Cuando Umbral me dedicó un artículo en los tiempos del diario el País, devaluando a mi persona, no me molestó. Todo lo contrario. Qué un personaje ensalzado por la mayoría y considerado un escritor extraordinario  me dedicara un artículo en uno de los medios de información más leídos  me pareció honorífico.  En síntesis venía a decir que yo era un descendiente de los grandes conquistadores: un H. Cortés o un Pizarro pero venido a menos. Y tenía razón.

Conjetura a tras conjetura me utilizó para ridiculizar a varios personajes españoles que estimaba que habían caído en desgracia aquellos años y le venía bien criticarlos para lucirse y ganar prestigio. Pero nunca se metió con los fuertes.

Años después Umbral volvió a dedicarme algunos comentarios, siempre desfavorables y sin gracia, en otros artículos de su larga época en el Mundo, de los que no tengo ningún recuerdo de su contenido.

En “Crónicas de la Postmodernidad” en octubre de 1990, en la revista “INTERVIÚ” Umbral titulaba  su artículo con mi primer apellido:

“PÉREZ DE TUDELA”

“Este señor lleva toda su vida subiéndose a cualquier montaña o montículo que ve y siempre le sale mal, siempre se cae de culo. Con todos los respetos para las víctimas que ha ido dejando en la bizarra y reiterada aventura (algunas muy recientes, y antaño su propia esposa), empezamos a pensar que Pérez de Tudela es que no sirve para el alpinismo. Tiene la vocación equivocada. A lo mejor lo suyo es todo lo contrario: la pesca submarina o la minería.

Seguro que de buzo o de minero a Pérez de Tudela le iba mejor que de alpinista. Que grande y osado buzo han perdido los mares abisales por la obstinación de este señor en hacer lo que no sabe.

Si no, no diría las bobadas que dice: “Soy más impulsivo que reflexivo”

O sea que se lanza, se embala. Señor Pérez de Tudela ¿No ha oído usted nunca un viejo dicho árabe según el cual si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma ha de ir a la montaña? Como usted no es Mahoma es mejor que se quede en casa esperando que la montaña venga a usted…

España está llena de Pereces de Tudela y así no hacemos más que subir a la montaña y caernos por el otro lado como Sísifo.

A Pérez de Tudela que le coloquen de pocero, ya digo. Lo suyo son las profundidades. En las alturas es una calamidad y deja las alturas llenas de latas vacías y papeles. Y luego el mal ejemplo para los niños”

Naturalmente este artículo está resumido, ya que tantas tonterías seguidas me parecía poco ético repetirlas.

¿Cómo es posible que personas con cultura y buen juicio puedan haber considerado a Umbral un gran escritor?

¿Cómo se explica que Umbral haya sido elevado al más alto pódium de la literatura y valorado como el escritor más importante de estos últimos tiempos?

Umbral es contemporáneo a mi persona, incluso estuvimos en una tertulia juntos en la agencia que dirigía Manu Leguineche, Colpisa, en Padre Damián, en los años “70” durante algún tiempo.

Nunca me interesó el personaje de Umbral: arrogante y pedante, con una pretensión de ironía que no llegaba a alcanzar. Critico con los menos fuertes y vasallo ante los poderosos, dedicó sus mejores artículos periodísticos con un estilo de andar y escribir por casa, a personas y personajes a los que trataba de ridiculizar para quedar él como un ingenioso y fino comentarista.

Así se escribió la historia.

No he querido comentar otros artículos del celebrado maestro de periodistas por no haberlos encontrado en mi desbaratado archivo, pero creo que como muestra puede valer el anterior.

Cuando Umbral me dedicaba un artículo le contestaba tratando de superar sus tonterías, ya que él siempre aprovechaba, como hacen los  valientes, algunos de los momentos más débiles o trágicos de una persona o  personaje, para efectuar sus sarcásticos comentarios que la gente, siempre tan generosa, valoraba como ingeniosos.

En el artículo anterior, que es el más bondadoso que el autor me dedicó, Umbral aprovechó la tragedia y notoriedad de la expedición que yo dirigí al Everest,  de la Universidad Complutense de Madrid, en la que encontró la muerte Rafael Gómez Menor y dos nepalís que cayeron en una gran grieta tras haber sido arrastrados por una avalancha en el collado norte del Everest.

Que Dios guarde a Umbral por su ejemplar y gallarda obra literaria.