Martes, 7 de Octubre de 2008
Esta sociedad otorga a la inteligencia un papel definitivo, haciendo incluso culto de la misma. Desde niños se nos inculca la importancia de ser “inteligentes”, sin saber bien en lo que consiste.
Pero nadie habla de la fuerza del espíritu, de la bondad, de la dignidad o de la belleza.
Voy a recordaros al doctor Baldomero Sol, uno de los mejores alpinistas de su generación, siendo el primer español que escaló en 1949 la pared norte del Vignemale, la pared Sur de Peña Santa y tantas otras escaladas. Fundador del “Canoe”, miembro de Peñalara y del GAME, fue también un prestigioso médico dentista, instructor de la famosa Centuria de Montañeros del Frente de Juventudes de Madrid, junto a Enrique Herreros, el famoso humorista, dibujante y montañero. Félix Rodríguez de la Fuente, mi insigne compañero de programas de radio y televisión, hablando él de halcones y tigres, y yo de montañas y escaladas, fue su discípulo antes de ser favorecido por la fama.
Baldomero Sol –Merito Sol para sus compañeros de montaña- fue también un riguroso intelectual al que rindo recuerdo por haber tenido el valor y el saber de hablar de la oración.
-No se enseña en los colegios a orar, y tampoco en muchas familias. Decía Merito Sol.
-Los jóvenes ya no saben lo que es la oración, un recurso del alma imprescindible cuando las circunstancias de la vida se hacen difíciles.
Y la vida de los escaladores alpinistas nunca es fácil.
-No sabe la juventud lo que se pierde. Saber orar es afianzar la esperanza y engrandecer la espiritualidad.
Ahora la universidad de Oxford ha realizado una investigación cuyos resultados dicen que hay un área del cerebro, la corteza ventrolateral, que se ilumina con la fe religiosa, estando al parecer muy próxima a ese punto cerebral que es el centro de la analgesia que atenúa el dolor físico.
El doctor Alexis Carrel, premio Nobel de 1912, en su libro “El Hombre ese Desconocido” dice que el ser humano tiene una actividad moral, es decir espiritual, y en ella está la mística, la dimensión poética y por supuesto la religiosidad.
Y todo ello está relacionado con en ese profundo “idealismo” que es al fin el alpinismo, aunque no lo sepan o no lo quieran admitir muchos alpinistas y escaladores. El idealismo constituye la esencia misma del alpinismo según mis investigaciones, uno de los motivos de mi permanencia en la senda incómoda y fascinante de las montañas.
Después de la oración viene una reacción fisiológica y esto está fundamentado en investigaciones científicas.
Los creyentes rezamos después de recibir una noticia desastrosa. También lo hacemos en los momentos duros o límites de nuestra existencia.
Antes del acontecimiento se eleva la oración, una promesa, una conversación con lo “Alto”.
Cuando todo es desasosiego, desgracia, angustia, inseguridad o desamor, la oración se impone.
Rezamos por nosotros, por nuestros amigos y familiares, Y quizás también por los desconocidos que están en un trance amargo.
Después de la oración se siente la calma, renace la esperanza y vuelve la ilusión. Y hasta el organismo físico- el corazón- recupera su ritmo natural.
Yo podría ilustrar con singulares sucesos muchos casos de mis aventuras y experiencias en las montañas a lo largo de estos cincuenta años de vida activa. Y sé que mis oraciones o plegarias –y las de otros- han podido contribuir para mantenerme vivo, a veces inexplicablemente, sobreviviendo a circunstancias excepcionales. Y que conste que solo soy un modesto pecador que solo se acuerda de lo divino cuando está perdido en lo humano. Me prometo a mí mismo escribir algún día un libro que pueda recogerlas.
Dios está en el cerebro escribió Laín Entralgo, haciendo mención a los estudios neurobiológicos de A. J. Mandell y D´ Aquilli, que se adentraron en la neurofisiología y con ello en el concepto sutil de la religión.
Yo no estoy de acuerdo ni con el espléndido intelectual Laín Entralgo, ni con el estudioso Eduardo Punset que sostiene, cómo racionalista, que el alma está también en el cerebro.
El “más allá de la vida”: Dios y el alma, el amor y la mística, no son a mi juicio, entes “racionales” sino puras esencias metafísicas cuyo estudio siempre estará fuera del alcance de las ciencias y por tanto de nuestra comprensión.
La creencia es algo que nos sobrepasa. El pensamiento en una vida allende la muerte, probada por algunos paleontólogos, incluso en los albores de la humanidad, hasta el fervor ante un Dios omnipotente.
El doctor Baldomero Sol también dijo:
-“Cuando el susurro de una oración está en el ambiente, nadie piensa en la maldad, ni en el egoísmo, ni olvida al prójimo que sufre”.
La pretensión de llegar a Dios a través de la oración es mítica, aunque parezca probado por la ciencia que se activan los “neurotransmisores lobulares del cerebro” con motivo de las plegarias en las que el hombre medita, pide y conversa con el Dios del amparo buscando la trascendencia del “ser”.
Desde las “Razones del corazón y del cerebro de Pascal”, a la filosofía idealista de Hegel, la oración es el preludio de la resignación, la pretensión tendente a la claridad mental, y a la alegría profunda que conduce a la paz.
La oración constante de los budistas con sus molinillos de la oración y las banderolas que se instalan con fervor en los templos y campamentos del Himalaya, envían las energías del “mantra” a las montañas y al cielo, siendo junto a las largas y complicadas plegarias cristianas, esa trascendencia espiritual e idealista que constituye un poderoso recurso del alma, esa sustancia inmaterial que nadie ha sabido nunca definir.
Solicito ser perdonado por aquellos lectores, si los tuviere, que no coincidan con mis juicios, y se hayan sentido contrariados en sus creencias, que siendo posiblemente más “razonables”, son deducidas por la “inteligencia” del racionalismo positivista.
Otro día prometo que me limitaré a contar experiencias alpinas. www.cesarperezdetudela.com
César Pérez de Tudela es explorador, periodista y guía de alta montaña. También es Licenciado en Derecho y Licenciado y Doctor en C. de la Información.
20 de Noviembre, 2008 a las 11:50
Me encanta escucharle a usted, don César, me quedo quieto, sin hacer nada mientras usted habla de sus aventuras, y una sensación de tranquilidad y sosiego me invade. Pasa de un tema a otro saltando sobre las palabras y yo le escucho hasta el final. Ahora le oigo en la Cope, antes en un programa que tenía de una hora en Radio Nacional, creo; siga deleitándonos con sus historias, es una forma de viajar sin moverse de casa.
Un saludo.
25 de Enero, 2009 a las 16:40
Rezar te acerca a Dios.
Recuerdo un poema de Rabindranath Tagore que, más o menos, decía:
“La Fe es el pájaro que canta cuando el amanecer todavía está oscuro”.
Amén