Jueves, 24 de Septiembre de 2009
Entrevista a César P. de Tudela Jesús Quintero. Sevilla. 16 de Septiembre 2009
Categoría Noticias y Comentarios¿Ha fracaso usted en su último intento al Everest?
Sí. Ha sido una de los grandes disgustos de mi vida. Me había cuidado el corazón y sometido a varias correcciones cardiacas, me había entrenado intensamente, como un escolar antes de los campeonatos, me había mentalizado en las duras condiciones de vida, había dejado la comodidad de mi casa, mis libros inconclusos, pensando en que podría experimentar las grandes penurias, pero también las grandes emociones. No iba persiguiendo la gloria que ya el Everest no concede. Iba para ser fiel y coherente conmigo mismo y con mi vida. Iba a estudiar mi conciencia, a investigar este duro e irracional idealismo que es al fin el alpinismo y que muy pocos alpinistas han contado. He sufrido y he vivido uno de los episodios más duros de mi vida.
¿Cuándo usted se mira en el espejo de su alma, nota que está haciendo mayor?
Ha sido otro duro golpe. De pronto he dejado de ser ese joven impetuoso que casi nunca se cansaba y estoy notando que empiezo a ser mayor.
Hablando del alma, cada vez siento que somos más alma que cuerpo, y mi alma no se cansa, desea la aventura, la vivencia, el esfuerzo. Mi alma es joven y fuerte. Estoy orgulloso de tener éste alma que define nuestra transcendencia espiritual.
¿Qué tal marcha su corazón después de dos infartos?
No lo sé. Cuando vine del Everest fui a ver a la Dra. Boraíta, que estudia el corazón de los grandes atletas en el Consejo Superior de Deportes. La dije que había sentido asfixia a los 6.000 metros y que había tenido unos sueños hipnagógicos que no podía soportar y me producían un miedo pavoroso e insoportable. Me pareció que mi psique me estaba avisando y huí, contra mí mismo de aquellos parajes que me parecían infernales. Cuando la pregunté si mi corazón podía tener algo que ver con aquellas asfixias, ella consultó mi ficha y me dijo:
-Estás vivo de milagro. Tú corazón ha sufrido dos infartos, tienes la arteria aorta descendente al 40%, la circumfleja lo mismo, y está lleno de cicatrices y quemaduras.
Pero a pesar de ello sigo subiendo bien, con agilidad, controlando mis latidos, sabiendo encontrar bien mi ritmo, aguanto las largas marchas y en la última prueba del esfuerzo he aprobado, aunque la calificación final no es buena.
¿Son héroes los que suben a la montaña?
Tengo un gran respeto por todos los alpinistas y escaladores, por los buenos y por los modestos. Me parecen jóvenes dignos, manteniendo esos grandes esfuerzos y envueltos en el riesgo en estas actividades tan transrracionales, buscándose a sí mismos sin saberlo.
Es posible que no sean héroes, pero si son unos románticos que quieren encontrar el camino de la vida.
¿Cuáles fueron sus reflexiones cuando dejaron morir a Oscar Pérez, en esa pared de Pakistán?
Creo que Oscar desearía frenéticamente volver a su casa, casi como una obsesión. A medida que fueron pasando los días se iría durmiendo en una agonía dulce y fría, sin sufrimientos. Ojalá fuera de verdad así.
Si usted hubiera vivido esa historia, ese rescate imposible… ¿Qué le hubiera dicho a sus padres?
Menos mal que no ha sido así.
En muchos rescates que hice muchos padres me increparon que su hijo hubiera muerto por mi culpa, por aficionarse al maldito alpinismo a través de mis programas y reportajes de la televisión y de la radio, cuando yo era la estrella del alpinismo.
Pero no estoy de acuerdo de como se ha dado por terminada la tentativa de rescate de Oscar Pérez.
Diciendo esto se que estoy solo una vez más frente a la opinión de muchos.
Pero ya se habían hecho todas las gestiones, los grandes gastos, las difíciles relaciones internacionales, las conversaciones de presidente a presidente, los ecos de los medios… Se tenía que haber continuado el rescate hasta el final.
Se hubiera dejado pasar los días de mal tiempo y se habría continuado. Los alpinistas están siempre arriesgando mucho y arriesgarse más por un fin concreto es lo más ético y justificable del propio alpinismo. Tenían que haber llegado hasta encontrar su cuerpo más tarde o más temprano. Esa era la misión que se anunció y que todos esperábamos. Lo demás son palabras sensatas en la gran insensatez del alpinismo.
¿En las cumbres de las montañas habita la tragedia?
Si, así es. Las cimas son un triángulo mágico lleno de luz y de reflexión, son de alguna forma verdaderas cúspides de vida. Y allí la tragedia, como en la propia vida, acecha con mucha frecuencia y mucha intensidad.
¿Qué más se puede encontrar en las cimas?
La verdad de uno mismo, entre el frío y la tormenta. La hondura del ser. El fondo de nuestra conciencia. ¿La esencia de la existencia? Esa luz que ilumina la vida como un fulgor inapagable. Las cimas son el camino de la sabiduría y de la metafísica.
En las cimas se relaciona el espacio y el tiempo, conceptos que pretendieron estudiar Newton, Einstein y Heidegger. Allí se percibe el fondo del ser en el pasado y en el futuro.
¿Qué recuerdo guarda de la muerte de Elena de Pablo, su mujer en 1971, en el Hindu Kusch del Pakistán?
Aquello fue un drama bíblico. Lo viví como un sueño. Aquél saco de dormir con ella dentro que me encontré en la entrada de la primera aldea de la vida, cuando descendia sin parar de una cima difícil de 7490 m., el Tirich Mir Oeste (Tirich Bahat). Mi excitación, bajando extenuado a su encuentro, acompañado de un porteador Kurdo que llevaba a su hijo muerto en los brazos y que a pesar de ello se empeño en llevarme la mochila. Era vivir un sueño terrible. Las peleas en la aldea entre quiénes no querían que se la enterrase allí por ser una infiel para aquellos fundamentalistas islámicos. El duro regreso a España con aquella noticia. La expedición que hice meses después para recuperar su cadáver en plena guerra entre India y Pakistán. Son sucesos de tal hondura trágica que fueron una vacuna contra la vanidad y un doctorado de la vida. Me vi abandonado y traicionado por mis amigos, pero con una fe incontenible en mí mismo.
¿Cree usted en Dios? ¿Por quién reza?
Sí creo. A él llamo y pido en los frecuentes momentos de gran peligro. ¿Quién podría ayudarme en mis situaciones tan peligrosas? Colgado de un parapente, envuelto en una tormenta ante el abismo… ¿A quién sino?
Rezo por mí, para seguir vivo. Rezo por ser mejor escritor, mejor conferenciante, y por salir indemne de tantas aventuras como quiero realizar.
También rezo subiendo montañas, mientras escalo las rocas. Rezo por mis hijos y por sus hijos, por mis amigos con problemas. Y también desde que era muy joven rezo por los alpinistas en peligro, allí en donde estén y puedan necesitarlo
¿Qué errores son más frecuentes en las montañas?
Es verdad. Hay que pensar y reflexionar mucho, repasando lo que puede o podría ocurrir.
Errores de cálculo los tenemos todos, los aprendices y los muy veteranos como yo. En la montaña Dios está muy próximo y ayuda mucho, si no habría muchos más muertos. Las montañas son uno de los ámbitos más extraordinarios de esta vida. Compone un escenario que puede superar lo inimaginable. Causa un miedo pavoroso, impone una dureza excepcional y vivir en ella no puede compararse con actividad deportiva alguna, que a su lado son simples juegos de niños.
El mayor error es valorarse con vanidad y exceso, especialmente cuando se es joven y fuerte. Ahí está el peligro y el error.
Usted tiene el aspecto de un caballero andante, un romántico… ¿Se considera un filósofo de la montaña, un metafísico de las alturas?
Muchas Gracias por esas palabras. Gracias.
Después de 50 años estudiando las sinrazones del alpinismo y de las cimas, he llegado a la conclusión de que este ejercicio deportivo tan poco comprendido es pura filosofía, y como tal se explica que sea tan poco descifrable.
El estudio minucioso de los grandes idealistas y transcendentalistas me ha ido conduciendo a esta afirmación que hago de forma rotunda: el alpinismo es un idealismo transcendente, lo sepan o lo ignoren la mayoría de sus practicantes, en los que también subyace de forma oculta una condición de caballeros y místicos.
¿Es justo que toda la sociedad pague la locura o la temeridad de los alpinistas?
No entro a conjeturar si es justo o no. Pero creo que así debe ser. Hay que ayudar al que lo necesita esté en donde esté. Se ayuda al enfermo, al suicida, al menor, al anciano, al drogadicto…
Así es la sociedad de nuestros días. Hay que salvar al prójimo, aunque sea un imprudente alpinista. Es más barato y es mucho mejor que tener una sociedad de pusilánimes, de seres débiles y timoratos que tiemblan ante la vida y los peligros. Esta sociedad sería mucho más cara y mucho más triste de mantener. Los rescatadores deberán dar gracias por poder ejercer esa profesión de tanto esfuerzo y de tanta dignidad.
Yo así consideré siempre mis ocupaciones como rescatador en montaña, que tantos peligros y esfuerzos me han deparado a lo largo del siglo XX.
¿Usted qué entiende por ser feliz?
Estar a gusto contigo mismo. Desear lo que tienes y no lo que tienen los demás.
¿Por qué le atraen los volcanes?
Son y fueron las primeras montañas de la Tierra. Me gustan los grandes volcanes que tiene un gran edificio de rocas, o los que se yerguen sobre altas montañas. Su espectáculo es doble y sus profundos cráteres son un reto de la eterna curiosidad del hombre, elevados ante las grandes selvas o en los altos paramos de la Tierra y encierran misterio, esa condición que nos acompaña. Fui el primero que alcanzó el fondo del volcán en activo más alto de la Tierra en Ecuador. Creo que soy el explorador que más volcanes ha escalado en el mundo, en los Andes, en África, en Oceanía, en Indonesia…
¿Quién fue el barón de Cotopaxi?
Es mi personaje literario. Mi “alter ego”. Un caballero noble y antiguo, que respeta y tiene un sentido muy singular del honor, que defiende a los desvalidos, y tiene el valor como enseña principal recorriendo la geografía de la Tierra.
He escrito varios libros juveniles con cierto éxito, publicados por distintas editoriales ANAYA; EVEREST, EDELVIVES, Belcqva, con los que he visitado cientos de centros de enseñanza por toda España. Me gustaría que llegase a ser un personaje popular, aunque ahora las circunstancias sociales no le sean favorables, y se prefiera la moda del antihéroe, hedonista y lleno de ambiciones materiales.
Soy barón de Cotopaxi, un título nobiliario que me concedió la Casa Real de Anjou de Nápoles, en Londres, en 1985, título no registrado por la Diputación de la Grandeza de España, cuando dirigí la expedición al volcán Cotopaxi. La exposición de motivos decía que era un reconocimiento por haber llevado el espíritu de paz y la concordia a la juventud a través de la Naturaleza, a lo largo de más de treinta años de narrar y divulgar mis aventuras. El título lo cedí a mi personaje al que yo siempre he querido parecerme.
¿Es verdad que usted defendió al Tesorero del PP Luis Bárcenas?
Si así fue. Eran muchos contra uno. Y yo soy de formación orteguiana y me puse frente a todos a favor de Bárcenas, persona a quien conozco como alpinista y sé de su honorabilidad.
Publiqué un artículo en EL MUNDO aclarando su categoría montañera y su honestidad como persona. Cuando le declaren inocente encabezaré una reivindicación de su honor ultrajado.
¿Existe el yeti, el hombre de las nieves?
El barón de Cotopaxi lo vio un atardecer en el bosque de Lete, cerca del Kali Gandaki, en Nepal hace 35 años. En mi libro EL LAMA MILAREPA cuento sucesos sobre él.
Yo he estudiado e investigado mucho sobre este ser a través de las leyendas sherpas y de los indudables testimonios de exploradores y científicos a lo largo de todo el siglo XX.
Es, como diría el académico Arsuaga, el investigador de Atapuerca, un “homo antecesor”, que otros paleontólogos califican como un “austrolopitecus robustus”.
Hay testimonios muy recientes sobre él, cuyas huellas han aparecido en Dolpo y Mustang, en el Himalaya. Es una especie cercada por todos los grandes depredadores de la vida como son los hombres civilizados que cazan indiscriminadamente.
¿Pertenece usted a la promoción de Derecho en la que también curso asignaturas el Rey Juan Carlos Iº, en la Universidad Complutense?
Sí. Nos reunimos la promoción en muchas ocasiones. A esa promoción pertenecen muchos personajes conocidos: Gabriel Cisneros, Herrero y R. de Miñón, Ignacio Camuñas, Julián Santamaría, Balbín, además de políticos, abogados, notarios y registradores ilustres.
¿Es verdad que impartió clases de montañismo al Príncipe Don Felipe?
Sí fue un singular honor que me eligieran para dirigir determinados cursos de montaña a su Alteza, gracias a su preceptor Julio de Antón, un estudioso de la juventud.
Creo que el Príncipe no olvidará nunca aquellas experiencias caminando sobre la nieve entre la ventisca, rodeando La Laguna Negra de Urbión, o escalando pequeñas rocas en Candanchú ante la atenta mirada de ayudantes de campo, policías y guardias civiles, o recorriendo Gredos camino del Monasterio de Yuste, acampando en tiendas de fortuna.
Fueron varios años en los que yo contaba mis aventuras y desventuras ante sus Majestades la Reina Sofía y su madre la Reina Federica que acompañaron en algunos cursos al Príncipe y a otros niños que participaban, sin ningún protocolo, a veces sentados sobre el suelo.
Yo introduje también a Jesús González Green y a Félix Rodríguez de la Fuente. Fueron años muy curiosos de los que guardo memoria y que incomprensiblemente no figuran en los anales de su rica formación por motivos desconocidos.
¿En que se parecen el Rey y el Príncipe?
El Rey es afable, afectuoso, y siempre sabe que es el Rey.
El Príncipe ha tenido una formación mucho más variada y singular, entre ellas esos cursos de montaña y aventura, mezclado con niños de insignificancia social, que yo dirigía y asesoraba, que naturalmente debieron dejarle una profunda huella.
Actualmente le he visto escasas veces y siempre bajo el rígido protocolo de la Casa Real. Ya no sé como es, pero de niño era muy educado y obediente.
26 de Septiembre, 2009 a las 19:09
Querido César:
Es la mejor entrevista que te han hecho. Me ha emocionado. Efectivamente, eres un metafísico de la cima; por eso tu obsesión de descender a los volcanes, donde habita el infierno.
Un gran abrazo de,
Jorge Trias
27 de Septiembre, 2009 a las 13:14
Querido Cesar, a través de mi yerno Enrique he sabido de tus andanzas y entre ellas tu presencia encantadora en los cursos programados por la Casa Real y donde me señalas frente a Jesús Quintero como experto en Juventud y preceptor de su Alteza Real, Don Felipe.
Te quedo muy agradecido por el piropo y te deseo de todo corazón los mayores éxitos en la escalada de tu vida personal, junto a los tuyos.
Un amigo de siempre, Julio de Antón.
29 de Septiembre, 2009 a las 16:25
QUERIDO CESAR.
ME HA PARECIDO UNA ENTREVISTA INOLVIDABLE.
LA GUARDARE A BUEN RECAUDO COMO TUS LIBROS .
AUNQUE CREAS QUE VAS CAMBIANDO CON LOS AÑOS , SIGUES SIENDO TU , EL DE SIEMPRE .
ABRAZOS MUY FUERTES .
ANGEL MESAS
30 de Septiembre, 2009 a las 8:47
Ayer 29 disfrutamos contigo en ALCORCON,estuvimos escuchando, reflexioando tus palabras…me/nos encanto. Quede en pasarte nuevamente las preguntas que ya te hice en agosto y que me encantaria recibir tus respuestas. GRACIAS, insisto, fue estupendo
mi dirección es: miguelgil1964@hotmail.com
…..
Yo te quería hacer cuatro preguntas para, y si tú me lo permites, colgarlo en los blogs de AAVV SURAL y de la Asociación Planeta Verde, de la que soy administrador.
Si no lo crees conveniente, no pasa nada, nos vemos cuando vengas y hablamos, pero las preguntas que te quiero hacer son tres:
1.-Sobre Dios, (yo soy creyente) Cesar, para estar en presencia de Dios, para hablar con él, para escucharle, ¿hay que llegar a lo más alto? ¿o tal vez “pisando tierra” sentimos su presencia igual?
2.-Sobre Ecología (soy de los VERDES) Cesar, la madre tierra dicen algunos, se está revelando, otros dicen que la estamos venciendo y se comprueba en el cambio climatico. ¿tú crees que estamos actuando negativamente sobre el medio ambiente?, ¿crees que efectivamente existe dicho cambio climatico?
3.-Sobre asociacionismo (soy de la AAVV SURAL) Cesar, ¿si quieres llegar a… tienes que ir en solitario y rápido? o ¿es preferible ir acompañado aunque sea mas lento?
4.-última pregunta ¿el camino hacia la cima, es como la marcha hacia uno mismo, una ruta en solitario? (Alexandro Gogna)
5.-última: cuando se está en lo alto ¿se tiene vertigo?
Espero me indiques algo.
Muchas gracias por tu tiempo
2. César P. de Tudela dijo:
11 de Septiembre, 2009 a las 17:57
A Miguel Gil de Alcorcon le prometo contestar a todas sus preguntas. Si me dejas tu e-mail lo hago en cuanto pueda. Gracias. CP de T.