Lunes, 2 de Junio de 2008
Neurosis en el Deporte.
Dicen que el héroe es el que sabe luchar contra la muerte.
-Si me equivoco, si la suerte está frente a mi pereceré-
Son pocos quiénes han superado la muerte: conciencia de donde termina la vida, el ser o no ser.
Conciencia de la muerte: negación ante ella, rabia de morir, razonamientos sobre la inminencia de la muerte, honda depresión y al fin el consuelo de la aceptación.
Morirse es resignarse a dejar la existencia: para penetrar en ese ámbito superior e invisible del que hablaba Rilke.
En el Everest, más que en ninguna otra montaña del Himalaya, las muertes son frecuentes entre los esforzados protagonistas que desean lograr la gesta de la cima. Antes, hace una treintena de años, los que subían a las montañas eran alpinistas, más o menos fuertes, pero al fin todos eran gentes comprobadas en la supervivencia, dueños de técnicas y de hábitos, repletos de experiencias deportivas y aún místicas.
En estos veinte últimos años las cimas famosas de la Tierra, Everest, Mont Blanc, Elbruz, Mc Kinley, y especialmente las cimas de los <8.000> del Himalaya son cercadas por alpinistas ocasionales, turistas de la altura, deportistas necesitados de sociales, que acuden anualmente al estadio helado del Himalaya, y a donde nunca hubieran ido sin la publicidad y la moda que propician facilidades, medios y ayudas a disposición de los modernos deportistas.
Hace unos días David Sharp salió de su casa para escalar el Everest. -Allí me encontraré con decenas de alpinistas -No te preocupes -le dijo a su madre.
Se dice que 40 personas pasaron al lado de Sahrp, tendido exhausto sobre la nieve, agonizante, y todos prosiguieron su camino hacia la cima sin auxiliarle.
¿Hubiera sido posible en este caso, como en tantos otros, organizar una acción de rescate entre los alpinistas y sherpas candidatos a la cima?
¿Hubieran cambiado estos alpinistas la posibilidad de llegar al
de la cima por realizar un salvamento de otro alpinista con inciertos resultados?
Todo parece indicar que así está hoy la realidad y que cada vez menos el hombre ambicioso de y de está dispuesto a ejercitar humanismos y generosidades.
¿O es que esta misma sociedad, occidental democrática y desarrollada, va a valorar más a quien ayuda a salvar, hipotéticamente, la vida a un semejante, que la de un triunfador sobre la cima del Everest?
Yo no sé si estos turistas deportistas pueden ser llamados o no alpinistas. Pero me resisto a creer que ya no exista la compasión, esa reacción solidaria que a todos nos dignifica.
Sigo en condiciones de afirmar que el hombre es, por encima de otras muchas consideraciones, un protagonista de sentimientos y pensamientos. Y con ello caritativo y abnegado al servicio de los demás. Esa es también y por encima la verdadera cumbre.
César P. de Tudela, explorador, alpinista y académico
3 de Junio, 2008 a las 12:29
¿Qué es un alpinista? Conquistador de lo inútil como acertó a catalogar Terray para unos … ¿Héroes? para otros, tampoco, pues lo que hacemos es por gusto, por necesidad interna. Un héroe es el que arriesga su vida sin tener necesidad ni buscar recompensa . Si es cierto, y en los últimos días lo hemos comprobado, el alpinismo tiene una alta dosis de heroicidad, camaradería, humanidad extrema.
Es inevitable, pero a su vez esquivar la muerte es lo que nos llena de vida, de hecho no hacer gozar de mas cantidad de vivencias.
El alpinismo es una forma de ser, una filosofía. Alpinismo no es escalar una montaña, es también cruzar ríos, desiertos de arena y hielo, es volar en parapente, es viajar, conocer otras culturas y a la vez entender la importancia de estas y su entorno, es entender la importancia de mantener los ecosistemas, de pisar sin aplastar, de pasar por un lugar sin dejar constancia de que por allí anduvimos, escalar una montaña y que la foto de cima y las vivencias sean las únicas “coartadas” de nuestro paso por el lugar. La foto no es indispensable, la aventura y vivencia si. ¿Quien puede tener y donde se lo otorgaron, el poder de decidir el permiso a ascender una montaña, cruzar un océano, a decidir sobre el futuro de especies animales, otras razas y culturas de humanos, incluso decidir los cauces de los ríos? ¿Quién es capaz de plantearse si intentar salvar una vida compensa?, ¿Qué vivencia, que aventura, que proeza alpina o deportiva compensa la muerte? No ya la propia sino incluso la de otro ser.
En el momento en el que se deja morir de manera tan deshumanizada a una persona, deja de merecer la pena todo, deja de tener valor el alpinismo en general.
Primero porque los que tuvieron la oportunidad de ayudar a esa persona y ni siquiera lo intentaron no son alpinistas . Y segundo, porque permitir que esta gente salga impune es culpa del resto. En una carretera esto seria negación de auxilio, y esto esta penado duramente. ¿Por qué no en el alpinismo? Dar auxilio no significa jugarte la vida, significa que en medida de lo posible se ayude a un accidentado, sin que el mal por ello sea mayor.
La montaña por desgracia siempre ira ligada al concepto “muerte”.Hemos asumido la muerte en la montaña y ese “invento” sobre que uno no puede ser una carga y poner en peligro al resto de los alpinistas. No es lo mismo que el accidentado pida que se le abandone tomando el la responsabilidad de decidir sobre su suerte y evitar la exposición de sus compañeros, que por no asumir ningún tipo de exposición abandonar a alguien a su suerte.
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Generosidad es un concepto perdido. Estamos en una época en la que se dan limosnas y eso no es ser generoso. Ser generoso es dar a los demás algo que tu quieres y necesitas, no algo que te sobra. Pienso que alguien generoso es alguien que justifica auto perjudicarse, por el mero hecho de sentirse a gusto con la felicidad de los demás.
Un saludo, Juan Carlos