No sé cómo a estas alturas de mi vida fatigosa y siempre fascinante, he podido comprometerme a realizar la ascensión y en algunos casos primera exploración, en las regiones más remotas de la Tierra, de los Trece Volcanes más sobresalientes y activos. Es cierto que los volcanes son las montañas más vivas y espectaculares y que sus conos, muchos de ellos muy altos y difíciles, han configurado la geografía y la cultura de muchas regiones del planeta. Como muchas otras montañas los volcanes son efigies sagradas a las que muchas religiones (budistas, hinduístas y otras) rinden gloria de deidades.

Mi proyecto Trece Volcanes, entre trámites de patrocinios, en manos de representantes, está siendo una larga aventura llena de vivencias que quiero trasmitir. Poder comunicar a la gente cómo es la Tierra en sus confines más lejanos y sorprendentes, constituye para mí un deber tanto como una pasión.

Estoy procurando registrar en fotografías y en imágenes para televisión, la soberbia experiencia de ser, ojalá, el primero en conseguir este proyecto para la comunidad internacional. “Ser mayor es haber renunciado a la aventura” . Y yo no debo entrar en esa calificación cronológica que la sociedad utiliza despectivamente. Ser joven es estar abierto al estímulo de la sorpresa y dispuesto a sobrellevar el descomunal esfuerzo, entre el escalofrío del riesgo, factor condicionante de la vida útil.