Martes, 6 de Mayo de 2008
“Las verdaderas contestaciones de Pérez de Tudela al Diario El Mundo”.
Categoría Noticias y Comentarios1. Mi edad no importa, y menos a los demás. Creo que no tengo la edad que dice la partida de nacimiento, si no la de mi espíritu. Perdona que no haga más comentarios al respecto, pero que conste que sería un tema largo y metafísico. Si tuviera la edad cronológica, la del DNI, seguramente ya no desearía ir al Everest, ni emprender incomodas aventuras, llenas de emoción e inseguridad.
2. Mi hijo Bruno creo que tiene alrededor de 40 años. Reside en Sierra Nevada, en las montañas, en pleno bosque, y nació en Madrid. Es periodista y profesor de esquí, y se dedica al montañismo y a la aventura. Yo vivo en Torrelodones, mi pueblo, pero nací y viví siempre en Madrid.
Mi hijo mayor se llama Bruno y su apellido primero es Pérez de Tudela como es lógico, el mismo apellido que su padre que es compuesto, a pesar de que ahora la gente se empeñe en acortarlo desconsideradamente
3. Sí gané un concurso de Televisión Española. El más célebre de aquellos años, en la que había ingenio y poca vulgaridad televisiva; se llamaba “Las Diez de Últimas”, que sucedía a “Un Millón para el Mejor”, con millones de espectadores que te convertían en personaje público de la noche a la mañana. El año era 1969. Y gané al ir acertando las numerosas preguntas que me formulaba una voz invisible. Fui explicando el mundo del alpinismo; como era ese modernismo de escalar montañas y la gente fue aficionándose y conociendo el montañismo. Constituyó, parece ser, algo distinto. Yo empleaba un lenguaje que expresaba conceptos y contenidos nuevos: ilusiones y pasiones por la aventura, lejanas montañas llenas de luz, grandes esfuerzos y fracasos, incomodidad, superación… No había más compensación que la cumbre. Mi persona cayó muy bien en la sociedad de aquellos años y se hizo muy famosa, de lo que siempre me arrepentí. Luego mis reiteradas expediciones llenaron los periódicos en largos seriales y mi persona aparecía una y otra vez en la Televisión única en entrevistas de los programas estelares. Se crearon cientos de clubs de montaña en España. Fue una campaña de promoción incomparable, barata e ilusionante… Fue el renacimiento del alpinismo en España.
4. No me gustaban los juegos deportivos, pero vi en la montaña un mundo de trascendencia y emoción. En ella había amistad, compañerismo y aventura. No se podía comparar con nada. La lectura de algunos libros me presentó el mundo del alpinismo como un idealismo incomparable. Lo demás, que me perdonen los campeones, son en su comparación juegos de niños.
5. He ascendido montañas grandes y pequeñas en todas las latitudes de la Tierra. Creo que soy uno de los alpinistas vivos que más montañas ha subido, ya que llevo más de cincuenta años sin perder la más mínima ocasión de alcanzar cimas. Para mi las grandes montañas son las de los Alpes, pero también las de los Andes, en sus distintas cordilleras, las del Caucaso, Alaska, y por supuesto las del Himalaya. Subí el Eiger, la pared más temida de la Tierra; subí solo al pico Mc Kinley, en aquellos años, el más alto y entonces desconocido del Artico, el Aconcagua en solitario, que poco parecido tiene con el actual, lleno de gente, permisos y caminos, completamente solo y viviendo aventuras alucinantes y extraordinarias; escalé el famoso Badile por su pared nordeste, una vía mítica en aquellos años en el límite, la pared norte del Lavaredo en las Dolomitas, Cervino, y cientos de aristas en muchas montañas más, entre ellas la famosa escalada invernal de la pared oeste del Naranjo de Bulnes, que fue el máximo acontecimiento español del alpinismo que produjo centenares de reportajes, portadas de diarios y revistas…
Pero en la vida no solo se consiguen cimas, también se viven fracasos que forman parte de tu bagaje de experiencias, tanto como los mismos éxitos… Y así fracasé muchas veces, en 1973 en el Annapurna, dicen que el 8000 más peligroso de la Tierra, al que fui en solitario, sin ayudas, sin saber como se llegaba y me salvé por esas causalidades del destino, y con ayuda de lo Alto. Fracasé cerca de la cima del Cerro Torre, también una de las escaladas más difíciles de aquellos años… Fracasé en el Monte Sarmiento de Tierra de Fuego… En el mismo Everest… En fin tengo como un tesoro estas experiencias que constituyen la fascinación de mi vida… Dijo Churchil que el éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo…
6. Nunca he ascendido al Everest. Por eso querría alcanzar la cima para poder contarlo, como hago en mi libro “Los Misterios del Everest” o el “Lama Milarepa”, una de mis novelas, en la que mi personaje, el barón de Cotopaxi, llega moribundo a la cumbre viviendo momentos emocionantes y descubriendo la vida muy cerca de la muerte…
En 1989 la Universidad Complutense, es decir la de Madrid, con su rector Magnifico Gustavo Villapalos me encargó dirigir una expedición científico-deportiva al Everest. Se planificó y organizó de forma minuciosa, pero la acompañó la tragedia. Vi enseguida que la subida al Chang La (collado norte) estaba aún con mucha nieve y peligrosa. Ordené a los jóvenes expedicionarios que se aclimatasen en esa altura y descendiesen. Como eran muy entusiastas desobedecieron y una avalancha se los llevó. Fue una honda tragedia y nunca pude reprocharles su indisciplina. Tuve que rendir la expedición y soportar las numerosas críticas de los medios y las personas. Ser jefe siempre tiene esos inconvenientes.
7. Sufrí el infarto en la expedición al Everest de 1992. Había tenido un año muy activo, lleno de preocupaciones, estudios y entrenamientos, había leído mi tesis doctoral y entregado tres libros en la editorial. Estaba cansado y la expedición era peligrosa por la vía que Nepal nos había asignado: el pilar Sur. Subiendo solo por la cascada de hielo de Khumbu, el pasaje más difícil y peligroso del Everest, sufrí el infarto. Pude comunicarlo por radio y me aseguré a una clavija en el hielo. Llegó el primero a mi rescate mi hijo Bruno y luego llegaron otros espléndidos amigos: mi sherpa Chowang Rinci, al que yo había rescatado en la pared norte dos años antes, Arceredillo, un estupendo militar lleno de humildad y valor, así como mis propios compañeros y otros alpinistas inolvidables de la expedición gallega. Me bajaron más muerto que vivo, y así me regalaron estos dieciséis años pasados que he llenado de escaladas preciosas, sentidas conferencias y libros, volando en parapente muchas montañas y recorriendo cordilleras de la Tierra…
8. Ya está contestada.
9. Para ir al Everest, yo procuro llamarle por su verdadero nombre: Qomolagma o Chomolagma, hay que prepararse toda la vida. Yo llevo preparándome física y mentalmente desde que en 1969 llegué a la cima del Eiger. Me dije: “ahora, cuando pueda ser iré al Everest”, pero nunca tuve el apoyo económico suficiente. Yo siempre fui un rebelde, y permanecí muchos años proscrito por las instituciones deportivas del viejo régimen.
Para ir a cualquier gran montaña hay que estar físicamente muy entrenado, y yo es lo que he hecho a lo largo de estos cincuenta últimos años: gimnasia, escalada, esquí, incomodidad, esfuerzo, cansancios, fríos, precipicios… y tener mucha ilusión por la vida.
Ahora, a estas alturas, querría superar mis cardiopatías, con ayuda del Instituto de Medicina Deportiva del CSD, que me está tratando muy bien y tratar de demostrar que los infartados, bien conducidos y tratados, pueden mantener intactas sus ilusiones prolongando la vida deportiva y espiritual.
También quiero investigar sobre este singular mandato del alma que es llevar al cuerpo al limite del espíritu, y analizar el miedo, el esfuerzo, la nostalgia, el cansancio, el abismo… Es un pura fenomenología filosófica. El libro que llevo algunos años componiendo se llamara “Las Montañas del Alma” y mi camino hacia el Everest resultará muy ilustrativo…
10. Sí yo creo que les parece una locura. Les estoy muy agradecido a todos por su dedicación y su amabilidad: doctora Boraita del CSD, Macaya, una eminencia que me implantó un “stent”, Fernández Ortiz, Villacastin y otros igualmente prestigiosos.
11. Es cierto que ni en mis conferencias, ni todavía en ninguno de mis libros habló o escribo de aquella honda tragedia de la muerte de Elena en Pakistán, en el Hindu Kusch, en la montaña del Tirich Mir, una cima de 7.500 metros. Ahora treinta y siete años después comienzo a decir algo sobre aquel capítulo de mi vida, que produjo en España un gran impacto social. En el libro que te he mencionado antes trataré de recordar esa situación tan dramática. Creo que quedé marcado por aquél sucedido tan trascendente y tan sentido. Procuraré enmarcarlo debidamente en la metafísica del alpinismo y de la vida. Por ello no querría, aunque lo he hecho en muchas ocasiones, incluir a nadie muy allegado a mi en estas expediciones que siempre son arriesgadas. Aunque se que la vida es riesgo, y es decidirse, y en la que hay que confiar y desconfiar a la vez. Dios no lo quiera.
12. La vida ya sabes que es dolor y sufrimiento, además de misterio. Yo desconfió mucho de los que nunca han sufrido, y no quiero citar a tantos estudiosos que mantienen este punto de reflexión. Desgraciadamente no he tenido solo un infarto. Tuve otro en 1997, en el Gulab Kangri, en el Tíbet indio, conduciendo a mis compañeros abogados. Para ayudarlos me olvidé de mis limitaciones y corrí por la montaña, como me permite mi entrenamiento, pero vino la crisis del esfuerzo límite…Me quedé solo cuando mis acompañantes ya estaban bajando por sitio seguro. Creí que moría allí, pero superé el trance, y en vez de ingresar en una confortable UVI, tuve que descender 1000 metros hasta el campamento. Lo pase muy mal pero llegué abajo y al meterme en el saco de dormir pensé: si me despierto mañana es que sigo vivo…
13. La cima es alcanzar la luz. Ortega ya pensó eso mismo que tú me preguntas cuando hizo referencia a si era más importante el camino o la cima. La cima es llegar e influye decisivamente en el “ser”. Yo siempre quiero llegar hasta el final, aunque a veces el volver de la cumbre es un duro peregrinaje de cansancio entremezclado con la belleza de haberte visto allá arriba en ese triángulo mágico que cualquier cumbre constituye.
14. Si llego a la cima del Everest veré mi pasado y mi futuro. Renaceré de mis limitaciones, me llenaré de humildad y daré Gracias a Dios por su ayuda. Escribiré y contaré para llenar de ilusión a esta juventud y a esta sociedad que se deja llevar por la comodidad y la seguridad, repitiendo con la mayor amenidad posible que el alpinismo es una escuela de vida y de superación y una manera de adentrarse en el secreto de nosotros mismos. Siempre he tenido gran confianza en lo que representan las grandes ilusiones y el precio que siempre hay que pagar por alcanzar lo que se consigue. Creo que me encantará seguir poder llenando de optimismo y de idealismo a esta sociedad en la que estamos, tan vulgar y tan dominada por el positivismo materialista.
15. La fascinación de la montaña está en el fondo de lo vivido por ti mismo. Yo cuando leo alguno de mis libros me lleno de contento recordando momentos importantes que se me habían olvidado, el valor que tuve que emplear, la intensidad de las emociones, la hondura de mis sentimientos, reafirmándome en las decisiones comprometidas que tuve que tomar… sintiendo por mi mismo un cálido respeto… Yo he llevado y sigo llevando una vida fascinante que deseo trasmitir a los demás…
16. El libro del Aconcagua que yo me bajé de la cima en mi segunda ascensión, en solitario, cuando nadie de los alrededores creía posible que un hombre pudiera alcanzar la cumbre fue un suceso que entró en la leyenda. El Diario Clarín dio contraportada con el libro y mi persona. El diario Ya ( entonces el de mayor tirada de España) también me concedió la portada, y el tema recorrió todas las redacciones de prensa, produciendo decenas de reportajes y comentarios de radio y televisión. El Aconcagua fue en esos años la cima más famosa de la Tierra para los españoles, y se ponía de nombre a discotecas y se hacían chistes a cargo de los mejores humoristas del país. Fui el divulgador del Aconcagua, del Mc Kinley, del Annapurna, del Naranjo y de muchas montañas más. Me siento orgulloso de tener leyenda como un protagonista de la vida que la ejercita con responsabilidad y altruismo (aunque también la leyenda encierre falsedades y exageraciones, que procuro marginar) La leyenda es la verdad idealizada, la verdad mezclada con la fantasía y todos los que alcanzan la calificación de personajes son protagonistas o titulares de la leyenda.
7 de Mayo, 2008 a las 10:04
Desde luego cuando uno lee una entrevista y luego la otra queda un poco perplejo ; tampoco es de extrañar. En la entrevista de El Mundo leo que lo verdaderamente interesante en la figura de Perez de Tudela , sus gestas , sus meritos y el reconocimiento tanto social y deportivo que se le debe lo han querido tratar de una manera superficial dando mas importancia a la otra cara de la entrevista , que para mi sinceramente cartece de interes.
Muchos ánimos desde la localidad vecina de El Escorial.
9 de Mayo, 2008 a las 17:33
Cualquiera de las dos entrevistas son validas. La realidad es que una entrevista por muy buena que la haya planteado el entrevistador si se la hacemos, por poner un ejemplo, a Dinio pues…Me parece valido escuchar cualquier contestación de cualquier pregunta de un personaje que me parezca interesante. Habrá gente que le interese que opina Cesar sobre Franco, sobre los de izquierdas, etc..Sin embargo otras personas querrán saber de sus actividades, sus vivencias, el porqué de su forma de vida.
Yo me decanto mas por la segunda opción, sin desechar la primera, de hecho disfruto mucho de la lectura del libro “Conversaciones con C.P de Tudela,”, pero , por que no, también es valido saber la posición de Cesar en aspectos mas banales de la vida.
Soy lector- admirador incondicional suyo y en mi opinión particular, Cesar es realmente una persona de lo mas normal, que ha practicado toda su vida la fidelidad de sus principios, que ha sido consecuente, unas veces para conseguir éxito y otras “fracasos”. Ha conseguido mezclar los grandes éxitos , con terribles tragedias, una persona sin bajezas pese a las criticas de unos y otros, sin falsas modestias pero carente de altanerías por su “personaje”, y sobre todo, trasmitiendo ahora la misma ilusión que trasmitía ya varias décadas atrás.
Sobre la edad…
La edad, es el pasar de la vida, el acercamiento con la muerte, al nacer ya estamos muriendo.
Abrazos , Juan Carlos.
14 de Mayo, 2008 a las 20:53
Juan Carlos , lo que dices es cierto pero me pregunto yo ¿ cual era el objetivo de la entrevista y para que fue entrevistado Perez de Tudela?
Un saludo.