materialismo positivista, nos indiquen el camino.
“Solo los poetas pueden encontrar el camino del Renacimiento del ser” dijo Heidegger descifrando los versos de Hölderlin.
En tiempos de incertidumbre y de angustia, en plena entropía social, decía Fichte, es cuando recurrimos a la poesía filosófica, e identificamos al gran burgués, ese hombre de grandes recursos materiales y escasos espirituales.
¿Hemos perdido el sentido de lo verdaderamente necesario? ¿Estamos faltos de la cultura que nos salve del caos?
¿El progreso de las ciencias y de las tecnologías supone siempre un atraso de los idealismos?
Estamos dudando de todas las instituciones e incluso del mismo sistema democrático, tantas veces falseado por intereses partidistas y desacreditado por gran parte de los políticos.
¿Podremos evitar la tragedia? ¿Estaremos condenados a pagar tantas torpezas cometidas por los que se erigieron en dirigentes y fueron consentidas por todos, cuya mayoría abandonaron la reflexión y el estudio de la conciencia, negando lo sublime y valorando la materialidad y el raciocinio como únicas bondades de la existencia?
Solo son conjeturas.

César Pérez de Tudela es explorador de montañas y alpinista.

Homenaje a Evelio Acevedo de la Fundación Barclays
 Lo merecía Evelio. Lo ha hecho muy bien como Director Gerente de la Fundación Barclays, llevando espiritualidad y ayuda a instituciones como La del Síndrome de Daum, y dejando bien a una de esas empresas financieras del puro materialismo positivista, quien para premiarle le ha jubilado prematuramente. Estas multinacionales que buscan las ganancias de sus principales valedores, ignorando que sus ganancias provienen de las buenas gestiones de quiénes trabajan con espíritu de servicio. Evelio Acevedo seguirá organizando buenas acciones allí en donde esté. Eso es más o menos lo que yo dije en su homenaje.

Mis Memorias.
 Estoy repasándolas por si la Editorial Planeta las editase próximamente, que todavía no lo sé. La verdad es que si tengo algo mío es haber vivido singulares situaciones, que al recordarlas me hace sentirme a gusto con mi mismo. Al escribirlas voy recordando más sucedidos olvidados en los zócalos del recuerdo. Soy rico. Ahora me doy cuenta. Gracias a Dios y a la vida dura y esplendida que sigo llevando.
 He estado siempre al borde del abismo, tanto en las montañas como en las ciudades, en Protección Civil en las grandes catástrofes, en la Policía en delicadas situaciones de humanidad, en la vida de cada día. Soy un humano en la que pocas conductas me son ajenas.
El otro día Jordi Coll  Vilaplana, un prestigioso consultor, entrenador en la formación de ejecutivos empresariales (www.makeateam.com) me decía:
Me estoy dando cuenta de que, a los que como yo, la vida nos ha tratado bien, tenemos la obligación de ayudar a los demás, como cooperantes, sacando horas o días al servicio de los desvalidos y los que no han sido tan recompensados. Una sabias y bonita palabras de un consejero social que prepara a los formadores. Ojalá siga este buen ejemplo.

Cada vez somos menos atentos y humanitarios con los demás.
 Mi amigo José García Romo, el fundador y mantenedor de la “Asociación de Alpinistas con Cáncer”, es un hombre bueno que ha vivido estos días una amarga experiencia tratando de ayudar a unos amigos suyos del Kirguistán que venían al FITUR y fueron retenidos varios días por la Policía en el Aeropuerto de Madrid.
 Estuvieron privados de sus teléfonos móviles y retenidos durante dos días, totalmente incomunicados, posiblemente por causa de unas complicadas normativas, confusas y de interpretación diversa.

Nunca las normas y aún las leyes mayores fueron tan desafortunadas para los ciudadanos, tanto españoles como extranjeros. La Policía cumplió sin duda con su deber de aplicar la letra, a veces indescifrable de los reglamentos, pero sin esforzarse por atenuar o impedir aplicar medidas que tan mal se compaginan con un concepto humanitario de ayuda al semejante. Cambio de ruta, cambio de billetes, nula intervención del asistente social, lo que hizo que fueran nuevamente deportados al poco acogedor aeropuerto de Moscú de donde procedían los viajeros en tránsito hacia Ecuador.
 La función policial, preciosa si se cumple con denodado esfuerzo, es una humanitaria misión que dignifica al hombre si se la realiza con sentido del servicio y bochornosa si se acomoda a la torpe rutina reglamentaria. Ello me  trae el recuerdo de mis años de Inspector de Guardia,  en una lóbrega comisaria barcelonesa, en la que yo buscaba aquellas circulares que mejor pudieran ayudar a los necesitados, a costa de mi sueño y de mi descanso, poniéndome en la situación del desfavorecido.
Estamos en crisis porque faltan humanistas con sentido del servicio a los demás, y no estrictos cumplidores de hueras disposiciones que se redactaron para confundir, según conviniese, esos derechos fundamentales que exponía con sabiduría el viejo “Derecho de Gentes”.
Vivimos y vamos hacia unos tiempos sumidos en la entropía, en la que la “crisis” se refiere fundamentalmente al comportamiento humano.
“Yo estoy aquí y mando. Y por ello cobro más que tú, (a veces como en la Banca  cientos de veces más) Y además no me molestaré en ayudarte porque mi misión es dirigir y mandar para lograr mis fines.
“El ejemplo no existe y los que están arriba nos gratifican frecuentemente con su desprecio”
 Querido y esforzado José García Romo, siento no haber sabido ayudarte cerca de esa Policía que antes era menos arrogante y estaba más pendiente de ayudar que de sancionar.
Un gran abrazo, José, de este explorador de montañas que bien quisiera ser explorador de las almas de los hombres.
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