Las nubes cubren el macizo del Everest y solo las formidables efigies del Ama Dablam y del Tanserku sobresalen en la niebla barridas por el viento.
Y mirando la montaña pienso en la lucha heroica y trágica de Guillermo Mateo, este pasado invierno, cuando tras alcanzar solo su cima descendía de la cumbre, sin cuerdas fijas, entre una fuerte ventisca… cara a la pared, con los piolets en ambas manos… Los que estaban abajo contemplaban la escena impresionados: una ráfaga de viento se lo llevó, y Guillermo Mateo, alpinista de raza y de filosofía, cayó mil metros hasta el fondo de su destino. Me lo contaba Visnú, el nepalí, que siguió sobrecogido las dramáticas secuencias. El mismo acompaño a la viuda y a las hijas de Mateo, meses después para localizar sin éxito el cuerpo perdido en los abismos…
Envié al compañero de montañas perdido, un saludo de admiración por su lucha, allá, en la lejanía misteriosa donde se encuentre.

La noche propicia la soledad y con ella la reflexión. Sigo, es la verdad, preocupado con mi próximo destino: seguir hacia la montaña o quizás volver y esperar una situación más propicia.Escribo desde el monasterio lamaísta de Tyanboche, camino natural del campamento base del Everest por la vertiente nepalí. Muchas de las expediciones que pretendían escalar la norte del Everest han optado por probar suerte por ésta ruta sur, mientras otras muchas han decidido posponer su tentativa o elegir otra montaña. El resultado es una gran aglomeración de alpinistas y acompañantes en el campamento base, siendo al parecer el número más elevado que se ha conocido en toda la historia del Everest. Ya veremos que puede pasar. Además todas han aceptado la prohibición de no sobrepasar el campamento segundo, en el llamado Valle del Silencio, hasta que China libere la cima del Everest después de ascenderla con la Antorcha de los Juegos Olímpicos, lo que podría ya ser muy tarde para emprender la dura ascensión, tanto a la misma cima del Everest como a la del Lhotse.Por una parte, si las condiciones climáticas se mantuvieran bien, podría ser este año una buena oportunidad, pero por otra, en mi caso especial, y tras las operaciones cardiacas a las que he sido sometido, quizás pueda venirme mejor unos meses más de normalidad y entrenamiento para valorar bien mis facultades.

Un encuentro emocionante.

En Nanche Bazar, el pueblo más importante del país de los sherpas, busqué en la noche la casa de Chowang Rinzí, el extraordinario amigo que actuó como sirdar en las expediciones de la Universidad Complutense de 1990 y 1992 que yo tuve el dolor y el honor de dirigir. Allí estaba en su humilde casa, su guarida de montañés. Fue un reencuentro emocionante. Tratamos de entendernos recordando el pasado (el drama de la expedición de 1990, en la que perdimos a dos compañeros de Nepal, y al espléndido alpinista madrileño Rafael Gómez Menor, barridos por una avalancha). Chowang se salvó junto a Carlos Salcedo. Fue una dura retirada y el fracaso de la expedición. Chowang fue ayudado por otros dos compañeros sherpas, por Salvador Rivas y por mi a volver, trasladándoles maltrechos al campamento base. En la expedición de 1992 fui yo el que necesitó auxilio. Chowang junto a mi hijo Bruno, el militar Arceredillo, y otros inolvidables compañeros, me auxiliaron de forma valiente, esforzada y decisiva para mi vida. ¿cómo podría olvidarles?
Fueron momentos de afecto justificado. Chowang en su sencillez me mostraba su contento abrazando mi pierna en un signo claro de amistad. Me dijo que volvería a la cima del Everest para acompañarme, si yo decidía subir. Su discípulo, e hijo adoptivo, el sherpa Lakpa Dorge, llevaba ya seis ascensiones y también podría acompañarnos. Momentos como el vivido son los que humanizan la existencia. Ni los años, la distancia, o la diferencia de culturas, borrarán jamás los momentos grandes de la vida.

Everest

En la noche oscura de Nanche Bazar, regresando de la casa de Chowang, una silueta femenina vino hacia mi, y antes de que pudiera reconocerla me abrazó efusivamente. Era Rosa Fernández, la estupenda himalayista asturiana que estaba en Nepal como reportera de la televisión del Principado dispuesta a escalar el Lhotse cuando fuera posible. Quedamos para grabar una breve entrevista.

Subiendo y bajando he estado constatando mi forma física que parece normal y no deja de sorprenderme.

Caminando por el Himalaya, rodeando las stupas sagradas por la izquierda, mirando entusiasmado las grandes montañas, en compañía de mi hijo Bruno, que junto a Luis de Tena, Ortega el Ardilla y el abogado Jorge Trias, constituyen el equipo que me acompaña en esta primera observación expedicionaria me voy animando a tomar una decisión definitiva.

El alpinista debe aprender a ver de lejos.

Bajo el triángulo precioso del Khunde, en un pequeño poblado, nos encontramos a Juanito Oiarzabal que junto con tres vascos altos y fuertes se entrena para el Makalú. Otro encuentro lleno de afecto y camaradería. Oiarzabal está en buena forma y su voluntad inquebrantable le ayuda a superar las duras lesiones de sus pies. Dice que el Makalú será su último 8.000, el número 23, lo que es digno de sincera admiración. Dice que quizás retorne nuevamente al Cho Oyu para ayudar a su amigo Gumersindo, el presidente de los montañeros del Club de Vitoria, que quiere alcanzar su cima. Fotos, abrazos y buenos deseos para todos, incluyendo a Carlos Soria que está en el campamento base esperando la mejor oportunidad cuando las nevadas permitan seguir subiendo.

Cesar Everest

Han pasado unos días, subiendo y bajando montañas.
Y hoy por fin he visto en la lejanía que me conviene posponer mi aventura.
He aceptado las circunstancias, sobreponiéndome a las prisas.
Mi futuro es ya solo presente y se que por ello llegará pronto, como corresponde a mi cronología avanzada.

La noticia de que el gobierno de Nepal ha enviado al campamento base del Everest a la Policía y al Ejército para impedir a toda costa que nadie suba desde el campo 2, haciendo uso de las armas, si es necesario. No se que podrá ocurrir.

El reportaje periodístico estará en el campamento base, pero yo ya he llegado a la conclusión de que será mejor reposar mi propósito y posponer la tentativa de llegar a la cima hasta el año próximo en mejores condiciones.

En estos días volviendo al Himalaya, y pensando en el Everest y su aventura creo que he experimentado:

A mirar con calma, y a lo lejos, dejando que todo se vaya acercando.
- A no hacer juicios precipitados.
- A no responder rápidamente a ningún estímulo.
- A controlar los instintos y aplazar las decisiones.

Agradezco mucho las promesas de ayudas, de empresas e instituciones: Comunidad de Madrid, Torrelodones , Satlink, Laboratorios Lilly que me facilita las comunicaciones, que me anima y aconseja, R&A Marketing que creó la pagina Web, así como de tantos amigos de los que he recibido muestras de afecto y solidaridad con mi idea de volver al Everest.
¡Gracias amigos!