Yo soy temperamentalmente activo. Me entreno, hago gimnasia para acostarme cansado, voy a la montaña a subir las pequeñas cimas del Guadarrama y frecuentemente a escalar algún risco y no perder esa dosis de valor necesario y seguir teniendo la agilidad mínima que me permita seguir subiendo en la carrera hacia la cumbre, algunos intentos de salir volando con el parapente, que es mi vínculo con el valor juvenil, que todos llevamos dentro, más o menos oculto. En invierno me gusta escalar en nieve y esquiar haciendo fondo y también algo de esquí alpino. Todo ello para tener la ocasión de reflexionar y seguir preparado para tratar de alcanzar alguna cima más en la carrera de fondo que es al fin la vida.

Para el ejercicio deportivo ya no tengo tiempo para más y creo que es relativamente suficiente, ya que tengo que ocuparme también de la mente.