Sigo preparándome para esa aventura que me espera en la entrada de la primavera, entre el Nepal y el Tíbet: el Everest o Chomolugma, con sus 8.848 metros, en una ascensión que me parecerá un calvario, en la que viviré esos momentos estelares de grandiosidad y de padecimiento, así, alternativamente, para bajar contento, si es que mi cronología, mi corazón y mi entusiasmo lo permitieran.

Gracias y Féliz año 2008