Viernes, 21 de Agosto de 2009
De Luis Bárcenas, el Tesorero Nacional del PP tengo un parecer inmejorable. Es amigo y compañero de montañas de Luis Fraga Egusquiaguirre y conozco parte de sus actividades como alpinista gracias a él.
He coincidido con Bárcenas en algunas ocasiones y creo que es un hombre de estimables valores y gran formación. Sé que es un buen esquiador de montaña. Apenas hace un mes que él y Luis Fraga (un personaje espléndido, de gran formación y de un valor fuera de lo normal a quien le tengo como amigo y conozco desde que tenía 15 años) habían ascendido al Aneto y habían descendido la montaña esquiando, una preciosa actividad.
Bárcenas formó parte de la expedición española al Everest en 1987, que fue un proyecto que ambos (Fraga y Bárcenas) pusieron en marcha. Un proyecto valiente en el que por primera vez llevaron un parapente con el que estaban dispuestos a descender volando de la cima (yo estuve a punto de participar en ella) Fue una expedición muy bien concebida, llevando a alpinistas de distintas regiones españolas, pero en “cordada nacional”, abriendo ruta por la vertiente norte hasta el Couloir Horbein. La denominaron “Vía española”, lo que incomprensiblemente generó algunas suspicacias por parte de quiénes no les gusta el nombre de España. La ruta era indiscutible, paralela a la llamada “Vía Japonesa”.
Bárcenas realiza la actividad alpina casi siempre con Luis Fraga, uno de los más prestigiosos alpinistas españoles, y en estos últimos tiempos han estado ascendiendo al Elbruz, la cima del Caucaso, que también bajaron en esquís, también al monte Olympo y en algunas otras.
Luis Bárcenas me recordó que nos habíamos conocido, alrededor de los años “70” en la preciosa y difícil cima del Segundo Hermanito del circo de Gredos, solo reservada a los buenos escaladores. De eso hace muchos años.
Bárcenas es un hombre serio que sabe concebir muy bien sus actividades de montaña. Recuerdo que me contó su última ascensión al Mont Blanc, que a pesar de lo que puedan decir sigue siendo una gran montaña. Bárcenas subió solo, lo que indica su preparación, pernoctando para irse aclimatando prudentemente, en los distintos refugios de la vertiente francesa.
Para mí Bárcenas es un alpinista impecable en su actividad a quien tengo en inmejorable estima y a quien deseo que cuando terminen estos juicios alguien organice una “rehabilitación de su honor”, una institución muy justa existente en el viejo Derecho Romano que desgraciadamente no es nada frecuente en las costumbre actual.
26 de Agosto, 2009 a las 9:09
Estimado César.
Soy seguidor de su blog casi desde sus comienzos, y admirador suyo desde que, siendo yo bastante pequeño, ya me llamaban la atención las noticas sobre ese joven español que escalaba montañas.
Respecto al tema que trata en su entrada de hoy, quería comentar que compruebo que afortunadamente aún hay personas que no juzgan a otras personas por lo que dicen en los diarios de cierto “país”, y le agradezco profundamente que nos intente dar una visión de Luis Bárcenas desde un punto de vista que aún no había presentado nadie: el humano.
Porque creo que en la Montaña es donde los hombres sacan todo lo humano que llevan dentro, todo: Lo bueno y lo malo, grandezas y miserias…
Y, precisamente por eso,la Montaña hace más humanos a los hombres que se atreven a tratarla de tú a tú.
Respecto al Sr. Bárcenas, no se si será culpable o no. No es a mí a quien toca decidirlo, pero tampoco a periodístas, políticos… No soy “del” PP pero tampoco “del” PSOE. Francamente, pienso que muchos políticos no dan la talla, pero que hay algunos que la dan y la superan.
Respecto al juicio mediático al que está siendo sometido, simplemente recuerdo una frase que dijo un Señor hace unos 2.000 años: “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”
Sólo pretendía reflexionar en voz alta sobre el tema que ocupa este artículo, y de paso expresar mi más profunda admiración para con quien haya intentando subir a una montaña, mayor o menor, a la media de sus posibilidades, y mi añoranza de esa sensación indescriptible que se tiene cuando, superados los últimos metros, se hace cumbre, se da un abrazo al compañero de cordada y se contempla el mundo desde arriba.
Un abrazo.