Viernes, 20 de Febrero de 2009
Neurosis en el Deporte
Dicen que el héroe es el que sabe luchar contra la muerte.
-Si me equivoco, si la suerte está frente a mi pereceré-
Son pocos quiénes han superado la muerte: conciencia de donde termina la vida, el ser o no ser.
Conciencia de la muerte: negación ante ella, rabia de morir, razonamientos sobre la inminencia de la muerte, honda depresión y al fin el consuelo de la aceptación.
Morirse es resignarse a dejar la existencia: para penetrar en ese ámbito superior e invisible del que hablaba Rilke.
En el Everest, más que en ninguna otra montaña del Himalaya, las muertes son frecuentes entre los esforzados protagonistas que desean lograr la gesta de la cima. Antes, hace una treintena de años, los que subían a las montañas eran alpinistas, más o menos fuertes, pero al fin todos eran gentes comprobadas en la supervivencia, dueños de técnicas y de hábitos, repletos de experiencias deportivas y aún místicas.
En estos veinte últimos años las cima famosas de la Tierra, Everest, Mont Blanc, Elbruz, Mc Kinley, y especialmente las cimas de los 8.000 del Himalaya son cercadas por alpinistas ocasionales, turistas de la altura, deportistas necesitados de records sociales, que acuden anualmente al estadio helado del Himalaya, y a donde nunca hubieran ido sin la publicidad y la moda que propician facilidades, medios y ayudas a disposición de los modernos deportistas.
Hace unos días David Sharp salió de su casa para escalar el Everest. -Allí me encontraré con decenas de alpinistas -No te preocupes -le dijo a su madre.
Se dice que 40 personas pasaron al lado de Sahrp, tendido exhausto sobre la nieve, agonizante, y todos prosiguieron su camino hacia la cima sin auxiliarle.
¿Hubiera sido posible en este caso, como en tantos otros, organizar una acción de rescate entre los alpinistas y sherpas candidatos a la cima?
¿Hubieran cambiado estos alpinistas la posibilidad de llegar al podium de la cima por realizar un salvamento de otro alpinista con inciertos resultados?
Todo parece indicar que así está hoy la realidad y que cada vez menos el hombre ambicioso de records y de honores está dispuesto a ejercitar humanismos y generosidades.
¿O es que esta misma sociedad, occidental democrática y desarrollada, va a valorar más a quien ayuda a salvar, hipotéticamente, la vida a un semejante, que la de un triunfador sobre la cima del Everest?
Yo no sé si estos turistas deportistas pueden ser llamados o no alpinistas.
Pero me resisto a creer que ya no exista la compasión, esa reacción solidaria que a todos nos dignifica.
Sigo en condiciones de afirmar que el hombre es, por encima de otras muchas consideraciones, un protagonista de sentimientos y pensamientos. Y con ello caritativo y abnegado al servicio de los demás. Esa es también y por encima la verdadera cumbre.
20 de Febrero, 2009 a las 22:29
Cesar: Ésta entrega me han recordado el triste episodio vivido en los últimos días en tu -gran conocido Aconcagua- es muy posible precísamente que nos éstes dando tu opinión sobre el caso con el relato del bueno de Sahrp, espero que nos comentes éste sucedido y nos abras los ojos sobre lo que ocurre en éstas situaciones y no nos quedemos solo con los comentarios periodísticos y el video que hemos podido ver en tantos medios, aunque cada caso sea único.
Un saludo
Enrique
21 de Febrero, 2009 a las 2:42
No, definitivamente no, esos turistas no son alpinistas. No merecen tal calificativo. El verdadero alpinista se busca a sí mismo a través del camino de las montañas, y socorrer a un compañero es prioritario a escalar la cima de la montaña.
Por desgracia, en todas las actividades humanas hay gente mediocre que hace cosas aberrantes.
Sr. César, esta noche, en Barcelona, durante una cena, me he alegrado de saber que tenemos un amigo común: Jordi Rabadá, de Barcelona, un estudiante de la cultura tibetana (y que habla fluidamente el tibetano), que en Leah, Ladakh, le cedió su billete de avión en un vuelo lleno para volar a Delhi con su hija y unos banqueros luego de haber sufrido Usted un ataque al corazón. Me ha pedido que le transmita sus saludos y mejores deseops, y que echa de menos las felicitaciones de Navidad que solía enviarle, y que de pronto cesaron.
Dios le bendiga, Señor César, y que le dé larga vida para que nos siga obsequiando con sus sabias reflexiones llenas de humanidad. Somos muchos los lectores que las necesitamos como el respirar. Gracias infinitas por su bondad.
Jorge
5 de Junio, 2009 a las 23:08
interesantes reflexiones. A veces es más seguro el trekking cerca del everest como está descrito acá (http://www.gotrekking.org/trails-for-trekking/country-nepal/region-everest-region/everest-base-camp.html) pues lo hace más seguro. El montañismo tan en altura es algo demasiado expuesto.. si se practica hay que hacerlo con extremo cuidado
25 de Junio, 2009 a las 16:58
En verdad cesar que seria bueno el pensar que un alpinista cualquiera al ver a alguien tendido en la nieve se preste a ayudarlo, LAMENTABLEMENTE COMO TU HACES ESA PEQUEÑA, PERO TREMENDA REFLEXION…..PARECE QUE LO MAS IMPORTANTE ES ALCANZAR EL PICO DEL EVEREST…..TRISTE PERO CIERTO