Martes, 27 de Mayo de 2008
¿Es una moda para los ricos? Ciertamente algo así es.
Para los españoles hay que disponer de dinero suficiente o tener la suerte de estar “sponsorizado” por alguna empresa importante, o por algún organismo de la Administración regional para poder irte a escalar en el Himalaya.
Si no eres un alpinista todo será aún más dificultoso. Y si tienes una economía normal, que es lo frecuente tendrás que solicitar un préstamo bancario para irlo pagando durante los años siguientes.
Pero además deberás tener tiempo suficiente para permanecer alrededor de dos meses en aquellas preciosas regiones, a veces muy incómodamente, en campamentos altos, con frío y con una despensa poco apetecible. Aun así, si la climatología no nos es favorable, o falla nuestra estrategia, o la temporada es mala es muy posible que no alcances la cima
Alpinistas de mucho renombre han ido al Everest en tres, cuatro o cinco expediciones, fracasando por algunas de las causas antes planteadas. Desde luego hay quien tiene suerte y sin ser un alpinista famoso sube en la primera ocasión. Pero repito lo más difícil no es escalar la montaña, sino conseguir el dinero y disponer de dos meses para dedicarlos íntegramente a vivir la experiencia.
Por estos motivos yo siempre he preferido no depender de estas circunstancias y aprovechar el tiempo recorriendo otras cordilleras y montañas que no tuvieran éstas exigencias. Además a mi no me gusta gastar los meses de la vida, que son tan valiosos siempre y más cuando la cronología aumenta.
Por eso he podido subir y espero seguir subiendo, a muchas montañas más esparcidas por todos los rincones de la Tierra.
Pero ahora, en estos últimos diez o quince años, para la gente en general parece solo existir el Himalaya, restándose importancia a las otras grandes cordilleras y macizos de la Tierra, aunque a ellas acudan escaladores y alpinistas extraordinarios, en cualquier caso nunca inferiores a los que acuden a los “ochomiles”. No hay quien pueda luchar contra la moda, la que impone sus gustos, que suelen arrollar lo que encuentran, aunque esto sea más meritorio o selectos. Para la gente, incluso para los informadores, ahora solo existe el Himalaya y el “ochomilismo”. Con la excepción de estos días por la muerte del alpinista navarro Ochoa de Olza, en el Annapurna, solo interesa el Everest.
Yuichiro Miura en la cima del Everest
En esta primavera, en la que yo no he querido esperar a que cesaran las restricciones impuestas por China para intentar vivir la experiencia de subir al Everest, están siendo muchos los que alcanzan la cima por Nepal. Entre ellos un viejo soldado nepalí que declara tener 77 años, Bahadur Sherchan, que ha reclamado el record de ser el más mayor que llegó a la cima. Claro que Sherchan no presenta documentación alguna, y es hasta posible que sus años no sean los de nuestro calendario.
Pero no es cuestión de investigar. Le sigue en edad un japonés excepcional que yo conocí en el Festival de Cine de San Sebastián en 1971 al que fui invitado de honor para ver una película extraordinaria sobre el Everest: “Everest Sinfoni”.
Su protagonista era Yuichiro Miura, uno de los más famosos esquiadores de lo imposible de la época. En la película, la mejor filmada en 70 mm. sobre el Himalaya, se recorría el fantástico camino por territorio sherpa hasta el mismo collado sur a 8.000 metros, desde donde Miura se lanzaba hacia la vertiente del Lhotse en esquís, frenando su velocidad -enseguida vertiginosa- dos pequeños paracaídas.
Miura salvó la vida milagrosamente ya que a pesar de su indudable destreza como esquiador no pudo controlar los esquís por la dura pendiente helada, cayendo. La suerte y los paracaídas le salvaron, siendo filmado por varias cámaras además de la que llevaba en el caso y en los esquís.
En aquella ocasión no pudo llegar a la cima del Everest, lo que logró de forma admirable en el año 2003, con 70 años, aunque fuera criticado injustamente por periodistas no conocedores de su persona que le pretendían restar méritos por subir acompañado por dos serpas, lo que es casi normal en la mayor parte de los “ochomiles”.
Ahora, esta primavera, ha regresado a la cima este admirable personaje que tampoco ha logrado record de ser el más veterano en la cumbre, si es que se comprobara la edad real del viejo soldado nepalí.
Esta singular noticia pone de manifiesto el coraje humano y el sentido trascendente de la ilusión y el entusiasmo por la vida.
cesarperezdetudela.com
27 de Mayo, 2008 a las 21:20
La verdad es que sí. Que tiene usted razón. El Everest está de moda, y la moda produce obsesión. Quien osa no seguirla es criticado e incluso menospreciado por considerar las hazañas como menores, pero claro toda la gente con este pensamiento caduco, es la gente del consumismo desenfrenado y la de la cultura de la televisión; es decir borregos. Gente que no ha salido más que ha ciudades de moda que al final y gracias a la globalización se convierten en todas iguales.
Yo pienso que usted César que ha recorrido tanto mundo, que ha vivido tanto, debería plantearse con un hecho: esta bien que tenga muchas ganas de subir al Everest, pero voy a subir cuando el lo decida, tiene vida propia, por mucho que yo me empeñe sin su ayuda no lo voy a conseguir.
Sobre todo creo que tiene que disfrutar de todas las cimas que le separan de esta última,y recuerda amigo César que el fin es el camino.
Un caluroso SALUDO
28 de Mayo, 2008 a las 11:17
Gracias por tu comunicado Raúl. Estoy de acuerdo con que el fín es el camino y que se camina para vivir y no para llegar a sitio alguno. Yo quiero llegar al Everest para vivir el camino escapándome lo que pueda de la moda imperante. Gracias por tu valiosa cooperación. Y a ti Juan Carlos ya no te digo nada. Mi página es tuya. Afecto de CP de Tudela
28 de Mayo, 2008 a las 16:59
Algunos mediodías me acerco a la zona del Canto del Pico en Torrelodones. Ese rato de descanso que todo ser viviente utiliza para comer, ver la tele y pensar en que 3 horas después hay que volver a trabajar, yo las empleo en trepar por las vías de la zona antes mencionada o montar en bicicleta.. Primero; lo hago porque intento lograr que mi técnica para escalar solo sea un poco menos torpe, entrenar mi cuerpo y mi mente y encontrarme conmigo mismo disfrutando de un rato de merecida soledad.
Seguramente habrá seres que consideren que la felicidad es algo mas, que para ser feliz necesitamos mas que esto. Pienso que la diferencia de felicidad entre unos y otros esta mal entendida. Si marcamos la vida como un 100%; un 25% seria de momentos buenos o felices, un 25% de momentos malos, dificultades o infelices y un 50% de estabilidad entre los otros dos porcentajes. Ese 50% es el que marca nuestra felicidad, lo que signifique nuestra vida en esos parámetros, si mientras no tenemos esos momentos puntuales de felicidad extrema, de luz, somos positivos o por el contrario vivimos esa zona esperando que nada salga de nuevo mal, amargados y esperando a que algo bueno se nos cruce. Para mi un domingo es el día que tengo tras el sábado de trabajo para disfrutar, no el día anterior al lunes en el cual volvemos a la rutina. Con esto quiero decir que la felicidad es básicamente la predisposición que tengamos a serlo. Si Cesar sube o no el Everest no le hará mas infeliz por se una persona que va a disfrutar de cualquier actividad, de cualquier día siguiente de su vida. Eso si Cesar, ve a por el Everest pues puedo estar equivocado en todo esto.
Gracias Cesar, mi mas sincero abrazo, Juan Carlos.
La felicidad y la alegría dependen de estar en armonía consigo mismo, con los demás, con el mundo y con Dios.