Ayer  realicé la entrevista que me estaba pidiendo Jesús Quintero, en Sevilla, desde su teatro en donde tiene su propio estudio de grabación de radio y televisión. La había aceptado nada más regresar de la Travesía del glaciar Inylchek, con mis compañeros del Colegio de Abogados (ICAM).

A Quintero le conozco desde principios de la década de los 70 del pasado siglo. Él dirigía y presentaba  el programa estelar de tarde en Radio Nacional de España junto a Marisol del Valle (la hermana de la abuela materna de la princesa Letizia). El programa “Estudio 15-18”. Y en aquellos lejanos años me dedicó varias entrevistas.  Entonces este cronista había alcanzado una poco frecuente fama y tenía que ir de una emisora a otra, contado aventuras y desventuras en las montañas, las que tanto promocionaron la divulgación de un montañismo-alpinismo de base, dando consejos, advirtiendo de los peligros y contando la forma de emprender estas aventuras por las montañas.

Diez años más tarde Quintero rompió los esquemas tradicionales del periodismo radiofónico creando su propio ritmo y devolviendo el prestigio a ese género tan difícil y maltratado de las entrevistas, que tanto prestigio habían alcanzado años atrás con Boby Deglané  y el insuperable Joaquín Soler Serrano.

Quintero, extraordinario comunicador y periodista, mostró una nueva faceta de la entrevista. Estudios en silencio y a oscuras, ritmo lento y preguntas sagaces, tratando de que sus entrevistados contaran todo lo que nunca quisieron decir y que de verdad podría interesar. Eran las famosas entrevistas del “Loco de la Colina” que los políticos, los toreros y los personajes más carismáticos de la vida de aquellos años reclamaban para estar entre los importantes.

Quintero se fue de RNE a la SER. Y de allí se volvió a Sevilla, en donde creó su propio estudio de Radio y Televisión. Sus primeras series televisivas tuvieron mucho éxito, y luego a mi juicio, fueron perdiendo interés sus entrevistas, haciendo hablar a famosos que nada tenían que decir y a personajes marginales que poco aportaban en sus breves respuestas.

Regreso a mí mismo

He de significar como dato informativo adicional, pero sin ánimo de presumir alguno que he sido una de las personas de la España  del siglo XX más entrevistada por los periodistas de moda, además de una de las más imitadas durante la década del 70 y del 80 del siglo XX:  de Pedro Ruiz a Pajares…

Después de aquellos intensos años de frenética actividad en las montañas de la Tierra, sobreviviendo a peligros indiscutibles, participando en numerosas operaciones de salvamento, siendo personaje de revistas, periódicos y programas televisivos, regresé a una discreta segunda posición en la que me encuentro. Las personas de menos de cuarenta años no me conocen y nadie comenta nada sobre mí persona, lo que me ha permitido estudiar, escribir y no dejar de escalar montañas para mantenerme en la relativa buena forma en la que me hallo.

La entrevista de Jesús Quintero.

No sé cuando la emitirá Canal Sur o alguna otra cadena de televisión. Casi nunca me veo a mí mismo, aunque sea aconsejable, para asumir y tratar de corregir mis muchos defectos y faltas, tanto en gestos  como en expresiones.

La entrevista estuvo como yo esperaba. Quintero la dio importancia y la dedicó tiempo. Espero que quede bien, lo que no quiere decir que yo estuviera bien, sino como siempre.

No hizo ningún caso a las cuestiones que su equipo periodístico le había preparado, que a mí me parecían muy adecuadas, dedicándose especialmente a preguntarme por la última tragedia de Oscar Pérez y por la muerte de Elena, en el Hindu Kusch, hace ya cuarenta años.

Yo sabía que eso, el rescate fallido de Oscar, podía ser el meollo de la entrevista. Y yo fui una vez más yo mismo. Y no quise decir lo que todos dicen. Todos sabemos que los salvamentos en el Himalaya, y aún en los Andes, no son fácilmente realizables. Pero la gente se resiste a creer que una sociedad que tiene tantos medios y tantos adelantos técnicos no pueda destacar a un helicóptero capaz de llegar, situarse encima del herido y sacarlo de la montaña con un mínimo  buen tiempo.

Desde luego que a mí no me pareció bien que se retirasen los equipos de rescate una vez que ya estaban allí. Si llegó el mal tiempo, eso era de esperar, pero tras la tempestad suele llegar la calma. Y a mi juicio esa operación, que era ciertamente muy difícil, tenía que haber continuado hasta el final, fuera el que fuese. Contaba con extraordinarios alpinistas y el apoyo de los helicópteros hubiera llegado cada vez más oportunamente. Mala decisión y mala suerte.

A continuación respondo a las preguntas que Quintero suponía que me plantearía y que con ese fin habían sido redactadas por sus asesores.

Si las leyeren espero les interesen. Muchas Gracias.

Naranjo de Bulnes

Esta próxima semana, es posible que si el tiempo cambia, me marche al Naranjo de Bulnes, a celebrar en su cima un homenaje a Bernabé Aguirre, ese excelente escalador y alpinista de la Guardia Civil, que entrena a los futuros rescatadores en la escuela de Candanchu. Lo haré por él y por mi compañero Pedro A. Ortega que necesita entrenarse.

Conferencia en Alcorcón

El 29 a las 19,30 en el Centro Cultural de los Pinos de Alcorcón tendré una conferencia que se ha titulado: “•La Montaña de la Vida” y la han anunciado en la ciudad. Todos los que quieran ir están invitados y su presencia será muy grata.  No sé lo que diré pero hablaré de ese compendio de vida que la montaña dispensa, añadiendo lo que se vaya perfilando en mi mente y sea expresable.

Días después el famoso Pera, gran conductor de coches, será el ponente de la tarde, cerrando el ciclo Javier Nart, que expondrá sus experiencias como enviado periodístico en guerras de los últimos tiempos: Camboya, Iraq, Irán étc…

Expedición al Toubkal de la Fundación Barclays

El día 4 de octubre me voy al alto Atlas, con más de un centenar de socios benefactores de la Fundación Barclays para alcanzar la cima del Toubkal, la más alta del macizo con 4,170 metros.

Resultara una gran experiencia. Espero y deseo que el tiempo atmosférico sea también un colaborador agradecido en esta expedición que tiene un fin benéfico: el dinero que se recaude a través de la Fundación será entregado a “Mensajeros de la Paz” y su programa “Columbia”, en el cual se ampara a los menores emigrantes y se les prepara y orienta para su tránsito a la mayoría de edad en esta sociedad tan diferente a la suya, y a veces tan hostil.

Me acompañara mi hijo Bruno y Pedro Antonio, el Ardilla, quiénes junto a cuatro guías locales bereberes me ayudaran a conducir la larga caravana de montañeros –la mayoría ocasionales- primero hasta el refugio Toubkal, antes refugio Nelter, a 3.200 metros y  hasta la cima 4. 170 metros después.

Al día siguiente de regresar he de grabar una entrevista para Telemadrid sobre esta singular actividad, ya que no conozco ninguna expedición con un centenar de componentes, con excepción de las expediciones chinas al Qomolangma en tiempos de Mao Tse Tung.

Y el día 10 me iré otra vez al Himalaya. Ojala el tiempo sea bueno y mi salud me permita alcanzar alguna cima.

Ya saben: es mi forma de concebir la vida. Elijo siempre lo más incomodo y lo más difícil. No nací, ni las circunstancias me hicieron inteligente.