¿Cómo son los orígenes de la escalada y el montañismo en España?

Se comienza a ir a las montañas a principios del siglo XX, casi siempre por personas de clases sociales elevadas y también otras con finalidades de estudio. Es después de la Guerra civil, a partir de 1940, cuando el montañismo empieza a “socializarse” a través del Frente de Juventudes, con su obra de los campamentos en las montañas (marchas y escaladas) Mi libro “Crónica alpina de España, Siglo XX” de DESNIVEL detalla y motiva detenidamente esta respuesta.

¿Cómo empezó su afición a la montaña?

La lectura de algún libro de montaña y la figura de los montañeros alpinistas me interesaron mucho. Cuando acudí por primera vez a las montañas quedé impresionado por las canciones y por el ambiente que se vivía antes y después de las prácticas de escalada, o durante las marchas.

¿Hay muchas diferencias en los medios que se utilizan?

Sí, claro que las hay. Ahora los peores equipamientos, los más baratos, eran impensables hace cuarenta o cincuenta años, que de haber existido habrían sido un viaje al futuro.  Antes escalábamos con abarcas o en el mejor caso con unas botas de caminar con cerquillo. Los sacos de dormir y las chaquetas eran de lana, totalmente al margen de lo específicamente  técnico que ahora se fabrica.

Y en los artilugios de escalada la diferencia es abismal: cuerdas, arneses, pies de gato etc. Las cuerdas eran de cáñamo y se partían con relativa facilidad.

¿La ascensión que más fama le dio fue la escalada invernal del Naranjo de Bulnes, en 1973?

Esa fue una escalada muy notable, con mucha emoción, que tuvo una gran repercusión mediática, pero anteriormente también  habían tenido mucha atención pública los rescates en el mismo Naranjo de Bulnes, en los años 1969 y 1970, mi ascensión solitaria al Aconcagua y mi sobrevivencia tras aquellos largos días perdido por la montaña, la expedición solitaria al Mc Kinley en Alaska. Se sumaron aquellos años muchas escaladas y expediciones que contribuyeron a ampliar mi popularidad, que se había iniciado con mis apariciones en Televisión Española, las que veían muchos millones de españoles, en la que yo contaba cómo era el alpinismo y la montaña en aquél concurso que gané tras aparecer todas las semanas en la mejor hora de la audiencia.

¿Cómo fue su primera ascensión al Naranjo de Bulnes por su cara oeste?

Fue efectivamente una gran escalada que siguió atentamente la mayor parte de los españoles de aquella época. Cómo algunos podrán recordar todas las cordadas que lo habían intentado anteriormente habían tenido mala suerte. Berrio y Ortiz, los guipuzcoanos, murieron por caída cerca de la cima, y Arrabal y Lastra fueron rescatados “in extremis” Otros como el madrileño Mayral y el vasco Ruiz, fueron víctimas de una avalancha. Las tentativas se producían siempre con resultado trágico. La escalada invernal de aquella pared fue una preciosa odisea, que se sumaba a los dramas acaecidos en aquella montaña. Y yo estaba relacionado con ellos, como rescatador de montañas. De ello trataba mi libro “SOS en el Naranjo de Bulnes”

¿Cuál ha sido la mayor alegría que le ha deparado la montaña?

No puedo ahora precisarla. Tras más de 50 años de intensa actividad como alpinista, expedicionario y rescatador de montañeros, y continuando  en activo, me resulta muy difícil elegir entre tantas inmensas alegrías que he podido sentir.

Alegrías al ver publicados mis libros, alegrías al terminar una conferencia habiendo interesado a  los asistentes, alegría tras una entrevista importante en televisión o en radio.

Quizás en estos años esté dándome cuenta de lo importante que ha sido no desfallecer y tratar de elegir siempre el camino más difícil.

Recuerdo que cuando pudimos rescatar con vida a Lastra y Arrabal, viví unos meses de felicidad completa. Y también cuando regresamos de la expedición al Cáucaso, tras llegar a la cima del Uschba, que entonces se consideraba cómo una de las montañas más difíciles del mundo. También cuando bajé solo del Aconcagua, en mi segunda ascensión, gocé de una alegría que se confunde con la paz.

Pero creo que nada fue comparable al respeto que sentí por mi persona tras escalar la pared norte del Eiger, que siempre había sido la escalada más temida de la Tierra. Los dos meses que permanecí en una clínica curando las congelaciones mis pies fueron un homenaje.

¿Y su mayor tristeza?

No sé muy bien cual habrá sido mi mayor tristeza, pero este mismo año de 2009 regresé del Everest inundado de desaliento. A pesar de mis entrenamientos, y de haberme sometido a distintas intervenciones, no había podido superar mis limitaciones cardiacas, tras mis infartos padecidos (Everest 1992 y Gulab Kangri en 1997).

Pero hay que sacar fuerzas y ánimo del fondo de uno mismo. Para neutralizar la tristeza hay que apasionarse por la vida. Así lo hice este mismo año, yéndome seguidamente tras mi fracaso en el Everest, a abrir una nueva ruta al volcán Ararat, o escalando el Naranjo de Bulnes con mis amigos de la Guardia Civil de Montaña, o guiando a mis compañeros abogados por el glaciar Inylchek en las montañas del Tien Cham.

He tenido grandes reveses en la vida y muchos fracasos, pero me encuentro pletórico de ánimo.

Volví del Hindu Kush, en mi trágica expedición de 1971, anonadado tras la muerte de Elena, mi mujer, y la ascensión al Tirich oeste, por una vía inédita y difícil quedó oculta por esa inmensa tristeza, de la que me fui rehaciendo con la expedición solitaria a los Andes, y la de Alaska ese mismo año, también en solitario al Denali.

¿Cuál fue su mayor reto?

Mi historial como expedicionario, alpinista y escalador es muy extenso, lógicamente tras casi 55 años permanentemente en actividad, pero tengo que volver a mencionar cuando fui a escalar la pared norte del Eiger, nada menos que en 1969. Fue cuando pude da la mejor dimensión de mí mismo. El Eiger en aquellos años era la actividad más temida de todas las montañas de la Tierra.

Sufrir he sufrido mucho. ¿Cómo es posible vivir intensamente sin sufrir? Sufres ante el miedo, sufres por el frío de los vivacs, sufres los grandes cansancios, en los enormes esfuerzos. No es posible llegar a la cima sin sufrimiento. El miedo  ante lo que pueda ocurrir es especialmente cruel, especialmente cuando estás por otro lado lleno de responsabilidades familiares llenas de afecto.

¿Cuáles son sus próximos retos?

Tengo pendiente una invitación del Nepal para intentar escalar el Ama Dablam, una de las cimas que anhelo. Ya veremos. Pero este año he conocido el Tien Cham, y allí se encuentra otra de las grandes montañas de la Tierra, que ya conocía de foto pero que nunca había estado bajo su silueta: el Khan Tengri. Querría intentar escalarla este próximo verano. Me queda poco tiempo. Mientras procuro estar entrenado, escalando en roca, o con los crampones puestos, haciendo esquí de fondo y de montaña, o cuando puedo por el viento, intentando salir al aire colgado de mi parapente por las cimas del Guadarrama.

También constituyen un reto mis libros. Ahora querría terminar un estudio ambicioso sobre la filosofía del alpinismo, entrelazando reflexiones con los graves sucesos del ejercicio del alpinismo.

Y sostengo el reto permanente de mis conferencias. Asisto a difíciles confrontaciones en el mundo empresarial directivo, en el cual hay que extrapolar y reconducir algunos principios que son fundamentales en la montaña: ilusión, responsabilidad, superación,  liderazgo…

¿Qué es para usted la Guardia Civil?

Es una institución ejemplar que lucha por mantener el orden. Tengo en ella muchos amigos desde hace muchos años. De la Guardia Civil lo que más me gusta es el sentido del honor, un concepto del que esta sociedad actual lleva algunos años desvinculándose.

Usted ha de recordar que durante muchos años he sido, y sigo siendo un compañero del Cuerpo Nacional de Policía, ingresando en el antiguo Cuerpo Superior cómo Inspector, allá en 1964.

¿Qué relación ha tenido con el GREIM?

El GREIM, o Grupo de Montaña de la Guardia Civil, es una de las mejores creaciones de la Institución. Su labor humanitaria es extraordinaria. Contribuí, colaborando en aquellos primeros años, realizando visitas y conferencias en el Centro de Formación de Candanchu. Llevando el programa de Rescate y Salvamento en Montaña, en la Dirección General de Protección Civil del Ministerio (1980-1988) tuve una relación muy estrecha con la Guardia Civil y concretamente con el GREIM.

¿Recuerda a Don Bernabé Aguirre?

Bernabé es para mí un gran amigo. Admiro su gran clase como persona, y no digamos como alpinista, escalador, instructor y esquiador. Bernabé es un alpinista muy completo lleno de coraje y con un impresionante historial. Espero que nunca se jubile, ya que creo será difícil sustituirle en sus misiones.

Tuve el honor de acompañarle en su última ascensión al Naranjo, celebrando sus más de 500 ascensiones. Fui uno de los afortunados, que no siendo de la Guardia Civil, escalamos en su honor, junto a varios altos jefes del Instituto, que también alcanzaron la cima. Fue una jornada inolvidable. Creo que la relato en mi pagina web: www.cesarperezdetudela.com y espero que saldrá en algún dominical próximo.

¿Qué opinión le merece el cobro de los rescates?

Ya en Protección Civil del Estado, cuando se generalizaban las operaciones de rescate y salvamento, opiné que el español tiene garantizado el derecho a la vida en la misma Constitución. No me parece bien lo de poner precio a la vida o a la muerte. Hay que rescatar a todo aquél que se hallé en peligro. Cobrar será un trámite posterior que en muchos casos sería muy discutible jurídicamente. Si no se rescatase a un español, sea alpinista consciente o irresponsable, se podría incurrir en la omisión del deber de socorro.

En el alpinismo es muy difícil matizar lo que es prudente o imprudente, cuando el mismo alpinismo, que es en su esencia un idealismo, puede ser considerado poco racional o incluso en sí mismo una imprudencia.

¿Qué opinión le merece la juventud actual?
Es difícil generalizar, pero la juventud actual forma parte de una sociedad muy superficial y positivista, engreída en la reclamación de sus derechos, sin la necesaria contraprestación de obligaciones. Mi época juvenil siempre fue de servicio, enfrentándonos a las hostilidades de la vida. Es necesario educarse en la dificultad. La facilidad mata la vida. Y de eso sabemos mucho los alpinistas.

¿Qué mensajes daría a la juventud de ahora y especialmente a los hijos de los guardias civiles?

La vida es una aventura fascinante y hay que emprenderla con coraje y fe. Hay que prepararse con esfuerzo para poder enfrentarse a la carrera de obstáculos de la existencia. Creo que los hijos de la Guardia Civil están educados en el servicio a los demás, bajo el ejemplo de sus mayores. Los jóvenes han de descubrir pronto su personal anhelo y este es desear algo con verdadera intensidad. Y lo que es para mí fundamental, todos necesitamos redimir nuestra humana pequeñez y para ello es imprescindible saber sobrellevar el esfuerzo y aún el riesgo, siempre acechando a los seres vivos. Y también les diría:

“Confiar siempre en todo aquello que sea difícil”

¿Y a la Guardia Civil en general?

Creo que no debo dar consejos a la Guardia Civil, pero sí a mis compañeros del Cuerpo Nacional de Policía. Deberemos ser fuertes contra los delincuentes peligrosos, y condescendientes con los modestos padres de familia, aunque hubieren cometido alguna falta reglamentaria. Nunca al revés, cómo a veces pudiera ser desgraciadamente frecuente. Mucha ética en los comportamientos y nunca utilizar medios al margen de la gallardía policial, ya que para un servidor del orden y del Estado, el fin no debe justificar los medios. Mucha humanidad en las intervenciones, cómo hacen los rescatadores de montaña de la Guardia Civil.

¿A usted le gustaría que su última morada fuese, como la de Don Pedro Pidal, en el Mirador de Ordiales, en los Picos de Europa?

El marqués de Villaviciosa de Asturias, fue un privilegiado. Ahora no sería posible enterrarle allí, aunque él en aquella época se lo mereciera y fuera reglamentariamente posible.

Yo preferiría dejar mi enterramiento para cuando no pueda más. Nunca quise morir anciano y por eso lucho cada día para seguir en plena juventud, sin preocuparme de los años que van pasando. No sé bien la edad que tengo. Mi edad depende de mi estado de ánimo y muchas veces creo que estoy en los 45, o los 55 años a lo sumo.

La montaña es un buen lugar para quedarse, aunque siempre deseamos fervientemente volver a casa.

Antes de partir para ese ámbito trascendental del “Más allá” he de alcanzar muchas cimas y vivir muchas emociones, terminar alguno de mis libros pendientes y haber investigado más sobre la metafísica de la vida.

¿Qué le gustaría añadir?

Qué le agradezco mucho esta entrevista. También decirle que siento no poder acudir con ustedes a subir, en compañerismo, el Espiguete o Peña Prieta, y a poder contarles mis aventuras. Tengo el próximo sábado, cuando estén en el refugio, que mantener una ponencia en la “Semana de la Ciencia”, en la Fundación del Corazón, contando cómo funciona mi víscera cardiaca: “el corazón de la Aventura”, intervención que tenía prevista para otro día y que me la han adelantado.

En compensación dé un cordial recuerdo a esos hijos de la Guardia Civil que usted  entrena con tanta ilusión. Y si me dice las señas postales le enviare alguno de mis libros dedicados que espero les interesen. Muchas Gracias por todo. Y un cordial abrazo de compañero.

*César Pérez de Tudela es explorador e montañas y guía de alta montaña.
También es periodista, Licenciado y Doctor en C. de la Información, Abogado del Ilustre Colegio de Madrid y académico de la Real Academia de Doctores de España