Acampada en el desierto (Argel-Mali-Niger)

Acampada en el desierto (Argel-Mali-Niger)

El Hoggar son unas líneas de montañas en la inmensidad del desierto del Sahara, que forman distintas zonas, surgiendo imponentes,  sobre las finas o las pedregosas tierras ocres  de ese espacio vacío.

El Sáhara de Argelia es un inmenso territorio situado al sur de los dos grandes  ”ergs”, como se llama a las grandes dunas, en este caso las orientales y las occidentales. Allí entre ellas, comienza el misterio del Sahara: las ciudades santas de Ghardaia, el oasis de Timimoun, Adrar, In Salah, y más abajo esa enormidad de espacios desérticos, que vistos desde el aire están fragmentados y ennegrecidos, mostrando la extraordinaria actividad volcánica que muchos miles de años atrás se debió producir en ellos.El Hoggar o Haggar son distintas cordilleras, creo que la mayor parte de ellas todavía desconocidas, picos puntiagudos y retadores, verdaderos pitones de roca por cualquier parte que se les mire, los que en épocas futuras próximas serán la atracción de cientos y cientos de escaladores de montañas que no resistirán la provocación de este antiguo mar repleto de montañas.

La Garet El Djenun

Entre todas esas zonas sobresale, al norte en lo que denominan territorio del Tefedest, La Garet el Djemun, la montaña de los genios, unas rocas colosales graníticas que alcanzan más de 2.300 metros de altitud, con aristas y paredes verticales sobre las hamadas circundantes.

Hacía más de cuarenta años que tenía información de la Garet, en donde los geólogos, un suizo y un francés, Bogart y Hausser, habían efectuado un mapa geográfico y topográfico en 1932, y especialmente el gran explorador y escritor francés Frison Roché, autor del libro “El primero de la cuerda” y “la Montaña de las Escrituras”, junto al capitán Coche y el cineasta Pierre Ichat, en 1935, habían escalado la montaña, tan temida por los tuareg, llenas de vivas y temerosas leyendas, de cuando los rayos se estrellaban en sus paredes y los truenos se oían a centenares de kilómetros.

Me acompañaban mis hijos Bruno y César, junto al murciano Ángel Ortiz, quién venticinco años antes había abierto durante varios días una difícil ruta hacia la cima. Dejamos a los tuareg que nos acompañaban acampados bajo el macizo y nos dispusimos a la ascensión. El calor era difícilmente soportable en un día radiante sin nubes. Cargados de cuerdas y de material de escalada nos dispusimos a la aventura. Fuimos ascendiendo penosamente por la vertiente contraria a donde discurrían las rutas abiertas en la montaña. Las provisiones de agua se terminaron casi el primer día, por causa del sofocante calor que nos deshidrataba por momentos, con 50 grado de temperatura. Montamos un vivac en la parte alta de la montaña y escalamos sin tregua al día siguiente hasta la cima, buscando la ruta de los primeros exploradores.

Desde la cima se vislumbraba la inmensidad de aquellas líneas de montañas.

Bajamos contentos, pero muy preocupados por el calor y la deshidratación, yendo  al reencuentro de nuestros compañeros. Fue gracias a que acudieron en nuestra ayuda, con reservas de agua unos generosos argelinos que formaban parte de nuestro equipo de apoyo. Sin ellos alcanzar el campamento habría sido muy penoso. Puedo afirmar que la deshidratación, según los estudiosos, puede producir la llamada hipopotasemia, baja el nivel de potasio en la sangre, lo que trae consigo calambres y dificulta las contracciones musculares entre otras importantes carencia orgánicas. Así se puede morir en el Sáhara, por deshidratación y asfixia.

La escolta de beduinos y tuareg que nos acompañaba nos miraba con respeto tras nuestro ascenso a la temida montaña. La que las pocas veces que se corona, se hace siempre en riguroso invierno. Regresamos a Tamarasset en donde nos recuperamos prontamente con bebidas isotónicas y con los célebres tés calientes del desierto.

El milagro de Tamarasset

Tamanrasset, es la capital del Sur del Sáhara, una ciudad sin pozos y sin palmeras. Allí en sus cercanías está lo más conocido y visitado de las montañas del Hoggar: El Atakor, en donde se sitúa el famoso Asekrem, con casi 2.800 metros de altura, y en donde el padre Charles de Foucauld monto su ermita mirando las increíbles siluetas de los Tezulais, y del Illaman, esa perfilada aguja de lava basáltica que se levanta retadora sobre las hammadas, de la que ya escribió el Teniente francés Guillo –Loham, en 1902, cuando recién conquista In Salah, hizo una valiente incursión al frente de sus legionarios , cruzando el territorio de los temidos tuareg declarando:

-Vengo impresionado por haber atravesado los grandes territorios vacíos, y entristecido por no haber podido escalar la más bella montaña del desierto.

Yo ya conocía estas preciosas montañas y estos parajes únicos: oasis y ciudades pérdidas aún, en pleno siglo XXI, en el secreto del pasado, cerradas en las inmensidades del tiempo y del espacio.

Había escalado unos años atrás el Illaman, la inmensa cima basáltica, que me entusiasmo, pudiendo explorarla por ambas vertientes hasta el pináculo de su cima.

Con mis compañeros del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, también años atrás habíamos ascendido al Tahat, la montaña más alta, con casi 3.000 metros de altitud.

Pero el Sáhara y el mismo continente africano tiene ese raro poder de atracción, que tira de nosotros, con fuerza, para ir a su reencuentro. Yo quería subir más montañas y seguir internándome en el secreto de aquellos oasis y de aquellas ciudades de adobe.

Tassili de los Adjers

También deseaba recorrer la otra región denominada Tassili, Tassili de los Adjers, las mesetas de areniscas y esquistos cristalinos, inyectados de rocas eruptivas. Agujas montañosas tan esbeltas y con tantas posibilidades para la escalada, que en ellas se podría organizar la mayor y mejor escuela de escalada en roca.
La longitud de estas aglomeradas montañas se extiende a lo largo de varios centenares de kilómetros de noroeste a sudeste. Es el Adrar de los Adjers, en donde hay montañas de cimas planas y cúspides afiladas superando fácilmente los 2.000 metros de altitud.

Allí en los Adjers, el agua se filtra entre la roca basáltica, surgiendo nuevamente a la superficie, por lo que hay zonas en las que el agua fluye casi permanentemente, y en donde las lluvias no son tan escasas como en las montañas del Hoggar.

Dicen los estudiosos que esa región del Sáhara, la de Tassili, o de los Tassili, estuvo por ello habitada hasta tiempos muy recientes. Prueba de ello fue visitar a Tarik, un viejo beduino, puro cómo aquellos parajes en donde vivía con sus hijos y sus nietos en cabañas de caña y piedra, cerca de un lago, con sus rebaños de cabras y ovejas, completamente cercado por altas sierras, en un paraje que parecía una fortaleza natural creada por la imaginación de Tolkin, el autor del “Señor de los Anillos”, que tanto se debió inspirar en los sobresalientes abismos de África.

Para recorrer aquellas soledades de piedra, y sus enormes gargantas y barrancos, para ver una forma de vida prehistórica y también para investigar las pinturas y grabados en sus rocas hay que llegar a Djanet, mayor oasis del oriente.

Dicen los viajeros provenientes del Hoggar, que llegando a Gat, otro oasis perdido, que la belleza de aquella zona supera todavía a la del mismo Hoggar. Las vastas llanuras, las bellísimas dunas de arena rosada, las negras hammadas se extienden interminables sobrepasando mil veces el lejano horizonte.

Djanet es el paraíso perdido

No es ninguna exageración. En medio de los páramos de Tassili está este oasis, calificado de verdaderamente hermoso por los viajeros franceses de principios del siglo XX.

Desde las lomas del moderno hotel Teneré, en lo alto de una pequeña colina, vemos las llanuras blancas de arenas, cruzada por un grandioso lomo de rocas oscuras, abajo está el cauce del amplio “ued” de Egriu, el seco lecho fluvial que brilla como si por él fluyese el agua de la vida, entre palmerales y pequeños huertos, con chozas de paja bajo los árboles.

Las gentes que lo pueblan, los antiguos y enigmáticos tuareg, ahora sedentarios, mezclados con sus antiguos esclavos negros, los harratines, entre beduinos y argelinos del norte establecidos en el lugar. Estos tuareg ya no son aquellos hombres celosos de su vieja cultura. Ahora son todos ciudadanos argelinos y se sienten orgullosos de su pasado y de su presente conservando  la tradicional hospitalidad de los pobladores del desierto. Desde que el avión los comunica con Argel varios días a la semana, el paraíso perdido de Djamet está unido a la vieja Argelia mediterránea, cuna de tantas civilizaciones.

Visitamos las ruinas del antiguo poblado del Mihane, sobre las colinas rocosas, confundiéndose las casas  destruidas y abandonadas con los blanquecinos bloques graníticos. Ayahil cierra lateralmente el valle al lado de un farallón rocoso, a cuyo pie brotan manantiales que riegan las huertas bajo la absoluta limpieza de su atmósfera.

Djanet, palabra árabe significa jardín, un paraíso a 1.000 metros de altitud en donde la vida es tranquila y el café del centro está totalmente animado todas las tardes y mucho más cuando la televisión trasmite un partido de futbol.

De regreso a Argel.

El Sáhara y las montañas del Hoggar y de Tassili se habían quedado impresas en nuestras mentes: los oasis, los palmerales, las noches pasadas bajo las estrellas durmiendo plácidamente sobre la arena, en compañía de aquellos seres amables que atendían siempre nuestros deseos, que cocinaban exquisitos platos sobre los pedregales, sabiendo encender fuegos con los escasos recursos de leña.

No pudimos escalar el Iharen, en la proximidad de Tamarasset, una pirámide de basalto erguida como una torre, surcada de grandes fisuras, de unos trescientos metros de verticalidad. Yo quería haber investigado la ruta que escaló el capitán Coche con el descubridor de las montañas del Hoggar, el escritor y alpinista francés, antes mencionado Frison Roche. Al Iharen llegamos un atardecer, reponiéndonos de la ascensión de La Garet el Djenun, todavía deshidratados; fue una lástima no haber podido surcar aquellas rocas y mostrar a nuestros numerosos acompañantes las técnicas de la escalada en roca y los veloces descensos utilizando las cuerdas en “rapel”.

Argel es una preciosa ciudad mediterránea y occidentalizada por Francia, la que se eleva sobre la bahía, dejando a un lado la vieja “medina”, la antigua ciudad de calles estrechas y escalinatas, entre vistosos miradores al mar.

La generosidad de Argelia

Argelia nos había recibido, una vez más con generosidad, ayudándonos en nuestra misión de periodistas investigadores de la naturaleza y como comunicadores que pretendíamos divulgar la existencia de estas regiones del gran sur. Desde estas líneas agradecemos todas las preocupaciones que el turismo argelino mantuvo para hacer posible nuestra expedición.

Hubo un tiempo, en los años “50” del pasado siglo, en la que el Hoggar y el Tassili fueron una región muy visitada por escaladores, viajeros, e investigadores de todos los países de Europa, pero tras el duro proceso de la independencia de la hoy República Democrática de Argelia y los inciertos y duros años del terrorismo islámico, hoy felizmente superados, los viajeros la hicieron caer en el olvido.

Yo volveré todavía, ojalá una vez más, al Hoggar, buscando la paz de las montañas del desierto,  como un peregrino que se investiga a sí mismo. Y entonces me prometeré escalar el Iharen, la perfilada cima, contando mis miedos y mis emociones.

Y también prometo quedarme quieto, mirando las numerosas pinturas y grabados sobre las piedras calientes, esos vestigios del pasado que tanto podrían decirnos sobre la vida prehistórica, un museo natural en una de las regiones más importantes de la Tierra.

Y también prometo que pasaré todas las noches al raso, durmiendo plácidamente, con la conciencia tranquila y el cuerpo cansado, sobre la fina arena rosada, bajo esas magníficas chimeneas volcánicas que han perdurado a través de miles de años por encima de la efímera vida de los pobres mortales.

*César Pérez de Tudela y Pérez. Periodista, escritor y académico de la Real Academia de Doctores de España.

Breve Guía Viajera de Argelia.

Argelia es una República Democrática y Popular.
Tiene 2.381 kilómetros cuadrados y es en extensión el segundo país más grande de África.
48 wilayas. 30 millones de habitantes. Ciudades norteñas cómo Argel, la capital del país ( 2.500.000 habitantes), Orán (800.000) Constantina, Annaba etc
La moneda es el dinar argelino. El idioma es el francés y el árabe y dialectos bereberes. Antecedentes culturales: omeyas, hamaditas, almoravides, almohades, romanos, franceses y españoles…
El Hoggar es un terreno elevado en el mismo centro del Sáhara, al sur del país. Esquistos cristalinos. Atakor es el más visitado y conocido macizo de las montañas del Hoggar, declarado parque nacional, estando dominado por esbeltas montañas, de origen volcánico, que se levantan centenares de metros sobre sus zócalos verticales (chimenas de basalto macizo de viejos volcanes, como enormes torres) La cima más alta es el Tahat (3.000 metros) El Asekrem, a 2.800 metros está la ermita del padre Charles De Foucauld.
La Actualidad de Argelia es totalmente apacible y segura para cualquier viajero, en un país muy hospitalario y amable.
Embajada de Argelia en Madrid. General Oraá 12, 29006. 91 5629705. www.emb-argelia.es
Office National du Tourisme. www.ont-dz.org
XL Travel. www.100pour100voyages.com
Tamanrasset. AKAR-AKAR. Viajes Saharianos. Rutas en Camello y 4X4. www.akar-akar.net
Djamet. Ténéré Viajes. www.tenere-voyages.com

Escalando la Garet el Djenun

Escalando la Garet el Djenun