Julio 2011


El gran viaje sigue presente.
Hoy he escrito un artículo para el diario “El Mundo” en memoria de Alfonso Arias Pacheco, alpinista de reconocido prestigio y primer introductor de los viajes de aventura y montaña en España, fallecido esta días.
Todavía no se ha publicado el mismo y me dice Enrique Lieva, otro veterano de la montaña, que hoy han encontrado a Luis Méndez, el Cebolla, sentado en un sillón de su casa sin vida.
Luis fue un escalador del Grupo de Montaña Cumbres, entusiasta de las escaladas y compañero en aquella histórica expedición española al Cáucaso en 1968, en la que escalamos el temido Uschba, entonces considerada una de las 10 montañas más bellas de la Tierra por el escalador alemán Günter Hauser,  desaparecido hace 40 años en el peligroso glaciar del volcán Osorno, en Chile.
De aquella expedición al Cáucaso ya han emprendido el viaje al más allá varios de sus componentes: Moisés Castaño, Joaquín de la Cámara, Mariano Arrazola y Luis Méndez. Así es la vida.
Mientras tanto los que sobrevivimos continuamos en la cuesta de la escalada.
Carlos Soria empecinado en su admirable lucha por conseguir los “ochomiles”, Rivas en sus montañas botánicas, realizando ascensiones, Repiso en sus viajes alpinos y en l evista Peñalara, igual que Luis B. Durán, Fernando Domingo, Marquez, Félix Méndez, Fernando Domingo, Jame García Orts;  mientras el admirable Agustín Faus diseña un taller de literatura de montaña.
Espero qué la vida continúe -mientras pueda respetarnos.
Y tenga la paciencia de esperar y darme tiempo para descifrar el “por qué” de esta grandiosa y terrible pasión por escalar las cimas de la tierra y de la vida, si mi limitada inteligencia lo hace posible, y mis fuerzas me acompañan para seguir subiendo.
cesarperezdetudela.com

 

El triunfo o el fracaso

¿Seré nuevamente capaz? ¿Me acompañaran las facultades físicas? ¿Podré resistir tantas horas seguidas escalando y ascendiendo por las altas vertientes?

La vida es una cuesta que hay que seguir subiendo. Una cuesta que se transforma para algunos de nosotros en un precipicio, en una verdadera pared rocosa, o helada, que hay que escalar, y escalando, poco a poco, nos vamos espiritualizando. Ya dijo Bergson que por esa cuesta o ese precipicio es por donde desciende la materia.

La cima es el triunfo del espíritu.

Ahora me doy cuenta de que esas metáforas estaban llenas de verdad, un descubrimiento fundamental en la vertiente filosófica del alpinismo.

Muchas veces fracasamos y solo en contadas ocasiones tenemos éxito. Triunfamos en algo culminando la empresa y el triunfo es siempre relativo, como toda realización del hombre. Yo me analizo, trato de descubrir mi conciencia, y encuentro muchas ilusiones truncadas, en las que fracasé. No pude, me fallaron mis fuerzas, las circunstancias lo hicieron imposible. Y así he retornado decenas de veces nuevamente al comienzo, en ese continuo empezar que toda vida lleva consigo, sin perder la esperanza en la lucha de la vida.

Esta sociedad en la que vivimos está inserta en el culto al vencedor. La gloria siempre es para el que triunfa. Y yo empiezo a dudar…

¿Es el triunfo siempre completo? Se triunfa ante los demás…

¿Pero también ante nosotros mismos?

¡Hay tantas conductas aleccionadoras de personas, que a pesar de planificar correctamente una realización y luchando con el mejor espíritu no alcanzaron ese triunfo deseado!

 

 

En recuerdo del montañero Luis Méndez Rodrigo.
Le encontraron muerto en el sillón de su casa.
Luis Méndez, el Cebolla, del Grupo de Montaña Cumbres de Madrid, estuvo en alguna de las grandes y primeras expediciones al Cáucaso en 1968 y en el Himalaya en 1973. Su buen carácter y la amistad de tantas generaciones de montañeros le harían merecedor de homenajes en su memoria. Nació el 23-12-1930. Murió el 19-07-2011
Llegué tarde a su cremación en el cementerio de la Almudena y no pude decir algunas palabras recordándole, aunque mi persona no fuera de su estricto circulo de amigos y compañeros… Casi siempre nadie dice nada en los entierros o en los crematorios, un acto breve, quizás sentido pero demasiado silencioso y vacío de palabras. Todos tenemos mucha prisa. Hay que seguir viviendo y hay que terminar pronto esas sesiones tristes, que la sociedad actual quiere olvidar lo antes posible. No hay culto ni homenaje para el desaparecido que marcha hacia ese viaje transcendente a lugares inimaginables por nuestras limitadas capacidades. Hemos hecho del entierro o de la destrucción de su cuerpo una acción puramente administrativa en la que parece que nos olvidamos del alma, esa inmensa entidad que se esparce allí mismo camino de la eternidad.
Solo algún místico dijo que los muertos pasaban a ese ámbito superior e invisible. Fue el poeta Rilke, y sus poemas fueron estudiados por Martín de Heidegger a lo largo de una vida dedicada a investigar la ciencia metafísica
Hace ya años que decidí decir siempre algo en honor del amigo o compañero que había iniciado la “gran travesía”. Ojalá tarde mucho en hacerlo y ojalá lo haga bien.
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Alfonso Arias Pacheco, alpinista  y  fundador del turismo de montaña
Alfonso era, en el mejor sentido de la palabra, un alpinista tradicional, no un alpinista de los que suben en fila, sujetándose a una cuerda fija puesta por unos servidores de la montaña como ocurre actualmente.
 Alfonso Arias fue siempre un alpinista clásico, de los que abría el camino delante de los demás, explorando el terreno y exponiéndose a la caída, el verdadero riesgo del alpinismo de los que actúan de “primero de la cuerda”
Le conocí a finales de los años “50” del pasado siglo, lo que a pesar de los años transcurridos  recuerdo perfectamente.
“Yo me encontraba colgado de una escalada difícil de la Pedriza, la vía Lucas del Cocodrilo, y él, junto a su compañero Rodrigo, ambos de la Sociedad Deportiva Excursionista  (celebre club de montañismo de Madrid) me preguntaron por dónde y cómo se iniciaba la escalada de la famosa “Norte del Nieves”.  En mi juvenil vanidad me sentí halagado de que dos alpinistas de buen porte y ya expertos me hubieran pedido una información técnica”
En aquellos años del pasado siglo Alfonso Arias era un activo escalador de montañas,  que no se contentaba con el Cervino, el Mont Blanc, por el espolón de la Brenva (ahora prácticamente solo se sube por las rutas normales) el Monte Rosa o las Agujas de Bionassay. Él protagonizó hace 50 años, con Rafael Díez y Emilio Torrico, el éxito de la cordada tradicional, con una serie de escaladas en el Naranjo de Bulnes, en el Vignemale y en el Tozal del Mallo.
En 1974 Alfonso Arias diseñó, con sus amigos de la SDE, una valiente expedición al Yerupajá, una de las montañas más interesantes y difíciles del mundo en los Andes del Huayhuas, frente a la Cordillera Blanca  (ahora solo se habla de las montañas de 8.000 m. como si no existieran otras) En aquél equipo figuraban nombres importantes del gran alpinismo clásico: Andrés Fernández, los Hermanos López, Pedro Nicolás…
Antes también había formado parte de la primera y la segunda expedición española al Manaslú, de la Federación de Montañismo, en compañía de Carlos Soria, Muños Repiso, Orts, López, Blázquez  y otros destacados alpinistas madrileños
En 1976 Alfonso Arias se enfrentó, dirigiendo un equipo de su club madrileño al Shakkaur (7.123 metros) en las montañas del Hindu Kush, en Pakistán, abriendo una nueva ruta a esa difícil montaña de los desconocidos macizos de Asia.
Pero lo que distinguió a Alfonso Arias, además de su valor como escalador y su bien hacer como directivo expedicionario fue su porte elegante y su exquisita educación, lo que le facilitó amigos en muy distintos ámbitos sociales. Por ello es junto recordar que Arias, dejando sus negocios familiares, fuera el primero en decidirse a crear una agencia de viajes de aventura “Intrek” hace más de cuarenta años, en una oficina de la Torre de Madrid.
Así se comenzó a aficionar a los españoles en el “trekking”, que no es otra cosa que recorrer caminos de montaña sin demasiadas complicaciones en cualquier cordillera o macizo montañoso ( Nepal, Bután, Perú, Bolivia, Tanzania, Kenia…)
Pero Arias a través de sus relaciones sociales y profesionales no solo fue llevando a españoles fuera, si no trayendo a España turistas de montaña de distintas partes del mundo para que conocieran los Picos de Europa, los Pirineos, o haciendo famosas las singulares travesías por la Sierra Nevada granadina
Su hijo Alberto, director de Mugámara, viajes, trekking y expediciones, me cuenta como recuerda a su padre embalando unas espadas toledanas (copia de la Tizona del Cid) para entregar al rey de Bután, en una de sus primeras visitas al país de las nieves.
Alfonso Arias fue un hombre afortunado que supo encontrar en las montañas el gran argumento de su vida: cómo explorador-alpinista-escalador y cómo promotor del viaje de aventura. Recorrió desde Katmandu a Lhasa, abriendo caminos, se entusiasmó con el Gran Sur de Argelia, los macizos del Hoggar y el Tassili, llegando  a Tombuctú desde Bamako atravesando el Sáhara, caminó por los volcanes de Etiopía… Y hasta en 1995 pudo alcanzar el lago de Manasarovar, desde Lhasa, y para poder realizar la “Kora”, la peregrinación religiosa rodeando al Kailash, la gran montaña sagrada del Tíbet.
Descanse en paz el amigo Alfonso Arias  Pacheco   Nació el 12-05-1934  Murió el  13-07-2011
cesarperezdetudela.com (web y blog)

Algunos Libros
Si algo me entusiasma, junto a la escalada de las cimas y los vuelos que de vez en cuando realizo, es saber que sigo dedicando tiempo e ilusión a escribir, trasmitiendo anhelos, abriendo caminos, recomendando actitudes e imaginando aventuras.
Me parece además de una vocación un deber.
Recuerdo mis años de joven adolescente, cuando tras empezar a realizar marchas y pequeñas escaladas, rebuscaba en las bibliotecas buscando libros de montaña. Entonces existían muy pocos títulos, casi todos editados por la Editorial Juventud de Barcelona, traducciones de aquellos exploradores y alpinistas franceses, alemanes, italianos, ingleses…: Saint Loup, Ardito Desio, Whymper, Heckmair, Evans, Magnone, Rebufatt…  Ellos conducían esa vocación por esta grandiosa y terrible dedicación de la escalada de montañas.
Luego, cuando la vida me permitió vivir grandes experiencias, sentí que tenía que contarlas a los demás. Trasmiendo esas experiencias justificaba el ejercicio de una actividad ejemplar y espiritualmente esforzada,  presintiendo que también encerraba una gran dosis de egoísmo
Y así como confieso mis limitaciones a causa de las cicatrices cardiacas y de los años, también siento un legítimo orgullo y una gran satisfacción cuando se acercan a mí montañeros pidiendo qué me fotografié junto a ellos. Y enseguida me recuerdan que se hicieron alpinistas leyendo alguno de mis libros, incluido aquél que escribí por encargo de la Editorial Everest, “Montañismo para Todos”, del que se hicieron decenas de ediciones y que fue uno de los primeros titulos que en aquellos lejanos años llegó a los países de Hispano-América. Era un libro muy preliminar en aquellos primeros años, del que nunca me sentí especialmente contento.
Siempre concedí mucha importancia a los libros. Y cuando alguien me dice que siga escribiendo las aventuras del barón de Cotopaxi: “El Lama Milarepa”, “Camino de Karibú”, “Cuentos del barón de Cotopaxi” pienso que deberé hacer un esfuerzo en preparar e imaginar más aventuras, muchas de las que sé que ya no podré culminar realmente y deberé imaginar, novelándolas.
Sigo estando orgulloso de “Cinco Montañas Solo” de Ediciones Desnivel.
Me gusta el libro de Darío Rodríguez ”Conversaciones con César P. de Tudela” en la colección de grandes aventureros de la misma editorial.
También de “Horizontes Verticales” que la Edit. Mondatori no pudo distribuir con eficacia cuando fue editado.
Sobre mi antiguo libro, de hace 40 años, “Mi lucha por la Montaña”, que editó la Editorial Católica, todavía recibo gratos comentarios, los que expresan que contribuyó mucho a la formación e ilusión de alpinistas y montañeros.
También muchos escaladores veteranos me recuerdan la influencia mi libro “Recital de un Solitario” en la juventud montañera de los principios de los 80,  y  de “Al Encuentro con la Tierra”, de mediados de los 70, de la Editora Nacional, o las críticas injustas hacia “SOS en el Naranjo de Bulnes” libro del que se hicieron distintas ediciones.
Espero que la crisis permita que Planeta publique alguno de mis nuevos libros, y que por fin pueda terminar ese ensayo filosófico que iba a llamar “Morir en la cima”, coincidiendo en el título con el libro ya terminado de mi admirado amigo Carlos Suárez, que se va a publicar prontamente, y qué él merece que se lo ceda deseándole la mejor fortuna en todas sus grandiosas aventuras.
Todavía no sé que editorial publicará “Hechos Mitos y Leyendas del Naranjo de Bulnes” narrado por el barón de Cotopaxi, o las aventuras de este barón entre los indígenas de Papua.

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