Los montañeros que alcanzaban el refugio de la Vega de Urriello quedaban sorprendidos al ver tantos uniformes de montañeros de la Guardia Civil.

El motivo era escalar la famosa montaña para celebrar las 500 ascensiones del Naranjo de Bulnes del rescatador de la Guardia Civil, Bernabé Aguirre, instructor de guardias civiles en el difícil oficio de socorrer a escaladores y montañeros en peligro.

Cenamos todos juntos, generales, coroneles y guardias, todos alpinistas, hablando sobre montañas y salvamentos en animada conversación, recordando a amigos de las cimas.

Salimos al día siguiente del refugio mirando como siempre la apabullante efigie del Naranjo de Bulnes, envuelta en una ligera neblina que lo hacía  aún más irreal. Superamos a paso tranquilo la canal de la Celada hasta alcanzar la base de la montaña y ver el Jou Tras el Pico.

Allí comienza a la ruta más rápida y normal del Picu. Unos metros a la izquierda se sitúa la vía de Víctor, el de Camarmeña, el gran personaje del Naranjo después del marqués Pedro Pidal y del cainejo Gregorio Pérez.

Los hijos de Víctor, Alfonso y Juan Tomás, abrieron años después este itinerario para poder asegurar con mayor seguridad - de arriba abajo- a los montañeros que escalaban la mítica montaña en su compañía, casi siempre guiados por Alfonso Martínez.

Naturalmente la vía normal de la vertiente sur comparada con otras rutas de la montaña es corta y sus pasajes son sencillos.

Esto es cierto, pero no lo es menos que para él que desconoce esta montaña el inicio de la escalada siempre requiere una pequeña dosis de valor y decisión. Hay que saber agarrarse a la roca y poner los pies adecuadamente. El extraordinario equipo de montañeros de la Guardia Civil muy por encima de sus dificultades escalaron junto a nosotros, en cordial compañerismo, saboreando la escalada aérea y elegante, hablándonos y realizando un completo reportaje de video y fotográfico sobre tan singular ascensión. Como invitados civiles estábamos Pedro A. Ortega, el famoso Ardilla, el guarda del albergue de la Real Compañía Asturiana de Minas de Aliva y el que escribe esta crónica, junto al reportero de la Torre.

Cuando nos reunimos todos en la cumbre el helicóptero de la Guardia Civil realizó un preciso vuelo estacionario en sobre la ante-cima apoyando uno de sus patines sobre la roca. Abrazos y plácemes. Fotos y emoción montañera. Rescatadores de ayer junto a estos estupendos soldados del salvamento que ejercitan una de las profesiones más humanísticas y bellas: rescatar al accidentado, experto o imprudente, pero siempre en situación dramática para su vida. Rescatadores que exponen su seguridad sin reclamar recompensas, sabiendo que muchas veces sus acciones van más allá del deber.

Descendimos de la cima más compañeros y amigos de lo que éramos antes. Y esa noche cenamos juntos para decirle a Bernabé Aguirre que le admirábamos como guardia, como rescatador y como compañero de montaña.

Las palabras del general Hernández, del coronel jefe de montaña y de otros asistentes se refirieron al servicio y a las virtudes de Bernabé.

Yo solo dije:

“El salvamento en montaña requiere valores, capacidades y adiestramientos.”

“Rescatar a un montañero es un honor, además confirmar un titulo de coraje y fortaleza.”

“Al encuentro de las tormentas vuela audaz el espíritu, sentencié recordando a Hölderlin.”

“Admiro a quien derrocha su alma en favor de los demás.”

“Admiro a quien de su virtud hace su destino.”

“Admiro a todos cuantos celebran, una y otra vez, la victoria contra sí mismos.”

“La Montaña y el Rescate es un fulgor para el alma.”