Lunes, 16 de Marzo de 2009
Este invierno ha sido más frío en las montañas españolas; y con nevadas más frecuentes e intensas que en los pasados años.
Curiosamente casi todo lo contrario de lo prescrito para estas latitudes por los científicos del cambio climático. A causa de ello hemos tenido más avalanchas de nieve reciente y también la formación de sólidas placas de hielo. Tanto las unas como las otras han sido causas de varios accidentes mortales.
Dos montañeros cayeron en los canalizos centrales de los Cabezas de Hierro. Otro montañero fue sepultado por la caída de un tramo de la cornisa de Peñalara. Han intervenido en numerosas ocasiones los grupos de rescate, en Guadarrama y en las grandes montañas de los Pirineos, en accidentes e incidentes de la misma o parecida índole.
Es lo normal, teniendo en cuenta el número cada vez más creciente de aficionados al alpinismo y al esquí fuera de pista.
Pero entre todos los accidentes ocurridos me interesó la muerte del teólogo y filósofo Doctor Pablo Domínguez, decano de la Facultad de Teología San Dámaso de Madrid. Más que por el accidente en sí por la personalidad del teólogo alpinista.
Me hubiera gustado conversar con él sobre sus experiencias en las montañas. Haberle pedido que me contara sus aventuras, preguntándole tantas curiosidades filosóficas que el alpinismo entraña como pocas actividades del hombre.
La montaña es como una verdad revelada y no deja nunca al hombre sin respuestas a las llamadas del alma.
Pablo Domínguez había acudido a Tarazona, bajo el Moncayo, para dirigir un seminario de espiritualidad a las monjas trapenses de Tulebras. Al ver el Moncayo tan nevado decidió ascenderlo sintiendo el reto del esfuerzo en la belleza de la naturaleza.
Alcanzaron la cima, él y Sara su compañera en la ascensión, después de cuatro horas. En la bajada alguno de los dos resbaló, o tropezó con los mismos crampones para el hielo como es a veces muy frecuente; uno debió arrastrar al otro, o al tratar de evitar la caída de uno cayeron los dos. Lo único cierto es que ambos cayeron por el hielo estrellándose contra una roca que les causó la muerte.
Un accidente normal. Todavía recuerdo la tragedia del Moncayo, a mediados de los “ochenta”. Acudí enviado por la Protección Civil del Estado. Varios muertos a causa del frío del viento y del hielo. Todos del club de montaña del mismo Tarazona.
Los cuerpos rígidos hallados tras la larga caída, con una expresión pérdida.
¿La vida estaba ya escrita?
¿La vida es verdaderamente ese drama, que decía Ortega, tanto en el nacimiento como en la muerte?
¿El último destino del alma? ¿Hay almas inmortales? ¿Podrían existir almas perecederas, según las vidas?
-La vida es pervivencia, superación del instante, continuar hacia el más allá del ahora. Vivir para caminar hacia el horizonte, que siempre es el futuro.
-La terrible seriedad de la vida en el afán inexorable de buscarse a sí mismo. De vivir al servicio de nuestra vocación.
Todas estas preguntas y también estas respuestas han surgido del hecho de la muerte del filósofo alpinista Pablo Domínguez, en el Moncayo, del que el Obispo de Tarazona dijo:
“Pablo es ya una realidad definitiva. Sólo en Dios se ilumina el misterio de la muerte”.
21 de Marzo, 2009 a las 20:24
Yo particularmente creo que la muerte es el fin por el que vivimos, no hay vuelta tras ella, produce temor estar, o creer que se esta en algún momento frente a ella, produce satisfacción, felicidad, incluso creo que bienestar sortearla, jugar en la cercania de ella, incluso en algunos casos combatir contra ella y salir vencedor. Pero claro vencedor de una batalla simplemente, pues esta claro que la guerra contra ella esta perdida de antemano. Me gusta pensar que la muerte no me espera en algún lugar ya definido, me da miedo pensar que la muerte va a robarme la posibilidad de seguir viendo como crecen mis hijos, no poder disfrutar de mis familiares y amigos….por otra parte me gusta de vez en cuando negociar con ella, ponerme un poco a prueba, pues estar cerca de la muerte enriquece el resto de mi vida. Pienso que mi temor no esta en que busque, facilite, situaciones en las que superarme a mi mismo ponga en peligro mi vida, mi temor es que la muerte me acorrale en forma de enfermedad. De todos modos como dijo Gandhi -“El nacimiento y la muerte no son dos estados distintos, sino dos aspectos del mismo estado”-.
De todos modos llevo mucho tiempo teniendo mas miedo a la vida que a la muerte.
Cada vez queda menos para tu aventura en el Himalaya.
Deseo que te encuentres pleno de fuerza, con ganas de disfrutar sufriendo y disfrutando de la compañía que lleves.
Un abrazo, Juan Carlos.
25 de Marzo, 2009 a las 10:11
Muchas Gracias por tus consideraciones, Juan Carlos, que siempre son muy interesantes y especialmente por tus buenos deseos.CP de Tudela
25 de Marzo, 2009 a las 20:41
La muerte es una boda.