Soy miembro del Jurado de los premios del diario Marca, para decidir la hazaña deportiva del año. Forman parte de este Jurado una serie de deportistas del pasado y del presente, junto al presidente del COI y el Secretario de Estado para el Deporte.

Entre los deportistas del pasado está Miguel de la Cuadra Salcedo, Induraín, un motorista famoso del París Dakar, Martín Fiz y alguno más que ahora sin datos no recuerdo. Antes estaban también como jueces Araceli Segarra, y Kitín Muñoz, el navegante. Entre los actuales estamos Oiarzabal, Edurne Pasaban y yo, que ya no se bien si soy un deportista, y tampoco si pertenezco al pasado o al futuro.

Curiosamente, en los últimos tiempos, el alpinismo y la montaña suele ser la actividad mayoritaria. Ganó hace dos años Edurne Pasaban, cuando la elección se hacía en una reunión del Jurado. Oiarzabal y yo convencimos a los demás para que la votaran. En esta edición y en la pasada, cada uno vota en conciencia desde su casa y ya no es posible argumentar a favor de nadie. Quizás sea así más justo.

Yo voté a Miguel Caselles, un espléndido deportista que gana los maratones más duros, en los rincones más espectaculares del mundo, y que además también es montañero. Puntué a la asturiana Rosa Fernández, que es la primera mujer española que ha subido las Siete Cimas de la Tierra, a Josume Bereciartu, de Vascongadas, que hace escalada deportiva y debe ser la mejor del mundo, y al parapentista granadino Morillas que había recorrido 1000 kilómetros colgado de su vela (paramotor) sobre el mar hasta Canarias.

Pero no pude olvidarme de una chica muy joven que había atravesado en solitario el Atlántico en un pequeño barco de vela. También quedé impresionado con otro candidato que había cruzado el Atlántico en un barco con dos remos, por decirlo de forma elegante y precisa. Los demás, también importantes y con indudable mérito me parecían menos originales.

Decidieron que el navegante con dos remos fuera el vencedor del Certamen, quien contó su recorrido de más de 90 días, envuelto en las olas, yendo para atrás cuando la corriente se lo llevaba, y avanzando cuando podía.

La entrega de los premios, sin aportación económica destacable con la excepción del primero que se llevó 12.000 euros, se hizo en un sencillo acto en el Auditorio de las Rozas.

No he leído el diario Marca en el que supongo, sería lo adecuado, se detallarían cada uno de estos hechos con más amplitud.

Pero hago pública la siguiente reflexión:

¿No merecerían cada uno de los premiados disponer de un espacio en los medios de comunicación para narrar sus vicisitudes y experiencias?

¿No serían un tema distinto, ameno y encomiable, en una sociedad que solo da publicidad al terrorismo, al fútbol, y a los hermanos de las novias de lo que quieren ser famosos sin mérito alguno destacable?

Si mantuviese yo mi programa en Radio Nacional de España, sobre la Aventura de la Montaña, ya lo trataré de hacer nuevamente cuando pueda, entrevistaría a cada uno de ellos tratando de descubrir sus motivaciones, sus ilusiones, sus miedos y sus sobresaltos espirituales. Nadie cruza el Atlántico así porqué sí: sin desengaños, espíritu de superación, deseos de aventura, necesidad de afirmarse en sí mismo…

Yo empiezo a volver a la normalidad después de mi pequeña operación cardiaca. Me encuentro bien y el sábado pasado me subí hasta la célebre Pared de Santillana y la escalé en solitario (la roca estaba algo húmeda y me auto aseguré en algún pasaje en el que estime que podría caerme) Subí bien pero con algo de miedo y torpeza. Me gustó cansarme, pensando que tenía que reencontrar mi resistencia habitual, y que en este presente largo que solo poseemos los que ya no tenemos auténtico futuro, tendré que aguantar recorridos en la altura de muchas más horas.

Sigo con la idea de volver al Everest y contar la experiencia grandiosa, si es que pudiera ir, y llegar a la cima, aunque ya no sea aquella actividad de hace treinta o cuarenta años atrás, que es cuando yo tendría que haber subido, si no hubiese sido un alpinista rebelde contrario a las federaciones, y por tanto al margen de las subvenciones y ayudas dinerarias.

Mi ascensión, si puedo hacerla, será una investigación profunda del anhelo del hombre por llegar arriba. Y creo que narraré la verdad de esa aventura, la que todavía no he leído, a pesar de que sean centenares los alpinistas del mundo que han alcanzado la cima. No me importa el oxígeno, o las cuerdas fijas, ni los campamentos montados; creo que estos medios solo tienen importancia en el aspecto meramente deportivo, pero yo estoy ya en otro ámbito.

Nadie, con oxígeno o sin él, con sherpas o sin ellos, se acuerda de casi nada de la ascensión, y nadie cuenta sobre su sentir, que es vivir, de esas sensaciones que son el auténtico conocimiento del alma.

Espero que alguna de mis gestiones para conseguir el patrocinio de mi expedición tenga resultado positivo. Creo que hoy día lo difícil no es llegar a la cima, sino lograr ese apoyo necesario.

¿Quién habrá subvencionado a los deportistas que han logrado los éxitos que he comentado del Premio Marca?

Ninguno ha agradecido públicamente a sus patrocinadores la ayuda sin la cual no habrían podido emprender el reto de su aventura. Y hay que ser agradecidos y devolver por lo menos tanto como lo que se percibió, sea de empresas privadas o de dinero público. Un cordial recuerdo de César P. de Tudela