Enero 2012
Archivo Mensual
Domingo, 29 de Enero de 2012
Ignoramos el camino y no sabemos a dónde ir
Hace ya muchos años que un rumano nacionalizado en España, hombre de espléndida formación y cultura, Vintila Horia, realizó estudios recogiendo testimonios que anunciaban un fin de ciclo, en los años que precedieron al tremendo desastre de la Segunda Gran Guerra.
¿Hoy estamos como entonces?
No lo sé, pero veo que ignoramos el camino, cercados entre murallas rocosas que parecen infranqueables. Estamos perdidos y obcecados. Nos hacen falta guías que nos inspiren confianza. ¿Por qué hemos dejado de tener élites?
Occidente y Europa ya no son el Mundo, para ser solo una parte.
Vivimos un proceso entrópico en el que falta un nuevo “Renacimiento del Espíritu” que anuncie la nueva época. No nos bastan las poderosas infraestructuras de la comunicación, las autovías, los teléfonos satelitales, e Internet. Ya Nietzsche, al que cada vez estudian con entusiasmo en más universidades, ya dijo que solo la “técnica” sin una perspectiva unitaria de todas las ciencias, representaba el colapso y además de la muerte de “Dios”.
¿Estamos verdaderamente ante un fin de ciclo?
¿Son los que ahora tenemos los mismos síntomas que padeció Europa (entonces occidente era el mundo entero) en los años que precedieron a la catástrofe? La historia es por sí misma una constante sucesión de “nuevas épocas”, registradas o no como advenimientos de la Humanidad.
Fuimos dando la espalda a la Filosofía, a la Metafísica y a la Religión para ocuparnos frenéticamente solo de la economía, ese saber tan caprichoso, que solo es positivismo racionalista: gastar menos y trabajar más, guardando para las épocas difíciles, las que cíclicamente suceden a las de abundancia.
Despreciamos las ciencias de la conciencia, para potenciar solo las ciencias materiales, sabiendo que ese progreso significaba el atraso de los idealismos. Confusión en la que la física se transforma en metafísica, siguiendo a Einstein y a Heisenberg.
Vivimos próximos a la tragedia, el drama que Ortega, inspirado por los idealismos transcendentales germánicos ya lo anunció, sin que nadie se diera cuenta.
Nos encontramos en parecidas circunstancias a cuando Spengler publicó “La Decadencia de Occidente” una verdadera Filosofía de la Historia, y manifestó esa conjura mundial contra los valores: la belleza, el honor, que es ese regalo que nos hacemos a nosotros mismos, el respeto, la lealtad, la virtud, la bondad… que son el fondo mismo de todas las religiones, siendo sustituidas irresponsablemente por la descomposición ética, llevándonos al nuevo advenimiento del nihilismo que significa oscuridad, pérdida de sentido e ilusión, como dicen que ocurrió en la Edad Media.
Estamos pendientes de que las “élites”, las que fueron ocultándose ante la invasión del materialismo positivista, nos indiquen el camino.
“Solo los poetas pueden encontrar el camino del Renacimiento del ser” dijo Heidegger descifrando los versos de Hölderlin.
En tiempos de incertidumbre y de angustia, en plena entropía social, decía Fichte, es cuando recurrimos a la poesía filosófica, e identificamos al gran burgués, ese hombre de grandes recursos materiales y escasos espirituales.
¿Hemos perdido el sentido de lo verdaderamente necesario? ¿Estamos faltos de la cultura que nos salve del caos?
¿El progreso de las ciencias y de las tecnologías supone siempre un atraso de los idealismos?
Estamos dudando de todas las instituciones e incluso del mismo sistema democrático, tantas veces falseado por intereses partidistas y desacreditado por gran parte de los políticos.
¿Podremos evitar la tragedia? ¿Estaremos condenados a pagar tantas torpezas cometidas por los que se erigieron en dirigentes y fueron consentidas por todos, cuya mayoría abandonaron la reflexión y el estudio de la conciencia, negando lo sublime y valorando la materialidad y el raciocinio como únicas bondades de la existencia?
Solo son conjeturas.
César Pérez de Tudela es explorador de montañas y alpinista.
Sábado, 28 de Enero de 2012
Homenaje a Evelio Acevedo de la Fundación Barclays
Lo merecía Evelio. Lo ha hecho muy bien como Director Gerente de la Fundación Barclays, llevando espiritualidad y ayuda a instituciones como La del Síndrome de Daum, y dejando bien a una de esas empresas financieras del puro materialismo positivista, quien para premiarle le ha jubilado prematuramente. Estas multinacionales que buscan las ganancias de sus principales valedores, ignorando que sus ganancias provienen de las buenas gestiones de quiénes trabajan con espíritu de servicio. Evelio Acevedo seguirá organizando buenas acciones allí en donde esté. Eso es más o menos lo que yo dije en su homenaje.
Sábado, 28 de Enero de 2012
Mis Memorias.
Estoy repasándolas por si la E
ditorial Planeta las editase próximamente, que todavía no lo sé. La verdad es que si tengo algo mío es haber vivido singulares situaciones, que al recordarlas me hace sentirme a gusto con mi mismo. Al escribirlas voy recordando más sucedidos olvidados en los zócalos del recuerdo. Soy rico. Ahora me doy cuenta. Gracias a Dios y a la vida dura y esplendida que sigo llevando.
He estado siempre al borde del abismo, tanto en las montañas como en las ciudades, en Protección Civil en las grandes catástrofes, en la Policía en delicadas situaciones de humanidad, en la vida de cada día. Soy un humano en la que pocas conductas me son ajenas.
El otro día Jordi Coll Vilaplana, un prestigioso consultor, entrenador en la formación de ejecutivos empresariales (www.makeateam.com) me decía:
Me estoy dando cuenta de que, a los que como yo, la vida nos ha tratado bien, tenemos la obligación de ayudar a los demás, como cooperantes, sacando horas o días al servicio de los desvalidos y los que no han sido tan recompensados. Una sabias y bonita palabras de un consejero social que prepara a los formadores. Ojalá siga este buen ejemplo.
Sábado, 28 de Enero de 2012
Cada vez somos menos atentos y humanitarios con los demás.
Mi amigo José García Romo, el fundador y mantenedor de la “Asociación de Alpinistas con Cáncer”, es un hombre bueno que ha vivido estos días una amarga experiencia tratando de ayudar a unos amigos suyos del Kirguistán que venían al FITUR y fueron retenidos varios días por la Policía en el Aeropuerto de Madrid.
Estuvieron privados de sus teléfonos móviles y retenidos durante dos días, totalmente incomunicados, posiblemente por causa de unas complicadas normativas, confusas y de interpretación diversa.
Nunca las normas y aún las leyes mayores fueron tan desafortunadas para los ciudadanos, tanto españoles como extranjeros. La Policía cumplió sin duda con su deber de aplicar la letra, a veces indescifrable de los reglamentos, pero sin esforzarse por atenuar o impedir aplicar medidas que tan mal se compaginan con un concepto humanitario de ayuda al semejante. Cambio de ruta, cambio de billetes, nula intervención del asistente social, lo que hizo que fueran nuevamente deportados al poco acogedor aeropuerto de Moscú de donde procedían los viajeros en tránsito hacia Ecuador.
La función policial, preciosa si se cumple con denodado esfuerzo, es una humanitaria misión que dignifica al hombre si se la realiza con sentido del servicio y bochornosa si se acomoda a la torpe rutina reglamentaria. Ello me trae el recuerdo de mis años de Inspector de Guardia, en una lóbrega comisaria barcelonesa, en la que yo buscaba aquellas circulares que mejor pudieran ayudar a los necesitados, a costa de mi sueño y de mi descanso, poniéndome en la situación del desfavorecido.
Estamos en crisis porque faltan humanistas con sentido del servicio a los demás, y no estrictos cumplidores de hueras disposiciones que se redactaron para confundir, según conviniese, esos derechos fundamentales que exponía con sabiduría el viejo “Derecho de Gentes”.
Vivimos y vamos hacia unos tiempos sumidos en la entropía, en la que la “crisis” se refiere fundamentalmente al comportamiento humano.
“Yo estoy aquí y mando. Y por ello cobro más que tú, (a veces como en la Banca cientos de veces más) Y además no me molestaré en ayudarte porque mi misión es dirigir y mandar para lograr mis fines.
“El ejemplo no existe y los que están arriba nos gratifican frecuentemente con su desprecio”
Querido y esforzado José García Romo, siento no haber sabido ayudarte cerca de esa Policía que antes era menos arrogante y estaba más pendiente de ayudar que de sancionar.
Un gran abrazo, José, de este explorador de montañas que bien quisiera ser explorador de las almas de los hombres.
cesarperezdetudela.com
Sábado, 28 de Enero de 2012
Vuelo en parapente
Fue ayer, el pasado jueves. Viento sur. Sería posible salir desde la Najarra y vivir en el riesgo envuelto en el aire.
Manolo Gómez San José y yo subimos cargados con las pesadas mochilas y llegamos al lugar de la salida tras la cima.
Y ambos nos preguntamos, y yo quizás más específicamente:
-¿Cómo podré salir de este lugar, lleno de piedras y piornales, en donde intentar correr es muy difícil sin tropezar y caerse, para alzarse al aire volando?
Casi un imposible para personas torpes como yo en el manejo del parapente, aunque en forma, eso sí.
Después de fallar en la primera ocasión, y ver como Manolo emprendía el vuelo con presteza, lo conseguí con cierto dominio yo también, sorprendiéndome al verme en el aire dando bandazos por efecto del viento, subiendo en lugar de descendiendo, conduciendo la precaria nave con la mejor sabiduría en mi poquedad aeronáutica.
Fue un vuelo movido pero precioso. Casi treinta minutos de zarandeos sobre la tierra y las montañas que me llenaron de optimismo y juvenil predisposición, que compensaba los esfuerzos de la ascensión y los miedos, cargados con el enorme fardo a las espaldas.
Ahora, a medida que pasan los años, cada vuelo me trae mejores sensaciones, o mejor dicho positivas predisposiciones para fortalecer la vida que desgraciadamente día a día nos menoscaba la forma psicofísica que es nuestro primer soporte.
Seguiremos volando, esquiando y escalando. Y es posible que si la voluntad no nos abandona podamos llegar a esas cimas que a veces nos parecen ya imposibles.
Y al bajar fortalecidos, dispuestos a comprender a los demás, quizás incluso ennoblecidos, podamos escribir algo interesante que ayude al prójimo.
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