La escalada de fin de ciclo.

Buscando un nuevo Renacimiento.
Los primeros de la cuerda, los alpinistas consagrados, ya no saben abrir el camino que nos lleva a la cima, si no es detrás de los trabajadores asiáticos, sherpas, balties o chinos, que hasta hoy calificábamos de “tercermundistas”.
Ellos, los asiáticos, sin títulos, licenciaturas o doctorados, son los que marcan el ritmo, cargan el peso, escalan, ponen cuerdas fijas y dejan sus huellas para que después los grandes deportistas presuman de ser de ellos records.
Entre los “primeros de cuerda” están los grandes financieros, los espléndidos consejeros delegados, los ministros de los grandes gobiernos, los asesores, estudiosos o catedráticos de las mejores universidades occidentales. Todos sus inmensos conocimientos no son suficientes para guiar a estas cordadas de deportistas que ya no saben por dónde va el camino más seguro y más bello.

Estamos sumergidos en la confusión.

No es solo en lo económico, también en casi todos los aspectos de la vida, en lo social, en lo político, en lo familiar… Las leyes  contradictorias, la judicatura fallando, igual que fallan los gobiernos en la toma de las mejores decisiones. ¿Dónde están los líderes dispuestos a abrir caminos, reformando todo cuanto es confuso, injusto o innecesario?
Falta esos guías que poniéndose bajo la gran montaña que hay que escalar por necesidad de supervivencia, se carguen las pesadas mochilas a la espalda y con valentía vayan escalando los pasos difíciles de la existencia, con técnica, con intuición, y con sentido de Estado (estadistas), buscando los lugares en las que los  que le siguen no sufran demasiado el gran esfuerzo de escalar la vida, mientras otros  carentes de valores, se van quedando abajo, excesivamente cargados con  exacerbadas ganancias materiales, con miedo de perderlas.
¿Por qué el liberalismo no construye caminos hacia una Nueva Humanidad?
¿Volveremos a integrarnos en la religión y en la filosofía?
Superaremos esa conjura occidental contra los valores que denunciaba Spengler en la “Decadencia de Occidente”: la belleza, el honor, el respeto, la virtud, la lealtad, el valor, la bondad, el esfuerzo…

El barón de Cotopaxi.