Enero 2012
Archivo Mensual
Sábado, 28 de Enero de 2012
Con Pepe Arias en la Fuenfría.
Llamé a Malen Morales, la estupenda cardióloga y esquiadora, amiga desde su infancia de Pepe Arias, el mejor de aquella dinastía de campeones, el de la Venta Arias del Puerto de Navacerrada.
Y los dos nos presentamos a verle. Le encontramos muy delgado y muy contento de vernos. Las enfermeras nos dijeron que se estaba recuperando después de haber estado en trances muy delicados. Le acompañamos sin molestarle, entre curas y atenciones, para decirle que muchos estábamos pendientes de él, trasmitiéndole nuestro afecto y admiración por su excelente comportamiento a lo largo de una vida en la que siempre estuvo dispuesto a ayudar a los demás.
Malen Morales se ha jubilado como jefa del Servicio de Recuperación Cardiaca del Hospital Ramón y Cajal y sigue dispuesta seguir esquiando y a continuar pendiente de la salud de sus amigos de la montaña. Bendita sea.
Sábado, 28 de Enero de 2012
Fui al Funeral de Joaquín González de la Centuria de Montañeros de Madrid
Fue una sesión religiosa por el querido amigo que marchó a ese ámbito del Mas Allá.
La Centuria, de la que no llegué por cronología a pertenecer, me pidió leer un artículo en la Misa que el Diario el Mundo había publicado en su homenaje.
No leí, solo hablé recordando la bondad de Joaquín González y su sentido de la amistad, ante un numeroso grupo de asistentes, veteranos montañeros y esquiadores: Ramón Blanco, Julio y Florentino Carrero, Miguel Ángel Herrero, Armiñan, Cebrián, Ángel Baranda y tantos otros, todos mayores, pero ninguno anciano. Abandoné la Iglesia con la satisfacción incomparable del deber cumplido.
Y allí me enteré, por Ramón Blanco, de que Pepe Arias, el viejo campeón del esquí español, se encontraba muy enfermo en el Hospital de la Fuenfría y sentí deseos de verle y animarle en esas difíciles coyunturas de la vida.
Sábado, 28 de Enero de 2012
Esquí en Sierra Nevada.
El Ardilla, mi hijo César y yo nos fuimos a esquiar a Sierra Nevada. Curiosamente tengo que esforzarme para ponerme en marcha, y lo que me decide es esa obligación de ejercitarme, de mantenerme en forma en una técnica largamente practicada, intentando neutralizar el paso del tiempo, superándole… Creo que lo conseguimos. Esquiamos como siempre lo habíamos hecho y me alegró ver al Ardilla, que como veterano profesor de esquí, estaba en plena forma a pesar de sus circunstancias. Bruno, mi hijo, nos invitó a cenar alegremente, aunque no tuviéramos tiempo de profundizar en nuestros desaciertos. Regresamos optimistas tras dos jornadas de esquí con buena nieve y pleno sol.
Sábado, 28 de Enero de 2012
Murió Horacio Tablado Valero.
Fue uno de mis primeros compañeros de escalada, junto a José Miguel Alandi y Antonio Rodríguez, el Musculines. Formábamos una cordada de cuatro que a veces también eran dos, y juntos escalamos en la Pedriza, en aquellos lejanos días de los “50” del pasado siglo muchos riscos y vías, entre ellas la entonces considerada como muy difícil, vía Sur del Pájaro. Escalábamos y cantábamos en los atardeceres preciosas canciones que ahora ya nadie conoce. Nadie canta. Y así van los ánimos.
En Andorra. 1957
Horacio y Musculines estuvieron también -era una selección muy rigurosa- la de aquél campamento nacional de alta montaña en Andorra, en las actuales pistas de Gran Valira, bajo el viejo refugio “San Miquel” en la ruta del Puerto de Envalira; en el año 1957 todavía la carretera única que atravesaba todo el Principado se encontraba sin asfaltar. Andorra era un país precioso que empezaba a ser conocido por los españoles. Yo alcancé allí el titulo de Guía Montañero, tras superar exigentes ejercicios de escalada.
El gobierno de Andorra acuño una medalla de bronce con el escudo del país y la insignia de Guía nacional de alta montaña, que aún conservo, para conmemorar que tuviera lugar en su territorio un campamento de tanta importancia.
Horacio era el más pequeño de los hermanos Tablado, los cuatro muy conocidos en los ambientes montañeros de Madrid. Eran fuertes y excelentes escaladores, Germán, Luis, Enrique (se casó con la hermana mayor de José Miguel Alandi) y Horacio que era rubio y fuerte, por lo que su persona atraía con éxito las pocas chicas que en aquellos años acudían a las montañas.
Pronto Horacio, ambientado en otros intereses, dejó el alpinismo y el esquí. Fue un abandono. Él, de haber proseguido, se encontraba capacitado para haber realizado notables empresas deportivas en las montañas.
Miércoles, 11 de Enero de 2012
La escalada de fin de ciclo.
Buscando un nuevo Renacimiento.
Los primeros de la cuerda, los alpinistas consagrados, ya no saben abrir el camino que nos lleva a la cima, si no es detrás de los trabajadores asiáticos, sherpas, balties o chinos, que hasta hoy calificábamos de “tercermundistas”.
Ellos, los asiáticos, sin títulos, licenciaturas o doctorados, son los que marcan el ritmo, cargan el peso, escalan, ponen cuerdas fijas y dejan sus huellas para que después los grandes deportistas presuman de ser de ellos records.
Entre los “primeros de cuerda” están los grandes financieros, los espléndidos consejeros delegados, los ministros de los grandes gobiernos, los asesores, estudiosos o catedráticos de las mejores universidades occidentales. Todos sus inmensos conocimientos no son suficientes para guiar a estas cordadas de deportistas que ya no saben por dónde va el camino más seguro y más bello.
Estamos sumergidos en la confusión.
No es solo en lo económico, también en casi todos los aspectos de la vida, en lo social, en lo político, en lo familiar… Las leyes contradictorias, la judicatura fallando, igual que fallan los gobiernos en la toma de las mejores decisiones. ¿Dónde están los líderes dispuestos a abrir caminos, reformando todo cuanto es confuso, injusto o innecesario?
Falta esos guías que poniéndose bajo la gran montaña que hay que escalar por necesidad de supervivencia, se carguen las pesadas mochilas a la espalda y con valentía vayan escalando los pasos difíciles de la existencia, con técnica, con intuición, y con sentido de Estado (estadistas), buscando los lugares en las que los que le siguen no sufran demasiado el gran esfuerzo de escalar la vida, mientras otros carentes de valores, se van quedando abajo, excesivamente cargados con exacerbadas ganancias materiales, con miedo de perderlas.
¿Por qué el liberalismo no construye caminos hacia una Nueva Humanidad?
¿Volveremos a integrarnos en la religión y en la filosofía?
Superaremos esa conjura occidental contra los valores que denunciaba Spengler en la “Decadencia de Occidente”: la belleza, el honor, el respeto, la virtud, la lealtad, el valor, la bondad, el esfuerzo…
El barón de Cotopaxi.
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