Martes, 4 de Marzo de 2008
Mi personaje ideal, el barón de Cotopaxi, un poco el que yo quisiera haber sido y que hasta cierto punto soy, en una de sus extraordinarias aventuras confesó haber visto al yeti, en el bosque de Lete, del Kali Gandaki, en Nepal, un atardecer del postmonzón de 1973, cuando había fracasado en su intento solitario en la ascensión del Annapurna y estaba refugiado en la pequeña aldea de Chhoya ( Ver el libro Cinco Montañas Solo” de Desnivel y “El Lama Milarepa” de Belacqua).
Varios años antes yo había investigado sobre el yeti en mis primeros viajes por el Himalaya, preguntando a las gentes en las aldeas, a los porteadores-coolies y sherpas, a los santones y peregrinos, recibiendo curiosas y valiosas informaciones. También fui recogiendo las viejas leyendas sherpas que contaban (no tienen escritura) como habían matado a numerosos familias de yetis en el Himalaya, por cuestiones de conflicto de territorio, al ocupar las laderas sureñas, bajo el Everest, cuando llegaron procedentes del Tíbet, en las migraciones que tuvieron lugar en las llamadas “Pequeñas Glaciaciones”, dando lugar a las tribus sherpas.
Por otro lado recopilé cuantos datos encontré sobre el yeti, publicándolos en mis libros “Por los techos del Mundo” de editorial Doncel y en los relatos juveniles editados por Edelvives, colección Ala Delta, en el libro “Yo vi al Yeti”, una casi completa relación de los estudiosos occidentales, universitarios, biólogos y expedicionarios que habían visto vestigios, huellas o incluso al mismo misterioso homínido del Himalaya `personalmente.
Así estaba el tema. Y creo, sin ninguna presunción, que soy uno de los exploradores de montaña que más ha estudiado, escrito y publicado sobre este misterioso personaje. La visión del barón de Cotopaxi, que coincide con la mía y que se relata en los libros mencionados, fue creando una cierta curiosidad en distintos medios de información, habiendo mi persona requerida para ser entrevistada, especialmente en radio y televisión, en programas diversos, unos más serios y otros menos; y también en distintas publicaciones y revistas como Enigmas, Más Allá, Nuevo Milenio de Iker Jiménez, programas de televisión de Javier Sierra, Serdá, etc…)
Nunca tuve ningún especial interés en narrar mis investigaciones y experiencias respecto al yeti, ya que en mi larga vida de explorador de montañas me han ocurrido sucesos que estimo de mayor trascendencia e interés metafísico. Y he de confesar, que ciertamente me he sentido incómodo ante las expresiones y gestos de duda de las gentes, cuando he sido interrogado por este motivo. El exceso de racionalismo materialista que inunda a las sociedades como la nuestra, no es el mejor escenario para aceptar los misterios. Quizás por ello no tengo deseos de contar lo vivido o lo investigado y casi me molesta contar mis andanzas e investigaciones sobre el legendario homínido, a personas generalmente incrédulas y vulgares.
En cualquier caso en estos últimos años pensé que ningún yeti habría sobrevivido a las persecuciones del hombre, en este caso de sherpas y pobladores de las montañas de Nepal y el Tíbet, y que ya el misterioso “hombre de las nieves” formaría parte, desgraciadamente, del patrimonio cultural del pasado.
El último testimonio que yo tenía sobre haberse avistado un yeti, fue él de un camarógrafo inglés, que formaba parte de la expedición del gran alpinista Chris Bonigton, en 1984 al Himalaya.
Así estaba éste apasionante tema del pasado, hasta que el día 23 de enero, miércoles, asistí a la Librería Desnivel para escuchar las aventuras de José Ramón Bacelar, el director-propietario de Viajes Sanga, una de las más acreditadas agencias de viajes de aventura de España.
Bacelar fue describiendo su original viaje utilizando fotografías. Y no era un viaje por las montañas que tantos otros antes habían caminado, como es lo frecuente. Bacelar se internó en Dolpo, un territorio prácticamente desconocido por viajeros occidentales, haciendo una ruta a través de altos collados y valles hasta el viejo territorio reino de Mustang, el que fue bautizado como reino prohibido del Himalaya por el escritor-explorador Michel Peissel.
En el transcurso de su original y espléndida exploración, Bacelar descubrió huellas en nieve fresca, huellas del yeti, una larga hilera de huellas que fotografió con minuciosidad. Huellas que sus compañeros de expedición, gentes del lugar, calificaron rotundamente como pertenecientes a este singular ser, eslabón perdido del hombre con sus antepasados. La noticia constituye un descubrimiento de singular importancia a la que yo otorgo toda la credibilidad, viniendo de un viajero explorador serio y coherente como estimo que es José Ramón Bacelar.
Este explorador que escribe se ha alegrado de saber que ese homínido bondadoso y posiblemente también fiero, como son todos los mamíferos menos el humano, haya podido resistir la crueldad y la depredación de los hombres. Por ello la sorprendente noticia de que el yeti continúa vivo, refugiándose en los altos senderos de Himalaya, separándose de los caminos y de las rutas frecuentadas por todos, es para mi una gran alegría.
Sigo organizando mi próxima expedición al Everest, preparándome física y mentalmente para lo que constituye, en ésta época avanzada de mi existencia, una temida y extraordinaria vivencia que trataré de ir narrando a través de ésta página de comentarios y noticias.
Gracias a todos los que de una u otra forma estáis unidos a mis preocupaciones, sentimientos y vicisitudes. La vida al fin solo es aquello que nos pasa y que podemos superar, ésta vida, en mi caso cargada de años, que hay que seguir llenándolos de emociones y experiencias.
Hoy estoy optimista. He subido por la nieve, cargado con mi parapente hasta la cima del Najarra, notando que las fuerzas me asistían y que mi corazón funcionaba bien.
Desde la cumbre he podido salir volando, colgado de mi parapente, superando el miedo del último golpe, esa caída casi mortal de la que fui victima a principios del verano, y de la salí ileso.
He de confesar que en mis últimos vuelos, y hoy también, he ido sintiendo miedo y congoja cuando el viento, para mi demasiado fuerte, me subía y me movía excesivamente.
He querido intentar aterrizar en la cima arrepentido de haber salido al aire, pero no lo he conseguido. Y he seguido volando, capeando el viento, subiendo y bajando, preocupado de mi seguridad, soportando esas sensaciones de desamparo, cuando notaba el vacío se instalaba en mi, posiblemente ocasionado por la perdida de sustentación de la tela de la que estaba colgado.
Pero todo ha ido bien. He aterrizado en las proximidades de Soto del Real lleno de alegría y un poco preocupado por mi miedo ante el vacío del viento que me llevaba: el viento de la vida al fin y al cabo.
Hasta otro día. Mucha Suerte para todos, a través de éste mensaje que envuelve la eterna búsqueda de nosotros mismos. César Pérez de Tudela
10 de Marzo, 2008 a las 19:02
Hola Cesar. No he tenido el gusto de leer tu libro sobre las investigaciones que hiciste sobre el Yeti, ya que al igual que otras publicaciones tuyas me han sido imposibles de encontrar. La que si he leído ha sido la de Reinhold Messner.
Sobre el libro no tengo ningún comentario, pues me parece interesante pero flojo, como muchos otros escritos de este señor. Brillante como alpinista, venido a menos como divulgador, su libro pienso, crea mas dudas que aclaraciones. El nos presenta al Yeti mas como oso que como homínido.
Particularmente soy bastante escéptico en el tema. Si Cesar P. de Tudela, alguien que tiene muy alta credibilidad para mi dice que ha visto el Yeti,….yo, no porque lo dude, sino precisamente, para evitar fisuras en la afirmación, le preguntaría, en que condiciones físicas tuvo el avistamiento. ¿Porqué?. Si lo ha visto en un paseo de esfuerzo relativo, a una altitud donde uno no sufra la hipoxia, yo me creo la afirmación. al 100% y basta.
Por el contrario, si el mismo C.P de Tudela, con la misma credibilidad personal, afirma que, cuando estuvo, por poner un ejemplo, perdido durante días por los glaciares del Aconcagua, al limite físico y mental, vio al Yeti, lo siento pero la afirmación tiene fisuras, y no quiere decir que esa persona nos engañe, quiero decir que las circunstancias pueden jugar una mala pasada a la mente. Con esto no quiero decir que no crea que existe el Yeti, aunque sinceramente no lo tengo claro.
Cierto es que, si puede existir un ser de tales características o bien esta en el Himalaya, en los Tepuys, en algún rincón Siberiano, etc.
Lo que no entiendo es lo siguiente. Yo me considero amante de la naturaleza. Hay pocas posibilidades a día de hoy, pero aun así, si en uno de mis paseos por la sierra de Guadarrama, a mi que me gusta ir a los sitios menos “pisoteados”, me encontrase con algún lobo, me llenaría de satisfacción pero, aparte de los mas próximos y de confianza, no se lo contaría a nadie. El hecho maravilloso de que dando una vuelta por nuestras montañas nos permitiese ver un lobo, un oso, etc.,es a día de hoy en caso de divulgarlo, completamente negativo para esta especie. Creo que, si alguien busca o investiga la existencia del Yeti, por admiración, por el hecho de que seria maravilloso que un ser humano primitivo se hubiese mantenido igual a lo largo de los siglos, esa persona en caso de encontrarlo, avistarlo o encontrar pruebas, debería disfrutar de su hallazgo y con el silencio hacer que siga pasando desapercibido como lo ha estado haciendo supuestamente desde hace miles de años.
A lo largo de la historia el ser humano ha sido negativo con el resto de seres vivos, hasta el punto de que incluso los humanos tenemos razas diferentes y al parecer para algunos incluso incompatibles entre ellas.
Mi abuela siempre, como gallega, menciona las meigas, tema del que también soy bastante escéptico pero, haberlas “haylas”.
Saludos Cesar, cuidado con los vuelos y adelante con esa preparación.
Hoy es el primer día del resto de nuestras vidas.
18 de Marzo, 2008 a las 14:06
Gracias Juan Carlos por centrar el tema. Me gusta siempre leer lo que dices y me enriquecen tus puntos de vista más sensatos que los mios. En cualquier caso me alegra seguir teniendo viva la esperanza de que el yeti, un mamifero como nosotros, pueda haber resistido la crueldad del hombre que se llama a si mismo sabio,( sapiens-sapiens) siendo desgraciadamente, solo un mamífero que la vida distinguió y de la que por supuesto muchos o algunos si se han hecho merecedores. Un cordial abrazo. Cuanto pueda saber más sobre como está el Everest tras la decisión de China os contaré mi proximo viaje a Nepal. Gracias. César P. de Tudela.
19 de Marzo, 2008 a las 13:43
Dicen que nadie puede ser sensato con el estomago vacio. Entiendo que cuando uno tiene la necesidad de ir llenando su mente de todo tipo de emociones, ideas, sueños, incluso pierde la necesidad de sentirse sensato. De la sensated de C.P. de Tudela yo no tengo duda pese a las pruebas que a los que no comprendan tu filosofia de vida y actos puedas haberles dado. Por supuesto que seria maravilloso que existiese el Yeti, o incluso como se ha pensado durante mucho tiempo, que en los Tepuys quedasen animales prehistoricos, pero realmente ¿ellos merecen que los descubramos ?, ¿merecemos nosotros descubrir otra especie mas a la que someter bajo nuestra supuesta superioridad intelectual? Somos tan superiores a todo que incluso nos eliminamos y exterminamos a nosotros mismos. Es insensato enfrentarse a la muerte en una montaña dirian los profanos, los que nunca se han puesto a prueba contra algo que no podemos someter como es la naturaleza. Es sensato dejar pasar tu vida, sin mas experiencias que lo cotidiano y plantarte en una edad en la que todo lo que has dejado pasar o no pudiste hacer ya no es posible lograrlo. Una vez mas gracias por atender a nuestros mensajes personalmente y a ver si se soluciona el tema de los chinos. Un abrazo, Juan Carlos.
29 de Marzo, 2008 a las 2:23
César, acabo de descubrir tu blog del que haré partícipe a mi padre, José Luis.
Es tarde y no he leído nada todavía, ya lo haré con más atención, pero no quería dejar de saludarte, aunque sea de esta forma tan poco clásica. Lo agrego a “mis favoritos”.
Aprovecho para preguntarte si sabes de algún campamento como los que tú organizabas en los 80 en la Sierra de Gredos. Tengo dos niños a los que me gustaría mandar algún verano para que aprendiesen tanto como aprendimos mis hermanos y yo de ti.
Un abrazo,
Gonzalo Navas
11 de Junio, 2008 a las 12:02
¡Perdona que intervenga tarde, acabo recientemente de descubrir este Blog!
He visto con más detalle las fotos de las huellas que presentó José Ramón Bacelar, y son de oso. Oso pardo, que tras la presión humana se ve obligado a subir a más altitud, hasta el límite de las nieves perpetuas.
Se ven muy bien que tras avanzar en la nieve con las patas traseras, «borra» las delanteras, de las que se pueden apreciar hasta sus garras. Y son varios estudiosos del comportamiento y naturaleza del oso pardo (Ursus arctos) los que confirman que sus marcas plantares traseras son muy parecidas a las del pie humano y que, cuando corre, se solapan sobre las huellas delanteras las traseras. Cosa que el alpinista Reinhold Messner confirmó y vio en el Tibet oriental (actual provincia china de Sichuan).
27 de Enero, 2009 a las 19:01
Señor César, muy interesante saber que el Barón de Cotopaxi vio al Yeti por los alrededores de la garganta de Kali Gandaki.
Por supuesto, si el Yeti existe (y yo estoy convencido de ello), ya sea un oso, de quien debieron ser las huellas que fotografió José Ramón Bacelar (con quien me encontré en cierta ocasión en su agencia de viajes Sanga de Madrid) u otro ser, hace muy bien en evitar el hombre, para no sufrir la suerte de otros animales menos inteligentes que sí confiaron en él, como el dodó de la isla de Mauricio, por ejemplo, que fueron exterminados por los navegantes holandeses.
Señor César, quiero pedirle un favor, ya que Usted goza de una privilegiada relación con el Barón de Cotopaxi. Este favor es que le transmita una información inédita sobre la identidad del Yeti, a quien yo no he visto, pero sí una persona que me merece toda la credibilidad del mundo: un verdadero Yoghi del Himalaya.
De esto hace ya varias décadas, cuando yo era aun muy joven; buscaba fuera algo que tenía dentro, pero lo ignoraba, y viajaba por todo el Himalaya tras la búsqueda de mi alma, desde el monasterio de Tawang, en Arunachal Pradesh, donde conviví con los monjes Gelugpa, hasta los Valles de los Kafir Kalash de Kafiristán, sin dejarme por el medio el Reino de Mustang, que crucé dos veces en su totalidad, y la entonces incógnita región de Zanskar, que cruzaría a pie pernoctando en el monasterio de Phuktal (Gompa) cuando me entró hambre.
Durante ese viaje, para mí iniciático, al llegar al glacial Gomukh, allá donde el Ganges penetra en India proveniente del sagrado Monte Kailas, mi amigo, un Yogi auténtico, tras participar en las pujas de un ashram ubicado en ese lugar y recibir del Guriji algo de prasad, nos sentamos sobre una piedra a orillas del río. Así estuvimos un rato antes de entrar en el ashram para dormir, junto a multitud de peregrinos que habían llegado allí con sus lotas para recoger agua bendita del Ganges.
La noche era bella y las estrellas tan abundantes que parecía que no cupieran todas en el cielo.
Entonces mi amigo Yogi me confió lo siguiente:
- ¿Ves aquellas cuevas de sadhues de allí enfrente, sobre la otra orilla del Ganga? Hace poco volví a ver en el mismo lugar al mismo Yeti que ya había visto años atrás. Le grité, él miró hacia mí y se marchó indiferente en dirección a la cima de la montaña. No son abominables, son sabios, son los grandes gurus del Himalaya, Yogis viejos que cuando se cansan del mundo de los hombres, donde ya han cumplido su misión educadora, viven en la soledad absoluta preparándose para el Mahasamadhi.
Unas semanas antes había visto en una ciudad sagrada, a un candidato a Yeti, un gran guruji que tendría más de 300 años, llamado Deworaha Baba. Un amigo con el que estaba, también Yogi, me dijo que cuando era un niño, su abuelo ya le había hablado de ese guruji, y en aquel entonces se calculaba que su edad sobrepasaba los 200 años.
En cierto momento Deworaha Baba miro hacia mí, pero instintivamente evité su mirada, del gran respeto que me dio.
Señor César, explíquele mi testimonio al Barón de Cotopaxi, estoy seguro que le interesará.
Gracias y un abrazo
Jorge
30 de Abril, 2009 a las 21:30
Cesar. Ánimo, todos estamos contigo, hemos creado una plataforma,” Amigos del Yeti”. Somos un grupo de amigos que compartimos las mismas inquietudes que tu. Un saludo y gracias por tu forma de ser.
Un fuerte abrazo.
27 de Noviembre, 2009 a las 18:59
Señor Pérez de Tudela, le expreso mi mayor admiración por sus logros y su admirable personalidad. La pregunta que le quiero formular es si usted considera posible que el yeti pueda ser algún grupo humano aislado del resto, pero no diferente al homo sapiens. Es decir, si podrían ser restos de pueblos anteriores culturalmente al Neolítico. Muchas gracias, me produce gran satisfacción personal leer su blog y le pido que presione a sus editores para que sus libros sean más fáciles de encontrar. Un gran saludo.
20 de Marzo, 2010 a las 18:28
yo creo que el yeti es mitad mono o mitad gorila y mitad hombre. tambien creo que estaba evolucionando como nuestros ante pasados.aun que sea una niña de 10 años creo que lo que digo puede ser interesante para usted.puede que no acabara de evolucionar y interumpiera la evolución para ser humano si quiere puede inbestigar sobre lo que digo.soy de España,Valencia,Alvoraya del colegio parroquial don jose lluch.espero que mis palabras no me dececcionen.
1 de Diciembre, 2010 a las 14:09
Hola señor quisiera decirle que yo creo que todos los animales fantásticos existen por que des de pequeñita soy así i hace poco todos los días que voy sola por la calle se me presenta una sombra rara no se si sera una sombra mala o un vampiro no lo se pero eso si que se los animales fantásticos existen.
21 de Febrero, 2011 a las 4:48
Me interesa mucho este tema. Hay un dicho que dice que en este universo existen muchìsimas cosas màs que las que podamos imaginar. Los descubrimientos cientìficos que se han dado a travès de la historia de la humanidad, la mayorìa de las veces han sido precedidos por la incredulidad, desconfianza, acusaciòn de ser fantasìas de la mente. etc. Lo del yeti bien podrìa ser una realidad pues la vida es un constante experimento. La raza humana ha ido mutando a travès del tiempo por lo que el yeti puede ser un vestigio de ese experimento evolutivo de los distintos grupos que la conforman o bien un tipo de ser con individualidad propia y sin contacto directo con la misma. Muy bueno el blog.
7 de Marzo, 2011 a las 15:17
Hola a todos, coincido con ustedes en lo de la timidez forzada del yeti, y es que nosotros mismos hemos causado todo eso, a mi me interesan mucho estos temas y cada vez que tengo tiempo los investigo, si yo fuera un yeti haria lo mismo, escapar o evitar a los hombres que supuestamente son los mas racionales pero que dia a dia demuestran ser los mas ignorantes, gracias.
27 de Octubre, 2011 a las 21:09
Cesar lee el mahabaratha hay un esloka narra la maldicion de krsna a asuthama condenado a vivir errante por la eternidad es posible que sea el yeti