Iñaki Ochoa de Olza murió hoy a las 8,30 hora española, en el Annapurna.
Ayer por la noche, cuando escribía mi comentario sobre el oxígeno en las grandes alturas del Himalaya, ya sabía yo que la situación de Ochoa de Olza era limite. Solo el oxígeno combinado con el descenso podría haberle salvado la vida. Pero no había quién le bajara. Su compañero Horia tuvo que dejarle por que también se encontraba afectado por la altitud, y el suizo Steck no pudo hacer más que lo que hizo, darle los fármacos que tenía, que aunque pudieron contribuir a una leve mejoría, no pudieron prolongar la vida del alpinista español.

Así desgraciadamente es el alpinismo en el Himalaya. Ochoa de Olza hacía verdadero alpinismo en la altura, ascendiendo por un itinerario nuevo en la vertiente sur del Annapurna. Allí nadie, si no él mismo, y él estaba inconsciente, podría haberle salvado en su situación. El helicóptero que sus amigos habían contratado en Katmandú no había llegado todavía al campamento base, a 4.000 metros, cota en la que suelen quedarse. Y de allí a los 7.400 metros en dónde se encontraba Iñaki hay muchos metros de desnivel por zonas difíciles, por las que bajar a una persona impedida o inconsciente es peligroso e incluso imposible por que bastante tiene cada uno en ocuparse de si mismo.

El edema cerebral es casi mortal en la mayor parte de los casos si no se procede con urgencia a la evacuación del afectado, descendiéndole rápidamente. Y ese no era el caso de Ochoa de Olza ¿Quién lo iba a bajar? Su compañero Horia hizo lo que pudo, ayudándole a hidratarle, cuidándole dentro de la tienda anclada a 7.400 metros, con el viento de la altitud, rodeado de vertientes peligrosas.

El doctor Botella, un espléndido alpinista y médico valenciano ya lo dice claramente: “¿Cómo es posible que los alpinistas vivan durante semanas a gran altitud y hagan grandes esfuerzos físicos, teniendo cifras de oxígeno en sangre inferiores a las de muchos pacientes de la UCI, a quiénes hay que conectar a un respirador? “
Se emplea con frecuencia en el Himalaya y en los Andes, la terminología o frase de “zona de la muerte” que pudiera parecer exagerada o tremendista, pero es una realidad incuestionable.