En relación con un breve artículo mío publicado el día 17 de agosto en el diario “EL MUNDO”, y anteriormente también en mi Pagina web y blog, querría efectuar, si se me permite, algunas precisiones que la premura de aquellos momentos no me permitieron expresar o que incluso pudieran haberse entendido como un comentario crítico a respetados compañeros de alpinismo.

En él establecía comparaciones relativas a los intentos de rescate que se estaban realizando, con una amplia cobertura mediática, para efectuar un rescate con todos los medios disponibles del alpinista de Huesca  Oscar Pérez, que murió esperando ser salvado, lo que contrastaba abiertamente con la total ausencia de noticias sobre la desaparición, unas semanas antes, en las mismas montañas de Pakistán, en el Gasherbrum II, del alpinista de Alcoy Luis María Barbero.

De su lectura quizás podría deducirse que el espléndido y veterano alpinista Carlos Soria, que se encontraba en el campo base de la montaña, se habría abstenido de intervenir parar intentar, junto a otros compañeros de expedición, el posible rescate de Luis María Barbero, quién había efectuado algunas señales con su linterna, desde unos 7.600 metros, uno o dos días después de haber sido dado por desaparecido.

No tengo dudas sobre la actuación de Soria. Hemos estado juntos en varias operaciones de salvamento y rescate a lo largo de la historia de estos últimos cincuenta años y conozco su experiencia y su buen hacer alpino.

Y si él estimó que no era posible acudir en ayuda de quién efectuaba las posibles señales de socorro, su postura estaría motivada por la imposibilidad climática y por una elemental prudencia de no poner en peligro al resto de sus compañeros. Los rescates en las altas montañas del mundo (Karakorum, Himalaya, Pamir, Hindu-Kusch, Tien-Cham…) no suelen ser realizables y casi siempre las circunstancias los hacen imposibles y con resultados trágicos.

No soy yo quién, desde la distancia, para opinar a este respecto. Y si así lo pareció en mi artículo (EL Mundo, 17 de agosto y mi blog o página web) afirmo ahora de forma expresa que no debería de haberlo hecho y que si así fue no debería ser tenida en cuenta.

Pero también he de significar que el rescate y el salvamento en montaña han sido temas fundamentales en la biografía montañera de mi vida. Y ante el me encuentro muy sensibilizado.

El socorro siempre movilizó mi espíritu y sigo sensibilizado ante esta situación que me parece la “quintaesencia” del gran alpinismo. El movilizarse a favor de un semejante en peligro es la redención que neutraliza esa parte importante de egoísmo, que como contra virtud lleva siempre consigo la práctica del alpinismo.

El salvamento y el rescate purifica abiertamente la “manifiesta sin-razón” de la práctica del alpinismo.
El salvamento es la muestra más sublime del humanismo del alpinismo.

¿Si nos arriesgamos escalando las montañas sin razones inteligentes, cómo no nos vamos a arriesgar, incluso mucho más, por la razón insuperable de salvar a un semejante, cuando además solo nosotros podríamos hacerlo?.

Pero esta filosofía del rescate, en la cual yo me encuentro plenamente inserto, no justifica ese deseo mío, más romántico que práctico, dentro del cual pudo confundirse mi escrito al que hacía referencia.

Para desvirtuar lo que pudiera haberse entendido en ese artículo de EL Mundo y de este blog en desfavor de Soria, digo y escribo una vez más, que rindo mi admiración por Carlos Soria, coetáneo y antiguo compañero de años juveniles, al que considero uno de los mejores alpinistas españoles del siglo XX y uno de los mejores del siglo XXI, realizando una excepcional carrera de “ochomilista” que va dejando relegados a famosos personajes del “Himalayismo mediático .

www.cesarperezdetudela.com

*César P. de Tudela es explorador de montañas y guía de alta montaña.
También es abogado, periodista y Doctor en C. de la Información