Reconozco que la suerte me ha acompañado alguna vez. He llevado hasta hoy mismo una vida que a mí también me entusiasma. No he escatimado esfuerzos. Tampoco he dejado el puesto de más peligro y lo he asumido siempre. He podido y querido aprovechar las oportunidades sin ser un oportunista. He respetado a los demás, y a veces el éxito ha estado junto a mí, entre numerosos e inevitables fracasos.

Durante muchos años varios amigos alpinistas desconocidos del gran público y de los medios de información, me han estado recriminando mi aparición en televisiones, radios y periódicos, diciéndome que ellos no eran como yo.

Qué ellos realizaban alpinismo y escalada solo para su natural satisfacción, y que no les interesaba nada salir en los diarios, conceder entrevistas y hacerse conocidos. Siempre efectuaron una permanente crítica hacia mí persona, critica qué  en alguna ocasión histórica, ya gratamente superada, llegó  incluso a ser hostil.

Naturalmente yo nunca les hice caso. Y en alguna que otra ocasión les explicaba que por circunstancias de la vida mi nombre se había hecho famoso, hace más de cuarenta años, cuando acudía presuroso a las situaciones urgentes y dramáticas de los rescates, en mis apariciones en programas de televisión que tuvieron éxito, por lo que no podía negarme si me solicitan una entrevista.

Además yo soy periodista y como tal he tenido que escribir cientos de artículos y reportajes en los que he narrado mis propias experiencias, he tenido programas de radio y de televisión contando mis exploraciones y escaladas, siendo uno de los iniciadores y divulgadores del moderno montañismo, alpinismo y aventura en España.

Y así muchos cientos de miles de españoles, por no decir millones, saben que mis programas, mis reportajes, mis conferencias y mis numerosos libros, han contribuido a despertar vocaciones por estas andanzas de la montaña y del alpinismo, ayudando a enseñar a esta sociedad otros importantes aspectos de la vida.

Cada uno tiene su papel. Y este ha sido y será mi actividad fundamental, contar mis peripecias, despertar el afán de la aventura, mostrar los aspectos transcendentes del alpinismo. Y para ello tuve que ir abandonando otras profesiones que también me interesaban, tales como el ejercicio del Derecho y el mismo periodismo activo como enviado en guerras o mi trabajo en la Policía o en el Dirección de Protección Civil del Estado español.

Lo que resulta curioso es que aquel y aquellos que me inculparon tanto mis deseos de ser famoso- que realmente nunca tuve- y que en cuanto pude me fui apartando de los brillos que la fama conlleva- (es posible que superara mi cuota de vanidad en tantos años), él y ellos, los que más me recriminaron la fama, han sido los que más la han buscado en cuanto han podido seguir realizando escaladas y alpinismo de verdadera importancia.  Es decir han tratado de seguir mis pasos saliendo en periódicos, solicitando entrevistas y divulgando sus actividades. No debo citar nombres. Es solo un comentario de cómo es la vida.

¿Los que más nos criticaron eran aquellos que más deseos tenían de ser lo que fuimos?.

Estos días previos a mi decisión de volver al Everest pienso que debería decirlo a algún medio, pero les confieso que estoy tan preocupado con mi inminente aventura que no tengo ganas. Trataré de cumplir los compromisos adquiridos con la COPE, con Juanma Rodríguez, quizás enviaré alguna crónica al Abc y al Marca y espero que poco más. Ya escribiré a mi regreso, tanto si tengo éxito como si fracaso.

Me voy preocupado en descifrar un poco más el misterio del alpinismo, para saber bien que es lo que mueve al hombre ante los peligros, para saber algo más sobre mí mismo y con ello de los demás.

El Everest por el Tíbet.

No está claro tampoco este año, si China va a permitir escalar el Chomolungma –Everest- por la vertiente tibetana que es a la que yo quiero dirigirme. He recibido mensajes contradictorios y no sé bien a qué atenerme. Sea como sea no puedo esperar, añadiendo un año más a mi cronología ya de por sí discretamente avanzada. Qué sea lo que Dios quiera.

La escalada al Everest por el Tíbet es muy diferente a la de la vertiente del Nepal. Por el Tíbet, es decir por el collado Norte, es por donde se intentó en las primeras expediciones y en donde cerca ya de la cima desaparecieron Mallory y su compañero Irvin.

La primera ascensión y la mayor parte de las actuales escaladas del Everest –Chomolugma- se realizan desde Nepal por el glaciar de Khumbu –verdadero  y peligroso obstáculo- valle del Silencio- pared del Lhotse, collado sur y arista final con el escalón Hillary a la cima.

Por el Tíbet el camino es desértico y duro. Desde Khodari a Zhagmu y a Nyalam pasando el collado de Lalung La a 5.100 metros, siendo adecuado quedarse unos días en Nyalam antes de llegar a la aldea de Tengri para irse aclimatando. Después del monasterio de Rongbuk a 5.150 metros se llega al campamento base. La marcha de aproximación al campamento base avanzado es dura y desapacible a lo largo de casi 18 kilómetros siguiendo el glaciar hasta los 6.400 metros, bajo el collado norte. Allí comienza la escalada y el gran deterioro muscular. Es una brusca ascensión hasta alcanzar la arista nordeste, y seguir casi dos kilómetros por encima de los 8.300 metros, superando los mayores obstáculos (la escalada del Primero y Segundo Escalón, tramos rocosos con dificultad variable) y tres campamentos por encima de los 7.000 metros, qué con condiciones poco favorables convierte la ascensión en muy peligrosa para la vida. El riesgo es alto. Pérdida de peso espectacular, desnutrición, el esfuerzo muy penoso, y esa alarmante baja cifra de oxígeno en sangre, la que indica que hay que ingresar al enfermo en la UVI y suministrarle respiración artificial, y allí es imposible. Y a cada paso hacer ocho o diez respiraciones, la mente embotada y la cardiopatía presente. Hipotermia, afasia, ataxia y desprendimientos de retina, congelación de la córnea por el viento, son algunos de los peligros ciertos que hay que tratar de superar. Es mejor saber lo que puede ocurrir para tratar de prevenir a tiempo. Yo he tenido ya, en esta larga existencia, que experimentar él sufrimiento de estos duros trances.

Si son tantos los riesgos, los esfuerzos y las incomodidades extremas…

¿Qué compensaciones esperan?

Ya se las contaré. Sí es que tuviera el privilegio de alcanzar esa cima creo que veré la confluencia de mi pasado con mí presente y con mí futuro; Es posible que logre ver también esa luz que iluminara más aún el camino de la vida, y el descenso de la montaña, que ojala, Dios así lo quiera, no tenga nada que ver con ese porcentaje trágico del 20 % que no consigue bajar tras llegar a la cumbre. Ya se lo dije a ustedes alguno de estos pasados días. Para afrontar lo que parece imposible es preciso estar dispuesto al sufrimiento.

Una verdadera aventura es aquella que no sabes si podrás realizar. La vida solo es una gran peripecia. Así lo he tenido presente en estos 50 y tantos años de permanente pasión por las cimas de la vida, sufriendo casi todos los riesgos que he ido mencionado.

Tampoco quiero convencer a nadie más. Ya lo hice hace ahora casi 40 años, en la televisión única en blanco y negro. Pregunten  a sus padres y a sus abuelos. Fue una misión memorable que bien mereció el esfuerzo.

Gracias una vez más. cesarperezdetudela.com