Cuando llevas muchos años perdurando en tu misión, para mi así lo es el compromiso del alpinismo, es cuando recibes las menciones honoríficas. Siempre ha sido así: «El que resiste gana», dijo Camilo J. Cela y tenía razón.

Lo agradezco mucho. Es una mención importante que yo se apreciar, aunque otros muchos compañeros de montaña de Aragón pensaran que ellos pudieran merecerlo tanto o más que yo. Los alpinistas aragoneses de mi generación son extraordinarios: Montaner, Rabadá, Cintero, Navarro, Pepe Díaz, Frechin, Ursi, Ibarzo, Julián Vicente, etc. ¡Y no digamos los jóvenes valores!.

Pero en mi caso quizás existen circunstancias añadidas al mero escalar y realizar el alpinismo (de forma constante en estos últimos 50 años, que no es frecuente) las misiones de divulgador como periodista, comentarista en radio y televisión, en prensa y especialmente a través de mis libros, creando una filosofía de lo que creo que son en el fondo estas actividades, más del alma que del cuerpo; y eso es lo que constituye mi diferenciación.

Esa fama añadida que confiere al hecho deportivo una especial dimensión que los españoles de antes, y no se si de ahora, supieron captar en mis largas comparecencias en Televisión española, la única entonces, hace más de 30 años, las polémicas expediciones que eran las que recibían el aplauso y la critica de los medios informativos y mi constante actividad. En función de esas características creo que me concedieron el ingreso en la Real Orden al Mérito Deportivo con categoría de Medalla de Oro, Placa de Honor de la Mutualidad General Deportiva, Socio de Honor de la sociedad Geográfica Española y otros oropeles.

Parque de Guara

En cualquier caso lo yo que destacaría de mi persona es la constancia en el entusiasmo, y quizás también el valor que procuro mantener intacto a través de los años. Del hecho deportivo me he ido marchando, sin dejarlo, al ámbito moral. Creo firmemente en la vertiente espiritual de las grandes aventuras en la montaña. La voluntad para subir a las cimas de la Tierra es, más que perseguir el siempre discutible record, el cumplimiento de un mandato del alma (Así lo reflexiono en mi libro «El Lama Milarepa», en donde mi personaje, el barón de Cotopaxi, vive una experiencia sobrenatural escalando el Chomolagma, el Everest, para los occidentales).

Esto que he escrito es lo que diré cuando me sea entregado el título de Guía de Honor del Parque de las Montañas de Guara, uno de los enclaves geográficos más espectaculares del mundo, un laberinto de barrancos impresionantes, con formaciones fantasmales en sus rocas areniscas y calizas, que dan lugar a los famosos «cañones» de Guara. Cimas, agujas y torres para practicar la escalada, bajo la mole grandiosa del Monte Perdido, rodeado de pueblos preciosos en donde la vida es grata para el viajero y deportista que busca la emoción y la compensación de una vida de calidad, en hospedajes confortables, visitando no solo la naturaleza, si no también el vestigio del pasado: cuevas, pinturas rupestres, construcciones megalíticas, marchas por bosques mediterráneos. En fin deporte, cultura y vacaciones en Guara.

Muchas gracias a los directivos del Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara por el nombramiento concedido, con mi promesa de seguir escribiendo y divulgando los valores de nuestra preciosa geografía, como escenario de la «exaltación» de este pobre animal humano que al fin somos los hombres.