El Honor en la Montaña y en la vida.

 El honor es un sentido de respeto hacia nosotros mismos.
Es un patrimonio del alma ganado con el digno ejercicio de la vida.
El honor incide en el alma y el alma es la esencia misma del ser.
El alpinismo siempre es un juego trascendente, sea cual sea la importancia de la actividad. No importan tanto las llamadas gestas… como la lucha del hombre contra nuestra debilidad, siendo por tanto accesible a todas las vivencias del hombre en la montaña.

El honor es esa cualidad moral de respeto hacia uno mismo, que surge tras la limpia acción del juego alpino, siempre ideal y nunca materializado.
Es la gloria derivada de los buenos hechos.
Es la honestidad del inexperto que quizás tiembla en el paso acrobático.
Es al fin el crédito personal frente a los demás.
Siempre es una dignidad lograda con mérito, esfuerzo y riesgo.

Por ello sé que todos los alpinistas, independientemente de su categoría y del grado técnico alcanzado… son depositarios de honor.

Esa cualidad moral que nos ocupamos frecuentemente en negar a nuestros compañeros, para menosprecio de toda ésta fascinante actividad, que por su propia esencia puede ser también dramática.

En mi libro publicado por la Editorial Desnivel “Crónica Alpina de España”, afirmo en sus “Conclusiones” que tributo un sentido homenaje de admiración y respeto a tantos cientos, quizás miles de nombres, todos aquellos vivos o muertos, que practicaron el alpinismo.
Siento verdaderamente la importancia de su lucha y de su esfuerzo; admiro los cuantiosos sufrimientos que el alpinismo lleva en si, esfuerzo generoso para que cada uno pueda ganar su propia y personal dimensión de gloria, respeto y honor.

El alpinismo, la escalada, las vivencias de la montaña, las situaciones “hipnagógicas” de la altitud, las alucinaciones propias de hipoxia, los agotamientos y tantos peligros frecuentes que significan en casi todos los casos, la lucha del hombre para lograr su propia transcendencia, esa aproximación a lo sobrenatural que intentamos realizar.

Es regularmente cierto que muchas personas, en momentos de pasajera juventud, cuando todavía estábamos insertos en la ignorancia, padecimos la presencia torpe de un excesivo “ego”…

No es menos cierto que los éxitos, sobre todos los que concede la moda social y con ello el público, normalmente superficial y poco conocedor de la esencia, nos hacen confiados y estamos próximos a perder la humildad, esa virtud de los grandes.

Entonces al ejercer el rencor, la envidia o la fácil presunción, es cuando perdemos nuestra dimensión. Nunca es buena la arrogancia al regreso de las cimas…

La vida de un alpinista, luchador del idealismo, es siempre apasionante; pero también es una escena que puede fácilmente convertirse en tragedia…

“Una avalancha le arrastró hasta el borde negro de un grieta… varias piedras cayeron rozándole la cabeza mientras escalaba… subiendo los precipicios de hielo temía el resbalón que le precipitaría en el abismo… sintió como se apretaba contra la roca cuando los rayos le rodeaban con sus impresionantes descargas sobre una repisa…”

Una simple lesión puede ser la muerte. Las posibilidades de ayuda, ajenas a ti mismo son casi siempre inexistentes…

La lección de esta vida llena de altura y belleza, es haber ganado la confianza al perseguir las ilusiones y haber aprendido a vivir y también a “sobrevivir”.