Viernes, 23 de Mayo de 2008
Iñaki Ochoa de Olza murió hoy a las 8,30 hora española, en el Annapurna.
Ayer por la noche, cuando escribía mi comentario sobre el oxígeno en las grandes alturas del Himalaya, ya sabía yo que la situación de Ochoa de Olza era limite. Solo el oxígeno combinado con el descenso podría haberle salvado la vida. Pero no había quién le bajara. Su compañero Horia tuvo que dejarle por que también se encontraba afectado por la altitud, y el suizo Steck no pudo hacer más que lo que hizo, darle los fármacos que tenía, que aunque pudieron contribuir a una leve mejoría, no pudieron prolongar la vida del alpinista español.
Así desgraciadamente es el alpinismo en el Himalaya. Ochoa de Olza hacía verdadero alpinismo en la altura, ascendiendo por un itinerario nuevo en la vertiente sur del Annapurna. Allí nadie, si no él mismo, y él estaba inconsciente, podría haberle salvado en su situación. El helicóptero que sus amigos habían contratado en Katmandú no había llegado todavía al campamento base, a 4.000 metros, cota en la que suelen quedarse. Y de allí a los 7.400 metros en dónde se encontraba Iñaki hay muchos metros de desnivel por zonas difíciles, por las que bajar a una persona impedida o inconsciente es peligroso e incluso imposible por que bastante tiene cada uno en ocuparse de si mismo.
El edema cerebral es casi mortal en la mayor parte de los casos si no se procede con urgencia a la evacuación del afectado, descendiéndole rápidamente. Y ese no era el caso de Ochoa de Olza ¿Quién lo iba a bajar? Su compañero Horia hizo lo que pudo, ayudándole a hidratarle, cuidándole dentro de la tienda anclada a 7.400 metros, con el viento de la altitud, rodeado de vertientes peligrosas.
El doctor Botella, un espléndido alpinista y médico valenciano ya lo dice claramente: “¿Cómo es posible que los alpinistas vivan durante semanas a gran altitud y hagan grandes esfuerzos físicos, teniendo cifras de oxígeno en sangre inferiores a las de muchos pacientes de la UCI, a quiénes hay que conectar a un respirador? “
Se emplea con frecuencia en el Himalaya y en los Andes, la terminología o frase de “zona de la muerte” que pudiera parecer exagerada o tremendista, pero es una realidad incuestionable.
23 de Mayo, 2008 a las 12:01
Llevo toda la semana en tensión por lo que estaba sucediendo en la cara sur del Annapurna al hoy en día, en mi opinión, uno de los mejores y mas destacado alpinista, Iñaki Ochoa de Olza. Esta mañana ley en el periódico su leve mejoría al recibir los medicamentos que hasta donde yacía le llevó Ueli Steck. He encendido el ordenador y me ha dado por ver si nuestro amigo Cesar había puesto algún articulo nuevo. Veo que también toca el tema sobre el drama de Iñaki y me doy cuenta de que no he mirado en la pagina de Barrabás que es la que esta dando las noticias mas actualizadas sobre lo que esta ocurriendo. No se que decir. ¿descanse en paz?, el no necesita descansar. Un día Cesar dijo que morir en la cama seria una traición a su vida, si no recuerdo mal.
Podríamos decir que Iñaki ha muerto en “acto de servicio”, haciendo lo que mas le gustaba, pero sinceramente a mi no me consuela y a sus familiares y amigos directos menos. La vida le ha traicionado.
Con responsabilidad se retiro a “solo” un centenar de metros de la cumbre para que un principio de congelaciones no fuese a mas, sin forzar su suerte. Es cierto que en la montaña se vive en un filo de navaja, que todo lo que hagamos es trascendental, que aun no teniendo un accidente, sea por un error nuestro o porque la naturaleza lo cree en ese momento para nosotros, todavía hay peligros por la agresión que la altitud extrema en si produce en nuestro cuerpo. Con esto quiero decir que esta vez Iñaki, en otras ocasiones cualquier otro alpinista morirá haciendo las cosas bien.
La vida le ha traicionado, pero el era, como el resto de los que nos gusta vivir la montaña, consciente de las repercusiones positivas y negativas de esta actividad o forma de vida en su caso.
La vida nos ha traicionado a nosotros. Solo hay que echar un vistazo a su rescate para saber como era ese tipo desmelenado y cercano.
Estos tres días de rescate ha sido la demostración de honor, camaradería y valentía, una de esas acciones que dignifican al ser humano, que nos diferencia del resto de las bestias, de las monstruosidades que hacemos aunque solo sea por breves instantes.
Lo que el señor Steck ha hecho en la cara sur de la montaña que mas alpinistas se ha llevado por delante, es éticamente indescriptible. El rumano Horia que no le ha abandonado hasta que Steck llegó para darle el relevo en sus cuidados. El ruso Molotov que con principio de edema pulmonar tuvo que descender y en el momento de encontrar mejoría se puso manos a la obra en la ayuda y cooperación para el rescate de su compañero. Los kazajos Urubko y compañía, un americano, alpinistas que ya estaban en Katmandú en retirada, volvieron al campo base del Annapurna para colaborar.Las autoridades navarras y sus patrocinadores haciéndose cargo de costes materiales necesarios para su rescate. Esto dice mucho de todos ellos, dice mucho de la mentalidad de los verdaderos alpinistas, deportistas y personas, pero de quien mas dice, y con esto espero que consuele en medida de lo posible a su conocidos y familiares, de quien mas dice todo lo que se ha vivido esta semana, es de Iñaki Ochoa de Olza.
Todo ha sido un reflejo de lo que el era.
Respeto profundo para todos los que han cooperado en su rescate y en particular para Ulie Steck. A partir de hoy lo del record en la ascensión al Eiger es lo segundo mejor que ha hecho como alpinista.
Me despediría con un descanse en paz, pero Iñaki nunca se ha caracterizado por querer descansar.
Puta vida.