Diciembre 2011


Aprendí a ver de lejos. Y aprendí a vencerme a mí. No intentar vencer a los otros. (La única victoria)
El verdadero objetivo del hombre: vencerse a sí mismo a través de ese viaje a nosotros mismos.

La gestión del riesgo.
No es la gestión de riesgo lo importante, sino su fulgor, el reto que inspiran esas cimas inhóspitas e implacables en las que los riesgos son continuos. Cuando perdemos la capacidad de riesgo -de arriesgarnos- nos separamos de la esencia, es decir de nuestro propio SER, recordando el verso de Hölderlin: “Allí en donde está el peligro, nace también lo que salva”

Hace ya casi diez años me sorprendió la noticia de la muerte de Jordi Magraner, el español que buscaba al Yeti, un zoólogo de 35 años que vivía desde casi diez años atrás en el Hindu Kush, en las inmensas tierras del Principado de Chitral, en Pakistán.
 El español afincado en Francia y en relación con las autoridades de las ciencias antropológicas del país Galo, vivía en Pakistán dedicado en demostrar al mundo, siempre incrédulo, la existencia de ese “Neanderthal” (¿) que allí en las montañas de Hindu Kush -uno de los enclaves geográficos más aislados de la Tierra- se conoce como el “barmanu”.
 Desde quince años antes Magraner decidió vivir y vestir como los habitantes de aquellas tierras, entre las montañas, rodeado de inmensos bosques de cedros y tamarindos, poblado por muy diferentes tipos de seres vivos, y en donde muchos pastores aseguraban haber visto al yeti, después de haber oído sus aullidos, en una combinación de grito humano y sonido de los chacales, muy frecuentes en aquellos inmensos bosques…
 Magraner, científico e investigador meticuloso, enviaba con frecuencia  informes de sus hallazgos a los centros de investigación de Francia, los que guardaban la lógica discreción sobre el curso de acontecimientos que podían ser mal entendidos, precisamente por su gran impacto periodístico, no siempre bien interpretado.
La muerte del científico español ocurrida en el verano del año 2002, había dejado inconclusas estas importantes investigaciones alrededor de uno de los mayores misterios de la Humanidad actual, como la posible pervivencia de seres anteriores a nuestra especie.
 La policía pakistaní encontró, tras romperse el aislamiento de las nieves invernales, el cuerpo de Magraner junto a un inmenso archivo de documentos e informes.
En ellos Magraner demostraba la existencia de un homínido que habría sobrevivido a la natural y episódica extinción de la especie, conocido como el “homínido de Chitral”.
Entre cientos de informes se encontraron decenas de entrevistas con gentes de aquellos perdidos lugares, normalmente pastores, que aseguraban haber visto al “barmanu”.
Uno de ellos, Purdum Khan, un pastor de cabras que vivía sobre los 3.500 metros de altura, contaba como había avistado a misterioso homínido salvaje:
-“De repente olió mal, como a cuerpo muerto, y a unos cuatro metros vio al “barmanu” sentado, comiendo en cuclillas, como los musulmanes. Lo estuvo observando detenidamente. Era un ejemplar joven con pecho y músculos muy desarrollados, totalmente cubierto de pelos largos, muy chato, de cara ancha y barba larga,  con cejas macizas y un corto cuello. Sus piernas y sus brazos le parecieron mucho más largos que los de los hombres”
El relato del pastor fue muy preciso, hablaba el dialecto chitralí, el de la zona, que Magraner había aprendido. El pastor llegó a detallar que el órgano sexual de aquél ser se encontraba en erección por lo que era muy evidente. Después de aquél testimonio Magraner recorrió muchos otros valles, viajando de aldea en aldea, hasta recoger más de 26 testimonios de personas que habían visto al homínido salvaje, consiguiendo algunos moldes de las huellas, gracias a las trazas halladas en el barro y en la nieve.
La pasión investigadora de Magraner comenzó cuando de muy joven trabajaba en el Museo de Historia Natural de París, y un compañero le prestó el famoso libro “El hombre de Neardenthal todavía vive”, de Bernard Heuvelmans (1974)  La obra describe la existencia de yetis en distintos sitios de la Tierra, desde Kazajistán a Mongolia .
 En 1987 Magraner realizó su primer viaje a Pakistán y regresó convencido de la existencia del yeti de Chitral, o yeti del Hindu Kush, el “barmanu” en lengua local.
 El trabajo de investigador de Magraner se trasformó en una obsesión, defendiendo con argumentos y tantos testimonios vividos en aquellas tierras, a este ser, sosteniendo que la denominación vulgar de “abominable hombre de las nieves” era inapropiada, basándose en el carácter tímido de los animales primitivos, en los que un simple ruido podía sustarles.
Sostenía que los yetis eran seres escindidos de la cadena evolutiva humana hacía decenas de miles de años, pertenecientes a la rama de los neandertales.
Encontró testimonios de Lucrecio y de Plinio, haciendo mención de estos hombres de cabeza ancha y frente hundida, habitantes de zonas inaccesibles. La búsqueda de homínidos desconocidos siempre se basó en los testimonios de viajeros y gente que transitaba o vivía en lugares remotos, especialmente en zonas de montañas.
La misma Unión Soviética efectuó numerosas expediciones buscando a los yetis, y algunos informes de sus paleo-antropólogos son muy singulares, poniéndose de manifiesto las experiencias prácticamente desconocidas por la mayor parte de los estudiosos, y durante casi todo el pasado siglo XX, los soviéticos realizaron una intensa carrera por ser los primeros en llegar a la Luna y los primeros en hallar al llamado “yeti” u “hombre de las nieves”
Magraner investigó en una zona en la que ningún equipo de científicos del Mundo lo había hecho, y según sus autorizadas opiniones, esa región de Chitral reunía todas las características adecuadas para ser el escondite-refugio de unos homínidos que sin relacionarse con otros seres más a menos semejantes, evitarían su misma evolución, y tampoco serían depredados por otros homínidos más avanzados en su desarrollo, como al parecer ha pasado a lo largo de tantos siglos, en los albores de la Humanidad y hasta en el avance de esta misma civilización.
 Magraner fue la eminencia más notable entre los investigadores científicos de los tiempos actuales sobre la existencia de estos seres -tras las numerosas experiencia soviéticas- y aún entre centenares de estudiosos que siguen buscando al yeti en varias decenas de remotos lugares del Mundo.

Sus reportajes se habían emitido por varias televisiones de Francia, y publicado en revistas científicas. Magraner era un riguroso estudioso alejado de la ciencia ficción, un criptozoólogo especializado como ningún otro en la figura del yeti.
El pueblo minoritario“Kalash” de Chitral, con el que Magraner convivió fue también objeto de sus investigaciones, “vivían a finales del siglo XX, igual que había vivido los iberos en España”
Magraner considerado y admirado por los “Kalash” como un dios fue enterrado con los máximos honores de aquellas tribus antiguas. “Solo para Gigantes” 2011. Barcedona

Murió Joaquín González Pérez

Era educado y siempre discreto. Leal y amigo de todos. Había sido testigo de grandes sucesos de tiempos pasados, tanto por edad (87) como por esa búsqueda permanente de vivencias.

Joaquín perteneció a la célebre Centuria de Montañeros de Madrid, cuyos supervivientes todavía se reúnen los primeros lunes de mes para comer juntos un modesto menú de camaradas.

Después de la Guerra formó parte de aquella locura romántica y juvenil que fue la División Azul, viviendo en las estepas nevadas de Rusia, entre la nieve y las trincheras, junto a ventiscas y bombas.

Joaquín había sido educado en el servicio a los demás, siempre con buen y hondo talante de bondad, esa “summa” de la sabiduría, según Descartes. Fue un ejemplo de lealtad, con sus amigos y también con quiénes no lo fueron. Inteligente y a la vez pleno de intuición ante los misterios de la existencia, esa esencia poco racional del espíritu que poseen los hombres bondadosos

De él solo se me ocurre decir, lo que dijo Nietzsche de los hombres admirables:

“Hizo de su virtud su mejor destino”. “Derrochó su alma hacia los demás y los amó, olvidándose de sí mismo”.

Descansa en paz Joaquín, es lo que te deseamos tus amigos, rogándote, que desde tu ámbito trascendente e invisible, nos sirvas de mediador ante Dios, para que nos guíe en esta montaña difícil y alta de la vida, la que tendremos que seguir superando paso a paso, a veces cansados y en peligro, escalando las escarpadas vertientes de la vocación y del servicio.

Con un gran abrazo. www.cesarperezdetudela.com

 

Atención en Peña Blanca de Pinares Llanos
En estos últimos meses, en las dos o tres últimas escaladas realizadas en Peña Blanca, me ha parecido que una enorme roca se mantiene en un precario equilibrio, que de caerse cambiaría el aspecto de esa cara del risco, y arrasaría atrozmente a quiénes sorprendiera escalando.
La roca está situada en la llamada vía normal, la de los rapeles, la que abriera el talento de Enrique Herreros en los años 20 o 30 del pasado siglo.
El lugar está en un precioso entorno natural. Y esa Peña tiene para mí recuerdos inolvidablesde más de 55 años. En ella realicé pequeñas escaladas por varias de sus vías, y allí fui numerosas veces caminando desde San Rafael o San Lorenzo del Escorial, enseñando aquellos parajes denominados “Pinares Llanos” y enseñando a amigos la iniciación de la escalada en roca.
La Peña Blanca fue también el sitio escogido por mí para las practicas de rescate, con tornos y equipos improvisados, en cursos para bomberos y policías convocados por la Dirección General de Protección Civil del Estado, los que tuve el honor de dirigir durante varios años, y en los que colaboraron escaladores como Miguel Ángel Herrero, Daniel Guirles, Luis Rodríguez, Tito, Manuel Burrueco y tantos otros, a los que les fue concedido el título oicial de especialista en rescate y salvamento. Desde su cima los helicópteros de la Guardia Civil y del Cuerpo Nacional de Policía efectuaban prácticas sacando a supuestos heridos colgados de cuerdas estáticas, casi siempre con equipamientos de “fortuna”.
La amenaza de la caída de la roca mencionada, que ojala si se produjese no hubiera nadie en su trayectoria,  puede, a mí juicio, sobrevenir en cualquier momento, quizás tras un periodo de lluvias, o  mantenerse otros 50 años.
Adjunto una foto de Peña Blanca, en la que podría apreciarse la roca y su inestabilidad. De esta posibilidad daré parte, para descargar mi conciencia a la Guardería Forestal de estos montes (Peguerinos) cuya propiedad es la Mancomunidad de la Ciudad y Tierra de Segovia, límite de Madrid y Ávila.

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