El hombre sigue siendo lo que es, y se esfuerza muy poco por dejar de comportarse como un animal cruel y depredador de todo lo vivo, casi siempre en su exclusivo beneficio.
El egoísmo y la arrogancia del animal humano no tiene límites.

Llegó a decir que había sido creado a imagen y semejanza de Dios; y que todo lo de ésta Tierra le correspondía y estaba a su servicio. ¡Qué falta de humildad! Y pintó a Dios con forma de animal humano. ¿Como es la cara de Dios?

Es cierto y así la Humanidad parece demostrarlo, que el hombre es el mamífero más sabio, pero la verdadera sabiduría se acerca a la bondad, y el animal humano es tan “sapiens” como “demens”, como la historia de la Humanidad nos recuerda, y como los constantes sucesos del pasado y de la actualidad siguen corroborando, siendo la crueldad y la depredación de los seres vivos, un claro manifiesto de su arrogancia como animal superior.

¿Dónde está la conciencia? ¿Como el alma, que la llevamos prestada, y que constituye la característica sagrada y metafísica de nuestra identidad, puede admitir tantos desmanes y vilezas, que no han cesado desde los mismos orígenes de la Humanidad?
En sensibilidad, en sentimiento y en el hondo entendimiento del ser, el hombre sigue siendo ese individuo ambicioso y egoísta. Ha creado el arte, manifestación del espíritu, la música, los grandes poemas, y los estudiosos de la filosofía siguen empeñados en saber hasta donde puede llegar este animal que llevamos dentro, y cuál es su verdadero destino…

De donde venimos, más o menos ya lo sabemos, más bien menos; pero ignoramos siempre a donde vamos.
Y yo pienso, amigos, que necesariamente tenemos que avanzar hacia la espiritualidad, aunque sea sin descuidar el cuerpo, y que por ello tenemos que hacer esfuerzos sobrehumanos para superar nuestra natural animalidad.
Solo los místicos y algunos poetas parecen que estuvieron y están en el camino.

Nietzsche, uno de los personajes más dignos de estudio de los últimos tiempos ya apuntó con cierta claridad sus teorías sobre el hombre, tan mal interpretadas y comprendidas por los que injustamente se autodenominan administradores del saber.

Nietzsche refugió en las montañas a su personaje, el profeta Zaratustra, que permaneció diez años entre los hielos, acompañado solo de una serpiente y de un águila, para poder descifrar su espíritu en la soledad y transformar sus sentimientos primitivos ahondando en la conciencia:

“Amo a los hombres, aunque el hombre sea para mí demasiado imperfecto”.

“El más sabio de vosotros no es más que un disparate”, dijo a los que le escuchaban cuando descendió a los pueblos de la Tierra, para predicar sus conocimientos del alma.
“Amo a los que viven si pasan al más allá. Amo al que ama su virtud, ya que ésta es una voluntad de renuncia. Amo a quien quiere ser el espíritu de su virtud. Amo a quien derrocha su alma. Y amo a quien posee un alma profunda aún en la tormenta”.

Pido disculpas a mis lectores por éstas citas imprescindibles y difíciles, pero sigo enfadado con la Humanidad y con el hombre, por su altivez, por su hondo materialismo y especialmente por esa crueldad que no cesa, y que nunca reconoce, al tratar a sus semejantes como enemigos; pero también fundamentalmente por el comportamiento execrable que significa el hecho de matar, sin apenas consideración alguna a esos otros compañeros de vida sobre la Tierra, que llamamos animales, que tienen los mismos derechos a la vida que el injusto ejecutor, y que asesinamos -concepto jurídico- que incluye la alevosía, la cobardía, y hasta a veces el ensañamiento, sin pensar en el dolor que produce, y en la indignidad absoluta en la que caemos por nuestra injusta y antiestética perversión.

Leo con frecuencia la matanza indiscriminada de focas, brutalmente apaleadas, dejando un rastro macabro de sangre por las playas de las islas australes, aprovechando de forma vil, el momento trascendente de su propia continuidad como seres vivos, es decir cuando realizan sus costosos viajes para depositar el germen de la vida futura de su especie.

En España.

Acabo de leer que el Gobierno de Castilla Y León, en nuestra civilizada España, quiere seguir persiguiendo al lobo, ese ser simbólico, tan maltratado y perseguido por el hombre desde el pasado al presente.

El Gobierno de esa comunidad quiere que se apruebe un nuevo Plan de Conservación y Gestión del Lobo ibérico, para matar legalmente al año 200 lobos en lugar de los 50 que ahora la normativa permite, sin contar con las matanzas furtivas que al año superan los 300 ejemplares, sin tener en cuenta los que mueren atropellados, más o menos intencionadamente, según datos de expertos biólogos.

Con la aprobación del nuevo Plan también se permitirá cazar al sur del Duero, hasta la fecha prohibido por la Comunidad Europea, impidiendo que los lobos sobrevivan y lleguen a mezclarse con los escasos ejemplares de Sierra Morena para extinguirlos. ¿Es que el lobo no ha demostrado claramente su voluntad de vida, superando con tesón digno de admiración y también de estudio, las trágicas matanzas del fanático e insensible animal humano a lo largo de tantos milenios?

Mi colega el doctor Rodríguez de la Fuente trató de convencernos sobre lo que ese animal significa para la Humanidad, como el resto de seres vivos que tendríamos que cuidar y administrar con mejor destino y con mayor afecto natural: ciervos, cabras, elefantes, leones, tigres, cerdos, caballos… y tantos miles de especies, que en muchos casos la sociedad denomina con ese perverso eufemismo de “caza” y que muchos querrían extender, como en años pasados, a los chimpancés, orangutanes y gorilas, esos parientes cercanos a nosotros, aunque casi siempre más afectuosos y sensibles.

Hay que ahondar en la conciencia de que todos esos seres forman parte de la Tierra que tenemos que cuidar: plantas, bosques, mares… precisamente con la ayuda de esos conocimientos que por decisión de lo Alto, confirió al engreído y petulante “ser humano”, que solo vive para la materialidad de “estar” y muy poco por llegar a la espiritualidad de lo que representa el “ser”.

Si el hombre llegara a respetar a esos seres, que genérica y despectivamente llamamos animales, es cuando empezaría a tener afecto por los mismos hombres, sin distinción de raza, condición o clase.

“El hombre es algo que debe ser superado”

“Tú alma es mucho más que tu yo”