El Aconcagua es la cima más alta de los Andes y su historia, que conozco bien por vivencias pasadas y sufridas, tiene páginas impresionantes de peripecias humanas y de dramas inconmensurables. Es decir en ella han muerto muchos alpinistas de diversos países, siempre en trágicas circunstancias, que bien podrían propiciar todo tipo de comentarios, e incluso en algunos casos de responsabilidades penales.

Así es la alta montaña. Un lugar esplendoroso pero también cruel en la que pueden ocurrir situaciones que sobrepasan y contrastan con la lógica comprensión humana, todavía fuera del control de los hombres, aunque su territorio sea legalmente considerado un Parque Nacional y hasta en las más altas regiones de la Tierra trate de imponerse, a veces inútilmente, las normas de un Derecho, no siempre ajustadas a esas condiciones imprevisibles y a veces imposibles de imaginar.

Un video infame que causó asombro y malestar.

La actualidad nos impone un video en el que se ve como unos alpinistas, al parecer dos de ellos al menos policías de la patrulla de rescate, con sede en Mendoza y otros alpinistas que ejercían como voluntarios, trataban de levantar a un hombre sin equilibrio ni fuerzas, totalmente exánime, arrastrándolo por la nieve. A Campanini le habían atado precariamente una cuerda al pecho, y así tirando de ella trataban de rescatarle, increpándole torpe y desesperadamente para hacerle reaccionar.

Y al fin le abandonaron todavía vivo a 400 metros de la cima, incapaces de lograr su misión.

¿En qué ruta estaban?

No se especifica cuál es la ruta por la que estaban subiendo y si era o no necesario alcanzarla para poder bajar por la vertiente norte que es la más accesible, ó era factible un rodeo evitando la dura ascensión. Las condiciones climáticas eran extremadamente rigurosas, con viento y frío de alrededor de menos 20 grados centígrados, muy propias de las alturas del Aconcagua, aun en pleno verano austral, ya que fue en el pasado mes de enero cuando tuvo lugar la tragedia que comentamos.

Según los datos ofrecidos cuando ocurrió la noticia, el guía Campanini guiaba una expedición de italianos camino de la cima, cuando la tormenta se adueñó de la montaña. Él, al parecer, tuvo un comportamiento ejemplar ocupándose de la seguridad de sus compañeros y en esos esfuerzos, posiblemente extraordinarios, es cuando debió desarrollar un edema cerebral que le sumió en las circunstancias que parecen observarse en el famoso video, encargado telefónicamente por alguna autoridad judicial de Mendoza.

Un rescate en las montañas siempre es una operación muy dura y difícil, máxime cuando la tempestad impone sus circunstancias. Los helicópteros en el Aconcagua no suelen actuar por la considerable altura de la montaña y las operaciones de salvamento se hacen casi siempre por patrullas terrestres con el consiguiente deterioro de sus componentes.

Efectivamente es sorprendente la precariedad de medios de ese equipo de salvamento, sin una simple camilla para transportar el cuerpo aún vivo del que pretenden rescatar. Pero también sorprende la escasa profesionalidad de sus componentes  que no son capaces de improvisar con los bastones, que se ve que portan en las mochilas, una camilla de “fortuna” capaz para bajar el cuerpo como tantas veces se ha hecho. También asombra los métodos que emplean tirando de su cuerpo de la cuerda que le oprime el pecho asfixiándole y ni siquiera se justifican esos gritos o insultos a un hombre agotado y gravemente enfermo.

Incapaces de bajarle o subirle, es decir de transportarle, los rescatadores optan por abandonarle a su suerte temerosos por su vida. Ciertamente nadie está obligado a exponer gravemente su integridad física para salvar a un semejante, pero la historia del alpinismo está llena de actitudes heroicas que dignifican el “idealismo” del alpinismo tradicional.

En el Himalaya, por encima de los 8.000 metros y concretamente en el Everest, son muchos los que al haber enfermado, casi siempre por el temido edema pulmonar o cerebral, se quedan allá, sin fuerzas y sin equilibrio, incapaces de subir o de bajar, vivos durante muchas horas o días, en una agonía posiblemente indolora.

Podríamos ilustrar estos casos relativamente frecuente con nombres y años recientes. Los que pasan al lado de los que morirán sin remedio si nadie les rescata, como hicieron  hace algunos años dos guardias civiles españoles, pertenecientes a la expedición de esta benemérita institución al Everest. Nadie exigirá responsabilidades a los que pasan de largo antes o después de la cima, dejando a ese ser postrado y agónico sobre unas rocas esperando una muerte que quizás con suerte, con un esfuerzo titánico y a costa de las personales seguridades podría salvarse. Ninguna norma jurídica obliga a la heroicidad, pero siempre se estimó que así era la solidaridad en las montañas del mundo. Y así era el alpinismo.

Hoy en día los sentimientos ya no son los mismos. La cima es la primero, la que otorga prestigio, la que trunca la solidad, la que comporta egoísmo. La sensibilidad de la humanidad está en quiebra. Nadie quiere morir. Si no puede él mismo se lo ha buscado.

La patrulla de rescate argentina no estuvo a la altura de las circunstancias para poder cumplir su misión. Fue un sonado fracaso por su incompetencia e imprevisión. No llevaban oxígeno para haber suministrado a Campanini, y ni siquiera para ellos mismos en ocasión de esfuerzos extraordinarios.

No supieron buscar un refugio improvisado al amparo de las rocas, no llevaban los medicamentos prescritos para esos casos, como el poderoso corticoide de la “Dexametasona” que suele administrarse en esas circunstancias. ó el diurético de la “Acetazolamida” que podrían quizás haber atenuado la gravedad del enfermo.

Actuaron mal, sin medios, sin imaginación y sin profesionalidad alguna y el resultado fue el abandono de un guía ejemplo de las permanentes virtudes alpinas. El video filmado en precarias circunstancias trataría de justificar la imposibilidad del rescate, un torpe documento que ha dado la vuelta al mundo y ha mostrado una imagen parcial y deformada, aunque real en algunos casos de las tragedias en la montaña. www.cesarperezdetudela.com

*César Pérez de Tudela es explorador de montañas. Guía y rescatador.
También es abogado, doctor en periodismo y Académico de la Real Academia de Doctores de  España