Edmund Hillary elevó su cuerpo hasta la cima de la Tierra, el Chomolugma, la montaña más conocida como el Everest, ignorando su verdadero nombre tibetano. Lo hizo en compañía de Tensing Norkay, un extraordinario personaje lleno de humanidad, fuerza y religiosidad, con una gran experiencia en esta misma montaña.

Hillary fue un afortunado. Veterano de una expedición de exploración al Everest dirigida por el gran Eric Shipton, uno de los verdaderamente grandes exploradores alpinos ingleses en 1951. Hillary tuvo la suerte de formar parte de la expedición bajo la dirección del coronel Hunt, ejemplo de estratega y organizador. Y la suerte le siguió acompañando tras la tentativa de los componentes del primer asalto a la cima, de los ingleses  Bourdillón y Evans, que quedaron agotados abriendo camino hasta el Pico Sur de la montaña. Hunt tuvo que recurrir a su sirdar, el sherpa Tensing y al neocelandés Hillary, para tratar de conseguir el éxito. Y la suerte continúo ayudando a Hillary, hombre extraordinariamente fuerte, que tuvo como compañero a quien los que le conocieron llamaron “Tres pulmones”, por su resistencia en la altitud y por su fe y motivación ejemplar. Tensing, a juicio mío, fue el artífice de la gran ascensión. Y Hillary el hombre fuerte que le acompañó.

Quedaban atrás como suele ocurrir en los grandes capítulos de la vida, otros personajes memorables que hicieron posible el triunfo: me refiero a sus precedentes, al coronel Nortón de la expedición inglesa de 1922, a Mallory y su compañero Irving, a quien la historia ha destacado tras su muerte; la muerte siempre fascina y otorga la inmortalidad y la grandeza. Pero yo no puedo ni debo olvidar a Shipton, ni a Tilman, ni al escalador suizo Lambert que estuvo muy próximo a la misma cima con el sherpa Tensing en 1952.

Todo le fue favorable a este gran personaje, bondadoso y agradecido que fue durante toda su vida Edmund Hillary, a quien la Corona inglesa ennobleció, igual que al coronel Hunt, siempre preocupada en elevar la dignidad de sus exploradores y alpinistas.

Hillary fue llamado para dirigir la travesía de la Antártida, en tractores, en el Año Geofísico Internacional, en 1957, y también dirigiendo la expedición que buscó al yeti por el Himalaya del Nepal años después, patrocinada por la prensa inglesa. Pero su principal y más duradera ocupación fue la benemérita labor que Hillary realizó a favor del pueblo sherpa, creando dispensarios y escuelas en las aldeas bajo la vertiente sur del Everest, quizás así agradeciendo la compañía extraordinaria de aquél montañés humilde, vigoroso y espiritual que fue Tensing Norkay, el que supo con su esfuerzo y con su fe decir quién era el pueblo de los sherpas.

Descanse en paz este ser bondadoso y ejemplar que tuvo el privilegio de alcanzar la cima del Chomolangma, la cima de la diosa Madre de la Tierra.

César Pérez de Tudela. www.cesarperezdetudela.com
*César P. de Tudela es explorador alpino y periodista.