¿El alpinismo es ya solo deporte?

Yo sé que la velocidad puede ser seguridad en las grandes ascensiones y escaladas de la alta montaña. Lo sé.

Pero también sé que hemos llegado a extremos absurdos aunque en algún sentido puedan ser admirables.

El ir a prisa. El vivir pendiente del record, contribuye a simplificar la vivencia, lo que a mi juicio puede desvirtuar este juego trascendente que llamamos alpinismo, en el que yo creo como filosofía, como idealismo, como escuela de vida y en último lugar como hecho deportivo.

Y que conste que el fenómeno no es nuevo en la historia de las montañas. No es ahora el momento de buscar elocuentes antecedentes.

Cuando leí que el gran alpinista suizo, Ueli Steck, había escalado en invierno la mítica pared norte del Eiger en 2 horas, 47 minutos y 33 segundos, pensé que esta increíble ascensión correspondía a una nueva época que ya no me interesaba. Steck había rebajado su anterior record en 67 minutos. Mil ochocientos metros de difíciles y arriesgados pasos en ese tiempo, en óptimas condiciones, con neveros duros y roca seca sin utilizar la cuerda. Ya solamente la contabilidad de los segundos me produjo cierta hilaridad, pensando en los record del ciclismo.

Estos record de velocidad en la montaña tienen para mi poca significación.

Está muy claro que Steck se había preparado físicamente para la ocasión: condiciones meteorológicas, estado de la pared, equipo muy medido y ligero, perfecto dominio psicológico de la pared, la que Steck conoce posiblemente como ningún otro alpinista de la actualidad, repetición del itinerario…

Yo no se si ésta realización puede enmarcarse en el mismo alpinismo tradicional, de hace setenta años, cuando la pared era un misterio, sin conocimientos de la vía, sin cronómetros, con cuerdas de cáñamo y el recuerdo en la mente de los grandes alpinistas muertos, que se cargaban la mochila con un peso sobrecogedor… Había que abrir vía, buscar el camino, superar tantos obstáculos… sorprendidos ante la llegada de las tormentas que entonces no se podían prevenir, con crampones y piolets artesanales…

La vivencia de aquellas vicisitudes, propias de la epopeya son el alpinismo en el que yo siempre he creído.

Este correr por las rocas conocidas, aunque sean las de la pared norte del Eiger, merece todo tipo de felicitaciones, pero ya no son el gran alpinismo del pasado.
Record de velocidad en carrera cronometrada por pasajes conocidos en las mejores condiciones climáticas (roca seca y nieve dura), solo es puro y esencial deporte. Que ciertamente es mucho, pero que no es aquello.

La orientación, el temor, la suerte… el sentir tantos otros aspectos vivenciales que de ninguna manera me niego a creer que hayan pasado a la historia.

www.cesarperezdetudela.com. Guía de alta montaña. Explorador y periodista.