Martes, 21 de Julio de 2009
La Caldera de Lubá es el cráter de un gran volcán extinto. Se sitúa en la isla de Bioko, antes Santa Isabel, en la antigua Guinea española hoy Guinea Ecuatorial. Había oído hablar de Lubá, o San Carlos como se llamaba antes, desde hace más de cuarenta años como uno de los parajes más interesantes de la geografía, todavía poco explorado.
Alrededor del año 2000, no recuerdo bien, fui invitado a recorrer aquellos singulares parajes de los que tanto había oído hablar. Guinea era un precioso país en el que España estaba permanentemente presente.
Realizamos a petición de las autoridades una larga entrevista en la televisión de Malabo, la capital, en la que tuvimos que contar cual era el motivo de nuestro viaje. Yo fui presentado muy galantemente como uno de los exploradores españoles más activos y experimentados. Dijimos que nos dirigíamos a la Caldera de Lubá, antes llamada de San Carlos. La entrevista tuvo una gran resonancia y la gente nos saludaba por todas partes diciéndonos que nos había visto y que era muy interesante nuestro objetivo.
Con los permisos oportunos, a pesar de ser una invitación del gobierno, nos dirigimos hacia San Carlos, hospedándonos en la costa, en el antiguo club náutico, en donde presenciamos la impresionante belleza de un tifón nocturno. A la mañana siguiente llegamos a la aldea de Ruiche, en donde mientras las mujeres machacaban la palma para hacer aceite, tres jóvenes de la localidad nos propusieron acompañarnos como guías hasta el vértice del volcán, es decir la cima del San Carlos, hoy Lubá.
La caminata entre la selva fue larga y dura, siendo como es natural incómoda por tantos insectos que pican y hormigas que se suben por las piernas aunque estas puedan estar bien protegidas. A mitad de camino mi amigo Vicente Martínez Marquez decidió darse la vuelta y esperarnos en el pueblo de Ruiche, mientras Angel Ortiz, uno de los famosos escaladores murcianos y yo proseguíamos la ascensión.
La exploración de la Caldera de Lubá
En la cima existía todavía un vértice geodésico de los tiempos en los que la Guinea era una provincia de España, y allí nos hicimos una foto histórica. Incluso yo me descolgué algunos metros para tratar de vislumbrar el largo descenso que sabía que desde allí se abría, entre una tupida vegetación, hasta el fondo de la Caldera. Con esa información tenía suficiente para preparar con tiempo una expedición posterior.
Regresamos de noche enredándonos entre la inevitable vegetación tropical, muy exuberante en aquella vertiente de la montaña. Los dos jóvenes guineanos que nos acompañaban nos animaban a que fuéramos bajando cada vez más rápidos, muy temerosos de tener que pasar la noche perdidos en la selva sin ninguna protección. No supieron explicarme el “por qué” de su temor tan acentuado.
Antes de llegar a Ruiche vimos cómo venían en nuestra búsqueda varios pobladores llevando en la mano para alumbrarse unas lámparas (botellas de cerveza con gasoil y una mecha) Nuestro compañero Vicente les había alertado y salieron en nuestra ayuda. Aquella noche vivimos una preciosa velada en la que cantamos viejas melodías españolas con nuestros improvisados amigos, los que llenos de alegría celebraban el recuerdo de cuando España era también su país. Bebimos muchas cervezas en sus humildes cabañas que al final pago el enlace del gobierno guineano.
Días después decidimos visitar el interior de la Caldera. Para ello partimos del puerto de San Carlos en un cayuco y fuimos bordeando la costa llena de acantilados para penetrar en la única playa existente entre la llamada Punta Owen y Punta Oscura. Fue una difícil travesía por un mar que cada vez se encrespaba más y que nos forzó a un precioso desembarco en el que tuvimos que tirarnos al mar para que el cayuco sin peso pudiera llegar a la playa.
En la playa encontramos cientos de enormes cangrejos, alguna tortuga sobreviviente y miles de cucarachas que asaltaban nuestras pertenencias y equipos, que nos restaron tranquilidad en el sueño de la noche.
A la mañana siguiente, desde el amanecer, más de una docena de vecinos del pueblo de Moka, a unos diez o doce kilómetros de distancia, habían venido a visitarnos y estaban esperando que nos levantáramos. Vicente les convenció de que no éramos cazadores, ni depredadores de monos, tortugas o iguanas, sino una expedición española de exploración. Les convenció y se quedaron allí mirándonos.
Angel Ortiz, al que años atrás en el Himalaya bauticé con el nombre del sherpa blanco, y el qué escribe, junto a dos ayudantes negros, emprendimos el camino de la Caldera. Recorrimos la playa hasta la llamada Punta del Misterio y atravesando el barranco del mismo nombre llegamos al río Tudela, al lado de la Punta Tudela, hoy conocido como río Olé y por el fondo del cauce y más adelante por la ribera izquierda, derecha geográfica, nos fuimos adentrando en la misteriosa Caldera.
Mi intención era efectuar un conocimiento del terreno para en otra ocasión realizar la travesía completa de la Caldera de Lubá, descendiendo desde la cima del volcán al fondo de la misma y volviendo a salir por el mar.
¿Cuál era mi interés exploratorio?
Mi interés era el de un explorador. Abrir camino, explorar, contar después como periodista la aventura, pero sobre todo, quería desentrañar ese misterio que los nativos atribuían a la Caldera y en el cual creían. Decían que allí estaba el dios Moribó, y en su recuerdo y en su honor vertían algunos líquidos valiosos en la tierra o en las aguas vecinas de la playa. A Moribó no había que enojarle. Pero lo que a mí me interesaba más eran las viejas creencias de que allí en esa caldera volcánica, casi totalmente cerrada al exterior, pudiesen existir esos cementerios de pigmeos (los primitivos bubis guineanos, eran descendientes de pigmeos primitivos) y lo que podría ser más fantástico, el que hubieran pervivido algunas familias en el interior a lo largo de este último siglo. Ese era mi fantástico objetivo. Solo hacía unos meses que se había descubierto el hombre de la Isla de Flores en una cueva oculta en las selvas. Los científicos, siempre tan racionalistas, no hacían caso de las leyendas del lugar que hablaban de ese hombrecito primitivo cuyos restos habían sido hallados.
Ese era el objetivo de mi expedición, y para ello tenía que atravesar esa caldera de cinco kilómetros de diámetro y esperar varios días en su interior para ver por mí mismo lo que allí estuviera, además de los monos mandriles y de tantas otras.
Las expediciones anteriores
Naturalmente que ni mi compañero ni yo éramos los primeros en penetrar en ella. Yo había leído cuantos relatos pude hallar y me constaba que varias expediciones de españoles residentes en la Guinea habían explorador su interior con mayor o menor minuciosidad. Concretamente conocía las expediciones del periodista y locutor de RNE Jiménez Marhuenda acompañado de García Sastre, Atik y otros, habiendo leído sus escritos publicados en revistas de los años 50 y 60 del siglo XX.
A los primeros exploradores siempre hay que concederles el honor que les corresponde. Ignorarlos es faltarles al respeto. Además de faltar al rigor de la verdad en donde se fundamenta toda investigación. ¿Sin pretender buscar la verdad como se va a construir la ciencia?
También me preocupe de conocer que existían varias expediciones norteamericanas de la universidad de Pensilvania o de Philadelphia que hacía varios años investigaban sobre los monos mandriles junto a otros muchos seres desconocidos.
La expedición de la Universidad Politécnica de Madrid del año 2005.
Todavía no he podido regresar a la Caldera de Lubá, ya que siempre tengo otras expediciones que atender, otros retos de ascensiones o escaladas…
Pero en el año 2005 la Universidad Politécnica de Madrid organizó una expedición a la Caldera de Lubá. El director de aquella expedición declaró a los medios que quisieron escucharle, y a la misma Universidad Politécnica de Madrid de la que era profesor, que había sido el primer hombre que había llegado al interior de la Caldera.
Dicha falsa y presuntuosa afirmación que fue publicada en el Diario El País de Madrid con destacados titulares y caracteres causó el estupor y la indignación de algunos predecesores, como eran los sobrevivientes guineanos españoles de los tiempos de la colonia. Y también motivó airadas y documentadas protestas de las universidades norteamericanas mencionadas, de sus científicos y de sus reporteros.
El diario El País nunca publicó ninguna rectificación, lo que no es buen síntoma de objetividad periodística.
Y el que esto escribe tampoco dijo nunca nada al respecto. Ni siquiera dejó constancia de su exploración, salvo algún comentario radiofónico o algún artículo o reportaje breve en alguna revista, ocupado en otros proyectos, libros y entrenamientos.
Pero ahora que he recordado el tema de la Caldera de Lubá, antes Caldera de San Carlos, he de confesarles que yo fui quien inspiró a ese profesor universitario de la Escuela de Ingenieros Forestales de la Universidad Politécnica de Madrid en ese proyecto. Yo le conté, respondiendo amablemente a sus repetidas peticiones, mis experiencias. Le expliqué como era el terreno, lo que habría que descender y que equipamiento sería necesario para plantear una nueva expedición como la que yo había realizado.
El profesor no estuvo a la altura de la investigación científica y silenció a sus mentores, ocultando nuestros nombres, el de todos cuantos le precedimos para aumentar su protagonismo cometiendo una falta importante para con la universidad, la investigación y la ciencia, que siempre exige el rigor y la veracidad como elementos esenciales…
¿Cómo se va a investigar la verdad si la ocultamos?
Sí el Everest me deja tranquilo, el Ama Dablam no inquieta mis sueños, ni en el Ararat no encuentro el Arca de Noé, prometo que regresaré a la Caldera de Lubá, y aunque tenga que soportar las centenares de picaduras más diversas, trataré de indagar si allí están o allí estuvieron, esos pigmeos misteriosos que prefirieron las intrincadas selvas antes que la crueldad y el desprecio de otras razas más fuertes y más evolucionadas.
23 de Julio, 2009 a las 18:18
Querido Cesar.
Supongo que no te sorprende a estas alturas el alma humana, no?
Te propongo un tema para tu nuevo post. Imagina que tienes 30 años menos, tiempo y dinero. Donde irias? No se facil, eh? Pero donde irias con tiempo por delante. En que proyecto te embarcarias. En ese hipotetico viaje de 30 años recuerda aterrizar en el 2009. Donde estan en tu opinion hoy la aventura y la exploracion.
Un abrazo
José
24 de Julio, 2009 a las 20:20
Me parece increible esta historia Cesar, no la conocía. Muchas gracias por ponerme al corriente.
20 de Diciembre, 2009 a las 15:15
Admirado Cesar:
No habia visto esta entrada hasta hoy.
Te “conozco” desde hace incontables años, através de la TVE, y lo que afirmas en tu texto me cuadra con la idea que tenía de ti, eres un excelete ser humano.
Yo fui el promotor del aluvión de protestas en España, por la patraña del señor Ignacio Martín y su fiasco de expedición. Soy antiguo residente en Guinea y no quise que el honor de todas las gentes que allí vivieron, fuera aplastado por semejante individuo. Un cariñoso saludo y espero que no caiga en saco roto tu intención de una expedición española “seria”, de la Caldera de Luba. Guinea, los españoles que allí vivimos, y la propia Caldera, se lo merecen.
3 de Octubre, 2010 a las 20:30
Hola Cesar,yo estuve allí en los 80 y ya se sabía que en los 60 bajaron varios españoles. Lo de ElPais es vergonzoso y al Ignacio Martín ese lo dejaba yo en el paro por mentiroso. Un saludo y me tienes para lo que quieras.
21 de Junio, 2011 a las 20:05
Cesar, he leído su artículo sobre la Caldera de Lubá pero he precisar lo siguiente:
1.- Santa Isabel no es el antiguo nombre de Bioko. El nombre antiguo de Bioko es Fernando Poo. Sana Isabel es el actual Malabo, capital de Guinea Ecuatorial.
2.- Los Bubis primitivos no son descendientes de pigmeos. Los Bubis son originarios de las bocas de ogogüe (Camerún)y llegaron a la isla en cuatro migraciones,
26 de Diciembre, 2011 a las 16:43
me parece que por mas facinante e interesante que paresca deberiamos conservar ciertos lugares como Luba sin ser descubiertos o bien explorados. Ya que lo mejor es el misterio virgen , un misterio que quede entre leyendas y nada mas…..