Especiales conjeturas sobre “El Valor de la Canción”.

Con la canción nace el sentimiento, surge la promesa, renace el recuerdo, se fortalece el deseo. Las distintas voces son notas musicales que nos elevan el alma, y ésta alcaza la dignidad. La tensión arterial baja, la garganta se potencia y la amistad, entre los compañeros se fortalece.

En la canción, como en tantas otras actividades de la vida, hay que saber estar y plantarse con claridad y reciedumbre ante las canciones groseras, soeces y vulgares; canciones que pueden ser castizas y hasta populares, pero que no expanden alegría, ni contribuyen a la dignidad del alma. La canción tiene que ser poesía. Composición en verso que se canta. Música que se entona. El canto es también oración y plegaria. La canción es el viejo nombre de la composición poética: oda, cantar de gesta, elegía…

Si la canción no es poema no es canto. La canción es poesía. Y como León Felipe me dijo una tarde en su casa de México*, tirando la poesía al viento: la luz será nuestra si cantamos. La canción que acoraza el espíritu, que descarga la emoción, que produce escalofríos… casta en los pensamientos, honesta en las palabras, enamorada de la concordia del mundo… “Ya estás con esa canción”. Cantar es un impulso muy cerca de lo irreprimible, cuando la alegría nos invade. Es una adhesión a los demás. La melodía que se repite… Cantor, cantarín, verseador… Cantar es realizar un sueño y preparar el alma para la próxima vicisitud del viaje de la vida. La canción es el eje de la vida sublime. Las leyes tendrían que ser canciones para que llegaran a la conciencia de los ciudadanos. Cantar es una alegre forma de rezar y elevar los deseos, y aún los sueños, frente a la vida y ante los demás.

Se canta cuando tienes miedo y elevas la plegaria, se canta cuando la superación te ha llevado a la paz. Se canta cuando estás vencido y se canta cuando has ganado. Se canta para recibir a los amigos y para despedirlos… Para aflorar a la conciencia el sueño callado y secreto. El canto es la meditación olvidada y prohibida: el adiós del que nunca volvió, el canto de la soledad, los recuerdos de la infancia, las consejas de la madre, la tierra callada, la promesa de la novia, los dolores del paisano, las esperanzas del pueblo… Cantar es caminar por la hierba alta entre los grandes silencios… Yo canto para vivir, yo canto para sufrir. Cántale tu pena al viento y el viento la cantará, dijo Yupanqui. Lo que anda mal es la vida, que sangra por sus heridas cuando es mentira el amor El viento me hizo cantor. Y en una noche serena he de dormirme cantando la pena que me quedó Quiero morirme cantando mi destino de cantor El pueblo que canta se fortalece, ganando la mayor riqueza que se puede ambicionar: la educación, que es la confluencia del sentimiento y la razón Canto es existencia que busca la esencia. Y el cantor nos reintegra al ser, haciendo compatible la razón con los sentimientos. Los que cantan son los seres que se adentran en el mundo de lo abierto, al viento y al riesgo, que sostenía Heidegger, cuando descifraba la metafísica poética de Rilke.

La canción es el medio de traer la luz al espíritu cuando todo es confusión, buscando el renacimiento del ser: el reencuentro. En los tiempos de catástrofe, desesperación y angustia, solo los cantos del poeta pueden ayudar a encontrar el camino de la salvación… Nunca estaremos solos si cantamos. Van caminando firmes y resueltas… Para burlarnos de la mala suerte La canción de promesa, susurro de melodía: en la guerra, en el calabozo, en la ermita… Siempre la armonía y el gemido del verso, susurro… Yo he cantando en todas las latitudes de la Tierra, sobre las cornisas de cien paredes y aristas, perdido en la inmensidad de los Andes, en las perfiladas agujas de la Patagonia, en los difíciles Alpes, en los altos picachos del Himalaya, en los Cárpatos cardenos, en las cimas blancas del Caúcaso… Y la canción me ha traído sosiego, fuerza, ilusión… Las estrofas del amor lejano, la sonrisa del amigo que murió… La canción me ha traído, al fin, esa esencia que buscamos en los versos de Hölderlin.

*César Pérez de Tudela y Pérez es explorador alpino y escritor. Académico de la Real Academia de Doctores de España. Es también Abogado y Doctor en C. de la Información