La Cordillera Blanca de Perú
La Cordillera Blanca de los Andes del Perú, forma uno de los paisajes más impactantes para el viajero. Podría ser comparable en belleza con el macizo alpino del Mont Blanc contemplado desde la ciudad francesa de Chamonix, la vieja “meca” del alpinismo mundial, o quizás desde Courmayer. Ni siquiera el grandioso Himalaya lo supera en atractivo visual.
A juicio de este explorador en las montañas del mundo existen tres ambientes superlativos, los que encierran no solo una naturaleza privilegiada, sino que crearon una cultura diferente y de amplio interés cultural. Estos son en mí opinión: Los Alpes, los Andes y el Himalaya.
De estas tres amplias regiones naturales, la menos conocida es la andina, y dentro de los inmensos parajes de los Andes, la Cordillera Blanca, con el Callejón de Huaylas y el Valle del río Santa, ofrece al visitante - sea o no aficionado a las montañas- un alto interés cultural y paisajístico.
La cordillera Blanca es la cadena montañosa con mayor número de cimas de más 6.000 metros de las dos Américas. La Unesco estimó que en 1985 debía considerar esta región andina Patrimonio de la Humanidad.
Antes se había creado el Parque Nacional del Huascaran protegiendo la fauna y la flora de las montañas tropicales más altas de la Tierra, 32 dos montañas nevadas (Nevados se las llama) que impresionan por sus perfiladas arquitecturas rocosas y glaciares.
Las cimas del Huascarán, Norte y Sur, alcanzan una altitud de 6.768 metros, pero contempladas desde su base, parece las dos cimas más altas del mundo, ya que su base misma es la ciudad de Yungay, un aspecto único en cualquier otra montaña de la Tierra, en la que la vida normal de una población se encuentra bajo una cima que se levanta a más 4.000 metros por encima de las viviendas de sus pobladores.
Por allí mismo, en sus inmensas quebradas, en esos valles agrestes y profundos, viven y ojalá sobrevivan muchos años, especies endémicas propias de aquellos terrenos privilegiados, entre las que podemos mencionar a los osos de anteojos, los venados, las llamas… ocultos en los bosques de quenuales, los árboles misteriosos propios de las alturas tropicales del Perú.
Pero no solo en la Cordillera Blanca los visitantes pueden realizar largos recorridos por sus valles y quebradas, o alzarse -si las fuerzas se lo permiten- a cualquiera de las montañas, asistidos por guías, porteadores y arrieros, sino que pueden descansar visitando yacimientos arqueológicos cómo el Castillo de Chavín, una cultura teocrática que tuvo su esplendor en el año 1.000 antes de Cristo.
La ciudad de Huaraz asentada a 3.100 metros, es la capital de aquél inmenso valle que el río Santa ha ido configurando. En esta ciudad se halla la administración de la región, y allí el viajero podrá encontrar lo necesario para recorrer los parajes y sitios que crea conveniente. Huaraz es hoy día algo así cómo fue Chamonix en los Alpes y hoy es Katmandu en el Himalaya. Huaraz es la capital del andinismo. El idioma es el español, castellano dicen allá, aunque los indígenas siguen hablando la lengua quechua.
Para recorrer las quebradas y subir las montañas la mejor época es desde mayo a septiembre (el invierno sureño o austral, que es considerado la temporada seca)
Este explorador de montañas que escribe decidió volver a la Cordillera Blanca después de 40 años de ausencia. Todo había cambiado menos las recortadas cimas blancas que sobresalían por el horizonte, allí mismo sobre las cabezas de sus pobladores. Hoteles, casa de guías, comercios de todo tipo, restaurantes…

Cordillera Blanca de Perú

Cordillera Blanca de Perú

Busqué a Juanjo Tomé, un madrileño conocedor de aquellos lugares, y autor de la mejor guía que de ellas se ha escrito “Escaladas en los Andes” Desnivel 1999. Y pronto con su ayuda me dispuse a recorrer aquellos terrenos privilegiados, entre dos trópicos, en un perfecto equilibrio en altitud y latitud.
Enseguida mi compañero Antonio Tena y yo nos fuimos a Cashapampa y a Llamacorral continuando a Taullipampa, para irnos aclimatando entre la vista de aquellas cimas únicas en la Tierra cómo son los Huandoy, el Alpamayo (que estos días ha subido admirablemente Carlos Muñoz Repiso, el que fuera Director de Tráfico español) compañero mío en el Cáucaso, nada menos que en 1968) el Chopicalqui, el Chacraraju, la Pirámide de Garcilaso, el Santa Cruz, el Quitaraju, el Artensoraju…
Un día tras otro estuvimos contemplando la arrogancia de esas montañas bajo el paisaje cortado por las avalanchas que el cambio climático ha producido estos últimos años, reduciendo mucho sus glaciares.
Cuando nos disponíamos a adentrarnos en las alturas del Chopicalqui las nevadas prometían avalanchas -el mayor riesgo de las altas montañas- lo que nos hizo retraernos y practicar la prudencia de los mayores.
Yo por primera vez me sentí un veterano sin edad, lo qué a pesar de lo que quiera decirse, es un sentimiento torpe que me arrebató esa preciosa audacia juvenil, quizás imprudente pero totalmente necesaria para el verdadero alpinismo, o andinismo en estos territorios quechuas.
Pero volveré a la Cordillera Blanca de Perú pronto, para recuperar esa lejana juventud de la que nunca debería desprenderme. Cordialmente
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