Con frecuencia algunos hombres sienten la necesidad de aclarar sus propios pensamientos, sentimientos y sensaciones, lo que ayuda a saber cuál debe ser el camino que hay que seguir. La vida siempre es una continua toma de decisiones.

Tenemos que perdonarnos nuestros errores y perdonar también a nuestros deudores, como dicen las oraciones cristianas. Las circunstancias cambian y el camino de la vida requiere adaptar en cada momento las mejores estrategias, especialmente con el inexorable cumplimiento de los años, para revisar los resultados y mantener las ilusiones y los logros.

Eso me ocurre a mí. Tengo que aclarar mis ideas y por ello escribo. Los pensamientos mientras no se perfilan y expresan no se definen.

Y a partir de hoy deberé aceptar lo que inexorablemente soy sin confundirme ni engañarme.

Hasta hoy mismo me he estado ilusionando con mi juventud. ¿Sigo siendo joven y fuerte que fui y quería seguir siendo? ¿Continuo estando en forma para acometer empresas arriesgadas que requieren las mejores condiciones psíquicas y físicas? ¿Podré llevarlas a buen fin?

He regresado desde las inclementes montañas una vez más a mi casa, probándome en las alturas del Ararat, el bíblico volcán de las montañas de Armenia, Turquía y el Kurdistán,  Tengo por delante un verano en el que la acción va a estar por encima de la reflexión y del descanso. ¿Necesito un descanso transitorio? ¿O incluso un cambio de rumbo?

Cesar Pérez de Tudela

Cesar Pérez de Tudela

Aprendí en mi exigente juventud que solo se descansa cuando ya no se puede más. ¿Todavía puedo? ¿O debo descansar aunque no quiera?

Vengo como decía del monte Ararat, montaña de 5.200 metros que se levanta airosa como un alto cono altivo y aislado en los límites de la vieja Mesopotamia, el mundo de las primeras civilizaciones.

Había aceptado ese pequeño reto de seguir subiendo para indagar sobre el esfuerzo y las noches en la altitud, entre la incomodidad y el cansancio. Quería saber si sigo sintiendo en las noches de la altura la peligrosa asfixia causada por mi corazón debilitado por cincuenta años de caminar hacia arriba, muchas veces escalando peligrosos precipicios. Todavía no me atrevo a deducir conclusiones, pero sé que debo confesarme y aceptar mis errores. También deberé decirme a mí mismo la realidad de lo que soy. ¿Me he estado engañando?

Estoy pensándolo. Y quizás asumir los años que la cronología me impone. Y aceptarlo para no confundirme. También deberé reconocer sin complejos el verdadero estado de mi corazón, esa víscera musculosa afectada por los sinsabores de la dura existencia,  en la que se han ido acumulando heridas y cicatrices.

Estos días deberé pronunciar un pregón en las fiestas de Polanco, en Cantabria. También relataré en una conferencia mis aventuras, anhelos y desventuras en las montañas de la Tierra. Trataré de efectuar algún vuelo en parapente por las montañas asturianas y cántabras, mientras saludo a amigos y me entrevisto con el vice-consejero de Cultura del Principado de Asturias para estudiar si mi libro del Naranjo de Bulnes: “Hechos, mitos y leyendas” podría ser un buen medio de promoción hacia España del turismo de montaña en Asturias.

En agosto marcharé a recorrer un largo glaciar, el Inelchek, en las montañas del Tien Shan del Kyrgyzstan, guiando a mis compañeros del Colegio de Abogados de Madrid.

Inylchek (wikipedia)

Inylchek (wikipedia)

Subiré a primeros de octubre al Atlas con numerosos amigos de la Fundación Barclays, pendientes de su seguridad, tomando las decisiones que las circunstancias aconsejen.

Y al fin decidir si seguidamente, sin tregua alguna, emprendo o no el camino para mí muy esforzado de intentar la escalada del Ama Dablam, la preciosa montaña del Himalaya de Nepal, que sería la compensación a mi fracaso en el Everest, y en algún sentido otra culminación de mis añoranzas e ilusiones, las que me siguen manteniendo vivo y alerta.

Hoy en una entrevista para la televisión “Inter-Economía”, mi presentadora, gentilmente, ha dicho que yo, su invitado, había estado tres veces en el Everest, junto a otras muchas montañas. No me he atrevido a interrumpirla y aclarar que había ciertamente estado en la montaña, pero no había llegado hasta la cima. Esas cimas que constituyen símbolo, pasión y tormento.

¿Deberé rendirme y dejar inconcluso este último anhelo? ¿No sería más inteligente variar mis proyectos? Sé que tengo la obligación conmigo mismo de empezar a narrar con detenimiento y reflexión la multitud de experiencias vividas en estos últimos cincuenta años, en las que he pasado por ellas sin haberlas pensado con la suficiente minuciosidad que requieren tantas sensaciones y experiencias.
He de aceptarme. He de liberarme de mis angustias y mis temores.

Acéptate y te aceptaran ···· Confiesa tus defectos ···· ¿Ser lo que eres es suficiente?