Martes, 22 de Julio de 2008
El alpinista ideal no creo que exista nunca. El hombre es un ser en eterna búsqueda que jamás encuentra.
Quizás es uno de los humanos que más se acerca a la esencia del ser, pero la misión escapa de la virtuosidad y constancia que requieren hasta los mismos “ochomiles de la Tierra”. Lograr encontrar el equilibrio entre lo que haces, lo que deberías hacer, y lo que podrías hacer es una misión casi imposible. Condenarse a subir montañas toda la vida y constantemente, una tras otra, como meta ideal de una vida puede constituir hasta una locura desesperada de quiénes han optado por darse por fracasados en otros fundamentales de la existencia. El mismo Che Guevara, personaje que las conveniencias ideológicas y hasta la misma visión de quiénes están atados a la rueda inexorable de la existencia han idealizado de forma infinita, puede ser un caso de infelicidad y de frustración.
El Che, el generoso luchador de los derechos de los oprimidos de la Tierra, el Jesucristo del siglo XX, también era el típico mal estudiante incapaz de terminar con éxito su añorada carrera de medicina, incapaz de llevarse bien con su familia, y consigo mismo sabiendo compaginar pasiones y devociones, con equilibrio y esfuerzo, o huir de todo para sumergirse en esa misión en la que encontró la muerte.

El equilibrio es fuente de seguridad y aún de felicidad. Y la felicidad es llevarse muy bien con uno mismo, estar contento de como eres y conforme con lo que tienes.
El que os escribe ha pasado por diversas épocas y estadios del espíritu y por ello puedo recordar bien la hondura de mis pesares, cuando mi dedicación exclusiva al alpinismo, dentro de una fama poco frecuente que entrañaba el halago popular. La búsqueda de cimas en montañas lejanas (Andes solo, alcanzando muchas cimas, solo el Mc Kinley, atravesando todo el macizo, solo en el Annapurna en el postmonzón de 1973) no me satisfacían de forma completa y anhelaba una vida más completa, en lo familiar, en lo profesional, en lo intelectual… Y puedo decir con máximo orgullo, que yo tenía muchas fuentes para lograr la felicidad: mi carrera como jurista y como periodista, como funcionario… Como escritor de libros de montaña… y fui el primero o uno de los primeros que podían ejercer la profesión de guía de alta montaña, entonces sin posibles clientes que estuvieran decididos a pagar los servicios de un experto para lograr su objetivos. Ejercía como conferenciante y reportero de la aventura. Hoy el guía pone al alcance del aficionado cimas que de otra forma le estarían prohibidas.
Quiero decir que dudo mucho de que la persecución de un record pueda traer la felicidad definitiva, estimando más aún: que pueda ser solo una huída hacia adelante, una retirada esforzada al encuentro desesperado de uno mismo. Será buena la búsqueda de la esencia del ser, pero creo que en cualquier caso sería aconsejable añadir el máximo equilibrio como ingrediente fundamental, del que tantos grandes alpinistas hacen gala en las escaladas y las ascensiones. Sigo creyendo, igual que hace cuarenta años, que el alpinismo es también, además de un arte, de un deporte y de una filosofía, una escuela para entender la vida de cada día. Entonces me pareció que los principios de la escalada y de las ascensiones de montaña eran unas rotundas realidades que se podían trasladar a los estudios, al ejercicio de la profesión, a la superación de las dificultades que la existencia nos impone… El mismo espíritu de superación y de optimismo, el mismo humor, el saber callar el miedo ante el pavor de la vida, en este caso de los precipicios por los que hay que subir, el no asustar a tus compañeros con tu miedo y guardarte la angustias para ti mismo. La velocidad de Steck en el Eiger, batiendo el record de tiempo invertido en ascender la pared me deja desorientando y desencantado. Cuando se corre por una montaña vertical es que no se teme nada de ella, y esa falta de temor me hace dudar sobre la recompensa de haber vencido? No es eso. No tiene sentido. Eso puede ser ya no saber que hacer. Correr por correr sin valorar el camino.
25 de Julio, 2008 a las 0:25
Amigo César: Me encantaría hicieras un resumen de tu participación en “Un millon para el Mejor”, pues a mucha gente nos encantaría recordar como fué tu participación en “aquella montaña” que al dia de hoy todavía no has hoyado.
3 de Agosto, 2008 a las 20:43
Buenas noches , a pesar de que no hago ningun comentario desde hace tiempo , sigo el blog con interes ; hoy visitando la ultima entrada y solo leyendo el titulo del articulo , sin mas , me ha hecho responderme a mi mismo . A continuacion lei el articulo , con el que como casi siempre con los articulos que escribe Perez de Tudela , estoy de acuerdo.
Tanto antes de leerlo como despues mis conclusiones eran las mismas.
Hablando desde el punto de vista como aficcionado, pienso que la montaña es mas complicada de lo que parece , no me refiero desde el punto de vista deportivo , ya que su dificultad y riesgos son evidentes , sino desde el interior de cada persona. Trasmitir las sensaciones que produce subir por una pared vertical , o practicar una travesia, para mi, es complicado.Mas alla de lo que supone un reto personal , la convivencia y el contacto con la naturaleza o simplemente el realizar un ejercicio fisico saludable , a mi , la montaña me eleva a un estado dificilmente asumible fuera de ese medio.Ademas del exito de lograr alcanzar una cota o disfrutar de un maravilloso paraje hay algo mucho mas profundo que todo eso , que te lleva a lo mas profundo de tu ser y que es muy dificil de definir.
Esto nada mas que es un comentario , y una reflexion, que simplemente he querido compartir con el resto de personas que puedan haber leido el articulo .
Un saludo desde la localidad vecina de El Escorial.
4 de Agosto, 2008 a las 10:32
Gracias amigo Goyo por la paciencia de leerme. CP de Tudela. Que pases un buen verano.
2 de Octubre, 2008 a las 10:12
En cuanto pueda amigo Juanjo escribiré algo resumiendo lo que fueron aquellas sesiones del programa de Televisión Española (la única, solo la primera) en el que yo respondía las preguntas que querían hacerme sobre las Montañas del Mundo. Fue efectivamente memorable y quedé muy bien, ya que las circunstancias me ayudaron. Cuando uno tiene muchos fracasos, de vez en cuando la suerte hace que coincidan los factores que propician el exito. Un cordial recuerdo de CP de Tudela
24 de Agosto, 2009 a las 23:34
Estimado César
¿Es posible empezar a escalar paredes y montañas a los 45 años? Mido 1′70 y peso 58 kilos. Soy profesor de Filosofía y crítico literario. Siempre me ha apasionado el alpinismo por lo que tiene de reto y afán de superación. El hombre enfrentado a sus límites físicos y psíquicos, obligado a controlar sus emociones para no perder la concentración o sucumbir al miedo. No quiero hacer literatura, pues sé que la montaña es un medio implacable y un pésimo cobijo para los que huyen de la frustración, el fracaso o la inseguridad. Por supuesto, no pretendo hacer ochomiles. Sólo me gustaría escalar hasta el límite razonable impuesto por mi edad e inexperiencia. Si puedes contestarme, agradeceré tu tiempo y paciencia y si no es posible, recibe en cualquier caso mi enhorabuena por tu blog y tu trayectoria humana y deportiva.
Un cordial saludo
Rafael Narbona
6 de Febrero, 2010 a las 21:50
Distinguido amigo Rafael Narvona. He visto ahora tu mensaje y por ello no te había acusado recibo. Cuando tu quieras me brindo a acompañarte en una pequeña escalada por la Pedriza y así charlamos de vida, superación y esfuerzo. Un cordial abrazo de CP de Tudela.