Jueves, 5 de Marzo de 2009
Algo de lo que recuerdo que dije en la conferencia de la Real Academia de Doctores de España. 21. 1.2009
Categoría Noticias y ComentariosGracias por permitir enviaros mi mensaje.
Ser doctor es importante, porque entraña investigación, objetividad, rigor, experiencia, estudio y método, haciendo que las actividades y los juicios sobre la vida, aún al margen de lo universitario sean más ciertas y rigurosas. Doctor en la vida, ante los demás, en las conferencias, en los escritos y en el comportamiento de cada día en relación a los otros. ¿Acercarse a la sabiduría? ¿Aproximarse a la bondad?
¿Qué hace un explorador alpinista en la Academia por excelencia? Contar sus vivencias. Yo persigo la vivencia. Ortega. La Real Academia de Doctores pretende ser una nueva “Enciclopedia” relacionando los conocimientos y procurando ese entendimiento esencial para el saber.
Mis vivencias son diversas para un fiel perseguidor del misterio de la conciencia. Experiencias en las montañas, en la Policía española, en los rescates y salvamentos, en el estudio del Derecho de la montaña, en la Protección Civil de España gestionando las grandes catástrofes de la década de los “80”, experiencias en las guerras como Vietnam, Malvinas, sucesos como la Marcha Verde étc…
Las montañas son para mí, de todo lo vivido, el mundo interdisciplinar más completo. ¿Mística más que deporte?
Esfuerzo denodado, frío, incomodidad, riesgo, valor, miedo, lucha ascética, casi religiosa, símbolo de redención de nuestra personal pequeñez, engrandecimiento del alma, expansión de la conciencia, buscando la verdad de sí mismo y por extensión de todos los semejantes. Camino hacia arriba. Superación de cansancios para alcanzar la paz, que es el premio de la redención y purificación.
Las montañas son la unión real de la Tierra con lo alto. De las montañas bajan las aguas. De las montañas desciende la espiritualidad y el nacimiento de las religiones, el culto, la primera cultura de los pueblos:
Ararat, Sinai, Baal Hermon, Gólgota, Himavat, Kailas, Meru, Fuji Yama, Andes…
El alpinismo nos enseña la vida tal como es: irracional y trascendente. ¿Es razonable la vida? ¿Es razonable Dios? ¿El amor se rige por la razón? ¿Es razonable el alpinismo? ¿Importa más la razón que el sentimiento?
La emoción es rápida, cálida, segura y resuelta.
La razón es fría, lenta y nunca infalible.
En las montañas he sentido más, me he arriesgado, he salvado la vida, la mía y la de otros, he llegado al límite y he conseguido regresar. Si quisiéramos encontrar otra actividad similar sería difícil de hallar. El alpinismo de exploración es curiosidad, anhelo, superación, equilibrio, humildad, intuición y por encima de todo anhelo de espiritualidad mística. No es un deporte al uso, es una conducta ascendente. Por ello he estimado que debería contarles algunas vivencias en mi vida de explorador comenzando por el principio.
Es la primera vez en la historia en las que un deportista, o clasificado por esta sociedad como tal, Medalla de Oro de la Real Orden al Mérito Deportivo, con el tratamiento de Ilmo. Sr., comparece en una Real Academia para hablar de un tema que tradicional y muy erróneamente no está considerado estrictamente cultural o científico.
El alpinismo lleva dos siglos de historia como tal actividad en su sentido más estricto. Doscientos años de de fracasos, de cansancios, de luchas extraordinarias del hombre contra sus debilidades, de sufrimientos para alcanzar la belleza y descubrir lo que somos en su esencia. Doscientos años en pos del conocimiento esencial: la conciencia del alma, el desarrollo de la mística, la búsqueda del espíritu exprimiendo todas las facultades del cuerpo y utilizando la materialidad corporal para espiritualizarla.
La existencia al encuentro con la esencia.
Permitirme el recuerdo de Eduardo Aunós, presidente de esta Real Academia, ex ministro, por quién tengo una especial atención: El escribió en 1964 y debo dejar aquí constancia:
“El extraordinario poder de la montaña, verdaderamente trascendente, es su poder liberatorio, por ser ésta la morada de la espiritualidad. Allí encontramos el espejo de nuestra realidad, de nuestro yo y de nuestra esencia misma”.
Aquí, admirados compañeros de esta Real Academia, todos sois -y debemos así reconocerlo, además de ilustres doctores, catedráticos, investigadores- siempre alumnos de la vida en la permanente humildad de aprendizaje en pos de ese conocimiento que tantas veces se nos escapa por mucho rigor científico que se emplee, como dijo Wittgenstein, siempre demasiado subjetivo, que incide en el error.
Conclusiones.
Subir garantizaba recibir información experimentando una epifanía espiritual y artística.
Tengo una gran fe en el poder espiritual de las montañas. Un ejemplo que nunca la sociedad, siempre muy materializada, ha tratado de ocultar.
Otorgar a la vida un sentido infinito.
“Ir más allá, más alto sosteniéndose por encima de la nada”.
“Quiero enseñar a los hombres el sentido de su existencia”.
“Alguien tendrá que elevarse para decir a los demás lo que no ven”.
“Allí en donde está el peligro nace también lo que salva”.
6 de Marzo, 2009 a las 0:25
Enhorabuena, yo me dedico a la filosofía y tu pasión por Ortega me gusta. Te sigo con gusto y la expresión HORIZONTES VERTICALES me parece genial! Desde mexico un abrazo! Agustín
7 de Marzo, 2009 a las 15:47
Don César, enséñenos, por favor, el sentido de la existencia a través del Camino de las Montañas.
La experiencia de ascender montañas me recuerda a pasar los 40 días en el desierto, para purificarse, para encontrarse consigo mismo. Y para luego regresar a la realidad enriquecido, fortalecido.
He convivido con monjes egipcios (coptos), tanto en el monasterio de Al Baramus (entre Cairo y Alejandría) como en los monasterios de San Pablo y San Antonio (cerca del Mar Rojo), para quienes el desierto es como para Usted las montañas.
Pero ellos tienen la ventaja de la soledad absoluta. Allí al desierto no van curiosos, record-men, turistas, y demás aficionados para quienes las montañas son solo moles de piedra sin vida y que las ascienden para hacerse famosillos, o para su sustento económico gracias a lucir camisetas de firmas comerciales, tipo mercenarios.
El monje del desierto es como el sadhu que habita las cuevas del Himalaya, o como los verdaderos alpinistas, como Don César, para quienes las montañas son templos que te enseñan el Camino hacia tu interior.
13 de Marzo, 2009 a las 13:05
Hola, César:
Si consigo acabar el doctorado algun día, prometo ir a escuchar sus conferencias en la Academia, porque son auténticas clases de filosofía.
Debe ser ese carácter de poner al límite al ser humano tanto física como mentalmente lo que hace que la vivencia de la montaña (una vía del conocimiento) lleve a la liberación del espíritu.
Pero eso, claro, únicamente puede lograrse a través de la experiencia. Gracias por transmitirnos la suya.
Un abrazo, María del Mar.
13 de Marzo, 2009 a las 17:57
“Fracaso, no significa derrota, significa simplemente que todavía no hemos tenido éxito.”
La cima es secundaria en tu viaje al Everest, como lo fue en el Eiger, Urriellu, etc., Te diriges a por otra gran viviencia, otra gran aventura, con el deber principal de volver con todas ellas, con fuerza y ganas de volver a deleitarnos con el relato.
Si precisamente destacaria algo de ti Cesar, es que en tus libros, tus narraciones, se mezclan perfectamente, de manera apasionante para los que te leemos, tus triunfos y derrotas, los pasajes felices y los miserables, las grandes gestas y las fatales desgracias…
Ve, sufre, disfruta y haz que nosotros disfrutemos cuando vuelvas.
Como diria mi abuela: escala en la montaña que te de la gana pero lo mas importante, un buen jersey por si viene el fresco (me lo dijo antes de hacer la cresta norte del Curavacas en invierno)
Un abrazo, Juan Carlos.