Martes, 18 de Agosto de 2009
Con frecuencia algunos hombres sienten la necesidad de aclarar sus propios pensamientos, sentimientos y sensaciones, lo que ayuda a saber cuál debe ser el camino que hay que seguir. La vida siempre es una continua toma de decisiones.
Tenemos que perdonarnos nuestros errores y perdonar también a nuestros deudores, como dicen las oraciones cristianas. Las circunstancias cambian y el camino de la vida requiere adaptar en cada momento las mejores estrategias, especialmente con el inexorable cumplimiento de los años, para revisar los resultados y mantener las ilusiones y los logros.
Eso me ocurre a mí. Tengo que aclarar mis ideas y por ello escribo. Los pensamientos mientras no se perfilan y expresan no se definen.
Y a partir de hoy deberé aceptar lo que inexorablemente soy sin confundirme ni engañarme.
Hasta hoy mismo me he estado ilusionando con mi juventud. ¿Sigo siendo joven y fuerte que fui y quería seguir siendo? ¿Continuo estando en forma para acometer empresas arriesgadas que requieren las mejores condiciones psíquicas y físicas? ¿Podré llevarlas a buen fin?
He regresado desde las inclementes montañas una vez más a mi casa, probándome en las alturas del Ararat, el bíblico volcán de las montañas de Armenia, Turquía y el Kurdistán, Tengo por delante un verano en el que la acción va a estar por encima de la reflexión y del descanso. ¿Necesito un descanso transitorio? ¿O incluso un cambio de rumbo?
Aprendí en mi exigente juventud que solo se descansa cuando ya no se puede más. ¿Todavía puedo? ¿O debo descansar aunque no quiera?
Vengo como decía del monte Ararat, montaña de 5.200 metros que se levanta airosa como un alto cono altivo y aislado en los límites de la vieja Mesopotamia, el mundo de las primeras civilizaciones.
Había aceptado ese pequeño reto de seguir subiendo para indagar sobre el esfuerzo y las noches en la altitud, entre la incomodidad y el cansancio. Quería saber si sigo sintiendo en las noches de la altura la peligrosa asfixia causada por mi corazón debilitado por cincuenta años de caminar hacia arriba, muchas veces escalando peligrosos precipicios. Todavía no me atrevo a deducir conclusiones, pero sé que debo confesarme y aceptar mis errores. También deberé decirme a mí mismo la realidad de lo que soy. ¿Me he estado engañando?
Estoy pensándolo. Y quizás asumir los años que la cronología me impone. Y aceptarlo para no confundirme. También deberé reconocer sin complejos el verdadero estado de mi corazón, esa víscera musculosa afectada por los sinsabores de la dura existencia, en la que se han ido acumulando heridas y cicatrices.
Estos días deberé pronunciar un pregón en las fiestas de Polanco, en Cantabria. También relataré en una conferencia mis aventuras, anhelos y desventuras en las montañas de la Tierra. Trataré de efectuar algún vuelo en parapente por las montañas asturianas y cántabras, mientras saludo a amigos y me entrevisto con el vice-consejero de Cultura del Principado de Asturias para estudiar si mi libro del Naranjo de Bulnes: “Hechos, mitos y leyendas” podría ser un buen medio de promoción hacia España del turismo de montaña en Asturias.
En agosto marcharé a recorrer un largo glaciar, el Inelchek, en las montañas del Tien Shan del Kyrgyzstan, guiando a mis compañeros del Colegio de Abogados de Madrid.
Subiré a primeros de octubre al Atlas con numerosos amigos de la Fundación Barclays, pendientes de su seguridad, tomando las decisiones que las circunstancias aconsejen.
Y al fin decidir si seguidamente, sin tregua alguna, emprendo o no el camino para mí muy esforzado de intentar la escalada del Ama Dablam, la preciosa montaña del Himalaya de Nepal, que sería la compensación a mi fracaso en el Everest, y en algún sentido otra culminación de mis añoranzas e ilusiones, las que me siguen manteniendo vivo y alerta.
Hoy en una entrevista para la televisión “Inter-Economía”, mi presentadora, gentilmente, ha dicho que yo, su invitado, había estado tres veces en el Everest, junto a otras muchas montañas. No me he atrevido a interrumpirla y aclarar que había ciertamente estado en la montaña, pero no había llegado hasta la cima. Esas cimas que constituyen símbolo, pasión y tormento.
¿Deberé rendirme y dejar inconcluso este último anhelo? ¿No sería más inteligente variar mis proyectos? Sé que tengo la obligación conmigo mismo de empezar a narrar con detenimiento y reflexión la multitud de experiencias vividas en estos últimos cincuenta años, en las que he pasado por ellas sin haberlas pensado con la suficiente minuciosidad que requieren tantas sensaciones y experiencias.
He de aceptarme. He de liberarme de mis angustias y mis temores.
Acéptate y te aceptaran ···· Confiesa tus defectos ···· ¿Ser lo que eres es suficiente?


19 de Agosto, 2009 a las 0:12
Varón.
Leo sus articulos con mucha frecuencia y le sigo en las proezas que realiza, por sus palabras puedo deducir que esta intentando asimilar algo que ronda por su mente.
Humildemente le dire que todos los seres humanos en la vida pasamos por diferentes etapas, alguna buenas, otras mejores y otras malas pero la vida es asi, no hay que desanimarse sino al contrario hay que disfrutar de cada etapa de nuestra vida, algunas veces nos esforzaremos mas y otras menos pero seguiremos adelante, no fuerce la maquinaria que muchas veces el cuerpo es sabio y avisa que tenemos que tener precaución.
Cuando uno es joven de edad no tiene en cuenta la precaucion pero cuando va pasando el tiempo vamos aprendiendo a tenerlo por nuestro bien.
Usted es un referente a seguir no solo por las muchas cosas que sabe sobre la montaña sino por el buen corazón que tiene, se le ve un hombre inteligente, emprendedor, dinamico, generoso, amigo de sus amigos con muchos valores, valores que hoy en dia en nuestra sociedad lamentablemente se van perdiendo poco a poco.
Cuando veo los reportajes por televisión de los montañeros que han perdido la vida por no poder auxiliarlos, pienso que si esto habria pasado con usted no se lo habria pensado dos veces y habria arriesgado su vida por salvar la de los demas y eso no se puede decir de todo el mundo, usted tiene mucha bondad en su corazón y seguramente con estos acontecimientos se ha sentido mal por no poder ayudar como antes, nos pasa a todos a veces podemos y a veces nos es imposible pero la vida sigue, seguramente cuando podia ni se lo pensaba.
Varon usted mejor que nadie sabe lo que es perder a un ser querido en la montaña y estoy segura que no querria que nadie pasara por ello. Dios fue muy generoso al haberla puesto en su camino a Elena y haber tenido la oportunidad de que formara parte de su vida y le dejo el mejor regalo que es Bruno. Disfrutelo.
Asi que no se lamente que usted tambien a ayudado a muchos montañeros y hay mucha gente que le quiere y le conoce y cuando hablan de usted se les pone una sonrisa en la cara, eso es muy bonito y si la gente tiene esas muestras de afecto hacia usted es por que LE CONOCEN.
El libro que lei y me encanto es El Lama Milarepa me gustaria que siga escribiendo libros como este, en el que pone su alma al descubierto y nos describe a la perfeccion todos los acontecimientos con un lenguaje sencillo y de una forma amena que le invita a uno a seguir leyendo, recuerde que usted tiene el secreto de La Eterna Juventud.
La mente es muy importante si usted anhela su juventud SIENTASE JOVEN Y NUNCA DEJARA DE SERLO.
Lo importante no es el aspecto sino el espiritu de juventud que uno tenga y la disposicion que tengamos para seguir adelante.
Las personas que amamos la naturaleza nos cargamos de energia limpia y buena cada vez que estamos cerca de ella y eso es la vitalidad de la eterna juventud. Es un placer poder disfrutar de ella y de la paz que transmite a nuestra alma.
Muchas veces pasamos inadvertidos de las cosas mas simples que al final son las que mas felices nos hacen como salir al campo o compartir con los seres queridos una comida una cena en casa, ayudandonos mutuamente a ser felices dejando el egoismo y el materialismo de lado.
Yo le animo a seguir adelante y a que siga disfrutando de las cosas buenas que la vida le da, por que ella a sido muy generosa con usted y lo seguira siendo por como es usted.
Un afectuoso abrazo.
Silvia.
Recuerde que no todo el mundo a tenido el placer de escalar todas las montañas que usted escalo y por algo le llaman VARON gracias a su esfuerzo, dedicación y constancia. Queremos seguir aprendiendo de usted. MUCHO ANIMO viva el presente y alimentese de todas las cosas buenas que la vida le regala todos los dias. Miguel y yo le admiramos mucho y como el y yo hay muchos que tambien le admiran. Recuerdelo Siempre.
21 de Agosto, 2009 a las 11:36
¡Quieto, César! La salud te ha dado ya un claro aviso. ¿Qué importa el Everest, si has conquistado ya cimas tan duras e importantes como, por ejemplo, las del Eiger y el Lavadero por sus caras norte, y además cuando ni la técnica ni el material de montaña de entonces no habían alcanzado aún los altos niveles de hoy? Otro en tu lugar estaría más que satisfecho con un historial como el tuyo.
Mira,recordado amigo, navegando por esta maravilla de red me encontré con tu blog, y enseguida entré en él para saber de ti. Veo que te va bien, lo cual me alegra. Pero sigues en tus trece de no frenar la marcha, y bien sabes que una parada a tiempo es mejor que perecer en una nueva hazaña, por grande que sea. Reduce la velocidad, tira de los frenos; enseña y enseña a los demás y escribe, no dejes de hacerlo, que la expresión por medio de la palabra puede darte tantas e incluso más satisfacciones que el alpinismo. Sigue el ejemplo del tirolés Reinhold Messner, rey de los ocho mil. Bien sabes que este excelente himalayista supo aparcar su afición en el momento oportuno, y vive hoy feliz, dedicado a la divulgación del montañismo y a la producción de documentales para TV en su Tirol sureño.
Rememoro: Nos reencontramos un día de perros en la Mariña lucense, en un bar solitario. Tú eras el único cliente. Conversabas, a la luz mortecina de un candil, con la dueña del bar. Yo pasaba por allí como ánima en pena, perdido en la tristeza de aquella noche infernal. Entré en la tasca para darme un respiro, buscando amparo en medio de aquella tormenta de viento, rayos y agua, y allí estabas tú, profesor. Ibas a participar en un Clinic nacional de espeleología, con operaciones de rescate en el Cintolo. ¿Te acuerdas? Yo era uno de aquellos espeleólogos. Años más tarde colaboraste en un periódico, y yo, torpemente, te escribí un día confundiéndote con otro César madrileño, con el que había realizado ascensiones en Picos, en La Pedriza y en Guadarrama. Quedamos en caminar juntos por una sierra galaico-leonesa, pero el destino me encadenó a un trabajo sin tregua, y tuve que dejar la montaña para dedicarme en cuerpo y alma a mi nueva ocupación.
En 1998, por ayudar a un amigo en un rappel, machaqué dos discos intervertebrales, y pasé años más tarde de bípode a trípode. Hoy, gracias a la ayuda di mi tercera pata, puedo aún disfrutar de cortos paseos por la montaña, con el apoyo de unos bastones de trekking.
En fin, profesor, como decía Lincoln, lo que verdaderamente importa no son los años de vida, sino la vida de los años, que es lo que permanece, lo imperecedero.
Recuerdos de José Temes.
21 de Agosto, 2009 a las 18:00
Desde luego Cesar, lo difícil que es seguirte la pista. Y yo que quería hacerte un repotaje de fotos en alguna de tus andaduras por la sierra de Madrid.
27 de Agosto, 2009 a las 9:21
¡Pero qué fracaso en el Everest ni que leches! Aquello no fue un fracaso, no fracasaste. Fue un aviso del cuerpo, quizá del alma, para que fueras moderando tu trepidante vida montañera. Yo no estaba allí en persona, pero sí en espíritu. Era el montañero número doce, uno de los organizadores de aquella expedición que sería retransmitida por TV. Por razones de responsabilidad laboral debí renunciar al sueño de mi vida. ¿Te acuerdas de Albino, Félix, Gorito, Chus…? Te tendieron sus manos cuando, en pleno glaciar, el corazón te dio un bocinazo. ¡Qué necesidad tienes ahora de compensar un fracaso que no lo fue! De no ser por esa imprevista dolencia, seguro que hubieras culminado la ascensión del Sagarmatha, de esa hermosa “Frente del Cielo” nepalí. Saludos de José Temes.
3 de Septiembre, 2009 a las 10:22
Gracias amigos por vuestra comprensión hacia mi persona. gracias por leer mis notas.
A Silvia por su carta entrañabley afectuosa. Recuerdos y mis mejores deseos para tí y para Miguel.
A José Temes, un cordial abrazo recordando todas sus ayudas y amistad en mis viajes a Galicia. Seguimos teniendo pendiente una pequeña escalada.
Y a Ernesto de Ciudad Real mis recuerdos muy cordiales. Gracias amigos.
9 de Septiembre, 2009 a las 19:02
Soy un sencillo excursionista, más naturalista que montañero, enamorado de la Cantábrica y del Pirineo. César me ha impresionado siempre, tiene una visión profunda de la naturaleza, del Cosmos y del hombre. Trabajo en campos de la meteorología y la ecología, y la filosofía de César, la lectura de sus escritos, me recuerda la realidad de la naturaleza y de la vida, la observación y el estudio mucho más allá de los modelos matemáticos y als simulaciones de ordenador. César es un magnífico pensador y excelente comunicador, creador de espíritu montañero en personas que a veces no son montañeras. Le deseo mucha suerte en sus reflexiones y en sus aventuaras, pero como amigo desconocido le pido que siga pensando en voz alta y escribiendo sus pensamientos pues sin duda son de una excelente persona. Enhorabuena César.
12 de Septiembre, 2009 a las 12:01
Gracias Juan Antonio por tu carta tan llena de generosidad. Te deseo un futuro lleno de felicidad y buena suerte. Gracias.
CP de T.
29 de Abril, 2010 a las 23:44
Estimado Sr. Perez:
Acabo de leer su artículo en La Razón que me ha impresionado muy positivamente: no sólo por la certeza (que comparto) de su profundo contenido sinó, también, por su bello estilo.
Conozco poco de usted (wikipedia); pero he oído mucho sobre usted. Directamente le he buscado y he encontrado su blog. He leído su artículo (el de arriba) y, desde mi opinión creo ver en usted una mezcla de satisfacción por todo lo conseguido con todo lo que queda por desear hacer (ya planeado) sobre un fondo de angustia flotante…; un flotante…”por qué?”,… “para qué?”,…”…mas?”. Si esta descripción es lo que siente permítame contarle mi experiencia: yo también he escalado “montañas muy altas” (las mías; no las de otros); y hoy a mis 42 años me doy cuenta de que las montañas mas maravillosas que hay en mi vida…son las montañas mas pequeñas.
“Todo en la vida …. tiene su tiempo”.
Saque usted mismo las conclusiones de lo que quiero decirle.
Mis mas cariñoso y afectuoso saludo.
Uno del norte y montañoso León.
Que Dios le bendiga.
29 de Abril, 2010 a las 23:59
¡Ah!, ¡por cierto!, se me olvidaba: no me ha gustado la expresión suya de “fracaso en el Everest”: Señor Perez: supongo que coincidirá conmigo que la “última” montaña “hacia arriba” o “hacia abajo” la escalaremos todos. Esta será la cumbre “mas alta” o el abismo “mas hondo” donde todos, realmente todos -lo queramos o no- tendremos total éxito; así pues le ruego que no considere lo del Everest como un “fracaso”. Si usted es creyente -y creo que sí- se dará cuenta que cualquier ser humano en cuanto hijo de -ni mas ni menos- Dios, ¡….! , no puede fracasar (tomando esta acepción como la suele tomar la mayoría de la gente).
Mis saludos otra vez.