Jueves, 29 de Julio de 2010
Sr. Pérez de Tudela. Usted suma más de 50 años de experiencia en las montañas del mundo — ¿Cómo empezó a desarrollarse su pasión por la montaña?
Yo provenía familiarmente del mundo del arte, pero la lectura de un libro de alpinismo sobre el Eiger me descubrió la montaña. Enseguida quise vivir la experiencia y pronto me inscribí en los cursos de escalada de una antigua organización que se llamaba el Frente de Juventudes. Allí encontré buenos instructores y un sano ambiente. Íbamos a la sierra del Guadarrama, unas pequeñas montañas my próximas a Madrid. Allí se podían efectuar largas marchas, escaladas en la Pedriza (uno de los rincones más bellos dignos de conocerse) y muy apto para esquiar en las nieves invernales.
El montañismo y la escalada fue un verdadero descubrimiento: el compañerismo, el espíritu de superación, las canciones… Pronto caí en la idea que esa afición se transformaría en una pasión que sería el centro de mi vida.
-¿Qué tipo de equipo llevaba durante sus primeras salidas a la montaña?
Efectivamente, sobre mediados de los años 50 del pasado siglo, las circunstancias socio económicas de España no aconsejaban grandes gastos, además en España todavía no existía una tradición alpina y nuestro equipamiento era rudimentario, y muy diferente al actual, pero disponíamos de lo fundamental: piolets, cuerdas de cáñamo que eran muy inseguras, clavijas artesanales, viejas mochilas, sacos de dormir poco confortables, esquíes para el descenso y el fondo. En fin, el deficiente equipamiento lo suplíamos con ilusión y cuando descubrimos los Pirineos franceses o del principado de Andorra, pudimos ver que ya existían otras vestimentas y otros equipamientos más adecuados.
A pesar de las dificultades realizábamos espléndidas escaladas y grandes travesías de esquí en Guadarrama y Gredos (dos extraordinarios macizos montañosos del centro de España).
-¿Qué significa para usted la exploración y la ascensión de una montaña?
Es el camino de la vida. En la montaña comencé a orientarme y aprender a escoger el camino que se adaptaba a mi preparación, a mi ambición y a mi técnica. Tuve que irme haciendo fuerte para poder seguir hacia la cumbre, y dejé la comodidad para internarme en el esfuerzo. Fue mi mejor escuela de vida.
La escalada de una montaña me enseñó a ser valiente solo cuando era necesario serlo.
-¿El alpinismo se puede convertir en una adicción?
No. No tiene ninguna relación con las drogas o los grandes vicios. Es un gran esfuerzo persiguiendo la belleza y el conocimiento. ¿Sabe usted que el alpinismo, era la pasión de ese gran pensador que sigue siendo Frederich Nietzsche? Soy un estudioso de su filosofía y tras muchos años he descubierto que él deseaba ser un escalador de montañas. En su obra “Así habló Zaratustra” he descifrado un centenar de pensamientos sobre el alpinismo y la montaña. He tratado también de estudiar a Hölderlin y a Martín de Heidegger y estoy llegando a saber que el alpinismo es un idealismo trascendente, y como tal muy al margen de lo razonable. Es una conducta poético-mística, y ello explica tantas muertes y tantos hechos incomparables en estas sociedades tan materializadas y tan vulgares.
-¿Cuál fue la expedición más significativa de su vida?
Perdone que no conteste rotundamente su pregunta. ¡He realizado tantas expediciones a las montañas de la Tierra! que sería una respuesta muy larga. He publicado casi cuarenta libros contando mis experiencias, y me resulta muy difícil resumir tanta vida y tan intensa.
En 1969 pude escalar, siempre cómo primero de cuerda, la célebre pared norte del Eiger, entonces la escalada más temida y trágica de la Tierra. Escalé también un año antes el Uschba, en el Cáucaso. Años después el Cerro Torre en la Patagonia. En 1979 pude explorar el fondo del Volcán Cotopaxi, que hasta entonces nadie había podido descender. En 1995 bajé en parapente el volcán Kinabalu, en Borneo. Escalé solo, en 1972, el monte Mc Kinley. He vivido muchos momentos estelares y también he sufrido muchos dramas. Es la vida de un explorador.
Además mi vida continúa. Pasado mañana me voy a las montañas del Tien Chan, en Kirguizistán, para tratar de escalar una de las montañas más perfiladas y bellas de la Tierra, también una de las difíciles: el Khan Tengri. Espero que pueda superar los problemas de mi corazón que sufrió un infarto grave en el Everest hace casi veinte años, aunque no he dejado nunca de emprender expediciones de escalada y exploración.
-¿En la llamada zona de la muerte se puede esperar la solidaridad de los demás?
Yo tuve un infarto en el Everest. Efectivamente no me encontraba tan alto, acababa de superar la cascada de hielo del Khumbu, pero ya no esperaba ayuda de nadie, yo que siempre he sido un activo rescatador de alpinistas en peligro. Por suerte y gracias a Dios, fui rescatado por un equipo de amigos compuesto por mi hijo Bruno, el sherpa Chowang Rinzi, el militar alpino Arceredillo y otros inolvidables compañeros.
Pero ciertamente es muy difícil ser rescatado cuando se está muy alto. No es fácil, y a veces imposible, ayudar a un semejante por encima de los 7.000 metros.
-¿Cree que las facilidades que hoy día existen, contribuyen para animar a muchas personas a intentar grandes ascensiones?
Si creo que tanta divulgación crea mucha afición y provoca los deseos de quiénes sin la debida experiencia y formación pretenden grandes ascensiones. Esto ocurre concretamente con las cimas de ocho mil metros, y específicamente en el Everest. Las agencias facilitan la organización compleja de una expedición, la ayuda de los sherpas que ahora son grandes especialistas, las cuerdas fijadas en cada montaña famosa, la compañía de muchos otros alpinistas… todo contribuye a esta popularización de este deporte tan especial del alpinismo.
-¿Qué experiencia tiene usted de los sherpas?
He conocido sherpas que no habían ido a ninguna montaña, porque habían nacido en Katmandu, y como tal eran legos en el alpinismo.
He tenido sherpas como Chowang Rinzi, extraordinario por su bondad, honradez y facultades.
He conocido sherpas muy miedosos o avariciosos. Algunos muy presumidos e imprudentes.
Creo que son como somos todos los seres humanos. Gentes que han dejado de ser ganaderos y agricultores para ser guías o ayudantes en las vecinas montañas, en las que ganan mucho más aunque exponen su vida.
El pueblo sherpa es un pueblo muy interesante como cuento en alguno de mis libros y concretamente en el que se titula “El Lama Milarepa” libro que están tratando estos meses de traducir al alemán para ser editado. En él cuento mis reflexiones filosóficas, las que según mi modesta opinión nunca he hallado en ningún otro libro de montaña.
PD. Muchas gracias distinguida amiga por su deferencia hacia mi persona. Le ruego, si fuera posible, me enviases un ejemplar de la revista en donde apareciese esta entrevista. Ya sabe en donde estoy a su disposición.
Si necesitase datos sobre mi persona le ruego consulte mi blog y pag. web: cesarperezdetudela.com